—Y entonces me dijo “¿ya tenías lista la dirección?” y me sentí patética porque no imaginaba nuestra primera cita así. Oh por Dios, ¿tengo una cita con Liam? —pregunté mientras mi mirada seguía puesta en el techo.
Gael se quitó los lentes que había encontrado en mi closet, definitivamente tendría que arreglarlo algún día. Tomó una pluma y escribió algo en su libreta, después de eso se levantó de la silla que estaba a un lado de mi escritorio y me miró.
—Diagnóstico estás enamorada.
—¿De alguien que podría ser de la mafia?
—Tienes razón, a ti no te sientan los chicos rudos.
Me levanté de mi cama, tomé una almohada y se la aventé.
—Esto es serio tonto —comenté entre risas y Gael soltó una carcajada.
—¿Qué es serio Mia? ¿Qué no te invitará a una cena de gala con flores, velas y langosta a la luz de la luna? Creí que solo eran amigos.
—Sonaba menos patético en mi cabeza.
—Tómalo con calma ¿Si? Es solo una fiesta.
Tomé otra almohada y la puse sobre mi cara, era cursi estarme preocupando por algo tan tonto como una simple fiesta, ni que fuera la gran cosa, por favor.
—Ni siquiera sé que ponerme —se alcanzó a oír mi queja bajo la almohada
—¿Irás a ver al presidente? Mia es solo una fiesta usa algo casual. Además, te ves bien con todo; hasta con tenis de distinto color.
Quité la almohada de mi cara y lo miré.
—Ya supéralo.
—Ni de chiste.
—¡Bien! Tampoco es la gran cosa ¿Verdad?
—Correcto.
—Ni siquiera tendría que estar nerviosa.
—Exacto.
—Me veo bien sin importar lo que me ponga.
—Por supuesto.
—Y Liam es solo un amigo.
—Si tú lo dices —lo miré de mala manera —vale, yo no he dicho nada, son amigos y hasta ahí.
Llamada entrante: papá.
—Papá.
—Mia ¿Estás ocupada?
—Algo así, voy a salir ¿Qué pasa?
—Encontré algo en los expedientes de la empresa, relacionado con el señor Anderson y es importante que lo hablemos, te esperaré en casa y te lo cuento.
—De acuerdo, pero ¿Es algo malo?
—Yo no lo diría de esa forma, ya me entenderás cuando te lo cuente, además creo que será algo que te emocionará, tomando en cuenta que eres fan de todas esas historias raras en las novelas.
—Bien, te veo en la noche.
—Cuídate y salúdame a Gael.
Colgué la llamada, no puedo evitar sentir cierta curiosidad sobre lo que tenga que decirme,
—Papá te manda saludos.
—Gracias ¿Qué te dijo?
—Quiere hablar conmigo, al parecer se trata del señor Anderson, no tengo idea de qué será, pero ya me contará en la noche, que, por cierto, me encantaría que fueras, debemos empezar esta semana de la mejor manera, no imagino que puede ser más importante que esto.
—Ya te dije, tengo algo que hacer. Y no es por asustarte, pero Liam llega en media hora.
—¡¿Qué?! —pregunté asustada. Tomé rápido mi celular y vi la hora, las cuatro treinta y cinco, y no sabía qué rayos me iba aponer. —Eso no es justo me estuviste entreteniendo —Me levanté de la cama y Gael solo levantó los hombros para después caminar hacia la puerta.
—¿Qué estás haciendo?
—¿Tú qué crees? Voy por algo de beber. Te dije que te veías bien con cualquier cosa y honestamente no me quedaré a verte sufrir con el estrés de “que ropa me pondré”
—Pero ni siquiera tengo ro…
—Ay, vamos, Mia, tu closet está lleno de ropa, seguro que encuentras algo, ya te he dicho que solo seas tú misma, ponte guapa para ti, no para un chico, por cierto, veinte cinco minutos, yo que tú, me daba prisa.
Gael bajó a la cocina y me quedé analizando unos minutos mi closet. No había demasiado tiempo para pensar, me planché el cabello, traté de maquillarme sin que se viera tan extravagante y me puse unos jeans junto con una blusa de color vino y una chamarra de mezclilla para combinar, finalmente decidí ponerme unos converse blancos que a juzgar por el uso que les había dado ya eran más grises que blancos, me encantaban los tenis ya que con tacones me veía más alta de lo que era ya.
