Después de la reunión, Rei se dirigió con los Lican a su habitación.
-Mí reina, no es correcto que entremos a tus apocentos.
-All Migth, dejemos las formalidades de lado- le dijo la albina- En estos momentos, el único lugar seguro es mí habitación. Últimamente las paredes tienen oídos.
La reina abrió la puerta e ingresó, tras ellas los Siete Lobos. Cerraron con seguro.
-Mí madre antes de morir, siempre me contaba historias. Decía que hacía el este se encontraban las Montañas del Sacrificio, un lugar lleno de tesoros, pero a la vez maldito- comenzó a relatar la Reina- Se contaba que ese era el lugar dónde vivían Los Vinculados.
-¿Hablas de aquellos demonios?- preguntó Beast Jeanist- Son del escalafón más bajo en la magia infernal, pero en grupos, son letales.
-Lo son- dijo Rei.
-¿Porqué nos hablas de ellos?- preguntó Present Mic.
-Sí las leyendas son ciertas, en esa montaña hay una puerta, tras ellas está el Libro de las Tormentas.
-¿Cómo sabes eso?- dijo Eraserhead algo sorprendido.
-Siegfried no quería que el libro fuese encontrado, por lo que lo ocultó en las profundidades de esa montaña, tras una puerta de piedras. Con el pasar de las décadas, los demonios de bajo rango comenzaron a reunirse ahí, y se quedaron a vivir. Los ladrones y desarmados iban a esconder sus tesoros a esas montañas. Los demonios tomaron posesión de todo y nunca nadie más se acercó a ese lugar. Los Vinculados ignoran por completo la existencia del Libro de las Tormentas, y también ignoran que existe una llave. Eso me contó mí madre.
-Una llave- dijo All Migth mirando a la Elfa. Ambos sabían de lo que hablaba.
Rei se dirigió a una de las paredes y se puso frente a ella.
"Súrë túla cendeletyallo" (el viento sale por tú boca).
Una pequeña parte de la pared desapareció, dejando ver una cajita colo verde, Rei la sacó, dentro había una llave.
-Ésta lleve a sido pasada desde mis ancestros, mí madre la dejó en mis manos- dijo la albina, mirando a los Licántropos.
-Esa... Esto no puede ser- dijo Hawks.
-No hay duda que es la llave de aquélla puerta- dijo Rei- Esto no lo sabe nadie, ni siquiera el Rey Elfo Valwen. Haremos una reunión mañana, veremos quiénes irán a esta peligrosa travesía. Yo le escribiré una carta a Shotō, en el sobre dejaré la llave.
-¡¿Enviarás a tú hijo?!- dijo Endeavor, la mujer lo miró con seriedad.
-Sabes que es el único que puede enfrentarse a Los Vinculados, junto con Denki.
El Lobo Rojo bajó la mirada.
-Bien Reina, esto quedará acá. Nosotros decidiremos quiénes irán con ellos, el resto se encargará de ir a los Cielos, debemos detener lo que más podamos la llegada de los demonios- dijo All Migth.
Los Siete Sabios salieron de los aposentos de la Reina y se dirigieron a la habitación del Lobo Amarillo Toshinori.
El sol comenzaba a ocultarse, los invitados habían tomado un refrescante baño en las cálidas aguas de los osen que se formaban tras el palacio.
Los Elfos no escatimaron en tener el gran comedor con todo lo mejor en comidas para sus invitados. Aunque ellos no consumían carne, sí habían conseguido para los Soberanos de las Tierras Lejanas.
Antes de entrar, el Imperial tocó la puerta.
-Adelante- se escuchó desde dentro.
-Permiso- Tamaki entró, encontrándose con el Mortal a medio vestir- Capitán- dijo corriendo la vista, sus mejillas se tiñeron de un bello tono carmín.
Mirio se giró, tras ver el rostro del Elfo, sonrió.
-Dígame Capitán Amajiki, en que puedo ayudarlo.
-La... la cena está lista.
