Prólogo.
Viernes, 12 de Abril de 2019.
La medialuna de esa noche brillaba faltasmalmente en medio de ese campo, cuando tres personas enchaquetadas y con aguantes; vestidos complementa de n***o, irrumpieron silenciosamente en una de las casas de las afueras de la ciudad Evotica, en busca de una cruda venganza.
- ¡Cierra la maldita boca, imbécil!- gritó el muchacho de los tres homicidas, el cual siempre cargaba una capucha que le cubría el rostro, y era el único hombre de ese trío de jóvenes asesinos. Mientras que con frialdad apuntaba en la frente con una pequeña pistola a la mujer que yacía atada en su sofá; llorando, gimiendo, y estremeciéndose por misericordia.
Y a plena vista era bastante sorprendente como alguien tan joven como ese chico, era un gran asesino a sus casi veintitrés años. Pero Jacob Walkers había pasado por tanto, que ya no titubeaba a la hora de asesinar a alguien.
Entonces la otra muchacha, quien era la menor de esos tres asesinos, pues tenía dieciséis años, se puso en medio de su hermano mayor, diciéndole:
- ¡Jacob deja de gritarle! Nos van a descubrir por tu escándalo sí alguien llega a pasar por aquí.
- ¡No digas mi nombre!- espetó el muchacho, en un gruñido, y la adolescente se encogió de hombros, murmurando:
- Da igual, Jake, igual ella no sobrevivirá para contarlo.
La pobre mujer como de cuarenta y pico de años aproximadamente, se encontraba amordazada, cubierta de lágrimas de completa suplica. Mientras que observaba con ojos enormes a sus verdugos; puesto que los conocía. Conocía a cada uno de ellos, y sabía quiénes eran. Ellos no eran malas personas como los recordaba, más bien… Eran solo unos niños. Pero, eso no le importaba ahora, ya que estaba a punto de ser asesinada como el resto de su pandilla, así que no dejó de estremecerse con violencia sobre el sofá, mientras que tenía esa cinta adhesiva en su boca que oprimía sus gritos.
- ¡Jacob, Zoe! Aquí está lo que pidieron- dijo la otra muchacha llamada Magy, quien era la hermana de en medio de los tres, y que recién había entrado a la sala de estar con un tanque de gasolina.
- ¡Perfecto!- exclamó Jacob con una pequeña sonrisa, y se acercó a su cómplice con la gasolina, dejando de apuntar con el arma a su víctima. Entonces tomó el tanque y comenzó a echarlo por todos lados, diciendo-: Quiero que hagan esto chicas, vacíen ésta mierda por todos lados. ¡Quemaremos toda ésta mierda!- señaló, y luego le extendió el tanque a la adolescente, para que siguiera con el trabajo-. Y háganlo rápido, porque no van a querer que la policía nos encuentre en pleno acto.
Por eso las dos chicas se movieron rápidamente y comenzaron a echar toda la gasolina por toda la casa, y los pasillos. Y como Magy había conseguido dos tanques de ese liquido inflamable, estaba ayudando a Zoe con todo eso. Por otro lado el rostro de Jacob se endureció aún más, y el muchacho con esa oscuridad en sus negros ojos le quitó bruscamente la cinta adhesiva a la mujer de la boca, quien enseguida rompió en llanto y suplicas.
- ¡Oh por Dios! ¡Jacob, Jacob! ¡Haré lo que sea, pero por favor no hagas esto! ¡Te lo imploro! ¡No me mates!- chilló con el terror en su rostro la mujer, con las lágrimas corriendo por sus mejillas.
Jacob soltó una risita irónica, y se pasó una mano por la cara con los ojos humedecidos y llenos de odio, diciendo:
- Ya es tarde Laura, ¡Seis malditos años tarde!- entonces volvió a apuntarla justo en su frente con la pistola sin titubear ni un poco, mientras que la pobre mujer le suplicaba que no lo hiciera-. No sabes todo el dolor que tú y tu bastardo grupo nos hicieron sentir, y ahora… Nosotros les devolveremos el favor, ¿no es un trato justo, Laura?
