Capítulo 01: Esa noche.

3638 Words
Harry. Sábado, 13 de Abril de 2019. Era casi medianoche cuando había salido recientemente de una larga jornada laboral, inspeccionando los parquimetros, y escuchando los gritos de mi jefa, quien seguía gritándome una y otra vez por ser el nuevo del equipo. Algunas veces pensaba que le caía mal, pero mis compañeros me decían que ella era así de dura con todos al principio. No entendía la necesidad de la señorita Keating en gritarme, pero me asustaba mucho. Y creo que eso lo causó Erika cuando me contó que antes de Keating, estaba a cargo su esposo de la estación policial, pero se rumoreó que ella lo aventó por las escaleras de su casa en una discusión que tuvieron, y que por eso él se retiró para darle el cargo a esa enorme y aterradora mujer negra. Creo que Erika solo se quiso burlar de mí, pero ya daba igual. Emily Keating daba mucho miedo, y se notaba que todos la respetaban y le temían. Pero ya estaba cansado de que me pusiera siempre en los parquimetros, ¡Incluso hoy cuando creí que me asignaría un caso lo volvió a hacer, y me mandó a limpiarle el baño! ¡El baño! ¡Joder! Por eso cuando llegué a la casa solo quise meterme en la bañera y relajarme un poco para quitarme el estrés del trabajando, encontrándome a Erika en el departamento cuando abrí, quien estaba sentada en la sala de estar, semi desnuda. Comiendo una rebanada de pizza, mientras que miraba «Friends» en la TV, que teníamos empotrada en la pared. No sé sí ya lo había mencionado, pero Erika es mi mejor amiga de la infancia, y ella siempre estuvo para mí. Incluso estudiamos juntos desde el preescolar, y sin darnos, cuenta durante toda la preparatoria también. A los dos nos interesaban las mismas cosas, y como nos llevábamos tan bien nuestros padres siempre nos inscribían en todos lados juntos. Incluso hasta en la universidad, pero ella terminó la carrera policíaca antes que yo, y pues supongo que por eso la señorita Keating no era tan estricta con ella. Porque Erika se graduó hace casi dos años, y yo hace varios meses. Y creo que por eso la señorita Keating no era tan estricta con ella, ya que Erika a veces ni iba a trabajar sí no la necesitaban, y solo se la pasaban vagueando en el departamento, comiendo comida chatarra y viendo algo en Netflix. Cuando la rubia me miró entrar, me habló con la boca llena: - ¿Día difícil? - Día difícil- asentí, tirándome de rodillas de manera dramática en la entrada con el uniforme de policía, sintiéndome un poco deprimido porque no me tomaban muy en serio en la estación policial-. Ya me harté de los parquimetros, Erika- musité, y traté de no lloriquear, y la rubia se levantó del sofá, estando en ropa interior y, me cacheteó con esa rebanada de pizza a medio comer, diciendo: - Reacciona idiota, eres más fuerte de lo que crees. Podrás con la presión de Emily, así que no desistas. - Lo sé, lo sé- respondí, diciendo con incredulidad al rato-. Espera, ¿de verdad me golpeaste con una pizza? - Seeh, para que entraras en razón- se defendió, levantando el pecho, diciendo-. Ahora, ¿qué te parece sí me acompañas a vaguear un poco? Mañana no hay trabajo, así que puedes dormir todo lo que quieras. - Joder- solté, todavía arrodillado-, creo que podría dormir por horas, la señorita Keating me sacó la jodida mierda. - Ya te dije que lo hace siempre con los nuevos. - ¿Y en serio es así de mala siempre? - Síp, es así de mala siempre. - Guau, me costara adaptarme entonces. - Bueno, lo sobrellevarás mejor pronto- me animó, dándome unas palmaditas en el hombro, y ayudándome a ponerme de pie-. Ahora, ¿qué te parece sí te cambias y me acompañas a comer la pizza que ordené?