Me detuve en el momento en que vi el folleto para la universidad de intercambio, en el centro se encontraba un grupo de chicos sonriendo, arriba el nombre de la escuela y la frase ¿Qué esperas para tu cumplir tus sueños? Ir a esa escuela era mi sueño, y había corrido con suerte pues tenía convenio con mi escuela, pero a mis padres no les agradaba del todo que estuviera lejos, ellos preferían que estuviera cerca de casa, cerca de la ciudad al menos, pero quedándome aquí no podría cumplir mis sueños ¿Qué era lo que me esperaba? ¿Seguir los pasos de mi padre y trabajar en la misma empresa? Esperaba hacer cosas mejores, no seguir con los mismos patrones.
Escuché el timbre de la puerta y eso me trajo de vuelta a la realidad.
—¡Gael, abre por favor! —grité desde arriba.
—¡Lo amenazaré!
—¡Solo ábrele y no le digas nada!
En serio estaba nerviosa y no estaba tan convencida de que la ropa que había escogido hubiera sido la mejor opción para la fiesta de hoy, pero ya era tarde, Liam estaba en la sala con mi mejor amigo y no había más tiempo para ponerme otra cosa, me vi en él espejo por última vez y no lucia tan mal, mi piel se veía algo pálida ¿sería por nervios? Aunque generalmente mi tez era clara esta vez se notaba más de lo habitual. Tomé una bolsa y bajé con los chicos.
Liam me escuchó bajar por las escaleras y volteó de inmediato para verme, el corazón estaba a nada de salirse de mi pecho. Cuando por fin estuve abajo Liam solo pudo pronunciar una cosa.
—Te ves hermosa.
Gael carraspeó la garganta y lo observó un poco molesto, era claro que trataba de decirle “Guarda tu distancia con ella”
—Si supieras que es su pijama —balbuceó Gael.
—¿Qué? —pronunció Liam.
Rodeé mis ojos los cuales terminaron fijos en los de Gael.
—Es broma —terminó diciendo para romper el silencio. —Te ves hermosa Mia.
Liam se fue acercando hacia a la puerta y lo seguí. Él la abrió y me indicó que saliera para posteriormente abrir la puerta de su auto, subí y se dio la vuelta para ir hacia el asiento del conductor. Escuché como claramente Gael le gritó.
—¡La quiero aquí antes de las doce!
—Sí, señor —dijo con voz firme Liam.
Gael siempre trató de desempeñar el papel de padre cuando era necesario o al menos en la ausencia del mío, me cuidaba demasiado y a veces me estresaba que fuera tan sobre-protector conmigo, pero después de todo siempre nos tuvimos el uno al otro. No puedo decir que mi relación con mis padres es mala sino todo lo contrario, jamás les di una queja, un reporte o mostré alguna actitud rebelde con ellos, teníamos buena comunicación y eso siempre ayudó; salvo por estas últimas semanas, mi padre había estado tan insoportable con lo de su contrato que me hartaba escucharlo hablar siempre de lo mismo, mamá por otro lado no hablaba tanto de su trabajo, generalmente llegaba cansada, cocinaba y se dormía. No estaban tanto tiempo en casa como me hubiera gustado tenerlos, pero sé que estoy en donde estoy gracias a ellos y a su trabajo, hacemos sacrificios por las personas que amamos y el mayor sacrificio que habían hecho por mí, era su tiempo.
Llegamos a la fiesta y tomamos asiento, no pasaron muchos minutos cuando empezaron a llegar varias personas y se sentaron alrededor de nosotros entre ellas Samantha.
—Hey, Mia ¿Qué te trae a nuestra humilde morada?
—¿Acaso me he perdido alguna de sus fiestas, Luis?
—Por supuesto que no, veo que también trajiste a tu novio.
Liam casi se ahoga con su bebida, tuve que darle un codazo a Luis para que se callara.
—Oh, perdón, creo que malinterpreté las cosas.
—Bastante —hablé entre dientes.
—¿Qué tal un poco de cerveza?
—No gracias, tengo ganas de estar sobria.
—Hey, Liam sí viniste y trajiste a tu novia contigo —está vez fue Luis quien lo goleó —¿Qué dije? —entre hermanos se entendía con la mirada —Oh, ya veo, lo siento, chicos.
