Capítulo 3: Bienvenida.

1797 Words
Momo se dirigió al templo, la deidad Shiozaki sería la única que podía dar una respuesta coherente a todo lo que estaba pasando. Entró al lugar, dejando su calzado en el umbral, caminó hasta el fondo, donde un pilar con diversas piedras brillaba. -Gran Sacerdotisa Shiozaki- habló la pelinegra- Mis súbditas han encontrado nuevas pruebas, el Tártaro a sido profanado. -Envía un aviso a los reinos de la Tierra Media, deben reunirse con urgencia. Los tiempos de paz están llegando a su fin. Yaoyorozu se quedó mirando las múltiples luces que brillaban del pilar. Supo entonces que la guerra comenzaría. En las tierras de Elithen, Rei se reunía con el consejo, los sabios Imperiales que ayudaban a gobernar a la reina. -Las cosas se están volviendo peor- dijo una elfo anciana- Debemos comenzar la búsqueda del "Núcleo Corrupto". -Pero no sabemos dónde está el libro que tiene las coordenadas- dijo Rei- Sin el no podemos hacer nada. -Escucha soberana de Elithen, los reinos de la Tierra Media deben unirse. Los demonios no tardarán en salir- habló un elfo anciano. -El Oráculo a visto fuego y sangre- dijo Rei- Enviaré mensajeros para que visiten los Reinos lejanos- dijo la albina saliendo del lugar. Su largo cabello blanco se perdió tras las puertas. En el patio, la guardia real terminaba con sus entrenamientos. Todoroki estaba junto a Kaminari, llevaban unos cuencos con agua. -¡Príncipe Shotō!- le saludó Midoriya. -Sobrevivió- bromeó Ojiro. -Yo le tenía fe- dijo Aoyama. -Ellos creían que lo matarías- habló Tamaki mirando a Kaminari. -Por los dioses, ¡ustedes hablan cómo sí yo fuera un ogro!- dijo el rubio acercándose a Amajiki con el cuenco. El elfo de cabellos oscuros, tomó las manos del rubio y llevó el cuenco a sus labios. Bebió refrescando su garganta. -Yo sólo digo- le dijo Tamaki después de beber. -También lo piensas- le sonrió Denki. Todoroki por su lado de daba de beber a Ojiro. -Gracias príncipe- le dijo el chico de cabello vikingo- Está muy rica. Shotō sonrió y luego llenó el cuenco, para darle agua a Midoriya. El pecoso se acercó, tomando las manos del bicolor, para llevar sus labios y beber. -Gracias mí príncipe- le dijo el pecoso. -No tienes por que darlas. Denki le daba de beber a Aoyama, mientras los demás esperaban para regresar al palacio. Luego de un rato la guardia real ingresaba al lugar, irían a darse un merecido baño y descanso. Los chicos se dispersaron. -Mí señor- le habló uno de los guardias Elfos- La Reina requiere de vuestra presencia. Todoroki arrugó el ceño, pues no era usual que su madre pidiera verlo. Cuándo lo hacía era por que algo malo había pasado. -Ve, te esperaré en tú recamara- le dijo Denki. Todoroki asintió y se dirigió al salón real. Al llegar los guardias le abrieron la puerta. -Madre. -Shotō- Rei estaba sentada en el trono- Necesito que me digas lo que tus ojos han visto. -Fuego, sangre y guerra- respondió con sus heterocromaticos sombríos- ¿Qué ocurre?. -Envié mensajeros a los Reinos de los Mortales y de la Amazonas. Debemos reunirnos con urgencia. Los Sabios de los Cielos también vendrán. -¿Los Licántropos? Sí ellos vienen, es por que realmente es malo. -Lo es hijo- suspiró la albina- Necesito que descanses, nuestros invitados llegarán dentro de cinco días. El bicolor hizo una reverencia y salió del lugar, dejando a Rei sola con sus pensamientos. Llegó a su habitación y entró. -¿Qué ocurrió?