- sugirió con ambas cejas levantadas, y aunque estuviese en ropa interior no era nada incómodo para ninguno de los dos. Ella era mi mejor amiga…, y yo era gay. Y como no tenía una mejor idea para desestresarme, fui a mi habitación y me cambié para estar con Erika echados en el sofá viendo «Friends» y comiendo pizza. Pero claramente que antes me metí en la bañera, mientras que escuchaba un poco de las canciones de «Jaeger Arlington», o mejor conocido en el país de Obsiditlant años atrás, como la voz de Ángel. Pues abandonó la industria de la música porque uno de sus admiradores lo secuestró. Larga historia, pero pareció haber sido algo muy traumatizante para él, ya que se aisló en una de sus mansiones y nadie supo nada de él desde entonces. Pobre sujeto. Cuando acabé de bañarme salí con una toalla amarrada a la cintura, y me puse mi pijama, que consistía en un short con rayas azules, unas medias, y andar con mi jodido torso al aire. A los quince me hubiera avergonzado andar así, ya que tenía muchos complejos con mi cuerpo, pero desde que comencé a hacer ejercicio para ser alguien más físico para la policía, logré conseguir más volumen en mi pecho y en los brazos. Y creo que no tenía un cuerpo para nada mal, supongo que por eso cuando trabajaba en los parquimetros algunas chicas se me lanzaban encima para ligarme un rato, pero luego se iban resentidas porque les decía que era gay. Una vez que acabé de vestirme salí y me eché junto a Erika, quien ahora había puesto alguna de esas pelis aburridas de Netflix, pues dejamos de verlas y nos volvimos uno al otro con miradas cómplices, hasta que Erika propuso: - ¿Qué tal sí jugamos verdad o reto? - ¿Tan aburrida estás? Ponte a limpiar- le dije, poniendo los ojos en blanco, y comiendo el borde de mi pizza. - ¡Oye! No seas aburrido, vamos, hagamoslo como cuando eramos adolescentes. - Eramos unos niños, Erika, y tus retos eran muy pesados. - Sí lo sé, ¡Pero vamos a divertirnos! Así dejas de pensar en Emily y en que a veces puede ser una maldita perra. Puse una mueca pero al final acepté porque quería dejar de pensar en el trabajo, y en Emily Keating, así que recogí mis piernas y me senté cómodamente en el sofá junto a Erika, elevando ambas cejas, diciendo: - ¿Y bien? - Bueno, mmm- dijo, dubitativa, relamiéndose el labio inferior-. ¿Estás dispuesto a hacer todo lo que te ordene? - ¿Qué me pedirás? - No sé, quizás que bebas del retrete. - ¡Erika! - ¡Es broma! ¡Es broma!- dijo, riendo, cuando se dio cuenta de que me abalanzaría sobre ella y que la estrangularía a ella en lugar de la señorita Keating. Y la verdad no sabía por qué había aceptado jugar a esto con ella, ya que cuando teníamos diecisiete acabamos una noche en la cárcel, porque Erika me retó a echarle un granizado a uno de los policías que patrullaban por la farmacia. Creo que eso ha sido lo más loco que he hecho, y aunque quise matar a Erika por obligarme a hacerlo, fue una experiencia un poco divertida al final, y ni siquiera sé como saqué las bolas para echarle ese raspadito al oficial dentro de sus pantalones. Sí, adentro. Pero bueno, como no teníamos otra cosa que hacer nos encontrábamos jugando. Jugamos un par de partidas de «verdad o reto» hasta que volvió a tocar el turno de Erika. - ¿Verdad o reto, Harry?- me preguntó con una sonrisa malvada, y yo me asusté un poco por su sonrisita diabólica. - Mmm, ¿reto?- dije un poco dudoso y asustado por lo que me pudiera retar esa desquiciada rubia, pero no creo que sea peor que las verdades que me ha sacado, ya que tuve que decirle qué cuando teníamos dieciocho me acosté con su ex novio porque nos emborrachamos en una fiesta de la universidad y él me tocó un poco el trasero y yo estaba caliente. La verdad me arrepiento mucho de haber hecho aquello, pero al menos Erika acabó odiándolo porque cuando eran novios él se acostó con todas nuestras compañeras…, y conmigo. Ella pareció pensarlo seriamente, dirigió su mirada hacia mí, tenía un extraño brillo en sus ojos que me inquietó bastante. - Te reto a que ahora mismo vayamos a un bar gay y que ligues con un hombre en un parpadeo, y sí no lo haces en menos de cinco minutos te tocará salir a la calle en ropa interior. ¿Qué te parece, eh?