- ¡Todo está listo, Jacob! Toda la casa está cubierta de gasolina, ya podemos largarnos de este cuchitril- interfirió Magy con una sonrisa, entrando a la sala de estar acompañada de la menor, quien observaba la escena con cierto temor, pues a ella siempre le costaba ver como Jacob asesinaba a esas personas, y por eso la mayoría de las veces se cubría las orejas, mientras que Magy la abrazaba y le decía que cantara una canción en su mente-. ¿Qué esperas, Jacob? ¿Una señal de Dios? ¡Mata a la perra, y vayámonos de una vez antes de que llegue la jodida policía!- habló Magy con inquietud, observando como Jacob todavía no acababa con su víctima.
La mujer seguía lloriqueando sobre el sofá, con esas cuerdas atadas a sus manos, mientras que suplicaba y suplicaba. A la par de que Jacob le seguía mirando sin mucha piedad, y le apuntaba con el arma, hasta que le dijo:
- ¿Sabes qué Laura? Hoy es tu día de suerte- entonces guardó el arma en su bolsillo trasero con una leve sonrisita-. No te mataré.
- ¡Oh, gracias a Dios!- sollozó la mujer, mirando con un brillo en sus ojos a el hombre que sería su verdugo, diciendo-: ¡Muchas gracias, Jacob! ¡Gracias! ¡Te prometo que no le diré a nadie sobre esto! ¡Te lo prometo!
Zoe abrió la boca en forma de “o”, y Magy soltó enseguida con el rostro desencajado de incredulidad:
- ¡¿Estás demente, Jacob?! ¡Esa perra nos va a delatar! ¿Cómo la vas a dejar libre así como así?
La sonrisa en los labios de Jacob se volvió mayor, y el muchacho se giró hacia sus cómplices, diciendo juguetón:
- ¿Y quién dijo que la dejaría ir tan fácil?
Y las otras dos chicas también sonrieron cuando lo entendieron.
- Bueno, vayámonos de una vez, ¡Prendan fuego a esta mierda!- demandó el muchacho con una sonrisa vengativa, y cuando la mujer atada al sofá escuchó aquello comenzó a estremecerse violentamente, gritando fuertemente:
- ¡OH POR DIOS, NO! ¡NO! ¡NO! ¡NO ME DEJEN AQUÍ! ¡LAMENTO TODO LO QUE LA PANDILLA Y YO LES CAUSAMOS! ¡LO LAMENTO! ¡PERO NO ME DEJEN MORIR, POR FAVOR!
La mujer comenzó a suplicar tan desesperadamente por su vida que Zoe tuvo que mirar hacia otro lado para no sentir un poco de compasión, pues Jacob lo había ordenando estrictamente; que no sintieran ni lo más mínimo de empatía por las personas que una vez les hicieron tanto daño. Y por eso la adolescente bajó la cabeza, y salió silenciosamente de la casa junto a sus dos hermanos, para que acabasen con todo eso de una vez. Mientras que desde afuera se escuchaban los gritos de la mujer, pero a Jacob no le importó aquello, él estaba lleno de odio y venganza.
Y quería ver arder a Laura, y a toda esa maldita pandilla que tanto daño le causó a él y a sus hermanas.
Entonces una vez que salieron por la entrada de la casa, la cual había quedado bañada en gasolina, y se pararon frente a ella con sus chaquetas negras, Jacob dijo:
- Ya lanza el encendedor, Magy, y vayámonos de ésta mierda-le pidió, y la muchacha echó el encendedor prendido hacia el camino de gasolina que había hecho directo a la casa, el fuego enseguida apareció y se propagó rápidamente, corriendo a una velocidad sorprendente por todo ese camino hasta que llegó a la vivienda y comenzó a quemarla brutalmente. Los tres jóvenes asesinos tuvieron que alejarse de la casa en llamas, y en ese momento escucharon una fuerte explosión, y corrieron lo más rápido que pudieron hacia la camioneta negra que estaba aparcada entre unos árboles, oculta entre las sombras.
Sin dudar los tres se subieron al auto, y Jacob se montó en el piloto para encender el motor, pisar el acelerador, y desplazarse cuanto antes lejos de ese lugar por las afueras de la ciudad Evotica; en los campos. Mientras que en el proceso los tres observaron por las oscuras ventanas del auto cuando pasaron por el sitio en llamas, como la casa de uno de los pandilleros que arruinaron sus vidas se estaba quemando horriblemente.
