La mirada de Fomalhaut fue evidente, el m*****o de la élite arrugó su frente.
—Por tu expresión, quedas exonerado de toda culpa, tú y Sagytta pueden retirarse, al parecer es un tema familiar.
La mirada del comandante fue de total alivio, se inclinó igual que su esposa y se retiraron. Ella se veía tan pequeña al lado de él, sin desmeritar el que era una mujer alta, más que Yelena. Él era un hombre robusto, mientras su esposa, una dama frágil, siempre había dicho que ella mucho cabello. Independiente de ello, sentía amor entre ellos, una unión distinta, de todas las parejas de matrimonios, ellos eran los mejores en cuanto a sus energías.
—¿Yelena es la Reina del Este? —Vi la intención de la abuela para hablar.
—Mi rey… —El abuelo alzó la mano.
—Laxylya… —esta vez necesitaba que ella hablara, el abuelo en ocasiones la reprimía más de la cuenta.
—Abuelo, —al llamarlo así se percataron de que la reunión era familiar y hablaremos en esos términos—. Necesito escucharla, y es una orden.
—Gracias, majestad, permiso para expresarme como lo deseo. —E rostro del abuelo se tornó rojo.
—¡Qué tontería esa de pedir permiso para decir lo que se les dé la gana! —gritó Larry.
—Permiso concedido, —los ojos se le humedecieron a mi abuela y cuando miré a mamá—. Tú también madre, podrás hablar lo que quieras y ella en vez de hablar solo comenzó a llorar.
—Este mundo es una belleza y esa unión con la naturaleza es increíble, aunque aquí se mata lo que para mí también es vital en una armonía perfecta, —Larry caminó hasta donde nuestra madre—. ¿No se dan cuenta de que con estas leyes obsoletas van a conseguir que tengamos una revolución femenina?
—Eso es precisamente lo que hará Yelena si no cambias Kaus, —Laxylya habló sin mirar a mi abuelo, solo a mí—. La conoces mi rey, ella es diferente o regresó distinta, es Mycalyna de eso no me queda la menor duda, pero tiene otro concepto de la vida.
—¡Tú qué sabes mujer! —intervino Jupnuo.
—¡Por qué yo la crie!, fue tu orden, no se te olvide. Me alejaste de mi familia, de mis nietos, de mi hijo, porque según tú era la mejor decisión, ¡y sabes qué! Ahora que sé en la mujer en la cual se convirtió Mycalyna, te lo agradezco. Ella hará lo que no hemos podido hacer nosotras.
—¿A qué te refieres?
Mis abuelos tenían un serio problema marital. Eso era algo que debían arreglar ellos. No me incumbe… por lo menos no por ahora.
—Majestad, sabes que Yelena piensa diferente, eres conocedor de su doctrina personal, de su don de mando natural, de sus conceptos ante la vida. Mira cómo logró hacerte cambiar en tu papel de Jerónimo.
—Sé cómo es mi esposa, ¡podré contenerla! —Ya tenía el vínculo de esposo, hará lo que yo le pida.
—Entonces vas a perderla. Recuerda ella piensa como terrícola.
—Tú la criaste, madre.
Fue mi padre quien intervino, se había quedado mirándola derrumbarse en llanto, sentí ganas de abrazarla, pero no era correcto.
—No hijo, —a mi abuelo casi se le salen los ojos al ver a Laxylya no poder controlar sus emociones, cuando se calmó me miró—. La educación que tiene tu esposa es terrícola, las doctrinas obsoletas de este planeta no las conoce.
—Pero ¡¿qué has hecho mujer?!
Por un momento también me dieron ganas de gritarle, sin embargo, lo contuve, mi mente recordó los caprichos de Yelena, lo terca que era, lo contradictoria, siempre tratando de enseñarme…
—Sentar un precedente, —habló mamá—. La reina es quien gritará lo que nosotras no hemos podido.
