8. El intercambio

1300 Words
Lo único que me relajaba estando en la escuela era la hora del almuerzo, me sentía más tranquila, no sé cómo es que las cosas cambiaron de momento a otro, pero ahora Liam se empezó a sentar con Gael y conmigo y dado que conocía a Alex ahora él también se encontraba con nosotros, esto me beneficiaba de alguna manera. —Tienes que estar bromeando, no puede hacer eso… No puede ¿cierto? —habló Gael mirándome sorprendido mientras comía sus papas a la francesa. —A menos que alguien decida regalarme diez mil pesos para el boleto de avión y para mis materiales supongo que sí, sí puede —contesté. Mi objetivo era que tanto Liam como Gael estuvieran enterados de la amenaza de mi padre, más tarde ya le contaría la verdad a Gael, después de todo es mi mejor amigo, no puedo ocultarle nada. —Se trata del intercambio, la mejor oportunidad de nuestras vidas, ¿qué clase de padre arruina eso, sabiendo que es lo que más anhela su hija? —El suyo —comentó Alex apuntando a que era algo obvio. Nuestras miradas fueron directamente a él y Liam trató de romper el silencio. —¿A qué se refieren con el intercambio? ¿en serio es la gran cosa? —Claro, los chicos de buen promedio, excelente, a decir verdad, tienen una beca del cien por ciento para una de las Universidades con las que la escuela tiene convenio, la gran mayoría son en el extranjero, únicamente pagas tu boleto de avión y los materiales que usas, es una beca para la carrera que estas cursando, tus últimos años son en una escuela de renombre. —empezó a hablar con entusiasmo — ¡Es la mejor oportunidad de todas! —Así que, ¿a ese intercambio me metió mi padre? —creo que hablaba más para él mismo que hacia nosotros. Gael se había sorprendido al igual que yo al ver la tranquilidad con que lo decía, incluso creí haberlo escuchado molesto, como si no le importara la gran oportunidad que esto representaba. Escuchar algo más respecto al padre de Liam era lo último que necesitaba así que decidí cambiar de tema. —Deberíamos irnos a clases nos toca dibujo arqui… —Gael me interrumpió ya que estaba algo indignado ante la indiferencia de Liam con el intercambio. Él se lo tomaba muy en serio. —¿Estás despreciando el intercambio acaso? —preguntó serio mirando a Liam —Fue la mejor decisión que pudo tomar tu padre, por si no lo sabes otros matarían por la oportunidad que tenemos. Además ¿tú? ¿Dentro del intercambio? ¿Qué promedio llevas Anderson? Puse mis manos sobre mi cara en señal de que estaba frustrada por seguir tocando el mismo tema, Gael parecía un niño pequeño y eso me molestaba; Alex al parecer era el único que se mantenía al margen de toda esta situación. —No estaba enterado en qué consistía el intercambio amigo, relájate, sí es una buena oportunidad y no la desprecio —mencionó Liam con tanta calma que Gael ya no insistió en el tema — Y por cierto llevo nueve seis. —Es el mínimo para entrar ¿No? —pregunté esperando que cualquiera de los chicos me contestara. —Sí —respondió entre un suspiro Alex —Actualmente un nueve cinco no basta. —Se supone que solo los mejores deberían tener derecho a un cien por ciento de beca —añadió mi mejor amigo. —¡Oh vamos! —exclamó Liam — ¿Qué promedio llevas tú? Nueve siete a lo mucho. —¡Ay no!, no debiste pregun… —Gael levantó su mano ligeramente indicando que me callara y miró a Liam más indignado que antes. Sabía que acabaría mal, Gael es un chico increíble, pero detestaba que lo subestimaran y sobre todo que creyeran que no podía alcanzar un promedio perfecto. Sus padres le exigían demasiado como para rebajarse a un nueve siete que, a mi parecer, es un gran promedio. —Diez —soltó sin una pizca de emoción en su rostro —He mantenido un promedio de diez desde la primaria, me he partido la cabeza, me he desvelado y he rechazado salidas para mantener un promedio perfecto y que me rebajes a un nueve siete no lo tolero. —Pues lamento decirte que entonces no has disfrutado tu vida por tratar de mantener una nota que no define quien eres. Se creó un ambiente incómodo y un silencio de pocos segundos, aunque eso bastó para que Gael tomara sus cosas y se fuera, poco después Alex lo siguió para asegurarse de que estuviera bien. Me dejaron ahí con Liam quien al parecer se veía algo preocupado. —¿Fui muy duro? —No, es solo que en casa le exigen mucho y ha hecho demasiados sacrificios para mantener su promedio perfecto. Siempre ha querido desenvolverse en un ambiente sin tanto estrés y ve el intercambio como su pase de salida, aunque claro, también es consciente de que no cualquiera obtiene la beca. —¿Su pase de salida? —enarcó una ceja. —Quiere estar lejos de sus papás un rato para no sentirse tan presionado. —Por eso le importa tanto su promedio —concluyó. —Sí, eso y además piensa que sin un buen promedio no hay beca; sin beca no hay estudios, y si no tiene estudios no tiene futuro. Tiene definido que quiere hacer y por eso se esfuerza tanto. —¿Cómo mantiene el diez y sigue siendo tan alegre? Cualquiera en su lugar viviría en el estrés. Me he preguntado lo mismo varias veces. —Tiene una asombrosa retención de información, una memoria impresionante y es muy analítico, sin duda ayudará a su carrera. —¿Qué carrera escogió? —Medicina. —Le queda, ya hablaré con él después —agregó con un tono más tranquilo. Después de eso tomamos nuestras cosas y fuimos al salón a tomar la clase de la maestra Patricia la cual, fue de lo más aburrida posible, aún sigo preguntando cómo me mantuve despierta. Después de unas horas nos tuvimos que volver a ver ya que compartimos la última clase juntos. Literatura, la optativa para despejar la mente según los profesores. Creo que había sido una buena idea el poner una optativa que no estuviera precisamente relacionada con la carrera, lo único que se esperaba es que los chicos hicieran algo creativo y de esta forma exploraran otras áreas de oportunidad, los docentes y directos son conscientes de que en cualquier momento podemos cambiar de opinión y es cierto, muchas veces no se tiene definido lo que se quiere hacer y tener dudas está bien y es algo completamente normal. No me arrepiento de haberla escogido como materia optativa, para terminar con broche de oro el día, Liam fue mi pareja para entregar un ensayo ya que ambos estábamos leyendo por casualidad la divina comedia una cosa más que teníamos en común: el gusto por la lectura. La frase “son un verdadero dolor de cabeza los veo mañana” que dijo el profesor seguido de una risa me indicó que podía retirarme, el maestro Erick es increíble; lógicamente es un experto en el tema pero explica con una pasión tan impresionante que probablemente era eso lo que más admiraba de él, sin mencionar que sacaba una que otra broma para que no fuera tan pesado el ambiente. A veces esas bromas eran necesarias ya que la clase se dividía en dos grupos: las personas que querían aprender literatura y el otro grupo que no tuvo más opción y escogió literatura antes que economía. —¿Mia? —Liam agitó su mano frente a mi cara para que volviera a prestar atención.
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