Ámbar Por aquellas hermosas escaleras baja una mujer con tanta delicadeza que podría jurar que ella era perfecta. Solo un pequeño gran detalle: había mencionado que la mayoría de las mujeres tenían vestidos elegantes, sexys y algunos hasta vulgares. Bueno, pues esta mujer que pretende verse delicada y hermosa, más que eso, parecía una mujer de dudosa reputación. Y no quiero denigrar a las mujeres que tienen ese oficio, de verdad que no; yo respeto a las mujeres que trabajan sin importar en qué. Pero ella, simplemente, Dios, ¿qué mujer decente usaría un vestido así? Una falda que solo sus caderas la detenían, y la blusa, si a eso le llamamos así, eran apenas dos triángulos tapando sus senos con algunas tiras que envolvían su abdomen. Y la cereza del pastel: un zarcillo en su ombligo. Yo p