- ¿Y ahora? ¿Desaparecemos otra vez?- comentó Magy, quien yacía sentada atrás junto a su hermana menor.
- No- respondió Jacob con ese brillo vengativo en sus ojos, con la mirada fija en el camino y las manos tensas en el volante-, aún no terminamos. Todavía falta una última persona a la que debemos visitar ésta noche.
- Ja… Jacob- musitó Zoe, sorprendida y temerosa de volver a asesinar a alguien, puesto que la adolescente era la que menos estaba de acuerdo de los tres en asesinar personas para vengar a sus padres. Pero no podía opinar nada, ya que ellos eran sus hermanos mayores.
- ¿Y qué más haremos aquí, Jacob?- cuestionó Magy elevando una ceja con el ceño fruncido, mientras que se miraba con el mencionado por el retrovisor-. Corremos mucho peligro, ¿olvidas los otros cinco asesinatos que causamos? ¡Carajo, Jacob! ¡No quiero ir a prisión!
- ¿Vamos a ir a prisión?- repitió Zoe, con una mirada temerosa, recogiendo sus piernas y abrazándolas con miedo en su rostro, susurrando en un lloriqueo-: Yo no quiero ir a prisión…
De pronto, Jacob frunció el entrecejo, y frenó muy rústicamente el auto sin importarle nada, para volverse con esa mirada severa hacia los asientos traseros, directo a sus hermanas, diciéndole a Zoe:
- Nadie irá a prisión, Zoe, calma- le habló dulcemente a la menor, y se volvió con dureza hacia su otra hermana, quien lo miraba con un poco de enfado-. Y tú escuchame Magy, no estás obligada a hacer esto conmigo, ninguna de las dos lo está. Si quieren pueden bajarse del auto ahora mismo, porque sí no van a querer vengar la muerte de nuestros padres conmigo entonces es mejor tomar caminos separados.
- Yo no quiero que tomemos caminos separados...- soltó la menor con los ojos humedecidos, abrazando sus piernas y mirando hacia su hermano con ese temor-. No quiero que te alejes de nosotras, Jake.
Magy no hizo nada más que desviar la mirada de los penetrantes ojos de su hermano y miró hacia el exterior del auto.
- Yo tampoco quiero que se alejen de mí, quiero que permanezcan a mi lado porque sé que así estarán bien. Sí se alejan entonces no podré protegerlas- habló el muchacho de ojos negros con un tono un poco dolido, añadiendo-: Yo las amo demasiado, y no quiero perderlas… a ninguna.
Zoe se limpió una lágrima solitaria que le caía por la mejilla, y el semblante de rabia de Magy cambió, y ambas muchachas recibieron el abrazo que su hermano les dio en ese momento. Un abrazo que los unió a los tres, como buenos hermanos que se amaban y protegían de verdad.
- ¿Entonces a dónde vamos?- preguntó Magy, mientras que su hermano volvía a conducir por la carretera en medio de la noche.
- Tengo que vengarme de alguien más… De alguien más- fueron las palabras que salieron con rabia de los labios del muchacho, quien aceleró a toda prisa por esa calle de tierra del campo, que en tan poco tiempo estuvieron frente a otra casa de la zona, donde detuvo el auto a una distancia considerable para no aparentar sospechas, y se bajó de éste en medio de la noche con esa severidad que solía tener, diciendo antes de cerrar la puerta-: Quédense aquí, ya vuelvo.
De pronto, Jacob Walkers en un parpadeo estuvo llamando a la puerta de la casa de aquella familia, y se quedó esperando pacientemente a que le abrieran una vez que tocó el timbre. Entonces, el hombre con el que esperaba encontrarse, abrió finalmente y el rostro de Jacob se ensombreció aún más, diciendo con frialdad:
- ¿Qué tal, Morgan? ¿Te acuerdas de mí? Soy ese chiquillo al que le pegabas en la cara cuando era un mocoso, ¿no lo recuerdas?- habló el muchacho con ese tono asesino, y el hombre con barba y pijama del otro lado de la puerta se quedó con la cara pálida y lo miró con ojos de recelo, pues enseguida que se encontró con la enorme cicatriz que Jacob tenía en el ojo izquierdo lo reconoció al instante. Aunque, el muchacho tenía su capucha puesta, la iluminación de la casa de ese hombre le alumbraba toda la cara, revelándole las cicatrices que él tanto intentaba ocultar con su capucha.