—Descuida —Liam le restó importancia —gracias por invitarme.
—Como te dije, es tradición, espero que lo disfruten y aprovechando que estoy aquí —se sentó en medio de nosotros —¿Qué tal, Mia? ¿Por qué no mejor nos aceptas un cigarro? —dejó el cigarro en mis manos, pero se lo devolví.
—Eres adorable, Carlos, pero no gracias, sabes que no fumo
—¡Bueno lo intentamos! —dijeron al mismo tiempo los chicos levantando los hombros y se fueron.
—¿A esto te referías con corromper?
—Sí, me conozco y sé que no haré nada malo.
—¿Por qué son tan insistentes?
—No sé —me encogí de hombros —Etiquetas de universitarios supongo.
Por el rabillo del ojo noté que durante nuestra pequeña conversación Samantha nos estaba observando, no decía nada, solo quedaba ahí quieta, la pobre de seguro no tenía nada mejor que hacer que verme charlar con Liam, así de aburrida debe ser su vida.
—Pero cuanta apatía —habló la rubia —es hora de entrar en ambiente, hagamos las cosas interesantes, bien, chicos juguemos yo nunca —examinó a quienes estaban a su alrededor mientras colocaba alcohol en nuestros vasos—hum, ¿Mia, haces los honores?
Debe estar bromeando, se supone que esto siempre acaba mal.
—Yo nunca he robado la idea de un proyecto.
Samantha se atrevió a mirar sorprendida a todos y por supuesto que no bebió.
—Bien, mi turno, yo nunca he tenido sexo en un estacionamiento.
Todos bebimos, Liam lo hizo, pero ni siquiera me miró.
—Yo nunca he golpeado a una persona —habló un chico rubio.
De los 7 chicos que éramos, solo 5 bebimos, Liam incluido, ellos me miraron sorprendidos.
—Relájense, fue en defensa personal.
—Yo nunca he sido expulsado de ningún sitio.
Nunca me había pasado eso, pero no me podía creer que Liam estuviera bebiendo ¿De dónde lo habrán expulsado?
—Yo nunca he sido infiel —fue esta vez una chica quién preguntó y centró su mirada en su chico.
Tal vez algún exnovio.
—¿No piensas beber?
Sin duda no veía venir que Samantha me preguntara eso.
—¿Por qué habría de hacerlo? —me crucé de brazos.
—No lo sé, has tenido sexo en un estacionamiento, quién sabe, puede que andes por ahí buscando un chico para pasar la noche, seguro que has roto el corazón de más de una persona, dime, Mia ¿Con cuántos chicos te has acostado?
—¿Con cuántos te has acostado tú?
“Uuuuh” fue lo único que se pudo escuchar en la sala.
—Lo preguntas como si fuera algo malo ¿Ahora eres virgen?
Acaba de acusarme de que me metí con un chico ¿Cómo hace preguntas tan estúpidas?
—Lo dices como si ser virgen a tus diecinueve fuera un delito, dime ¿tú lo eres?
—¡Por supuesto que no! —exclamó con descaro.
—No contestes a mi pregunta anterior es obvio que tú sí que te has metido con varios chicos.
Todos comenzaron a reírse.
—Bien, entonces beban los infieles —intervino una chica.
—Ja —contestó el chico al que ella veía —como si solo los hombres fuéramos infieles.
—¿Estás tratando de decirme algo, Mario?
—Para nada, querida.
—Deberías beber también, Mia.
—y dale con lo mismo —puse los ojos en blanco.
—Vaya aburrida no entiendo a qué viniste entonces, ¿necesitas de papá Gael para pedirle permiso?
Molesta por el comentario tome el shot que pidió, era de tequila, bastante común para ser la fiesta de Luis y Carlos pues ambos experimentaban con tantas sustancias que el tequila parecía agua en la fiesta.
—Miren nada más, la niña se reveló —mantenía su mirada fija en mí.
Amaba a Gael, pero si algo detestaba era que lo vieran como si fuera mi padre, no necesitaba el cuidado de nadie, además no era novedad que tomara alcohol de modo que no sé porque se sorprendieron, lo hacía, no constantemente, no en exceso, pero lo hacía.
—Liam, he visto que bebiste cuando hablaron de expulsiones.
—Aja.
