A las nueve y media del día siguiente, estaba de nuevo en la comisaría de Turín. Conté todo al comisario Moreno. No me interrumpió hasta que acabé y luego me dijo: —Los dos que vio bajo su casa eran peatones comunes. Hemos constatado también, gracias a las investigaciones de la comisaría de Nápoles, que los asesinos no son de aquel lugar, son topi habituales de trenes piamonteses que, por la reacción de la víctima, perdieron la cabeza. En lo que se refiere, por el contrario, a su feo encuentro en Nápoles con los cobradores, ya estábamos al corriente, aunque no sabíamos que también le habían perseguido a usted: los vieron huir dos agentes motorizados que se encontraban delante de la casa y que los persiguieron de inmediato y los arrestaron para investigarlos. El funeral de la señora D’