—Se los dije, —Larry continuó abrazando a mamá—. Hermano, creo conocer a mi cuñada, si yo no aceptó las absurdas leyes en este planeta, no imagino el enojo en ella al darse cuenta de lo obsoleto de eso. Yelena cambiará lo que no le guste.
Tenía razón, en el fondo había cosas no compartidas, pero solo era tener paciencia, sería un proceso el cual poco a poco cambiaremos. No podría estar en una habitación diferente a la de ella, si dormir a su lado toda la noche era lo que más había deseado volver a tener desde que la perdí. Poco a poco podríamos modificar esas pequeñeces.
—Levántate majestad. —Larry me sacó de los recuerdos.
—¡Lo que hizo la reina debería ser castigable, la Energía debería estar enojada! —Mi padre seguía indignado.
—¿No creen que la Energía ya sabía? —habló mi abuela.
—¡Tú eres la causante de esto! Lograste lo que te propusiste Laxylya. Vi cómo el Este se había corrompido, las mujeres al lado de sus esposos, ¡eso es imposible!
—No Jupnuo, esto apenas comienza, el Este va por el camino correcto, —mi abuela se quitó su anillo. Mi abuelo quedó mudo por primera vez—. Qué alivio se siente hacer esto.
Yo no había pronunciado una sola palabra, aún no salía del asombro. ¿Qué pasaba con el planeta? La abuela llegó a mi lado.
» Hijo, pequeño Kaus, perdón por lo que tú crees, es destruir tu mundo, pero no es por ese camino cariño. Eres demasiado inteligente y en el fondo deseas muchos cambios, los vi cuando eras nuestro vecino, no te dejes llevar por leyes obsoletas. No pierdas al amor de tu vida por el orgullo de un rey sin fundamentos. En ti hay oscuridad, sigue luchando, demuéstrale a Yelena quién eres. Pelea con lo que te domina.
—¿Te separaste de mi abuelo? —suspiró.
—Hace muchos años tu abuelo dejó de conquistarme, solo manda sin importarle lo que mi alma sienta. Es un buen hombre, pero él deberá hacer lo que sé que Yelena espera de ti.
El abuelo estaba callado, se quitó su anillo y la miró. Nadie pudo decir nada, ellos eran los pilares del matrimonio por milenos.
—Laxylya…
—Estabas tan confiado en que nunca te diste cuenta de que desde que me separaste de mi familia el anillo se salía. Mientras estaba en la misión nunca lo llevé. Te das cuenta de tu problema Jupno. Le arrebataste los hijos a tu nuera para la misión, omitiste el preguntarle si estaba de acuerdo. Eran sus hijos, y nunca le arrebates los hijos a una buena madre.
—Era la única manera madre, yo estuve de acuerdo.
—Había otras maneras, pero no tomamos presente mis ideas. Sin embargo, guardaba la última esperanza hasta que sin la menor consideración me mandaste a la Tierra a cuidar a la niña que tenía el alma de nuestra reina. Ni siquiera me miraste, para que te dieras cuenta de que me alejabas de lo que me mantenía viva. Mi planeta, era tal el dolor que me causaste y comprendí que tenía mucho resentimiento. Kaus no cometas ese error, por una vez en tu vida hazme caso. Debes volver a conquistarla.
—Como si fuera fácil, —miré a mi hermano—. Larry.
—No me preguntes, yo tampoco tengo cabeza, no sé cómo derrumbar lo que a simple vista se ve entre ellos, por años han sido pareja y yo perdí a Sharon hace muchos años.
—Es cierto, lo que dice Larry, su caso es un poco más complejo. Tú debes mantener viva esa chispa de amor, no mates la ilusión bajo el yugo de «todo lo hecho debe ser perdonado porque somos esposos» —intervino la abuela—. Debo hacer lo mismo que la reina, abandono el hogar, somos divorciadas.
—Abuela…