Capítulo 3 - En la Tierra - El grito del Sur

1524 Words
Antes de salir de la cápsula recordé algo que me había dicho Jerónimo. Debía comprobarlo. —Debo hacer algo primero, Sharon. —¿Ahora qué vas a hacer? —salí corriendo. —Habla con Caluxy para que nos ayude con la salida. ¡No me tardo! —Lo último lo grité, ingresé a Alma una vez más y mi ave me esperaba—. Buena chica, llévame a casa. Entré a la habitación. Ahí, en la almohada, estaba la carta con una flor, entonces si fue verdad, él trató de advertirme, —fue cierto—. Tomé la carta, me senté en la cama y comencé a leerla. Se me humedecieron los ojos cuando la abrí, volví a cerrarla, ¿cómo puedo seguir llorando? No podía perdonarlo, no sé si lo haré con el tiempo, ¡los obligó a mentirme! No sé con qué propósito, me cuesta tanto perdonar esa mentira, bueno, cientos de mentiras. Y no solo eso, aún se me dificulta cerrar los ojos, cada vez que lo hago las voces de su escena s****l me invade el pensamiento, tenía mucha rabia, él me conoce, ¿por qué quería menospreciarme a aceptar esas absurdas doctrinas? Yelena Sé que no debo escribirte esto, pero te juré no hacerte más daño… Amor pasarán situaciones lamentables, pero deben ser así. No creas en nada de lo que escuches o veas de ahora en adelante, sígueme el juego, por favor. Necesitamos permanecer juntos, estamos a poco de iniciar la batalla final, pronto podré confesarte muchas verdades. No sabes cuán feliz me siento por volver a estar en tus brazos, por haber entrado a tu cuerpo. Te amo con toda mi alma. He sido el hombre más feliz desde que supe que la mujer destinada a mí era mi esposa. No creas en nada, recuérdalo, solo te amo a ti, yo nací para ti. PD: piensa la razón por la cual tienes el cabello blanco. Jerónimo. Mentiroso, —antes de salir guardé la piedra del planeta Az en el compartimiento secreto donde tenía el brebaje que había realizado el día en que me convertí en almana. Subí a Libertad y sin decirle nada ella me llevó a la entrada de la cápsula. —No sé cuánto tardaré en regresar, —acaricié su cabeza—. Te quiero. —susurré. Al ingresar me sorprendí al ver a Laxylya hablando con Sharon. ¿La habrá enviado Jerónimo para tratar de convencerme? —¿Es posible que acepten a una más en el primer grupo de mujeres divorciadas? —¿Qué? —¿Qué habrá querido decir? —En teoría hija, yo fui la primera divorciada, ¿alguna vez me viste el anillo de matrimonio? —negué—. Debo aclarar que Jupnuo es un hombre honorable, muy pegado a lo que son las tradiciones y ¡es un necio!, reacio ante los cambios. Todo lo que hizo fue pensando en el bienestar del planeta según lo que él y su hermano creían en el pasado, era lo mejor, pero son pensamientos de miles de años, cuando él y el padre de Kaus… el anterior Kaus, —arrugué la frente y ella comprendió, debía ser más específica, era una historia un poco enredada—. Al perder la dinastía principal, la Energía miró la línea sagrada y esta era la del príncipe. —¿Jupnuo es príncipe? —Laxylya sonrió ante el comentario de Sharon. —Ahora es un anciano, en su juventud lo fue. Cuando nace un nuevo rey se pierde la jerarquía. —Lo que quieres decir es que Larry, en muchos años, muchos, muchos años, ¿ocupará su lugar? Miramos a Sharon y con solo verla nos reímos, a pesar de lo que me pasaba, ella siempre me sacaba una sonrisa. —En teoría, sí. ¿No te gustaría ese futuro? Laxylya tocó un tema muy sensible, en el fondo esa era la razón por la cual se va conmigo, estaba más confundida. —Voy a casarme con Yajaht. —Qué tranquilidad me da escuchar eso, —las tres miramos a Yajaht—. Mi reina. —A ti al igual que a tu rey, no quiero verlos. —bajó la mirada. Mi hermana se le acercó, pero no lo abrazó ni lo besó. —Si nos demoramos, todo el planeta Alma se reunirá en este lugar. —comentó Laxylya. —¿A dónde iremos? —Me miró con los ojos llenos de ilusión. —Tengo una casa en Salem. —sonreí. —No soy