Capítulo 4 - Entendiendo a Yelena (parte 1) – El grito del Sur

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Larry se había encargado de la situación, era el único que logró hacer a un lado su dolor o tal vez al ver que Sharon se alejó de Yajaht le dio esperanzas. Cualquiera que sea el motivo, el príncipe se encargó del engorroso momento de la familia real, ante mis súbditos nuestras mujeres nos humillaron. Controló mi histeria de encerrar a la reina si no había salido del planeta o de desterrarla si ya lo había hecho. Por otra parte, el maldito demonio seguía burlándose en lo más profundo de mi alma, se deleitaba con mi desgracia, siempre había deseado tocar a Yelena, en eso he sido radical, jamás la tocará, mi mujer era solo mía. Sin embargo, quería desaparecer, morirme… ¿Me dejaste? El mal que habitaba mi cuerpo no sentía dolor, por un rato lo dejé salir para minimizar el desgarramiento del alma, no fue mucho lo estuvo dominando, él quería encerrar a Yelena, castigarla por su altanería y desobediencia. Todo con el fin de seguir jugando y de ver si en algún momento me descuido y le permito tocarla. Ordenó que destruyeran el paso al planeta Tierra. Hace unos años me dejé convencer de él y disfruté del juego, en el fondo sabía que no era lo correcto, pero después de todo, era el rey, y ella era mi esposa, a la que sin importarle nada siempre me perdonaba… En ese entonces se me olvidó que ya no era del todo Mycalyna, en ella predominaba Yelena, mi indomable niña… Asallam fue quien se negó a tratar con el demonio, no lo permitió, me desobedeció y las descargas que me dio con su cabeza en el pecho lo desplazaron, en este planeta no podía mantener el control. Pero ahora lo necesitaba, no quería sentir esa tristeza. «Yelena no me ama», dejó de ser mía. Habíamos llegado a la sala de control del Este, me señalaron la silla de Yelena y los miembros de las élites esperaban instrucciones. Por varios minutos el silencio reinó. «¿Ahora que buscas cambiar en mí, Nena?» La risa del demonio se hizo notar otra vez. «Imbécil» A lo mejor en esta ocasión merecía cada insulto qué este puto engendro gritaba. » «No, no, no, no pienses estupideces, a mí no me hubiera dejado, eres un blandengue». «¡Cállate!» Le grité, tomé la cabeza con mis manos. Los presentes me miraban. Debía encontrar el control. —En Alma, puedes obligarlo mi rey. —rompió el silencio mi padre. —¿Obligar a quién? —preguntó Marlash. Se hizo un gran silencio—. Perdón por lo que diré, entre todos podemos solucionar lo que esté pasando. Comprendí el comportamiento del maestro, en un año la reina me cambio a mí, ellos llevan ocho años con ella. —El Rey no te ha dado permiso para hablar. Jupnuo fue enfático, desde que la abuela le devolvió el anillo, no había pronunciado una sola palabra. —¡Y por eso están así! Bajé la mirada sonriendo, había tanto de la esencia de Yelena en los del Este. Mi abuelo impuso su energía. Miré a los del Este, cada uno con su esposa a su lado y otros de la mano. Recordé lo que me dijo… «Tenemos la misma energía, no estaré detrás, ni delante de ti, solo a tu lado». Cerré los ojos. —¡Retráctate! Sugirió mi padre, Yajaht se puso al lado de los suyos, mi hermano me miraba al igual que mi madre, a la espera de que tomara el control de mi rango. Era el puto Monarca de este planeta, debía… ¡Eso era!... ¿Ese era tus deseos, Yelena? —Lo siento mi rey, pero es usted un verdadero imbécil. Extendió sus manos para ser esposado. Algo cambiaba, sé lo que debía de hacer y ¿por qué me costaba hacerlo? En el fondo una vocecita comenzaba a escucharse, no quieres ceder un poco el control. —¡Llévenselo! —ordenó el abuelo. —Kauuusss. —Larry y mamá me llamaron al mismo tiempo. —Nadie