- respondió con una sonrisa maliciosa, y yo me quedé estático en el sofá. - ¿Ligar con un chico en menos cinco minutos? Mierda, ¿piensas que soy una prostituta o qué, Erika?- repliqué con incomodidad, y esta se encogió de hombros. - Un reto es un reto, hombre. ¿O a caso vas a dejarme mal? Puse una mueca, y como no le tenía miedo a ninguno de los retos locos de Erika respondí con seguridad: - ¿Yo dejarte mal y rendirme así de fácil? ¿Con quién crees que estás hablando, nena? ¡Acepto el reto! Y preparate porque vamos a un bar gay. Erika simplemente soltó una carcajada y se levantó del sofá para irse a su habitación, al igual que yo. - Okay, me iré a bañar. ¡Ponte preciosa, nena!- me dijo con un tono burlón, y mientras que yo también caminaba por el pasillo hacia mi cuarto me dio una nalgada en el culo y salió corriendo hacia su habitación como loca. Idiota. Erika y yo vivíamos juntos desde que comenzamos la universidad y nuestros padres nos ayudaron a comprar este departamento en la ciudad. Por eso mucho tiempo atrás, me tocó ver a Erika quejándose de la señorita Keating, y diciendo que tenía ganas de envenenarle su café por ser tan hija de perra. Así que por eso tenía en cuenta que seguramente ella no era tan mala conmigo porque quería. Sin más me dirigí a mi habitación que estaba al lado de la de Erika. Mi dormitorio es algo pequeño, puesto que vivíamos en un departamento, pero al menos la comodidad no nos faltaba. Las paredes eran de un azul oscuro, mi cama estaba a un costado, en un lado de la pared tenía varios posters de «Jaeger Arlington», y de otros artistas de los que era muy fan. También tenía un armario, y un espejo de cuerpo completo donde me miraba todas las mañanas con el uniforme, diciéndome a mí mismo que estaba tan orgulloso por haber culminado la carrera y porque me aceptaran en la policía. ¡Joder, joder, Joder, estoy tan feliz por eso! Me quité lo que tenía puesto así que me puse algo del armario para salir. Elegí un pantalón n***o que me quedaba algo ajustado, y que hacía resaltar bastante mi trasero, y no era por presumir, pero creo que tenía un enorme trasero. Recuerdo que en la universidad me decían que parecían dos manzanas enormes, y creo que me avergonzaba que me dijeran eso. También me puse mis botas negras de cuero, y una camiseta azul oscuro. Y cuando acabé fui a mirarme al espejo. Me veía genial. Tengo el pelo n***o bastante corto, porque siempre me lo mandaban a cortar en la estación policial, y unos intensos ojos verdes que los había sacado por el lado de mi padre. Mi cuerpo no era tan atlético que digamos, pero como había dicho había ganado músculos, y ahora las camisas me quedaban ajustadas. Después de inspeccionarme un poco, me rocié un poco de perfume, me pasé una mano por el pelo, tomé mi celular y salí a buscar a Erika. Ella ya se encontraba en la entrada, esperándome, mientras que se terminaba de calzar unos tacones negros que la hacían lucir tan sexy y atractiva con ese rojo vestido corto que cargaba y que le llegaba hasta más arriba de las rodillas. Creo que iba muy atrevida, pero esa siempre había sido la manera de vestir de Erika, por eso cuando se ponía el uniforme de policía se me hacía gracioso. En cuanto aparecí en la entrada ella me miró de pies a cabeza y me dio una señal de aprobación con el pulgar, cogió las llaves del departamento, y salimos ya con nuestras identificaciones y todo por las frías calles de Evotica donde paramos un taxi y yo le pedí que nos llevase al mejor bar gay que conocía. Porque sí iba a ligar hoy con algún hombre, al menos me divertiría esa noche. *** Cuando entramos Erika se acercó a la barra y comenzó a hablar con el barman, en cambio yo solo veía a todas las personas a mi alrededor entre la fuerte música y las luces disco, que iluminaban toda la pista de cuerpos danzantes. El lugar estaba repleto de hombres de todo tipo, negros, blancos, asiáticos, morenos. ¡Había