🖤 Capítulo 4 –“Hay fuegos que no se apagan… se fingen.”

1232 Words
“Dulce el veneno, pero veneno igual.” Horas más tarde... El reloj marcaba las once, pero el aire en la mansión estaba más caliente que el mediodía. Ethan no había salido de su oficina desde que llegó, y eso solo podía significar una cosa: estaba pensando demasiado... o tramando algo. Lia lo sabía. Y eso la encendía más que cualquier caricia. Ella bajó las escaleras en silencio, envuelta en una bata de satén n***o que no dejaba mucho a la imaginación. Su cabello caía en ondas sueltas, como si no le importara, pero lo había peinado así a propósito. Cada paso era un mensaje: Estoy jugando... y tú también lo sabes. Desde la cocina, una luz tenue iluminaba su silueta mientras servía una copa de vino. Pero no bebía. Solo quería que él la viera. Que bajara. Que perdiera el control. Y como si el universo le obedeciera… —¿No puedes dormir? —La voz grave de Ethan la atravesó por detrás, tan cerca que sintió su aliento rozarle el cuello. Lia no se giró. Solo sonrió de lado, sin mirarlo. —¿Tú puedes, con tanto que cargas? Él avanzó, lento, como si la oscuridad fuera parte de él. —Yo no duermo. Yo vigilo. —¿A mí? —preguntó ella con picardía venenosa. —A todos. —Y luego se acercó un poco más—. Pero contigo… tengo razones para no pestañear. La tensión era tan densa que el vino temblaba en la copa. —¿Y si te dijera que tengo un secreto? —susurró Lia, dándole la espalda, pero sabiendo que su cuerpo hablaba por ella. —Te diría que todos los tenemos. La diferencia es... quién se atreve a revelarlo primero. Ella giró, lenta, enfrentándolo con los ojos brillando. —¿Y tú? ¿Te atreverías? Y justo ahí… el silencio se convirtió en fuego. Ethan la tomó por la cintura, sin brusquedad, pero con una firmeza que le sacó el aire. Sus labios quedaron a un suspiro de los de ella, pero no la besó. No aún. —Lo haré... cuando estés lista para perder el control —murmuró contra su boca—. No antes. Y se apartó. Como si no acabara de dejarla con el corazón a punto de estallar y el cuerpo pidiéndole guerra. Pero Lia no era una chica que se quedaba quieta. Ni mucho menos con las ganas. Ella era venganza con tacones. Y ahora... el juego había subido de nivel. Mientras tanto, en la mansión... Lia no se quedó quieta. ¿Cómo hacerlo después de lo que Ethan acababa de soltarle? Ese maldito hombre tenía el poder de rozarla sin tocarla. Y lo usaba como un experto. Pero ella también sabía jugar. Subió las escaleras lento, con la bata aún abierta apenas por el lazo. Sus pensamientos eran un caos dulce: una mezcla de deseo, rabia, confusión… y algo más que no quería nombrar. Ya en su habitación, se despojó de la bata como quien lanza una mentira al suelo. Quería olvidarlo. Ignorarlo. Dormir. Pero la mente no obedece cuando el cuerpo está en guerra. Cerró los ojos y se recostó, pero no llegó a tocar las sábanas... Porque alguien golpeó la puerta. —¿Puedo? —la voz de Ethan se coló como un susurro impaciente. Lia no respondió. Solo se sentó en la cama, sin cubrirse del todo. Si él había venido hasta allí, que lo viera todo. Que supiera que el fuego también la estaba quemando. Él entró. Camisa blanca, dos botones abiertos, sin corbata. Ojos como tormenta, mandíbula tensa. Venía decidido… pero no a tocarla. —¿Qué haces aquí? —preguntó ella, cruzando las piernas como quien lanza un reto. —No podía dormir —dijo él, observándola como si fuera un peligro. —¿Y pensaste que mi cama era la solución? Ethan no sonrió. No dijo nada. Solo se acercó, y cuando estuvo a un metro de ella, habló: —No vine por sexo, Lia. Ella arqueó una ceja. —¿Entonces qué quieres? —Saber qué escondes. —¿Y por qué crees que lo diría ahora? —Porque me deseas lo suficiente como para bajar la guardia… por un segundo. Silencio. ¿Era eso cierto? ¿O solo otra de sus malditas jugadas mentales? Lia se levantó de la cama, ahora a su altura, desnuda emocionalmente, aunque con una bata apenas cerrada. Lo miró directo a los ojos. —¿Y tú, Ethan? ¿Qué escondes tú… que no puedes dormir sin tenerme cerca? Él la miró como si acabara de dispararle. Y no respondió. Solo alargó la mano, acariciando su mejilla con una ternura inesperada. Y en ese instante… se quebró algo. No hubo beso. No hubo cuerpo contra cuerpo. Hubo un silencio lleno de todo lo que no podían decirse. Y luego… Ethan se marchó. Dejó la habitación como quien huye de sí mismo. Lia se quedó de pie, tocándose la mejilla como si aún pudiera sentir el roce. Y lo más jodido de todo fue que lo sintió. Como una herida. Como una promesa. Como una amenaza. Hay silencios que duelen más que los gritos.” Sin que ella lo supiera… Ethan no fue a dormir. Se encerró en su despacho, pero esta vez no fue por trabajo. No revisó documentos. No leyó informes. Solo miró… una vieja foto. Una donde su madre sonreía. Una donde, en una esquina borrosa, aparecía ella. Lia. —¿Qué haces aquí desde antes de que te conociera? —susurró para sí mismo, los ojos clavados en la imagen. La había visto antes, años atrás. La tenía guardada. Pero no fue hasta esa noche que su mente conectó los puntos: Lia no había aparecido por casualidad. Ella llevaba tiempo orbitando su mundo. Y eso... eso lo jodía más que el deseo que le provocaba. --- Mientras tanto, en la habitación… Lia no dormía. No podía. Y no solo por Ethan. Sino porque su celular vibró. Mensaje de Verónica: 🖤 “El tiempo se acaba. O lo destruyes… o lo haré yo.” Lia sintió el corazón latirle en la garganta. La habitación que antes olía a tensión… ahora olía a amenaza. Apagó el celular. Caminó hasta el baño. Abrió el grifo de agua fría. Y se miró al espejo. Pero no se vio a sí misma. Vio a la chica rota que había prometido no volver a ser. La que una vez lo perdió todo por confiar. La que juró jamás enamorarse de nadie que pudiera usarla… como un arma. —No lo sientas —se dijo a sí misma—. Solo haz lo que viniste a hacer. Pero el temblor en sus dedos… la traicionó. --- Horas después... Ethan estaba en el balcón, viendo la madrugada comerse el cielo. El aire estaba frío, pero sus pensamientos ardían. Porque por fin entendía por qué Lia no era como las otras. Porque ella venía del mismo infierno que él. Y cuando dos personas que huyen del fuego… se encuentran, no se salvan. Se queman juntos. --- Pero no todo estaba terminado... Verónica ya estaba en movimiento. Y lo que Lia no sabía… es que esa noche, mientras ambos se debatían entre sentir y mentir… una prueba mortal ya había sido puesta en marcha. Y nadie estaba listo para lo que iba a pasar. Ni siquiera tú, lector... ---
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