Capítulo 5: Sentimientos a Flor de Piel.

1924 Words
Shotō había vuelto en sí, el trance llegaba a su fin, estaba agotado, jadeaba. Denki le acariciaba la cabeza, diciéndole que se calmara y tratara de regular su respiración. Todoroki giró un poco el rostro, tenía un semblante cansado, miraba a los presentes, cuándo de pronto sus ojos se detuvieron sobre un par de orbes carmín que lo miraban con un deseo oculto. Todoroki se incorporó de lado, sin quitarle la mirada al príncipe, conciente que a su lado, estaba Valwen. Él sabía que el Rey de los Imperiales tenía sentimientos hacia su persona. Los recuerdos del bicolor viajaron  doce años atrás, cuándo en un entrenamiento se encontraron con seis niños mortales. Entre ellos el futuro rey. -Es él- pensó Todoroki. La mirada del cenizo era penetrante, le desnudaba el alma. Kaminari bajó los ojos, y se dio cuenta que el Oráculo tenía un accidente. -¡Debemos irnos!- dijo colocándose frente al medio al albino- Estee- miró hacia atrás- Shotō levántate, y cúbrete atrás de mí. -Pero... -¡Haz caso!- dijo Denki, girándose hacia los confundidos espectadores- Bien, nos vamos- caminó de lado, tapando a Todoroki, mientras salían del lugar. Una vez afuera, se dirigieron a un salón. -¿Qué ocurrió Denki?. -¡¿Cómo que qué ocurrió?! ¿Te diste cuenta?. -¿De qué?- preguntó con mirada inocente. -Shotō, tienes una erección. El bicolor miró su entrepierna, la transparencia no ayudaba a cubrir tremendo accidente. -¿Me puedes explicar que te pasó? Jamás vi que te ocurriera algo así, después de una sesión. -Es qué...- dijo recordando al príncipe- Creo que vi a alguien. -¿Alguien?- dijo tratando de recordar si hubo algo inusual- ¿Me estás diciendo que te excitaste porqué viste a alguien?. -Es qué... -Olvídalo- le dijo mientras lo encaminaba hacia un gran sillón. Comenzó a sacarle la ropa transparente- Sabes que nuestros cuerpos no pueden ser profanados- le dijo. Shotō estaba sentado, Kaminari abría las piernas para subirse sobre él, quedando de frente. También se sacó la ropa- Si somos profanados, perderemos nuestros dones- hablaba mientras tomaba ambos miembros. -Ahh... Denki. -Pero debemos botar éste estrés de alguna manera- dijo acariciando ambos miembros. -¡Ahh! ¡Ah!. -Lo sé...- habló en un susurro, se acercó al bicolor para darle un suave beso. Tenía apresado entre sus manos los dos falos, duros. -Denki... Pero tú... -Es normal que me excite, si te veo así- le sonrió el rubio. -¡¡Ahh!!- gimió al sentir un estremecimiento en su cuerpo, que terminaba en su parte baja. -Shhhh- Kaminari se acercó sellando con sus besos los gemidos de Shotō. El bicolor tenía sus manos en las nalgas del sacerdote. -Denki...- habló con dificultad, sentía que sus músculos se tensaban. -Hazlo... -¡¡¡Ahh!!!- ambos lanzaban su semen, mojando sus cuerpos- Denki... -Tranquilo- le dio un último beso y se bajó- Ven, lavemos nuestros cuerpos en las aguas sagradas. Mientras los reyes salían del santuario y se dirigían nuevamente al salón de reuniones. -Entonces- dijo el Lobo Rojo Enji. -Habrá guerra. Pero no sabemos con exactitud cuándo- respondió Toshinori- Lo único que tenemos claro es que hay que prepararse. -Iniciaremos mañana- dijo Rei dando por finalizada la reunión- Sean bienvenidos a quedarse. -Gracias- respondieron los soberanos de las Tierras lejanas. Los Licántropos siguieron a la reina albina. La mujer les dio indicaciones a la guardia real. -Izuku, Mashirao, Yuga, Amajiki, por favor muestren a nuestros invitados sus habitaciones. -Sí reina- dijieron todos. -Bien Izuku, llévame a la cama, digo, a mí cama- le sonrió Kirishima. -Sígueme- dijo el Elfo de cabellos verdes. -Por favor- señaló Aoyama a Iida- Sigame- el peliazul hizo caso. -Capitán- le habló Tamaki, su voz sonó