- preguntó el rubio mientras se sacaba la ropa. Había soltado su cabello para que descansara. -Me acabo de enterar que vendrán a visitarnos de los Reinos fronterizos. Además de Los Sabios de los Cielos- dijo el bicolor sacándose las prendas. -Mmm, esto suena mal. -Lo es Denki, la reina se veía preocupada- le dijo metiendo su desnudo cuerpo a la cama. Kaminari lo siguió. -Escucha, deberás descansar bien. Seguramente querrá que te comuniques nuevamente con los dioses. De ser así, deberás guardar tus energías- le dijo el rubio, aferrándose al cuerpo del bicolor. -Sólo quédate a mi lado y podré dormir- dijo cerrando los ojos. -Siempre estaré a tú lado- respondió Kaminari besando su hombro. En la lejana Tierra de los Mortales, Los Siete Sabios de los Cielos estaban reunidos con la reina y el rey. -Escucha Masaru, deben preparar al reino. La guerra se avecina- les dijo el Lobo Amarillo Toshinori- Nuestro antepasados han hablado a través de los sueños de Shota, la Luna jamás se equivoca. -Sabio, ésta tarde hemos recibido la visita de un mesajero de las lejanas Tierras de los Imperiales, además de una enviada desde Otrera, la lejana Tierra de las Amazonas, por lo visto no somos los únicos que sabemos de esto- respondió Masaru. -No lo son- habló el Gran Lobo Rojo Enji- Debes mandar a tú hijo con la guardia real a las Tierras de Elithen, el bosque es el lugar de los Elfos más sensatos, ellos no los atacarán. Además el Rey de lo Imperales, Valwen, confía mucho en la Soberana de Elithen, Rei. -Y nosotros ¿porqué no podemos ir?- preguntó Masaru. -El Reino de los Mortales necesita a sus reyes para mantener la calma entre la gente, además de reunir a las otras tierras y avisar que la guerra se aproxima- respondió Toshinori. Mitsuki suspiró- Bien hablaremos con Katsuki, dentro de dos días partirán a Elithen. El camino a la tierra de los Imperiales no era fácil, sin embargo para las Amazonas era bastante accesible, gracias a sus panteras. -Mí señora, ¿crees que está bien dejar la montaña?. -Mi media hermana se hará cargo- dijo la pelinegra refiriéndose a Camie- Necesito hablar con los reyes en persona. -Sí, mí señora. ¡Atención!- gritó Nejire- Dentro de poco estaremos en las fronteras de los Elfos, ¡estén atentas!. -¡Sí capitán!- gritaron las Amazonas. En Elithen, Rei terminaba de dar las instrucciones a la guardia real. -¿Porqué tenemos que ir por ellos?- preguntó algo molesto Ojiro, no se llevaba muy bien con la r**a de los Hombres. -¿Vas a desobeder una orden directa de la Reina?- cuestionó Kaminari, a su lado estaban Shotō y sus hermanos. -No Sacerdote Denki- dijo haciendo un mohín. -Vayan con cuidado- les dijo el bicolor- Ésta vez no podré acompañarlos. -Tranquilo príncipe- dijo Midoriya- Usted debe preparar la ceremonia. El medio albino asintió. Natsuo siempre se quedaba viendo cómo Izuku miraba a su hermano menor. El pecoso sintió la mirada del mayor y posó sus esmeraldas sobre él. -Príncipe- le dijo a Natsuo. El albino sólo asintió con la cabeza. -Qué los dioses los acompañen- les dijo Rei. Los cuatro Elfos hicieron una reverencia y salieron de ahí. Bakugō y compañía llegaban a la entrada del Gran Bosque, miró recordando cuando doce años atrás había ido con sus amigos, siendo atacados por un demonio y salvado por seis niños Elfos. Había uno en particular que no podía sacar de su cabeza, uno que tenía unos bellos ojos heterocroamaticos. -Príncipe Katsuki- le llamó Kirishima- Debemos dejar que los caballos vuelvan. -Hazlo- dijo aún con la mirada en la entrada. Shinsō soltó los caballos, y los dejó ir. -Vamos- dijo el cenizo adentrándose al bosque. Los árboles cada vez se hacían más frondosos, haciendo que la orientación se perdiera. -Esto es una porquería- dijo Sero mirando a todos lados. -Abran bien los ojos- dijo Togata- Puede haber trampas. Kirishima y Shinsō sacaron sus espadas. Bakugō iba al frente, cuándo de pronto una flecha detuvo su marcha, todos se pusieron en alerta. -¡¿Quiénes son?!