Capítulo 4: Los Imperiales.

1467 Words
Un largo camino desde el bosque mágico hasta las bellas Tierras de Elithen. -Y... ¿Cómo te llamas?. El Elfo lo quedó mirando. -Izuku Midoriya, ¿y tú?. -Eijiro Kirishima- sonrió el pelirrojo. Bakugō iba delante de ellos escuchando la conversación, no le desagradaba que su amigo conociera gente, pero le costaba acostumbrarse a que no era el centro de atención. -¿Tienes novia, Izuku?. -No, estoy comprometido con mí Reina y los príncipes. -Vaya que goloso- se burló Kirishima. Midoriya lo quedó mirando- ¿Y tú? Se ve que eres muy varonil, imagino que las mujeres te siguen. -Hombres y mujeres, soy deseable- le dijo haciéndole un guiño. -Claro, lo que tú digas. Por su parte los mortales iban con algo de recelo por no llevar sus armas, algo que al capitán le molestaba de sobremanera. -¿Mirio?- le habló Shinsō. -Lo siento- dijo el rubio tratando de quitar esa cara de odio- Sólo quiero llegar al famoso reino pronto. No me gusta estar sin mí espada. -A nadie- le dijo Iida, posando sus ojos sobre la figura de Aoyama, quién era el que llevaba la suya. El rubio brillante se giró al notar una fría mirada sobre sí. Frunció el ceño. -Tienes razón Mashirao- le dijo Yuga- Deberíamos matarlos. Ojiro sonrió. -Pero no creo que a nuestra reina le guste saber que sus invitados fueron masacrados. -Lástima- dijo Aoyama. -¡Colitas!- le gritó el pelimorado, sólo para molestarlo. Ojiro contó hasta diez, sin responder- ¡Oye colitas!. Si había lago que caracterizaba a los Imperiales o Elfos era su gran velocidad y precisión, por lo tanto Shinsō se quedó parado, mientras la lanza del rubio amenazaba nuevamente su yugular. -Maldita sea- se quejó Bakugō. -Majestad, continuemos- le dijo Tamaki, ignorando a los luchadores. Todos siguieron a los Elfos, dejando a Ojiro y Shinsō atrás. -Tienes un genio de temer colitas. -No me digas así maldito humano. Me llamo Mashirao. -Yo me llamo Hitoshi, no maldito humano- le sonrió el pelimorado. -Eres un irreverente- dijo el rubio sacando su lanza del cuello contrario, se dio media vuelta para irse, pero fue apresado por atrás. A Ojiro se le subieron todos los colores, al verse rodeado por unos fuertes brazos. -Esperé largos años para ver tu rostro de nuevo- le dijo apretando el agarre. Lo que hizo que el rubio sintiera toda la parte baja del más alto. Abrió los ojos con sorpresa. -¡Oye! ¡No me toques!- gritó tratando de safarse del agarre. -Te voy a conquistar como sea- le dijo al oído, mientras que con cero timidez, le daba un beso en el cuello. Mashirao sintió una cosquilla en su parte baja. -¡Ya basta!- logró safarse de aquellos brazos que lo tenían prisionero, se llevó una mano al cuello por inercia. Hitoshi le guiñó un ojo y continuó su camino. De atrás lo seguía un sonrojado Ojiro. Después de largas horas de caminata, al fin frente a ellos se mostraba uno de los más grandes reinos de los Imperiales del bosque, Elithen. -Es hermoso- dijo Iida. -¿Verdad que lo es?- sonrió Aoyama, todo orgulloso. -Creo que los Imperiales se caracterizan por su belleza en todo sentido- le dijo Tenya, Yuga se sonrojó levemente. -Sigamos- dijo Tamaki. Caminaron hasta dar con las puertas del reino. Dentro fueron recibidos por la Reina Rei y sus hijos. -Katsuki Bakugō, príncipe de las Tierras de los Mortales- se presentó el cenizo- Capitán de la Guardia Real, Mirio Togata, mis súbditos, Eijiro Kirishima, Tenya Iida, Hanta Sero y Hitoshi Shinsō. -Un placer- les saludó la albina- Sean bienvenidos a Elithen. Entraron al enorme castillo, tenía un hermoso patio principal, dónde varios Elfos entrenaban. -La Reina de las Amazonas a llegado hace poco. Sólo nos falta que lleguen los Siete Sabios y podemos comenzar la reunión- le dijo Rei a Katsuki. -La Reina Momo, años que no la veo- dijo Bakugō. -Ella a madurado. El Reino de Otrera ahora goza de una gran cantidad de Amazonas. -Eso es genial. Llegaron al salón principal, las invitadas ya estaban ahí. -Reina Momo. -Príncipe Katsuki- le saludó la pelinegra- Han pasado muchos años. -Éramos solo unos niños- le dijo el cenizo. -Lo éramos. -Mí señora- le dijo un Elfo a la albina- Han llegado los Licántropos. Siete imponentes Lobos de diferentes colores hacían aparición. -Reina de Elithen- le saludó el Lobo Amarillo Toshinori. -Sabios, sean bienvenidos a mí