Capítulo 7: Fénix.

1529 Words
Los besos iban acompañados de múltiples gemidos y caricias por parte de ambos. Shinsō estaba en una nube de éxtasis, sus manos recorrían cada centímetro de piel. El rubio estaba completamente desnudo, disfrutando de los besos y mordidas que le daba el pelimorado. -Eres tan hermoso- le dijo Hitoshi, lo tomó de la espalda, para girarlo, quedando sobre él. Mashirao lo miraba con ojos penetrantes, le gustaba, a pesar de haberselo negado por tantos años, le gustaba. Desde el día en que lo vio, jamás pudo olvidar su rostro. Cuándo era pequeño se llevaba mal con la r**a de los Mortales. Los Hombres, de por sí eran malos con los híbridos, se burlaban de ellos por ser diferentes. Por eso cuando lo vio después de doce años, tuvo esa reacción, más al escucharlo decirle mono. Pero no podía evitar sentirse extraño, y más, deseado por aquel Mortal. -Colita... Me gustas demaciado. -¿No te parezco extraño?. -Eres la criatura más hermosa que e visto- le dijo mientras le devoraba el cuello. -Ahh... Ojiro ayudó a desnudar al Mortal, un fornido y marcado cuerpo comenzó a asomar. El rubio se lamió los labios, que imagen más excitante. -¿Te quedarías conmigo?- preguntó Shinsō, mientras regaba de besos el torso del Elfo, llevando su lengua a las tetillas. -¡Ahh! ¡Ah! S... Sí- respondió entre jadeos. -Eres mí ángel, Mashirao. Sus labios se apoderaron de los contrarios, en un nuevo beso de lujuria y placer. Mientras sus miembros se rozaban, comenzando a erectarse. La calentura subía de nivel, los roces se hacían más fuertes, despidiendo ese peculiar aroma a sexo. Shinsō liberó los labios de su rubio y comenzó a bajar, regando de besos y lamidas la blanca piel del Elfo. -Ahh...- múltiples jadeos salían de aquella garganta, que pedía un contacto más profundo- ¡Hito!- gritó al sentir los labios del pelimorado cerrarse sobre su duro falo. Shinsō sintió un escalofrío recorrer su espalda, al escuchar su nombre en labios del rubio. Succionaba con avidez, terminando sobre el glande con pequeños chupones que hacían disvariar al menor. -¡Ahh! ¡Ah! ¡Ha!. Hitoshi llevó sus manos hacia el culo del más bajo, y levantó sus caderas, agarrando las duras nalgas. Liberó el m*****o de Mashirao y dirigió sus labios al ano del rubio. Lubricarlo, no fue necesario, el Elfo estaba húmedo, caliente y deseoso. Su cuerpo ardía en el placer único por poseer al Mortal. -Qué rico- dijo Shinsō al sentir el sabor del aquél líquido. -Hazmelo... Y no hubo más que decir, Hitoshi separó las piernas de su rubio y se puso en medio. Su m*****o entró sin problemas. -¡Ahh! ¡Ah!- Ojiro se aferró a las nalgas del pelimorado, las apretó suavemente, mientras el Mortal lo penetraba una y otra vez. -Qué excitante- le susurró al oído, su m*****o era apretado, por cada embestida dada. Mashirao sentía que todo se movía dentro suyo, era un placer único sentir al pelimorado en esa faceta. Hitoshi lo tomó por la espalda y se giró, dejando al rubio sobre sí. -Qué perfecto- dijo al ver tan bello cuerpo, la colita se meneaba para todos lados. Su pene erecto pedía ser acariciando, por lo que Shinsō hizo caso y comenzó a masturbarlo, mientras sus caderas se movían de arriba para abajo. -¡Ahh! ¡Ah! ¡Ah!- Ojiro no daba más, las sensaciones provocadas por aquel Mortal lo estaban consumiendo en el placer- Ahh... Ah... Ahh... El pelimorado sintió su m*****o apretado, los músculos del rubio se contraían una y otra vez, anunciando que estaba próximo al clímax. -Hito...- logró articular, mientras la saliva caía por la comisura de sus labios. -Acaba conmigo mí hermosa criatura- dijo penetrando más a fondo, haciendo que el semen del rubio volará y cayera sobre sus cuerpos, mientras el acababa, llenando el culo de su Elfo. Shinsō se llevó la mano a la boca y saboreó el semen que quedó en ella. Ojiro se afirmó, para levantar su trasero y sacarlo del falo del pelimorado. Se recostó a su lado. -Creo, que debo irme- le dijo Hitoshi. Mashirao se incorporó y los tapó a ambos con las pieles que cubrían la cama. -Quédate conmigo- le dijo colocando su cabeza en el pecho del Mortal. Shinsō pasó su brazo y atrajo el cuerpo de su rubio. Lo tenía loco, Ojiro lo tenía preso del corazón. Todoroki había llegado a su habitación, no quiso ir antes, pues el beso que le había dado Bakugō, produjo otro accidente en él. Tuvo que encargarse primero de eso, antes de ir a