Pero entonces, su lobo interno quiso despertar en un momento menos afortunado. Siguiendo sus instintos de alfa, Zack reaccionó lo más pronto que pudo, se alejó de Karina, sin importarle que su amiguito tenía un pequeño problema, él prefirió dejar ese asunto a un lado, no sabía si lo que se acercaba era peligro o si era algo más que eso.
Pero entonces, su aroma… su olor… fue lo que hizo que él supiera de quién se trataba.
Ariel.
Ariel estaba cerca, no cerca de la casa de Zack, pero si estaba en el bosque, en su territorio, y con solamente percibir su aroma, él sabía donde encontrarla.
No dudó ni un segundo, y decidió convertirse en lobo luego de asegurarse que iba presentable para verla, dejando a Karina allí, sola, con las ganas de cumplir una de sus más grandes fantasías, meterse con su alfa en la cama.
Pero todo fue interrumpido, porque ahora para el alfa había algo mucho más importante, y era su mate. Con sentir su aroma, fue más que suficiente para que él estuviera atento en ver donde estaba y así marcharse corriendo como lobo para buscarla.
Esperaba que estuviera sola, parece que así era, porque Zack no sentía más aromas diferentes que no fuera el de Ariel. Entonces, y sin pensarlo más, él decidió correr, corrió y corrió hasta que llegó al lugar perfecto, precisamente, era su sitio favorito de todo el bosque, era un lugar donde los árboles se hacían a un lado para dejar ver una deslumbrante cascada, aquella cascada era su lugar para estar en paz, alejado de la manada y sus problemas de enemigos que nunca faltaban.
Zack siempre salía disparado a ese sitio para descansar un rato.
Se desnudaba, y se daba un baño relajante, porque el agua de esa cascada era fría y perfecta para esas ocasiones. Aquel sitio siempre fue conocido por ser relajante, pacífico, y ayudaba a meditar aquellas mentes que más lo necesitaban.
Pero, mientras la miraba desde lejos, Zack, se preguntaba, ¿Qué estaba haciendo ella sola en ese lugar cuando se suponia que no podía andar sin su clan de brujas? ¿Cómo había logrado escaparse de las garras de Lilith que se evidenciana que no la dejaba en paz? ¿Qué no la dejaba ni un minuto a solas?
En ese momento, Zack supo que tenia que mantenerse alejado, no podía permitirse alejarla, asustarla, de lo contrario, su mate sería capaz de volver a atacarlo como la primera vez que se vieron y, tras de aue ambos se conocieron en unas circunstancias poco favorables, sobre todo para Zack, quien se había imprimado en Ariel, sin saber con exactitud si ella iba a corresponder sus sentimientos.
Zack se sentó, estando escondido detrás de un árbol lo suficientemente grande como para que Ariel no pudiera verlo de cerca. Por suerte, su pelaje de lobo era oscuro, y por tanto, no tendría ningún problema de camuflaje.
Ariel estaba allí, se había sentado en la orilla de la cascada, se había quitado los zapatos, y había metido los pies al agua. Su mirada estaba perdida completamente en el agua, Zack la miraba triste, como si hubiera estado llorando por mucho tiempo y apenas sus lágrimas se habían secado.
Zack se sintió triste también, quiso hacer algo por ella, ayudarla, al menos ser su pañuelo de lágrimas, escucharla, decir todo lo que tuviera por decir, por soltar, sin embargo, él sabía que no podía hacerlo.
Quién sabe cómo reaccionaría Ariel si él se acercaba más.
Pero entonces, Zack nunca se imaginó que en ese momento pasaría lo siguiente: Ariel se puso de pie de la orilla de la cascada luego de un buen rato que estuvo allí, parecía haber estado meditando, y finalmente, tomó la decisión de desnudarse. Lo hizo y Zack lo vio todo.
En ese instante en el que ella comenzó a desvestirse, Zack vio como ella se quitó prenda por prenda, quedando completamente desnuda frente a él aunque ella no lo supiera, y entonces, Zack sintió como su cuerpo aún transformado en lobo se estremeció, su piel se puso de gallina, y si no hubiera sido porque era un lobo, seguramente, hubiera sentido una cosa más.
Pero entonces, cuando ella se metió al agua de la cascada, al dar el chapuzón, otra cosa apareció de repente, despistando todo lo que sucedía como íntimo para Ariel y para Zack, aunque ambos no lo supieran. De pronto, una figura oscura emergió del interior de lo más oscuro y profundo de los árboles desde esa vista, y entonces, fue cuando Zack supo de quién se trataba.
Era Gregori, el beta de la manada, garras de sangre que provenía del otro lado del bosque.
Aquel lobo era mucho más imponente y grande que Zack, así mismo lo era siendo una persona común y corriente, pero ahora, estaba andando en cuatro patas, con sus ojos rojos mirando con perversidad y deseos de devorar a Ariel.
Aparentemente, Zack no ha sido el único que la había visto a ella desnuda, también estaba Gregori y estaba comenzando a tener el presentimiento de que su acercamiento sigiloso había sido justo por una buena causa.
En silencio, y pretendiendo ser sigiloso, cuidadoso, aquel lobo fue acercándose más y más hacia la cascada, no le quitaba la mirada de encima de Ariel, y ella no se había dado cuenta de lo que pasaba, porque estaba dando la espalda justamente hacia donde el lobo se acercaba, su cuerpo estaba metido en el agua, pero solo de la cintura para arriba estaba por fuera.
Zack se puso en alerta, dejó de sentarse para ponerse de pie, y ponerse en posición de prepararse para arrancar a correr y brincar para tirarse encima de su más grande enemigo y defender a su mate.
Zack no comprendía qué hacía ese lobo allí, si se suponía que él y el alfa de su manada había llegado a un claro acuerdo de que aunque fueran enemigos, ninguno de los integrantes de ambas manadas tenían el permiso de pisar los territorios que no les correspondían. Fuera por lo que fuese, Gregori no debería de estar en ese lado del bosque, le pertenecía a Zack y a su manada.
Y mucho menos, debía de estar poniendo los ojos encima de su mujer.
Entonces, Zack no se aguantó, y tampoco esperaría a que lo peor sucediera, y decidió brincar fuertemente para tumbar a Gregori y amenazarlo con la mirada, y así mismo, usar su lenguaje de lobos para advertirle.
— ¡Gregori! ¿Qué demonios crees que haces? ¿Qué haces de este lado de mi territorio? ¿Se te ha olvidado de que tengo un acuerdo hablado con tu alfa, de que ninguno de ustedes pueden acercarse a esta zona del bosque porque pertenece a mi territorio?
Gregori simplemente lo miraba, a pesar de su tamaño y su rudeza, Zack era mucho más fuerte que él, y había logrado derribarlo al suelo, cayendo a este en posición de boca abajo, con las patas arriba y con Zack postrándose encima de él, sin intenciones de zafarse hasta dejarle muy en claro que esto que hacía estaba prohibido.
Por su parte, Ariel estaba aterrada, su mirada estaba clavada en el par de lobos que se miraban con ojos amenazantes el uno al otro y que no decían nada, pero que ella sabía que estaban comunicándose entre sí. En ese momento, ella no tuvo más remedio que esconderse bajo el agua, dejando únicamente la cabeza por fuera del agua para respirar.