tu nieta. —El amor que te tengo sigue intacto, tal vez no lo seas de sangre, pero te quiero de esa manera, y en teoría eres mi nieta política. Y si puedes perdonarme y entenderme, no le veo el problema a que lo seas. Yo te adoro. —Se me salieron las lágrimas. —Abuela. Corrí a sus brazos, al parecer tenía lágrimas como si cargara en mi interior una reserva infinita de ellas. —Mi niña. —Hay muchas cosas por hablar. —Sí, la ventaja de ser almana es que tenemos mucho tiempo. —Sabes que en la casa es el primer lugar a dónde irán a buscarnos. —Mi reina, en cualquier parte del mundo el rey te encontrará. No hay lugar en el que te puedas esconder. —¿Por qué estás tan segura? —Mi hermana llegó y Yajaht ya no estaba—. Le pedí un poco de tiempo, —me miró—. El rey… —alcé la mano. —No quiero saber nada. —Insiste en cerrar el portal. —Una voz de alerta llegó a mi cabeza. «Yelena». —Caluxy llamó. «¿Qué pasa?» —Mi abuela se puso roja por la ira. «¡Sal ya!» —Tomé a la abuela y a Sharon para luego lanzarme al portal—. «Creo que ahora no podrá cerrarlo. Contigo en la Tierra el rey no lo hará». «Gracias, amigo. ¿Esto te traerá consecuencias?» «Me imagino, pero siempre será mi reina». «¡Caluxy!» «Hoy más que nunca te ganaste el título de reina. Por favor, Yelena, déjame llamarte así, nadie me obliga, lo hago por respeto y lealtad». «Con esa justificación no puedo prohibírtelo». «Le estaré informando, si no me meten al calabozo». «Que el rey no se entere, no quiero meterte en problemas». Habíamos saltado sin vehículo, y desde los barrancos hasta Salem debíamos caminar un gran trayecto. —Ni una bicicleta nos trajimos. No sé cómo lo lograba, pero mi hermana siempre le ponía ese toque de comedia con sus comentarios. —¡Ay, mis niñas!, a caminar. —La abuela nos extendió la mano. —¿Habrá seres del Norte con sed de venganza? —miré a Sharon. —Los hay, pero hoy están un poco asustados, Procyxon muy seguro los reclutará, el problema es que él ya sabe cuál es la entrada y estarán vulnerables si no cierran el portal. —comenté. —No. Él esperará un tiempo, está herido en el ego y nos golpeará de otra forma, él tiene acceso directo al planeta Az, Kaus lo averiguó. —miramos a Laxylya. —Hay muchas cosas en que preocuparnos, por ahora lo que acabo de ocasionar. Sé que será complicado, pero deben entender. —Fue mi respuesta, caminábamos por los acantilados. —Tal vez les tarde un poco comprender lo que quieres enseñarles, mi reina. —Mi risa salió bastante nerviosa. —Laxylya acabo de renunciar a la corona, me divorcié de tu nieto. —mostré mi mano—. Ya no tengo anillo. —El tiempo sana el dolor, así sea la barrabasada que haya hecho mi nieto inducido por su abuelo. —Jupnuo no tuvo nada que ver con las decisiones de Jerónimo. —Kaus hija, ya no viene al caso llamarlo con el nombre del hijo muerto de Procyxon, Yelena siento en ti que te estás conteniendo, sería bueno… Siempre tenía la razón, al fin y al cabo, ella me crio. Sentí una enorme ira dentro de mí, no pude controlar mi energía y exploté. Una enorme onda salió de mí. —¡No puedo cerrar los ojos porque lo primero que escucho es a tu nieto realizarle sexo a quién era su esposa! Me había jurado no volver a hacerlo, —mi hermana abrió los ojos y Laxylya bajó la mirada—. No entiendo cuál era su necesidad de ocultar la verdad, no comprendo su sed de humillar y menospreciar a su pueblo, dime, ¡qué ganaba con rodearme de mentiras! ¿Por qué lo hizo? ¿Qué ganaba al jugar conmigo? —sentí un leve alivio, las lágrimas comenzaron a salir, mi hermana me abrazó. —Ese hijo de perra. —Caminemos, —fue la respuesta de la anciana—. Por ahora te diré que todo tiene un porqué. Te recuerdo que a mí me gusta ser llamada abuela, ¿yo también puedo abrazarte? —afirmé, después de un rato nos dio un beso en la frente y comenzó a caminar, mi hermana y yo la seguimos.
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