-Vaya- dijo acercándose al Elfo- Ya tenía hambre.
-Sí, bueno, yo sólo venía a avisarle- dijo dándose media vuelta para irse.
-¿Me podría escoltar al comedor? Es que no conozco el camino- dijo el rubio, regresando a vestirse.
-Sí, no hay problema- dijo Tamaki mientras veía cómo el fornido mortal terminaba de acomodar sus prendas.
-Bien, estoy listo.
-Vamos- Amajiki salió de la habitación, seguido de Mirio.
Los demás Mortales ya habían sido llamados, al igual que las Amazonas. Todoroki fue en busca de Bakugō, pues aún no llegaba al comedor.
-¿Príncipe?- lo encontró vagando por uno de los pasillos, algo distraído por unas bellas pinturas.
-Hola su majestad- le saludó Katsuki- Admiraba estas bellas pinturas.
-Son nuestros antepasados. Ella es mí bisabuela Arqk, fue una Elfo muy poderosa, líder de las tropas principales de Elithen.
-Increíble.
-Lo venía a buscar, la cena está servida.
-Gracias.
Ambos caminaron hacia el comedor.
-Mis disculpas- dijo el cenizo tomando asiento- Admiraba las pinturas.
-No hay por qué darlas- le dijo Rei- Adelante.
Comenzaron a cenar, la comida estaba realmente exquisita. Shotō estaba sentado frente a Bakugō, sus heterocromaticos iban a dar una y otra vez a ese bello rostro que tenía en frente. Katsuki tampoco se quedaba atrás, la coquetería de ambos era bastante evidente a los ojos de Valwen, que no le gustó para nada cómo esos dos se devoraban en silencio.
-Es una lástima que el Gran Oráculo no pueda amar, ni entregarse a los placeres de la carne- habló de pronto Valwen- Te habría hecho mío Shotō- le dijo de pronto, dejando a los reyes sorprendidos.
-Es una atrevida propuesta, Rey- le dijo Momo- No creo que al Oráculo le guste eso.
-Claro que no le gusta- dijo Bakugō- A nadie se le puede obligar a amar, a menos que su corazón esté seguro- habló mirando al bicolor.
-Aún así, perdería sus poderes- respondió Valwen.
Todoroki bajó la mirada, Natsuo estaba a su lado, le hizo cariño en la pierna y le sonrió.
-Dejen de incomodar a mí hermano con vagas palabras- dijo el príncipe albino.
Todos se quedaron callados. En las otras mesas, los súbditos cenaban con sus pares.
-Me enferma Valwen- dijo de pronto Denki.
-¿Odias a tú Rey?- preguntó Kirishima algo sorprendido, hizo lo imposible por sentarse en la misma mesa que el guía espiritual.
-Él no es mi Rey, sólo la Soberana de Elithen lo es. No es buena persona, siempre está molestando a Shotō con sus inútiles intentos de enamorarlo. A sido así desde que tengo memoria- respondió Denki.
-Tú y él son muy unidos- dijo con interés Eijiro.
-Nos criamos juntos, duermo con él y siempre estoy a su lado. Jamás dejaría que le hicieran daño.
-¿Duermes con él?- dijo el pelirrojo algo contrariado.
-Somos cómo hermanos, mente de pantáno- respondió de forma seca el rubio.
Midoriya estaba callado, pues la invitación a la habitación del príncipe, lo tenían nervioso.
-Izuku, estás distraído- le dijo Kaminari.
-No, es sólo que estoy algo cansado.
Unas Elfas tocaban música con unas bellas arpas de cristal, mientras los comensales terminaban de cenar.
-Mañana a mediodía haremos una reunión para afianar los detalles de la búsqueda- dijo Rei- La cena a estado increíble. Con su permiso, me retiro a mis aposentos- la Reina se levantó, hizo una pequeña reverencia y se marchó.