- se oyó una voz desde los árboles. El cenizo dio un paso al frente. -Soy Katsuki Bakugō, príncipe de la Tierra de los Mortales. De la nada cuatro sombras cayeron frente a ellos, sorprendiendo a los hombres. -Lo lamento su majestad- dijo el Elfo- Soy el capitán Amajiki Tamaki, somos de la guardia real. -Capitán- le saludó Bakugō- Gracias por venir a buscarnos, ya habíamos perdido el norte. -Por favor, sígannos- el Elfo se dio media vuelta y caminó seguido de Midoriya, Ojiro y Aoyama. Luego de un rato en silencio, uno de los hombres habló. -Oigan, ¿eran ustedes los de aquélla vez?- preguntó Shinsō- A ti te recuerdo por que pareces un mono- le dijo el pelimorado. Y no lo vio venir, con una enorme rapidez, Ojiro le mandó un fuerte golpe con la cola y lo sacó volando. Hitoshi rebotó en un árbol y cayó al suelo. Iba a levantarse pero la lanza del rubio estaba sobre su cuello. -Híbrido maldito ignorante. Tú estás por debajo de mí- le dijo enterrando más la hoja. -¡Sueltalo!- gritó Mirio desenfundando su espada. Lo mismo hicieron Sero y Iida. -¡Tranquilos todos!- gritó Bakugō. -¡Mashirao!- la voz de Tamaki lo sacó de su trance- Ya basta. Ojiro levantó la lanza y se alejó del pelimorado. Hitoshi se puso de pie, sonriendo de medio lado. -Aunque debo admitir que te has puesto bastante sexy. Mashirao estaba rojo, tenía rabia y ¿vergüenza?. Le dio la espalda y caminó hacia su capitán. -Armas- dijo Tamaki- No entrarán al Reino de Elithen con armas. -¡Olvídalo!- gritó Sero- ¡Ese idiota casi lo mata!- dijo refiriéndose a Ojiro. -Fue su culpa- habló Bakugō- Hitoshi fue grosero. Pásenles las armas. Con mala cara, Tenya le dio su arma a Aoyama, Katsuki le pasó su espada a Tamaki. -Tú espada- pidió Amajiki al capitán. Mirio lo miró con rostro molesto e hizo caso. Midoriya se dirigió hacia Kirishima. El pelirrojo se puso las manos tras la nuca. -Sácala- de dijo Eijiro, Izuku lo miró con el ceño fruncido, sacó la espada de un tirón. -Espera- le dijo antes que se fuera- Tengo un cuchillo en mi entrepierna. Midoriya sonrió de medio lado- Déjalo ahí, no debe servir para nada- respondió dándose media vuelta para irse. -Tú te lo pierdes- sonrió el pelirrojo. Sero le dio su arma a Aoyama, mientras Ojiro iba hacia Shinsō. -Tú arma. -Pero que manera de pedir las cosas, casi me matas. -Cierra tú maldita boca y dame tu espada. Shinsō lo quedó mirando y se sacó el arma, dándosela. -Bien- dijo Tamaki- Vamos al Reino de Elithen. Caminaron en completo silencio, Bakugō seguía de cerca a los Elfos, junto a Kirishima y Mirio. Sero, Iida y Shinsō les seguían el paso desde atrás. -¿No podemos matarlos?- dijo Ojiro. -Ya basta- le respondió Aoyama algo enojado- Tú manera de actuar fue desmedida. -Su boca es desmedida- le dijo Mashiaro- Me insultó, ¿qué querías que hiciera?. Aoyama suspiró. -Está bien, tienes razón. Memorable manera de dar la bienvenida- dijo el rubio, mientras seguían caminando. El Reino de Elithen los esperaba. GRACIAS POR LEER
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