firme, pero estaba algo intimidado por el tamaño del rubio- Sigame- Mirio hizo caso, se puso al lado del Elfo y caminaron por los largos pasillos del palacio. -¿Colitas?. -Maldita sea- el rubio se giró sin mirarlo- Muévete. Shinsō iba detrás del rubio. -Me gusta tu cabello. Ojiro no respondió. Caminaron un poco más, hasta que llegaron al lugar. -Aquí es- le dijo abriendo la puerta. -Mmm, ¿y la tuya?. -Queda lejos- le dijo Ojiro. -¿Y sí me da frío en la noche?. -¿Me viste cara de fogata?. -Bueno, es que tú me prendes- respondió tomando su cintura para acercarlo. -¿Quieres que te mate?- lo amenazó el rubio. -Pero de amor- le dijo el pelimorado con una sonrisa. -Ash, maldición. ¿Me puedes dejar en paz?. -No. Mashirao suspiró. -Cuenta diez puertas desde aquí- le dijo safándose del agarre- Esa es mí habitación- se dio media vuelta y se fue. Shinsō sonrió satisfecho, entró al cuarto, ahí estaban sus pertenencias y su espada. -Aquí está tu cuarto- le dijo Izuku al pelirrojo. -Oye, mmm, ¿es muy difícil hablar con él rubiecito?. -¿Cuál rubiecito?- preguntó Midoriya levantando una ceja. -El que acompañaba al Oráculo. -¿Denki? No es difícil hablar con él, pero no es muy accesible con los desconocidos. -Oum, bueno, veré qué hago. ¿Me harías compañía en mí habitación?. El pecoso sonrió- Yo... -Izuku- la voz del príncipe albino lo sacó de su conversación. -Mí señor Natsuo. -Necesito hablar contigo- le dijo mirando con recelo a Kirishima, éste le sonrió. -Sí mí señor- dijo- Ya vengo- le habló a Eijiro, éste sólo asintió y entró a su cuarto. Natsuo caminó por los pasillos, hasta dar con la enorme biblioteca. Un lugar de silencio y reflexión, utilizado por los Elfos para buscar explicaciones a lo desconocido. Entraron, Midoriya no entendía por qué lo habían llevado para allá. De pronto el albino detuvo su andar. -¿Mí señor?. -¿Te gusta?- habló dándole la espalda. -¿Disculpe?. -El mortal, ¿te gusta?. El peliverde se puso algo nervioso, no sabía porqué el príncipe le estaba haciendo preguntas tan extrañas. -Es... Atractivo- respondió algo sonrojado. Natsuo se giró, para quedar de frente al menor. -Pero mí señor, yo...- y no lo vio venir, ni siquiera en sus sueños más extraños lo esperó. Las manos del príncipe albino tomaban su rostro, mientras sus labios se apoderaban de los suyos. Midoriya sintió que le daría un infarto ahí mismo. ¡El príncipe de Elithen lo estaba besando!. El albino no se alejó al sentir el cuerpo de Izuku tensarse. Bajó sus manos, recorriendo suavemente el cuerpo del guardia real, hasta sus caderas. Al pobre pecoso todo le daba vueltas, peor fue al sentir una pequeña mordida en su labio inferior, obligándolo a abrir la boca. Con esa acción, Natsuo tuvo pase libre para meter su lengua hasta la misma tráquea del menor. Probó cada centímetro de ésta, su saliva era dulce, un placer al paladar. Midoriya seguía cómo momia, mientras recibía dulces y cálidos besos. Había cerrado sus ojos, después de sentir las manos de su príncipe recorrer su anatomía. -Mm... Mhh... Ngh...- esos pequeños gemidos, eran música para los oídos del príncipe. -Izuku- susurró el mayor alejándose un poco de sus labios- Yo te amo, siempre te e amado. A Midoriya casi se le salen los ojos, escuchar esa confesión de su majestad, era inimaginable. -Mí... Mí señor Natsuo... Yo... -Por favor, no te vayas con el mortal, no podría resistir ver eso. Izuku creyó estar soñando, aquello era demaciado para su corazón. En realidad jamás había mirado con otros ojos al príncipe. Pero verlo ahora, frente a él, con sus mejillas levemente sonrojadas, y aquélla belleza que lo caracterizaba, era un hermoso sueño. -Mí señor, yo... Usted debe casarse y tener hijos. Yo no puedo darle nada, soy un simple chico de la guardia real. No