se va para ningún lado, —intervine—. Tomen asiento. Los hombres de la élite del Oeste se sentaron y las mujeres se quedaron atrás, mientras que en el Este todos se sentaron, las esposas al lado de sus maridos. El rostro de enojo de Jupnuo era palpable, pero su energía era más por la humillación de mi abuela, que por lo que pasaba. » Dije siéntense, —miré en Milnay un leve brillo en sus ojos, sus ojos se cruzaron con los míos—. Aprendo rápido, desde que conozco a Yelena ha sido siempre de esa forma. —Mi rey no es necesario… —Soy tu nieto abuelo y ¿crees que no es necesario? —sonreí. —Hijo, está bien… —¡Nada está bien, mamá! Para los del Este mi comentario fue normal, mientras que el Oeste, salvo Naus, tenían los ojos desorbitados. » Mi esposa acaba de darme la lección más dura de dignidad. La abuela abandonó al abuelo. El príncipe perdió a su prometida. Mi mejor amigo se siente inseguro ante Naus, mi hermano, por el amor de la hermana de la reina. Tú quieres gritarle infinitas cosas a papá. Procyxon quedó con vida. » Tenemos un planeta malévolo que quiere apoderarse de la Tierra y Alma es lo único que se interpone y no tengo la más remota idea del porqué Yelena lo sigue defendiendo a cuestas de que se encuentra al borde de la destrucción por la mayor plaga llamada humanos. Y tengo un puto demonio dentro de mí que de manera constante me seduce para hacer el mal, él se deleita con hacer daño. » En ocasiones me dejo llevar por él, y debo reconocer que gracias a ese demonio pude soportar las peores barbaridades al lado de Procyxon, gracias a ese engendro invadiendo mi alma, pude convivir con el mal. —Los miraba uno a uno—. No vuelvas a decir que todo está bien, porque claramente no es así, y lo sabes madre, he sido testigo de tu dolor. —Se debe solucionar una cosa a la vez. —intervino Jupnuo. —Estoy de acuerdo con lo que dice el abuelo, hermano. —Coincido con el príncipe. —Yajaht se cruzó de brazos. —Eres el rey, —mi abuelo ahora se veía demacrado, por primera vez lo veía distraído. —Sin reina, —miré a los maestros del Este—. Milnay, —Yajaht miró a su madre—. Fuiste la primera en entender el alma de la reina, ¿qué sugieres? Me sentí incómodo al pedirle opinión a una mujer, pero necesito a Yelena a mi lado y también debía sentar un precedente, los del Oeste estaban a nada de abrir la boca. —Ella no tiene voto, majestad. El abuelo fue radical al hablar, ¿qué era lo que deseaba la Energía? Apenas nombro esa palabra, el demonio se retorció, cerré los ojos para concentrarme y mantenerlo oculto en lo más profundo. —No perderé mi corona por escucharla, y si tú no quieres saber su punto de vista para que puedas recuperar a tu esposa, yo sí. —Jupnuo enrojeció, pero no se retiró. En ese momento una tranquila sensación llegó a mí y sabía lo que vendría. «Aún no has completado tu misión». —Era la voz de la Energía. «Siempre haré lo que tú me pidas». «La necesitas a ella». Él y el demonio no eran compatibles, la sensación me ocasionó náuseas y no pude evitar vomitar. Los miembros del Este intentaron socorrerme, era la primera vez que ellos me veían en una crisis entre el bien y el mal. Alcé la mano y se detuvieron. —Estaré bien, solo necesito un poco de agua. Yajaht llegaba con un recipiente lleno de agua, con su magia eliminó el desastre que había realizado. —¿Siempre le pasa eso alteza? —Luzlybelt bajó la mirada ante la mía. —Sí, cuando se enfrenta el bien y el mal. Cada que la energía me habla el demonio en mi cuerpo causa malestar. —Lo bueno de esto era que por unos días el demonio no saldría, solo seré yo. —El brebaje… —Tal vez. Puede que eso me ayude, pero antes debo obtener el perdón de mi esposa.
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