Regalo a la manada

1235 Words
— ¿Qué piensas hacer con tu esposo? ¿Vas a divorciarte para poder quedarte aquí para siempre? — dijo Lilith. Habían estado en silencio mientras esperaban a que el mesero trajera sus bebidas. — No lo sé, Lilith. Mi esposo… Es un caso complicado, ni siquiera sabe que estoy aquí. Simplemente, y estando harta de mi situación, decidí fugarme, le robé una buena cantidad de dinero y sin decir nada, me marché. Ya no quería que me golpeara y que me insultara más… — Ariel hizo una pausa para seguir hablando — Además, si regreso, estoy segura de que terminaré muerta en sus brazos, y no, no quiero terminar así. Lilith escuchaba con atención. Pero ella no era la única que lo hacía. Zack también escuchaba con atención desde su escondite en el bosque, su visión de lobo le ayudaba a verlas más de cerca sin necesidad de acercarse porque sus ojos de lobo parecían ser como los de unos binoculares que le permitían acercarse lo suficiente sin delatarse. Su oído iónico le permitía escuchar todo con claridad. Y estaba sorprendido. Su cuerpo se tensó al oír que Ariel era una mujer casada. ¿Cómo podría haber escogido a una mate siendo una bruja, una humana y, peor aún, siendo casada? ¿Si estaba casada, qué hacía escapándose a Nueva Orleans para vivir una nueva vida? Zack tenía muchas preguntas que se quedarían sin respuesta a no ser que siguiera espiando la conversación entre las chicas, porque habiéndolas escuchado hablar de este modo, era mucho más difícil acercarse y sencillamente preguntar. Donde así lo hiciera, evidentemente, terminaría metiéndose en serios problemas, por chismoso. Sin embargo, Zack siguió escuchando con atención. — Algo tenemos que hacer, no podemos dejarte sufrir ese destino al lado de tu esposo. Y por lo que dices, donde ese hombre te encuentre, es capaz de matarte por ese dinero que le has robado. Ya se nos ocurrirá cualquier cosa. Por ahora, no te preocupes, en nuestra casa estás a salvo, eres una de nosotras, y no te dejaremos sola. Todas para una, recuérdalo siempre — dijo Lilith, y Ariel trató de sonreír, sintiéndose agradecida porque Lilith se ha convertido en alguien muy importante para ella, a pesar de que llevan poco tiempo conociéndose. — Por lo pronto, quisiera aprender más de mi magia, de mi linaje de bruja, porque sé que debo de tenerlo, alguien de mi familia tuvo que haber sido bruja para haberme heredado estos poderes tan maravillosos, se me hace mucho extraño que hayan despertado en medio de esa pelea con lobos… — Ariel siguió hablando, cuando terminó, volvió a beber de su granizado de café, que era lo que ella había ordenado para beber en ese momento. — Sí, lo sé. Sé que sientes esa curiosidad por saber de tu pasado, y yo soy la persona indicada para hablarte de él, sin embargo, eso lo iremos haciendo poco a poco, no puedo darte esa información de una sola. Ya sabes, es reglas de brujas. Todo lo tendrás que ir aprendiendo despacio y con calma, sobre todo, con concentración absoluta. En la noche, iremos al bosque, para que empieces a practicar y controlar los impulsos de tu magia. Sabes que si no aprendes a controlarte, tus poderes te dominarán primero que tú a ellos. Fue así como ellas siguieron hablando de asuntos de brujas que a Zack no le interesaba para nada escuchar, y entonces, cuando obtuvo la información necesaria, él se marchó de nuevo, ya había visto a su nuevo amor, sabía como estaba, y los planes que tenía para ese día, quizás, si pensaba bien como hacerlo, tendría la certeza y seguridad de ir a verla en el bosque sin que su grupo de brujas fuera a notar su presencia y a molestarse por ello hasta terminando en una batalla. Entonces, Zack regresó a su casa. La manada se encontraba limpiando todo lo que había sido destruido, dejando la casa organizada para el regreso de su alfa. Ahora que ya no tenían a una omega como sirvienta encargándose de las labores de su casa a cambio de comida y una vivienda. Porque a eso se dedicaban las omegas, puesto que al no tener una manada, gastaban sus días dedicándose a trabajar para una, obedeciendo las órdenes de su alfa, pero sin actuar en la calle que es donde todas las manadas se unen para enfrentar a sus enemigos. A Zack le correspondía hacer esa tarea, tendría que salir de noche a buscar una omega solitaria que quisiera trabajar en su casa como lo que era; una sirvienta, a cambio de un hogar y un plato de comida. Era lo único que le ofrecería. Solo esperaba que la próxima omega no fuera a ser una traicionera como la primera que ha tenido en su vida. Zack dejó de ser lobo cuando se acercó a su casa. — Muy bien chicos, los felicito. En la tarde, dejaré que hagan una fogata para descansar y distraerse, se lo merecen — dijo Zack al ver a su manada portarse juiciosos en casa, la manada sabía que cuando hacían las cosas bien, Zack era un buen alfa y los premiaba con cosas tan simples, pero tan gratificantes como lo era hacer una fogata en el patio trasero para distraerse. Los lobos sonrieron y se miraron cómplices entre ellos. Las fogatas eran lo que más les gustaba. — Alfa, ¿podemos ir al pueblo para comprar las cosas que necesitamos para la fogata? — preguntó uno de los lobos machos con una sonrisa dibujada en su mirada, aquella era la oportunidad perfecta para salir entre ellos sin necesidad de ir con su alfa, observando todo lo que ellos hicieran. — Claro que sí. Vayan, dense un paseo por el pueblo, llévense a Derek con ustedes, traigan licor, buena cantidad de carne, chorizos, y pan baguette para que preparemos sándwiches. Pueden llevarse mi tarjeta de crédito para que compren — dijo Zack. Los lobos asintieron. Avisaron que se irían a sus cuartos, todos se cambiarían de ropa para salir presentables a la calle, aprovecharían su día para pasear entre ellos, y salir un rato del encierro de casa, porque al ser una manada, no podían darse el lujo de estar saliendo a solas tampoco, así como las brujas, ellos tenían su regla de no salir solos sin su alfa, porque también tenían enemigos afuera que estaban esperando a que se separaran para atacarlos y acabar con ellos. Derek no estaba de acuerdo con su alfa, al ser el beta de la manada y el mejor amigo del alfa, podría dar su opinión al respecto, pero vio tan felices a sus compañeros por el permiso del alfa para salir que no quiso dañarles ese momento. — Zack, ¿Seguro no quieres venir? — Derek insistió, como si tuviera un mal presentimiento de que al salir sin su alfa, las cosas marcharían mal para ellos, porque en ese momento, Derek se convertiría en su segundo al mando, sería quien tomaría las decisiones si tuviera que hacerlas de manera repentina, y Derek se espantaba cada que tenía que vivir esa experiencia. — No, me quedaré aquí. Cortaré la leña para la fogata. Ya he salido mucho al pueblo, es mejor quedarse en casa un rato, vayan ustedes. Pórtense bien y no me causen problemas — el alfa respondió con seguridad y confianza en su manada.
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