hay nada que pueda ofrecerle- dijo algo apenado por sus propias palabras, aunque eran verdad. -Puedes darme amor- le dijo el albino. -Yo... -Quiero estar contigo- dijo el príncipe, abrazándolo. -Mí señor. -Natsuo. -¿Qué?. -Llámame por mí nombre, Izuku- corrió su rostro en busca de los labios del menor. Midoriya no tardó en ceder a la pasión de aquellos besos que lo estaban descontrolando. -Nat...suo... -Ven a mí habitación esta noche- le dijo el albino. -Está bien. Se alejaron, en el momento justo que tres Elfos viejos entraban a la biblioteca. Bakugō iba con Momo, después de ver sus habitaciones, se juntaron para conversar, años que no se había visto. -Así que ya eres la Reina, increíble cómo cambian las cosas. -Madre falleció hace un par de años. Tuve que tomar el trono por obligación. Camie no podía ser la Reina, sólo somos hermanas de padre. ¿Y tú?. -Mis padres gozan de buena salud. Pero me enviaron en representación del Reino de los Mortales- respondió Bakugō. -A sido un gran acontecimiento lo que reveló el Oráculo, además de la Sacerdotisa de las Amazonas. -Sí, creo que debemos ir en busca del Libro Canción de las Tormentas, se supone que con él podremos encontrar el Núcleo Corrupto. -Lo sé príncipe Katsuki, pero la contrariedad es que no sabemos por dónde empezar. -Tengo fe en que los Licántropos tendrán alguna respuesta. Caminaban por el gran patio central, cuándo las orbes carmín vieron a lo lejos una hermosa figura. -Permiso Reina Momo, debo atender un asunto- se excusó el cenizo. La pelinegra vio cómo el sexy príncipe se dirigía hacia el Oráculo. Shotō estaba sentado cerca de una enorme fuente con agua, parecía estar en meditación. Al sentir unos pasos detrás suyo, se giró. -¿Interrumpo?. Las mejillas del medio albino se tiñeron de rojo, algo que le fue imposible disimular- No príncipe Katsuki- dijo con voz suave- ¿En qué puedo ayudarlo?. -Sólo quería una buena compañía- dijo Bakugō sentándose a su lado. Todoroki sonrió algo nervioso. -Tienes un don increíble- le dijo el cenizo. -Un don y una maldición- dijo el bicolor. -¿Una maldición?. -Nací diferente a los otros Elfos, cabellos y ojos bicolor. Eso significaba que sería alguien especial, según mí madre. Nuestro padre murió en batalla, en las guerras de los primeros tiempos. Bakugō estaba hipnotizado por el bello rostro del Oráculo. -Me entrenaron de pequeño para ser el vidente de los Imperiales, y Denki fue entrenado para ser mí guía espiritual. Pero ambos pagamos un alto precio. -¿Cuál precio?. -No podemos enamorarnos y tampoco tener sexo. Sí nuestros cuerpos son profanados, según la ley, perderemos nuestro don. Bakugō se sonrojó hasta el cuello, tras saber qué tan bello ángel era puro. -¿Qué edad tienes?. Shotō sonrió- Soy el más joven de todos. Crecí con la guardia real, cómo si fueran mis hermanos. Tengo 120 años. Al cenizo se le cayó la cara. -¡¿Qué cosa?! ¿Es una broma?. Todoroki se puso a reír, Katsuki creyó ver un dios, que risa tan melodiosa. -Tenemos la inmortalidad de nuestro lado- dijo mostrando un colgante de cristal- Es por eso que la edad no se nos nota. -Entonces, ¿qué edad tenías cuándo nos conocimos?. -¿Me recuerdas?- le dijo Shotō con un brillito especial en sus ojos. -Claro que te recuerdo- le dijo algo sonrojado- Es difícil olvidar tan lindo rostro. Todoroki sonrió- Tenía 90 años. -Me imagino a un anciano, pero te veo, y eres realmente hermoso- le dijo el cenizo, sin medir palabras. Shotō estaba rojo hasta el cuello, jugaba con sus dedos. -Creo que es mejor que regrese al palacio. -Vamos, te acompaño- le dijo el príncipe Katsuki. Ambos se pusieron de pie y caminaron, mientras seguían con sus conversaciones casuales. GRACIAS POR LEER
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