Capítulo 4

2239 Words
Me siento más tranquila.  «¿Así es como se siente estar en el cielo?», me pregunto entre sueños. Una luz blanca se presenta frente mis ojos y sin control, los encontrándome con la realidad. Lo primero que logro ver es a Ale, mi mejor amiga, junto al doctor Greystone. Desvió mi vista de ellos y miro a mi alrededor… Estoy en un hospital, de inmediato el color blanco de la habitación me lastima la vista y eso causa que mi cabeza me comienza a doler. — Doctor, ¿Qué le esta pasando? —Ale le pregunta preocupada. —Sharon tranquila, controla tu mente. Cierro los ojos al recordar las imagines de los duros procesos en el cual me sometí para recuperar mi vida. —Sharon, ve me. Aquí estas bien. Los recuerdos me invaden al recordar el blanco color y el asqueroso olor quirúrgico. —Sáquenme de aquí. —Sharon, debes tranquilizarte o entraras en crisis. Ignoro las palabras del doctor. — ¡Sáqueme de aquí! —grito con impaciencia. Siento el dolor en mi pecho de nuevo, el dolor de las varias cirugías que tuve que pasar para recuperarme, la dura terapia psicológica que pasé para olvidar el tormentoso pasado… Todo duele. —Sebastian, sácame de aquí. Lo único que recuerdo es a Sebastian, es la única persona que necesito para no caer en crisis. Él es el único que me ayuda a tranquilizarme, solo lo necesito a él. —No quiero estar aquí. Ayúdenme. Suplico al no ver que hagan algo por mi para sentirme mejor. —Voy a sedarla de nuevo. Es lo único que dice el doctor. Se acerca mi amiga y trata de calmarme. —Sharon, se fuerte. Tu eres fuerte… Si te saco de aquí no podrás recuperarte. —Ayúdame —sujeto la mano que me acaricia el cabello y le ruego —Sácame de aquí. En seguida entra el doctor, se acerca a mi e inyecta el sedante en el suero que conecta a mi mano. Pasan unos segundos y al comienzo a sentir el frio llegar a mi mano. Lo siento expandirse por todo mi cuerpo, su efecto de inmediato me relaja y comienzo a tener sueño. —No me dejes sola —le susurro. —No lo haré. Aquí estaré contigo —lo promete. El corazón poco a poco recupera su ritmo y mi cuerpo se relaja, para después quedarme dormida. *** Después de recuperarme fuera del hospital, en la casa de Greystone, regrese a casa junto a Ale, quien estuvo en todo momento conmigo. Al despertar del ataque de pánico, Matthew y Ale se encargaron de llevar el equipo medico del hospital a la casa de Matthew. No podía regresar a casa porque no era beneficioso para mí, eso me ocasionaría revivir el mal momento que origino mi recaída. Después de muchos medicamentos, la psiquiatra habla conmigo y me ayudó a estabilizar mi mente, incluso me recomendó que no viera a mi esposo hasta que me sintiera segura de poder enfrentarlo. Ale estuvo de acuerdo con ello y ella se propuso a estar conmigo. Al llegar a mi habitación, Ale se encarga de prepararme una comida mientras yo descanso en cama. No puedo alterarme o el siguiente ataque puede ser peor. Aun me duele el pecho. Cansada de sufrir lo mismo, cierro los ojos y de inmediato en mi mente vienen los recuerdo del moreno de ojos color miel; aquel hombre que me hizo creer en el amor de nuevo y me hizo sentir valiosa. Pero todo aquello fue falso, un falso amor que me hirió y dejo marcada mi vida. Me hundió en su oscuro abismo de venganza. Logró lo que tanto quería, pagar ojo por ojo a la persona que mató a su amada. De nuevo el corazón me comienza a dolor, pero no es un dolor que me lastima físicamente, es el mismo dolor que sentí cuando sus fríos ojos miel me miraban con rabia, asco, venganza; ese dolor del sufrimiento por amor. Y sin poder evitarlo las lagrimas salen de mis cerrados ojos logrando mojar mis mejillas. Y lo ultimo que hago antes de abrir los ojos es recordar su rostro y susurrar entre labios su nombre, que hace años deje de pronunciarlo. —Eder Ross… De nuevo los recuerdo con él haciéndome el amor me duelen, el cómo me besaba, su protección hacia mí. Tenía una esperanza de rehacer mi vida con él y luchar juntos contra