Pero Morgan reconoció esa cicatriz que comenzaba desde su ceja, y terminaba en su mejilla. Una cicatriz que su misma pandilla le había hecho en el pasado. Al igual que la enorme quemadura, que Jacob tenía en el lado derecho de toda la cara, y que le había desfigurado bastante el rostro. Hasta el punto en el que muchas personas le señalaban en la calle, y lo veían como un monstruo.
- Lárgate de mi casa ahora mismo, Jacob- le advirtió el hombre, entrecerrando un poco la puerta, pero el muchacho metió el pie.
- ¿Tan pronto me corres, viejo? Déjame ponerme cómodo al menos.
- ¡Lárgate!- le gritó el hombre, temblando un poco, pues sabía que frente a él estaba parado el asesino serial que estaba acabando poco a poco con su ex pandilla.
- ¿Quieres que te refresque la memoria, viejo?- Jacob elevó ambas cejas de manera irónica-. Tú asesinaste a mis padres, ¡tú y tu maldita pandilla de mierda! ¡Los mataron!
- Eso… Eso fue hace seis años, Jacob- le recordó el hombre con dolor en su voz, aferrándose a la puerta con temor-, y yo cambié. ¡Cambié! ¡Tengo una nueva vida ahora, y dejé las drogas!
- ¡Qué lastima!- dijo el muchacho, sarcásticamente-. Cambiaste seis años tarde, anciano. Lo lamento- entonces Jacob sacó su arma del bolsillo trasero y apuntó sin titubear en la frente a uno de los verdugos de sus padres.
El hombre levantó las manos con símbolo de paz y la cara pálida.
- ¡Oh Jacob, vamos!- dijo, nerviosamente-. Sin rencores, ¡fue hace seis años cuando todos eramos jóvenes aún! ¡Seis años, muchacho!
Los ojos se le humedecieron a Jacob, quien soltó una amarga carcajada, diciendo sin sentimientos:
- ¿Sin rencores después de todo lo que nos hicieron? Vaya hipócrita eres, Morgan, vaya jodido hipócrita- y sin darse cuenta el muchacho comenzó a llorar por todo ese dolor que sentía en el pecho desde hacía tiempo, gritándole sin misericordia al hombre que apuntaba-: ¡¿Y qué pasa con mi padre y mi madre, Morgan?! ¡¿Ah?! ¡Ellos solo querían ayudarte, y tú y tu maldita pandilla lo arruinaron todo! ¡Todo maldita sea! ¡Los mataron después de que ellos solo querían ayudar! ¡Así que muérete, tío Morgan! ¡Solo vete a la puta mierda!- entonces Jacob apretó el gatillo sin titubear, y cegado por la rabia le disparó a su tío en la frente, y el disparo se escuchó fuertemente por todos lados. El cuerpo se su tío cayó al instante al suelo en un golpe sordo, y el muchacho miró el cadáver con esos ojos de rabia, que tenía una bala en la frente y estaba manchando el suelo de la entrada de sangre.
De pronto, para su gran sorpresa no contó con que su tío Morgan finalmente había dejado las drogas y se había casado con una bonita mujer, pues ésta bajó enseguida por las escaleras de la casa y corrió a ver qué había sucedido, encontrándose con esa horrible escena y con el cuerpo de su marido ahí tirado con una bala en la cabeza.
- ¡Oh Santo Dios! ¡No! ¡No!- entonces rompió a llorar, y se tapó la boca con las manos, horrorizada, mirando hacia el verdugo de su esposo, el cual era un joven muchacho vestido de n***o con la cara cubierta de cicatrices-. ¡Asesino! ¡Eres un asesino! ¡Esto no se quedará así!- le gritó la mujer cubierta de lágrimas, y sin miedo alguno-. ¡Llamaré a la policía, y me encargaré de que estés tras las rejas, malnacido! ¡Tú y tus hermanas estarán tras las re…!- le gritó, y el muchacho no la dejó terminar, puesto que con esa mirada ensombrecida le apuntó con el arma y le disparó en la frente también.
Y entonces miró como le había arrebatado la vida a dos personas en tan poco tiempo…, y no sintió nada.
Porque estaba muerto por dentro.