-Bien, también me retiro- dijo Valwen levantándose de su asiento- Qué descanses Shotō- le dijo pasando por detrás del bicolor, mientras le daba un beso en la cabeza, Bakugō arrugó el ceño.
Poco a poco los comensales comenzaron a retirarse a sus habitaciones, había sido un largo día y mañana estaría más abrumador tras saber el plan que tenían en mente Rei y los Licántropos.
-Permítame acompañarlo a sus aposentos- le dijo Todoroki al cenizo.
-Gracias.
Caminaron por el palacio en silencio, Katsuki rompió la atmósfera.
-Se ve que el Rey quiere enamorarte.
-Aunque lo intente mil veces, le será imposible- respondió Todoroki, deteniendo su andar, pues habían llegado a destino.
-¿Lo dices por tu don?- preguntó el cenizo, mientras abría la puerta.
-Mí corazón está prendado de alguien más- respondió sonrojado Shotō- Pero no debo dejar que esos sentimientos escapen, o será mi perdición.
-Tal vez perderte para ser feliz, es lo que realmente necesitas- le dijo acercándose- Qué descanses príncipe- sin pensarlo le dio un suave beso en los labios y se alejó- Nos vemos- Katsuki cerró la puerta.
Todoroki se dirigió a su habitación, iba caminando por inercia. Se fue pensando en el beso que le dio Bakugō, que al contrario con Denki, sintió una corriente que recorrió su columna y se detuvo en su parte baja.
-Príncipe Katsuki- susurró pasando sus dedos por la boca.
La noche avanzaba y las estrellas se asomaban por el bello cielo nocturno. Los pasillos del castillos resonaban con aquellos pies que avanzaban de forma rápida. Tocó la puerta que tenía frente a él, estaba nervioso, pero ya estaba ahí.
El Elfo sonrió al abrir y dejar que aquél, pasara dentro. Cerró con seguro.
-Izuku- dijo el albino apresando al menor entre sus brazos- No sabes cuántas lunas llenas tuve que ver pasar, imaginando éste bello momento.
-Mí señor...
-Di mi nombre- le susurró al oído, mientras le pasaba la lengua.
-Ahh... Natsuo- Midoriya cerró los ojos, dejande escapar el nombre junto a un gemido.
-Te amo- los labios del albino se apoderaron de la suave boca del peliverde. Una lengua que buscaba tocar todo a su paso y devorarselo por completo.
-Mhh... Mh... Ngh...
Natsuo tomó al menor y éste enrolló sus piernas en la cintura del príncipe. Caminó hasta la cama y se dejó caer sobre Izuku, mientras le devoraba los labios, besos que ahogaban al menor en un placer único.
-Quiero hacerte mío.
-Soy tuyo- le dijo Midoriya sin pensarlo. Encontraba lindo a Natsuo, al igual que Shotō. Recordaba que siempre pillaba al albino mirándolo, pero jamás se imaginó los sentimientos que tenía por él. Aunque estaba asustado por lo que podía pasar, Izuku decidió arriesgarse. Se entregaría en cuerpo y alma a su príncipe.
La boca del mayor liberó aquéllos hinchados y húmedos labios, para dirigirse al cuello de Midoriya. Besos y mordidas sacaban gemidos de la garganta de Izuku, mientras las hábiles manos del albino lo desnudaban.
-Siempre soñé con tenerte así- le dijo mientras besaba sus tetillas y pasaba la lengusa para humedecerlas.
-¡Ahhh!- removió sus caderas al sentir los eróticos besos que le daba el mayor- Nat... suo- jadeó apenas.
-Te haré mío- le dijo bajando por el marcado abdomen del peliverde, hasta llegar a su entrepierna. Admiró el m*****o del pecoso, que estaba comenzando a endurecer.
-¡¡Ahh!!- dejó escapar un gran gemido, tensando sus piernas. Los labios del albino se cerraban en un perfecto anillo sobre su duro falo. Succionaba con fuerza, jalando de forma brusca, mientras llegaba al glande y lo mordía ligeramente- ¡¡Ahh!! Ahh... Ah- nunca tuvo sexo y sólo se masturbaba cuándo lo necesitaba. Ahora su mente y cuerpo eran presos de la lujuria de la carne y la gloria del sexo.