—¿Es cierto que te expulsaron de tu anterior escuela? ¿Por eso estás aquí?
¿Habrá sido por eso?
—La gente inventa cada cosa—contestó indiferente.
—No quieres responder, interesante ¿Quieres mejor un reto?
—¿En qué momento pasamos a verdad o reto? Que alguien me explique.
Los chicos me ignoraron.
—Adelante.
—Te reto a que beses a la chica más linda de aquí, oh es cierto, soy yo.
Sabía que estaba tramando desde que se sentó cerca de nosotros, era una estupidez querer acercarse a un chico de esa manera ¿Qué edad tiene? ¿10?
—Esto es absurdo, Samanta —intervine levantándome, ella copió mi acción.
—¿Y quién me va a detener, tú? —me empujó
Un chico que venía hacia acá derramó su refresco sobre mi blusa. Subí de inmediato al cuarto de los chicos y traté de quitar la mancha con un trapo que encontré, genial, esto era lo único que me faltaba, mientras me peleaba conmigo misma, Liam entró al cuarto con cautela.
—¿Estás bien? —no respondí —Mia…
—Sí, la mancha ya no es tan visible, creo, vaya suerte que tengo con las bebidas.
El chico se acercó hacía mí y traía algo azul en sus manos
—¿Qué tienes ahí? —levanté la mirada.
El foco de la habitación estaba fundido, pero la poca luz que daba el del baño fue suficiente para ver que lo que tenía en sus manos, era su sudadera.
—Nunca se sabe cuándo puedes utilizarla de nuevo —respondió sonriéndome.
—¿Siempre cargas con una sudadera extra?
—Solo cuando voy a fiestas, que horror encontrar a una chica que esté loca y te empuje y tú te quedes con una blusa manchada.
Su cometario provocó que me riera un poco.
—¿Estás bien?
—Sí
Me tomó de la mano y colocó su sudadera en la mía, me miró unos segundos y comenzó a acercarse más hacia mí; mi respiración se aceleró y no logré hacer nada, me quedé inmóvil, ni siquiera sé que está pasando, será el efecto del alcohol ¿Cómo rayos estoy dejando que pase esto? A penas y lo conozco, no estaría bien besarlo, no estaría bien ¿Verdad?
Admito que tiene algo que te hace querer estar cerca de él todo el tiempo, como si fuéramos imanes queriendo encontrarnos.
—Liam
—¿Sí?
—Yo…
—Oye, Mia lo sient… —sonó la voz de un chico quien al ver nuestra escena se quedó sorprendido.
—¿Alex? —la cara de Liam pasó de confusión a enojo.
—¿Se conocen? —pregunté.
Pero no lo hice porque estuviera confundida o porque no supiera la respuesta, necesitaba que fueran honestos y me dijeran la verdad, había algo que no terminaba de convencerme, pero claro, ellos no notaron que lo preguntaba con esa intención.
—Nos presentó Gael ¿No lo recuerdas? Desde ahí me empecé a hablar con Alex.
—Hola —se limitó a decir el susodicho.
—Alex —repetí el nombre —no te había visto.
—No te preocupes, oye en serio lamento lo del refresco.
—No es tu culpa sino de Samantha —enfaticé su nombre —descuida, nada que agua y jabón no quiten.
—Sí —mencionó un poco cabizbajo.
No imagino por qué.
—¿Te parece si vamos a otro lado?
—Claro —contesté —Adiós, Alex, supongo que nos veremos mañana.
—Sí, eso espero.
Bajamos las escaleras, ya no teníamos nada que hacer en esa fiesta, me tomó de la mano y mientras nos acercábamos a la puerta miré a Samantha como si quisiera decirle ¿Quién ganó ahora?
subimos a su auto, y fuimos a una pizzería que estaba cerca de la casa de Luis y Carlos y ahí estuvimos platicando un largo rato, perdí la noción del tiempo y después notamos que eran las diez, me llevó a casa. Me despedí y bajé del auto, no quería que tuviera tiempo para decirme algo, pero fue más listo que yo y también se bajó.
—Oye, ya estoy en casa, gracias por todo, pero no tienes que hacer esto.
—Te saqué de casa, te entregaré también —aseguró.
¿Cómo me libro de esto ahora?
—No es necesario, de verdad—comenté algo nerviosa.
—Vamos, Mia, ¿Qué es lo peor que podría pasar?