toda una variedad para elegir! Pero yo era un poco tímido para ligar, creo que me sentía más bien obligado por el reto de Erika, y porque no quería salir en bóxer por ahí. Joder, haría el ridículo como policía. Habían muchos chicos restregando sus cuerpos sobre otros chicos, y la verdad este bar llamado: «LUJURIA.» Era como una especie de oasis homosexual para mí, ya que podía ligar con quien sea, pero la palabra «ETS» pasaba por mi cabeza a cada cinco segundos, y creo que también por eso me quedé muy quieto junto a la barra, como un niño asustado. Pero no lo estaba, no, no, ya había venido una vez a este bar…, pero cuando a penas cumplí los dieciocho, y me fui al rato porque no me sentí cómodo. Joder. Erika notó de inmediato que estaba un poco tímido y que no sabía cómo empezar a hablarle a uno de esos hombres, ya que la mayoría de ellos parecían estar bien acompañados. ¿Cómo me acercaría y les coquetearía? Joder, ¡Joder! - Recuerda que debes coquetear con uno, ¡En menos de cinco minutos!- me recordó cuando se acercó a mí con un shot que tenía en su mano, y que se bebió de un sopetón. - Lo sé, lo sé… - ¿Bueno qué esperas? ¡Ve y mueve ese jodido culo enorme que tienes y consíguenos unos tragos gratis!- dijo y me dio otra nalgada que me ruborizó un poco las mejillas, y me hizo decirle entre dientes con una falsa sonrisa: - Deja de nalguearme en público…, o me espantarás al ganado. - Como sea- dijo, encogiéndose de hombros, y dándome una cerveza que le pasó el barman, y yo la tomé bufando, porque me había enfadado un poco su nalgada y porque no sabía a quién coquetearle para salir de este jodido reto. Con mis ojos verdes inspeccioné a cada persona, detalladamente. Uno por uno, y todos parecían ya emparejados. Hasta que cuando le dí un largo sorbo a mi cerveza… Lo ví. En la otra esquina, en el extremo del bar, estaba el único sujeto en este jodido oasis homosexual que estaba solo. ¡Estaba completamente solo! Entonces supe que era mi oportunidad de flirtear, así que dí varios largos tragos más para llenarme de valor, pues había estado tan concentrado en mis estudios y en la policía que ya hasta había olvidado como ligar. Joder. Por eso cuando me armé de coraje me volví hacia Erika para decirle que ya había encontrado a un blanco fácil, y me dí cuenta en ese instante de que la rubia se había ido tomada de las manos con dos hombres hacia una esquina para bailar, meneando sus curvas y el trasero. Me eché a reír cuando la vi entrando en calor tan rápido, y por eso me terminé de beber mi cerveza, pedí otra y como quería estar bien decidido me la bebí en un dos por tres. Después acabé pidiendo otra, y ahí, cuando sonaba una música muy movida y sensual me acerqué entre la multitud de hombres danzantes, con los torsos desnudos, algunos se besaban con otros. Mientras que otro grupo solo charlaba entre sí sentados en alguna de las mesas del bar. Y en medio de ese gentío crucé lentamente con mi cerveza, viendo a ese hombre a lo lejos. Desgraciadamente no podía verle muy bien el rostro, tenía la capucha puesta de un suéter n***o, y por la poca iluminación del bar mucho menos podía. Me pareció un chico bastante curioso y aún más porque estaba completamente solo, bebiendo en una copa lo que parecía ser una margarita. Pero aún así me acerqué a ese hombre tan sexy y guapo que me llamaba la atención. Espera, ¿lo llamé sexy? ¿De verdad lo llamé guapo sin tan solo verle la cara? Joder, no sé qué coño tengan éstas cervezas, pero ya me están afectando los tragos. Sacudí mi cabeza para dejar de pensar, y solo terminé de acercarme a él, y entonces noté que ese hombre también estaba mirándome a la distancia, supongo que se dio cuenta de que yo iba hacia él. Así que no me importó siquiera en recostarme en la pared a su lado con mi cerveza, diciendo con sensualidad: - ¿Por qué tan solitario por aquí? - No lo sé...