Los apuntes que me prestó Dani me estaban siendo útil, pero solo tenía cinco días para terminar ese bendito trabajo, y la verdad no había avanzado mucho. Por otro lado, ella me había invitado a pasar el finde largo a su casa, en provincia, pero en verdad tenía mucho con ese práctico y si me iba se me complicaría todavía más.
Chat de w******p con Daniela
- ¿Gorda lo pensaste? ¿Pasas con nosotros el finde? –
- no lo sé, tengo mucho que hacer. –
- si venís te ayudo, y sabés que soy buena en eso. –
- pero amiga, si desapruebo me bajan de la materia. –
- ¿Camila hace cuánto no salimos juntas? Ya ni a bailar vamos. Dale, no acepto un “no” como respuesta. Además, mi primo quieres que vengas. –
- ¿me estas mintiendo? –
- claro que no, mirá. “audio enviado”–
“ Camilaaaa, veníteeeee. Dale mujer no te hagas rogar.”
- ❤ -
- ¿eso es un si? –
- eso es un “Voy pero en tus manos dejo mi futuro académico” –
- tranquila, yo te voy ayudar con eso. Paso por ti el viernes a las 21 hs. Nos trae mi tío en auto. –
- dale gorda, te veo en un rato. –
Miércoles, la mitad de la semana, y para “mi suerte” tengo literatura y quiero impresionar al profesor (si chicas, sigo derritiéndome por Diego González) aunque me ignore completamente. Yo sé que algún día tendrá que ceder, no va a estar toda la vida evadiendo mis mensajes. ¿no?
Me bañe antes de salir, llevo puesto una calza negra, unas botas de taco no tan alto, porque soy bastante torpe y suelo caerme, y un tapado rojo. Me delinee delicadamente los ojos, rímel azul flequillo para el costado y pelo suelto “Sé que le gusto. Puedo verlo en sus ojos, sentirlo en el cuerpo cada vez que me habla”
Hasta ahora todo había salido para atrás. Llegue tarde, choque con una chica que me ensució de café el abrigo y me esguince el tobillo. Para el colmo, cuando entre a clases estaba el profesor explicando lo visto el lunes, algo sobre núcleos narrativos.
- Srta. Ayala venga un momento. –
- dígame. –
- tenga estas preguntas sobre literatura infantil. –
- ¿qué hago con esto? –
- contestarlas utilizando el texto que envié esta mañana. ¿lo vió esta vez? –
(¡qué? ¿De qué texto habla? ¡maldición otra vez llegó tarde!)
- por su silencio considero que no lo ha visto. Le envié un libro (otro libro dios mío) que habla sobre la literatura infantil. El mismo debías haberlo traído leído para poder resolver el cuestionario. –
- pero profesor, ya me ha mandado un libro para leer. ¿Por qué otro? –
- importante Ayala. Léelo y contesta las preguntas que son para el viernes. –
- ¡pero por qué? –
- ¡bájeme la voz, no querrá preparar otra exposición! –
Rin…. Rin…. (salvada por la campana).
Y ahí estaba el timbre del receso, todos salían menos yo. No me parecía justo que me sobrecargara de lecturas solo por el simple hecho de no tener la hombría suficiente para recocerse y reconocerme que le provoco cosas, por lo que una vez que quedamos solos me acerque a reclamarle y pedirle más tiempo.
- deme más tiempo. –
- no. –
- no puedo leer dos libros en tan poco tiempo. –
- problema suyo. El viernes quiero el cuestionario resuelto. Y el 1 de abril la exposición. Por cierto, deberás realizar un resumen escrito para tus compañeros. –
- pero… -
- no pierda su tiempo. Adios. –
- no puede hacer eso. –
- ¿hacer qué? –
- no puede darme solo 48 hs para leer un libro y dos semanas para preparar una exposición de un libro de 200 hojas. –
- no se pase de lista srta. Ayala. –
- es cierto, y lo sabe. –
- haber, acá el docente soy yo y usted es una alumna y como tal debe amoldarse a mi manera de enseñar. –
- como futura docente sé por demás que somos nosotros los que debemos contextualizar, tanto los contenidos como nuestra didáctica a las posibilidades de los niños. Usted se está pasando. –
¿Pero qué se piensa? Está bien, me gusta, me vuelve loca, pero eso no le da lugar a ser tan malnacido conmigo. ¿Piensa que soy estúpida? Cuán equivocado está.
- ver ¡Vos no vas a darme lecciones de cómo debo hacer mi trabajo, y sal de mí vista porque juro que en vez de darte hasta el 1ero, con lo de Roddari, te doy 48 hs. No me subestimes Ayala. Ya te aguanté demasiado.! –
- ¿qué le pasa conmigo! No le he hecho nada para que me trate de tal forma. –
- DE SA PA RE CE ¡YA! –
Y con los ojos aguados de la rabia salí del salón llevándome dos mesas por delante no sin antes decirle lo que se merece.
- ¡IMBÉCIL! –
Si esto es por los mensajes, juro que así no quedará porque nadie me grita dejándome en ridículo y menos humillarme frente a mis compañeros.