Esa anciana es hermosa, cada vez que la veo emergían unas enormes ganas de abrazarla. Comentó que Yelena estaba enferma, y fue peor, algo en mí no quería hacerla sufrir. La conversación con su abuela fue un torbellino de sensaciones, palidecí y luego dijo algo logrando ponerme de varios colores. Ella se sentía alegre porque era su amigo. —¡En donde me estoy metiendo!— No pude decir nada, tomó mi mano y me llevó al segundo piso, su casa de color blanco me hacía estar en Alma. Con el corazón acelerado ingresé a su habitación, no pude hablar, ella lograba desestabilizarme. Jamás había sentido vergüenza en mi vida y precisamente delante de ella experimenté ese sentimiento. Me molestó el saber que no le gusto, todas las mujeres se me ofrecían, soy presumido, no lo niego, pero me frenó de una