la cama con Kaminari. Entró al cuarto, sin hacer ruido. -Tardaste- la voz de Denki lo asustó. Shotō se sacó la ropa y caminó hasta la cama. Se metió, juntando su cuerpo con el rubio. -Sigues despierto- le dijo el bicolor pasando sus dedos por la fina piel de Kaminari. -Sabes que no puedo dormir, sí no estás a mí lado. Denki se incorporó y acarició los labios del medio albino, se acercó y le dio un suave beso. -Mmm, creo que alguien te dio las buenas noches- dijo sonriendo. -Es... El príncipe Katsuki, me besó. -¿Te gusta verdad?. -No sé qué hacer Denki. Mí cuerpo reacciona con solo verlo. -Yo tampoco sé que hacer. Durante la cena tuve al Mortal pelirrojo pegado a mí todo el rato. Pero lo curioso es que no me incomodaba. Tenía una mirada penetrante y un deseo oculto estaba en ellos. -Mmm, parece que alguien prendó a mí guía espiritual- le dijo Todoroki acariciando su rostro. Denki se acomodó en el torso del bicolor, mientras éste lo abrazaba. -Shotō, ¿qué podemos hacer? A veces siento que enamorarme de alguien, no es tan mala idea. Pero nuestros dones. -Son una maldición- dijo el medio albino- Yo quisiera ser feliz. -Yo también- dijo el rubio, cerrando los ojos. Los dos soles anunciaban que pasaban del mediodía. Antes del amanecer, tanto Shinsō cómo Midoriya habían regresado a sus habitaciones. Estaban todos los reyes y príncipes, juntos a sus súbditos, reunidos en el salón principal. La albina les había relatado parte de la historia de Los Vinculados y que posiblemente allí encontrarían alguna pista sobre el Libro Canción de las Tormentas. -Bien, la búsqueda debe comenzar ahora- dijo Rei- Shotō- le habló a su hijo- Tú y Denki deben ir. El bicolor asintió. -Un momento, ¿porqué debe ir el príncipe?- preguntó Izuku. -Por qué él y Denki son los únicos que pueden detener de cierta manera a Los Vinculados. -Bien- dijo Bakugō- Yo también iré. -¡Príncipe!- sus súbditos se opusieron. -Silencio- ordenó el cenizo. Valwen lo miraba con cara de pocos amigos- Llevaré a Eijiro, Mirio y Hitoshi. Tenya y Hanta regresarán al Reino de los Mortales para avisarle a los Reyes todo lo ocurrido, deben reunir a las legiones. Luego les enviaré a Horus para darles nuestra ubicación. Todos asintieron. -De acuerdo- dijo Momo- También iré, llevaré a Ochaco, Nejire y Mina. Kyoka, Tsuyu y Tōru regresarán a Otrera y le comunicaran a Camie lo que a ocurrido. Estaré en contacto con ustedes a través de la Sacerdotisa Shiozaki. Las Amazonas asintieron. -Shotō- habló su madre- Qué harás. El bicolor miró a su Guardia Real. -Aparte de Denki, iré con Amajiki, Izuku y Mashirao. Yuga acompañará a los Mortales a sus Tierras. -¡Pero príncipe!- protestó el rubio. -Te vamos a cuidar- le dijo Iida. -Yo no necesito que me cuiden- respondió molesto- Pero una orden, es una orden. -Yo también iré. -¡Natsuo!- dijo su madre- ¡No puedes!. -Sí puedo, mí magia es más avanzada que Denki. Puedo detener más fácilmente a los demonios bajos. La albina se quedó callada, era cierto que Natsuo siempre estaba en la biblioteca viendo y leyendo libros de hechizos. -De acuerdo- dijo el Lobo Amarillo Toshinori- Iré con el grupo, llevaré a Shota, Enji y Hawks. En cuanto a Taishiro, Tsunagu y Hizashi, regresarán a los cielos. Ustedes estarán encargados de hacer los rituales sagrados para detener lo que más se pueda la llegada de los demonios. Hay que retrasar lo que más se pueda la abertura de las puertas del Tártaro- les dijo a los tres Lobos. Todos asintieron. -¿Alguna objeción?- preguntó la Reina de Elithen- Bien, veo que están todos de acuerdo con el grupo que se hizo. Se llamarán la Comunidad del Fénix. Nos comunicaremos a través de las visiones de Shotō, y también por medio de los Yatagarasu- les dijo la albina. (Son aves de la mitología japonesa, guardianes de los guerreros y las deidades). -Entonces- dijo el medio albino- ¿Cuándo partimos?. -Hoy mismo- respondió su madre- Pediré que les empaquen comidas, semillas, y pan de lembas. Todos asintieron y se retiraron del salón a sus habitaciones, para armar sus equipajes y salir a la nueva aventura que tenían frente a ellos. Valwen salió del salón sin decir nada. Se le notaba bastante molesto al saber que Bakugō iría con su amado Oráculo. Él en cambio no podía ir, debía quedarse en las Tierras de los Imperiales para preparar la guerra. GRACIAS POR LEER
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