- lo escuché decirme con un tono tan grueso que creo que me dejó un poco caliente al escucharlo-. Creo que ya todos están emparejados por aquí y no sé como flirtear. - ¿No sabes cómo flirtear?- repetí, incrédulo-. ¡También me pasa lo mismo! ¡Guau! Entonces ambos nos echamos a reír, torpemente. - ¿Y vienes mucho por aquí?-le pregunté para hacer conversación, y él pareció perdido en su bebida, intenté verle la cara en ese momento pero se me hizo difícil, pues con esa capucha que cargaba se me hacía jodidamente complicado. - No, la verdad es la primera vez que vengo- me respondió con ese tono tan jodidamente sexy que tenía, y que me dejaba como una perra cachonda-. Solo… Solo quería distraerme un rato. Joder, ¿había dicho “perra cachonda”? Este bar ya me está afectando, ¡joder, joder, joder! ¡Controlate, Harry! - ¿Y tú vienes mucho?- también me preguntó, y me dí cuenta de que parecía estar interesado en mí, así que discretamente me pegué más a él hasta que nuestro brazos se rozaron “accidentalmente”, y en ese momento él se volvió hacia mí y me quedé perdido en sus profundos ojos negros y por lo poco que podía ver… Era atractivo. Era muy atractivo, pero parecía tener algo en la cara. No sé qué, ya que no podía ver muy bien. Pero eso no me importó mucho cuando le propuse: - ¿Quieres bailar? Él me miró a los labios, y me dí cuenta de que se relamió los suyos con un brillo que noté en esos ojos tan negros como la noche que tenía y me hipnotizaron. Después, sin responderme siquiera me sujetó del brazo, y me dí cuenta que tenía manos enormes y largos dedos… Guau. Sonreí aliviado de que no me hubiera rechazado y me dejé guiar por él hacia la pista de baile. Me terminé esa cerveza en dos tragos, y con una seña le pedí otra a los que trabajaban allí. Necesitaba olvidarme de la estación policial. De la señorita Keating. Y me urgía relajarme. Una, o dos horas más tarde y perdí la cuenta de cuántas cervezas me había bebido, pues estaba hasta el jodido tope, muy mareado y viendo todo borroso. Sentía el cuerpo de aquel sujeto junto a mí, los dos estábamos muy pegados, restregándonos lentamente nuestros cuerpos sudorosos al ritmo de Deorro y su canción «Cayendo». Había querido quitarle la capucha en más de una ocasión pero él parecía evitarlo, pero cuando «Cayendo» sonó y comenzamos a movernos con sensualidad restregándonos todo, y creo que porque estaba hasta el jodido tope buscando lo más mínimo para incitarlo a follarme, le quité la capucha sin titubear, y en ese momento cortaron las luces, y pusieron a rodar las luces de la bola disco, así que no podía verle el rostro, solo sé que comencé a sentirme caliente cuando él de pronto me besó el cuello y empezó a darle mordidas, lamidas, chupetones, mientras me restregaba la erección que tenía en los pantalones. Me dio igual que fuera un completo desconocido y cerré los ojos, y solo me deje llevar, dejando que me tocase todo lo que ese sexy hombre quisiera. De pronto, mis ojos se abrieron con sorpresa y solté un gemido cuando él metió una de sus manos por dentro de mi camisa y me pellizcó un pezón. Solté un gemido bajito, y este se volvió a mirarme con esos ojos negros, y cuando menos lo esperé me besó muy cerca de la boca. Nuestras respiraciones estaban agitadas, y tenía una ligera erección en los pantalones. - Creo que estás un poco caliente...- me susurró al oído de una manera tan malditamente sexy que solo él sabía hacer, y sentí que las piernas me temblaron cuando alguien chocó conmigo y me empujo contra él, ese sujeto me abrazó por la cintura para que no me cayese y en ese instante nuestras caras quedaron muy cerca una de otra. Nuestras respiraciones se mezclaban, ese olor a cerveza y alcohol. Y podría jurar que tenía una enorme cicatriz en el ojo izquierdo, pero me perdí por completo cuando me embelesó con su maldita voz, diciéndome: - ¿Qué te parece sí vamos a un lugar más privado?
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