Deberes excitantes

1318 Words
— Karina… Yo… Lo siento, pero no sabía que estabas aquí. ¿Por qué no saliste con tus compañeros? ¿Por qué no me avisaste que te quedarías en casa? — dijo Zack, cuando vio a la chica acercarse, él de inmediato soltó la lata de cerveza, dejándola que se derramara al suelo y se puso las manos encima de su pene para que ella no lo viera a pesar de que ya lo había visto muy bien, y aquella escena sería una escena de su vida que jamás olvidaría aunque ella también conociera a su pareja predestinada. — Lo que pasa es que no quise ir con ellos. Decidí quedarme, me pareció aburrido la idea de ir con ellos. Ya sabes como son de infantiles, a veces, se comportan como niños cuando los dejas salir, parece que estuvieran todo el tiempo encerrados en una cárcel — Karina habló por encima de sus labios, mirando a su alfa con ojos de deseo. Zack se sentía nervioso, porque nunca antes se había metido de esta manera con una de sus lobas, aunque Karina, y otra chica llamada Lizeth, eran las únicas lobas de la manada. Lizeth era tal vez mucho más atrevida que Karina, pero ella solamente tenía ojos para Derek a pesar de que él no se hubiera dado cuenta de que su loba estaba precisamente en su manada. Derek era un ciego, y solo tenía la mente ocupada en comportarse como el mejor beta de la manada para suplir a su alfa cuando lo necesitara. En cambio, Karina, ella nunca ha mostrado interés alguno por querer imprimarse de algún lobo que estuviese destinado a ser. Karina era atractiva, su cabello n***o resaltaba muy bien con sus ojos azules, y tenía un cuerpo precioso, pero Zack jamás la había mirado con otros ojos, no como ahora, que ella se atrevió en tomar sus manos, las hizo a un lado, y con sus propias manos, tomó el pene del hombre frente a ella entre sus manos, comenzando a acariciarlo, provocando nuevamente, sintiendo sus fluidos secarse en sus dedos. A pesar de que Zack ya había llegado al orgasmo, ella decidió complacerlo. Sabía muy bien que masturbarse a sí mismo no sería excitante. Y que su alfa gozaría de un ardiente momento antes de que sus compañeros llegaran y los encontraran en condiciones poco favorables para la manada. — Alfa, puedes estar tranquilo. Confía en mí, te haré gozar como ninguna mujer ha hecho en la cama — ella susurró frente a sus labios. Zack comenzaba a excitarse otra vez, su pene se ponía erecto de nuevo, como si hubiera estado preparado para ese momento. Entonces, no lo dudó más, y decidió acceder. ¿Quién era él para negarse a los deseos carnales de una mujer tan preciosa como Karina? Quizás, si todo marchaba bien, hasta podrían ser amantes, tener sexo en las noches, a escondidas de los demás lobos cuando estuvieran dormidos en sus habitaciones. Todos compartían habitación en casa porque aunque era grande, no había suficientes habitaciones para darle una a cada uno. Hasta había dos baños, pero uno de ellos, era el baño privado de la habitación principal que correspondía a Zack, puesto que por ser el alfa, tenía todo el derecho sobre ella, al necesitar privacidad. Allí, podrían vivir sus aventuras sexuales mientras que él considerara no acercarse del todo a su mate elegida, sin saber con certeza de que ella también sentiría lo mismo por él como para comenzar una nueva vida juntos. Zack respiró hondo, controlándose, tratando de recuperar la compostura, porque en medio de una calentura, era difícil pensar en lo que estaba sucediendo. Su cuerpo reaccionaba instintivamente al contacto de Karina, pero su mente estaba en otro lugar, en Ariel, su mate elegida. Él estaba luchando contra la sensación de que esto no estaba bien. Aunque sí, Zack ha tenido sus momentos de mujeriego, queriendo meterse con todas las chicas que pudiera solo por una noche de pasión y sin compromisos, la verdad es que, él se sentía muy diferente desde que se imprimó con Ariel la primera vez que se conocieron. Además, nunca antes se había permitido cruzar esa línea con una de sus lobas. Como alfa, siempre había mantenido una distancia con la manada en términos de relaciones personales, porque sabía que, tarde o temprano, las cosas no terminarían saliendo nada bien, aun sabiendo que su liderazgo no debía confundirse con deseo o placer. Al ser el alfa, no debía de aprovecharse de esas oportunidades. Al contrario, siempre debería mostrar respeto a su manada a pesar de que convivieran a diario y sin falta. Karina lo miraba con intensidad, como si no hubiera vuelta atrás, su mirada era ardiente, excitante, parecía a punto de perder el control. Sus ojos azules brillaban con una mezcla de determinación y anhelo con el que Zack jamás la había visto revelarse antes. No era una loba sumisa, nunca lo había sido. No esperaba a que su pareja predestinada apareciera como lo hacían muchas otras, sino que tomaba lo que quería. Y ahora, lo quería a él. Y siempre había querido que fuera él. —No tienes que resistirte, Zack —susurró ella, su voz era suave, pero firme—. No somos niños, sabemos lo que queremos. Además, esto no será un compromiso para nosotros, no será nada más que un momento de pasión. Zack apartó la mirada, sintiendo una presión en el pecho. ¿Qué era lo que realmente quería? ¿Acaso solo era el calor del momento lo que lo empujaba a ceder? Sabía que, de aceptar lo que Karina le ofrecía, todo cambiaría entre ellos. No solo para ella, sino para toda la manada. Tampoco quería ningún tipo de problema con su mate elegida, aunque Ariel todavía no correspondía su destino con él, él presentía que debía serle fiel desde que la eligió como su pareja. —Karina… —murmuró, tratando de encontrar las palabras adecuadas—. No se trata solo de lo que quiero o no quiero. Esto… esto puede traer consecuencias tanto para nosotros como para la manada. ¿Lo entiendes, verdad? Pero no, ella no lo entendía. Ella arqueó una ceja, cruzándose de brazos. —¿Consecuencias? ¿Para quién? ¿Para ti o para la manada? —preguntó con una ligera burla en la voz. Zack suspiró, tratando de calmarse, de tener paciencia, porque ella no parecía escucharle. Él no respondió de inmediato. Claro que habría consecuencias. Si alguien se enteraba, podrían interpretarlo como favoritismo o, peor aún, como una señal de debilidad de su parte. Un alfa debía ser fuerte, decidido, no dejarse llevar por el deseo sin medir las consecuencias. Pero lo que más lo inquietaba no era la reacción de la manada, sino la suya propia. Porque en el fondo, temía que, si permitía que esto siguiera adelante, ya no habría marcha atrás y que esto pudiera arruinarle su futuro con su pareja elegida. —No eres mi mate —dijo finalmente, hablando con decisión, en un intento de poner barreras entre ellos para hacerla comprender que no siguieran con esto aunque, por un momento de calentura, estuvo a punto de considerarlo. Karina sonrió, pero había algo melancólico en su expresión. Ella no era la misma Karina de antes. —Lo sé —susurró, todavía escuchándose muy excitada como para controlarse —. Pero dime, Zack, ¿eso es lo único que importa? Es solo placer, ya te lo dije. No cambies de opinión ahora. El silencio se extendió entre ambos. La pregunta quedó suspendida en el aire, como un eco imposible de ignorar. Zack sintió que, sin importar lo que respondiera, la verdadera batalla ya no era con Karina, sino consigo mismo. Él solo ansiaba que ella se detuviera, por el bien de todos, y no pretendía ser agresivo con una loba de su manada, así como lo fue con una omega.
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