los cazadores, pero fue lo contrario, él se convirtió en un cazador más. —Guapa, ya esta la comida —entra Ale a mi habitación y de inmediato abro los ojos olvidándome por completo del moreno. Rápidamente limpio mis lagrimas y me levanto de la cama, pero mi amiga se percata de mis lágrimas. — No sigas llorando. No es bueno para ti. Se acerca a mi y me abraza demostrándome que ella siempre estará conmigo. Siempre me lo ha dicho y demostrado. —Estoy bien. Sabes que soy bien llorona —le sonrió para cambiar el triste ambiente que me rodea y ella me sigue la corriente. —Si lo eres…vamos a comer, te preparé una rica sopa instantánea. Sonrió al recordar que Ale no es buena en la cocina.  — ¡Ohhh! Es el mejor platillo que me has preparado. —Lo sé, me esforcé mucho. Vamos, tengo hambre. Dejando atrás el triste ambiente, salgo de la habitación junto a Ale y vamos directamente a la sala donde se encuentran las sopas cocinando. Nos sentamos en el sofá y la guapa morena propone ver una película. Asiento ante su propuesta y ella selecciona la película. Mientras las escenas corren en el televisor me quedo pensando. — ¿Por qué Sebastián no ha venido? Ale deja de mirar el televisor, le pone pausa a la película, deja su sopa en la mesita de enfrente y me mira. —Lo que comentó Derricks, es…—hace una pausa —. El regreso a la casa para pedirte una disculpa por su comportamiento, pero al regresar te vio inconsciente y tu respiración era nula. Él se asustó, te dio respiración de boca a boca y llamo a Greystone, después me llamo a mi y entre los tres te llevamos de urgencia al hospital. No podíamos llevarte a otro lugar, tu vida corría peligro. Suspira ante sus palabras y retoma lo que va a decirme. —Me asuste mucho —sus ojos comienzan a lagrimear y de inmediato tomo su mano como muestra de afecto. Entiendo lo mucho que me aprecia —. Greystone entro contigo a urgencias y yo me quede con Derricks. Me contó lo que pasó entre ustedes, lo regañe por lastimarte de esa manera; se arrepintió de haberte lastimado… el piensa que por su culpa tu estabas al borde de la muerte. Me es imposible no llorar. Comprendo el porque se puso de esa manera, su más anhelo para él son sus propios hijos, y es una lastima que yo no pueda dárselos. —Después de escuchar que estás estable él hablo con los doctores sobre los hechos. Greystone y tu psiquiatra le recomendaron que se alejara unos días de ti para que no recayeras. Él fue el motivo por el cual te dio otro ataque… Es por eso que no se a aparecido, pero esta al pendiente de ti. — ¿Dónde está? —En el hospital donde trabaja. Estos tres días no ha salido de ahí. —Necesito tenerlo a mi lado. Él es el único que me ayuda a tranquilizarme. —Lo sé, pero Greystone y tu odiosa psiquiatra no lo ven viable… Lo poco que entendí es que tu lo ves como un escudo y te hirió con lo que pasó entre ustedes, por eso la recaída fue más fuerte que las anteriores. Entonces tu mente esta en un debate, lo necesitas para protegerte, pero también no lo quieres cerca porque te lastimo. Las palabras de Ale me ponen a pensar, «¿en verdad necesito a Sebastian?» —Yo en verdad quiero a Sebastian a mi lado. No le tengo miedo —aseguro mis palabras. —Lo quieres porque es un refugio para ti, pero no lo amas, Sharon. Me quedo muda ante sus palabras. —Yo no logro entender el porque sufres mentalmente. No comprendo que fue lo que te pasó, si lo único que pasó fue un accidente automovilístico. Todos tus expedientes clínicos dicen lo mismo. ¿Por qué tantos estudios y tratamientos? ¿Por qué estas traumada con algo que no recuerdas?... Yo no comprendo nada. Esas preguntas ya las había escuchado por parte de Sebastian, el piensa lo mismo, pero no me reclama porque me quiere, para él mi salud es importante y me ha apoyado en todo momento. Quisiera hacerlos comprender, pero es difícil, no puedo sacar a la luz mi pasado, ellos nunca deben saber de Aina. Nunca… —Yo tampoco logro entender a mi mente —bromeo un poco para olvidar sus preguntas. —No