reino- les dijo Rei- Ahora que estamos todos, podemos iniciar la reunión. -Un momento- una potente voz llamó la atención de los presentes- Falto yo. -Mí señor Valwen- le dijo la albina, bajando un poco la cabeza- Creí que vendrían el Rey del Lago y la Reina de las Montañas. -Soy el Rey de todos los Reinos Imperiales. Vengo en su representación, ¿algún problema?. -No mí señor- le dijo la albina, invitando al Rey a sentarse a su lado. -Veo que falta tú hijo menor- dijo Valwen. -Ya viene, preparaba el santuario- respondió la mujer. Ella se sentó en su trono, a su lado Valwen, y todos los presentes, era una gran mesa de cristal. En eso abren la puerta, algunos se giraron a ver quién era. -Disculpas- dijo Shotō entrando en compañía de Kaminari- Preparábamos el santuario- habló tomando asiento al lado de Natsuo. Quedó frente a frente con el príncipe Katsuki. El cenizo se quedó pegado mirando a tan linda criatura aparecer de repente. Era aquel chico de ojos y cabellos bicolor, realmente había crecido mucho. Su estómago y corazón dieron un vuelco. Kirishima por su lado quedó impactado al ver a aquél rubio Elfo tan hermoso, con unos bellos ojos color del sol. Ajeno a todo, Shotō tomó entre sus manos uno de los pergaminos que contenían parte de la reunión y de la información que se impartiría. -Bien- comenzó Rei- Hemos recibido pésimas noticias de lo que se aproxima. La Sacerdotisa Shiozaki a enviado un claro mensaje a las Amazonas y nuestron Oráculo también a sido testigo de visiones escabrosas. -Debemos iniciar la búsqueda- dijo el Lobo Toshinori. -Tuve las mismas visiones que la Sacerdotisa- dijo el Lobo n***o Aizawa- La maldad está saliendo de la oscuridad. -Tal vez sólo son imaginaciones suyas- habló Valwen- Es imposible que algo malo suceda. Además el paradero del libro es desconocido. Todos guardaron silencio, los ojos del Lobo Amarillo fueron a dar sobre la reina Elfo, Rei ni se inmutó. -Sugiero que pasemos al santuario- les dijo la albina- Solo pueden ir dos de ustedes. Toshinori y Aizawa fueron en representación de los Licántropos, Momo y Nejire por las Amazonas, Bakugō y Kirishima por los Mortales. Shotō y Denki salieron antes, debían prepararse para la ceremonia. Un amplio lugar que tenía piso de cristal, en medio estaba dibujado un enorme círculo, en el, un universo. Varias antorchas iluminaban el lugar. -Debemos quedarnos acá- dijo Rei, estaban fuera del círculo. A su lado el resto de los invitados y Valwen. El albino miraba algo ansioso. Natsuo y Fuyumi se quedaron mirando, pues ambos sabían los sentimientos que tenía el Gran Rey Elfo por Shotō. De pronto una puerta se abrió, dejando ver al medio albino. Llevaba puesto un traje transparente, iba completamente desnudo. Su largo cabello bicolor se movía con gracias tras su andar. Kaminari venía detrás de Todoroki, en las mismas condiciones. Bakugō creyó ver a uno de los dioses antiguos. La belleza y elegancia que mostraba el Oráculo era magnífica. El cenizo comenzó a sentir que un fuego le quemaba la piel y el corazón, un enorme deseo por poseer a tan bello ángel se apoderó de él. Kaminari y Todoroki llegaron al centro del círculo, el rubio se arrodilló, y comenzó a orar. Mientras Shotō se recostaba delante de él, con los ojos cerrados. La voz de Denki era inaudible, varias frases en forma de plegarias que llevaban a Shotō a un trance. De pronto Todoroki dejó de respirar, sus ojos se abrieron mostrando un extraño color blanco, casi brillante. Su cuerpo comenzó a moverse lentamente (para que se hagan una idea, muy parecido al Oráculo de 300). Su fino cuerpo, cubierto por la transparencia, se retorcía una y otra vez, cómo sí aquello fuera doloroso. De pronto cayó de espaldas, Kaminari se acercó, retiró suavemente el cabello de su rostro, para dejar sus labios libres, lo besó. Poco a poco comenzó a separar su boca del Oráculo, dejando ver un fino hilo color plateado. Shotō susurró. Denki acercó su oído al Oráculo para escuchar sus palabras. -La guerra se acerca. Los Reinos de la Tierra Media deberán luchar. Las puertas del Inframundo han caído. Los demonios del Tártaro llegarán. Rei y los presentes guardaron silencio, escuchar las palabras del mismo Oráculo les hacía entender que la guerra estaba próxima. GRACIAS POR LEER
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