Midoriya separó las piernas, dando pase libre a que el albino jugara a merced con sus genitales. El mayor pasaba la lengua por los testículos del peliverde, mientras su mano lo masturbaba. Izuku sentía su mundo arder. De pronto dio un respingo al sentir la cálida lengua del albino entrar por su culo, su cuerpo se estremeció.
Estaba en un éxtasis total. Su mente estaba entregada por completo a los placeres que le estaba entregando su príncipe. De proto sintió una presión en su parte trasera, dos dedos del albino se movían con avidez dentro suyo, mientras que su boca le seguía devorando el falo.
-¡¡Ahhh!!... Príncipe...
-Te amo hermoso- dijo liberando su pene, estaba húmedo y caliente.
-Hazmelo- susurró el menor. Natsuo retiró sus ropas, quedando desnudo frente a Midoriya, al pecoso se le salían los ojos viendo a tan perfecto Elfos frente a él.
El albino se acomodó entre sus piernas y tomó su m*****o, comenzó a jugar con la entrada del pecoso, hasta que metió la cabecita, y poco a poco el resto del cuerpo venoso.
-¡¡¡AHHH!!!- de no haber sido por las gruesas paredes, medio Elithen habría escuchado el grito del pecoso. Unas lágrimas de dolor asomaron por sus ojos- Es... enorme- y lo era, grueso y de un buen tamaño. Natsuo sonrió moviendo sus caderas con un ritmo pausado. Todo para que el chico se acostumbrara a su toque.
-Estás mojado- dijo el albino, sacando y metiendo su m*****o por aquel estrecho ano- ¿Serás mío?- preguntó mientras acercaba sus labios para besarlo.
Izuku se perdió entre la lengua y los jadeos, la saliva se acumulaba en la comisura de sus labios. Lenguas traviesas que se buscaban con deseo, mientras las embestidas subían de ritmo.
-Seré tuyo- logró decir tras librarse del beso. Los cabellos blancos del príncipe caían sobre su rostro, enredándose con aquellas verdes hebras. Una pasión unida en todos los sentidos, décadas de una espera eterna por poseer tan bello cuerpo.
Natsuo sintió que su cintura era apretada por las piernas del peliverde, mientras las paredes internas de éste se contraían, apretando su m*****o.
-Nat...- logró articular, sintiendo que su mundo sucumbía consigo- Yo...
-Acaba conmigo- susurró cerca de su oído.
Las uñas del pecoso se enterraron en la espalda del mayor, mientras lanzaba su semen a ambos cuerpos. El albino dejó salir su semilla, dentro de Midoriya.
Natsuo trataba de calmar sus respiraciones, con sumo cuidado sacó su m*****o del pecoso. Semen combinado con un poco de sangre salía del interior.
-¿Estás bien?.
-Sí mí príncipe, lo estoy. Pero debo irme- le dijo.
-No- dijo el albino- Requiero un Guardia Real en mi habitación para mayor protección. Te ordeno que te quedes aquí.
-¿Es una orden mí señor?.
-Te ordeno que te quedes a mí lado- le dijo besándolo.
Los pasillos estaban con poca luz, sólo pequeñas antochas dentro de unos cristales, iluminaban el camino. Contó desde su puerta hasta que dio con la número diez. Iba a tocar, pero prefirió ver si estaba abierto, y lo estaba. Entró sin hacer ruido, y cerró con seguro, dentro una pequeña luz alumbraba el lugar. Se dirigió hasta la cama y ahí estaba él, durmiendo, o eso es lo que creía. Una cola lo jaló, dejándolo acostado, el rubio se subió sobre él.
-Me esperabas- sonrió Shinsō. Sin decir nada Mashirao se lanzó a sus labios en un ardiente beso.
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