importa. Eres mi mejor amiga, una hermana para mi y yo te ayudaré. —Gracias Alexa. — ¡Ay no! No me digas Alexa, sabes que no me gusta mi nombre. Me rio ante su ocurrencia. —Ok, Ale. —Así esta mejor. Ambas reímos y continuamos viendo la película. Después de comer ingerí mis medicamentos y subimos a mi habitación a dormir. Así fueron por cinco días más, Ale me ayudo a ir a mis terapias y me cuido como si fuera su hermana. Ale tuvo que regresar a su casa para egresar a tu trabajo, ella también tiene su propia vida y no puedo detenerla a que se quede conmigo. Después de darme de alta en el tratamiento, me quedo en casa a hacer lo que siempre hago, solo que esta vez no hago comida. Sebastian aun no regresa y en parte me pone triste. Lo único que se de él es que sigue en el hospital trabajando, de ahí no sale. Quisiera ir a verlo y hablar con tranquilidad, pero aún no me siento segura de verlo; así que dejo que los días pasen hasta sentirme segura de enfrentarlo. *** Una semana más pasa y mi vida regresa a la normalidad, estoy fuera de peligro y me siento fuerte para hablar con mi esposo, pero no he ido a buscarlo porque no sé si él está preparado para verme. Hace dos días le escribí un mensaje, pero no me atrevo a enviárselo, no quiero presionarlo. Continuo con la limpieza de nuestra habitación y voy directamente a limpiar mi ropero, al abrir mi closet saco la ropa desacomodada y las cajas, todo lo pongo sobre la cama y prosigo a doblar mi ropa. Terminando continúo con las cajas, pero antes de limpiarla reviso lo que hay dentro. Una de ellas tiene fotos mías y de Ale en la universidad. Sonrió al recordar los bueno momentos que pasé con ella; acomodo las fotos y la caja la vuelvo a guardar en su lugar. Continuo con la siguiente caja y la destapo, de nuevo son fotos, pero son fotos mías con Sebastian, fotos de nosotros en la universidad, de nuestras citas y de nuestra boda. Y en ese momento razono. No puedo dejar que la mancha del pasado arruine mi presente, mi perfecta vida con Sebastian. Decidida, guardo las fotos y de inmediato me meto al baño a darme una ducha. Iré a buscar a Sebastian, mi esposo. Me baño lo más rápido posible, salgo corriendo a mi armario y saco la primera prenda que encuentro. De inmediato el sonido del timbre suena por toda la casa, alguien me busca. Me visto con más velocidad al escuchar tres veces seguidas el timbre. —Voy… Sé que no me escuchan, pero parece que la persona esta desesperada. Termino de ponerme la blusa y corro hacia abajo a recibir a la persona. Abro la puerta y me sorprendo a no ver a alguien esperando, miro por todos lados y no se ve nadie. Jalo la puerta para cerrarla, pero algo me impide hacerlo. La puerta golpea con una caja que dejaron enfrente, dudosa, la agarro y al cargarla siento lo ligera que es. Me adentro con la caja y cierro la puerta. Voy hacia la sala y pongo la caja sobre la mesa. Miro el objeto dudoso, antes de abrirlo busco alguna nota pero solo se ve que esta envuelta. Decidida, rompo el papel y puedo percibir que tiene recortes pegados, rápidamente rompo el papel y logro leer en mensaje de la caja. Para Aina Ivanova. Me atemorizo al leer el recorte de las letras, de inmediato el corazón se me acelera por la adrenalina que recorre por todo mi cuerpo. Mi cerebro me grita peligro y alerta, pero no puedo dejar que mi mente me manipule. No volveré a tener una recaída, me lo propuse. Respiro lentamente tratando de tranquilizar mi acelerado corazón. Logro tranquilizarme y continuo en abrir la caja. Con cuidado levanto las pestañas de cartón y al instante un olor putrefacto se presenta. Rápidamente me cubro la nariz y la boca; busco que hay dentro y logro hallar una nota escrita con recortes de periódicos. Este es el precio por ser la hija de Alessandro Ivanov. Mis ojos dejan de leer la espeluznante nota y se enfocan en el color rojizo que esta dentro de la caja y es aquello lo que huele tan mal.
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