BRIANNA
Me desperté muy temprano por la mañana con dolor de cabeza, y un pesar en el pecho. Los rayos del sol se colaban por la ventana y la luz me obligaba a cerrar los ojos. No había tomado ni media copa porque había desperdiciado el vino en el pantalón de Baastian.
Pensar en él me hacía sentir ganas de quedarme en la cama, perderme del día y no saber nada más. Pero sabía que hacer eso, era hacerle saber que el divorcio me había dado el tiro de gracia. No, por supuesto que no iba a darle el gusto. Me levanté en contra de mi voluntad. Fui directo a tomar un baño antes de empezar mi día.
Channel con Miu Miu era una combinación infalible. Cuando me vi al espejo estaba más guapa que nunca. Más me valía echarme porras a mí misma sino quería salir de esta casa con la cara en el suelo. Me puse labial rojo y el cabello suelto. Era una combinación clásica y sensual la que había elegido para empezar con mi nueva vida.
Tomé mi teléfono y le marqué a mi hermana.
— Inna, ¿me puedes recibir en tu casa? —Comencé a vaciar mi tocador. Puse el teléfono en mi oreja mientras lo detenía con mi hombro.
— ¿Pasó algo? —La voz de mi hermana sonó con alarma.
— Sí ¿Vas a estar en tu casa? No me gustaría ver a mi papá por ahora.
— Brianna me preocupas ¿Estás bien?
— Sí, estoy bien.
— Te espero. No tardes.
— Sabía que puedo contar contigo. Estaré por allá pronto.
Corté la llamada. Tomé aire, antes de salir con mi bolsa de mano en el brazo, y la cabeza en alto. Mis tacones resonaban a cada paso que daba. No había rastro de que Bastian estuviera en la casa. Sin embargo, al bajar las escaleras y llegar al vestíbulo, Licha me abordó.
— ¿No va a desayunar, señora? —Me preguntó al mismo tiempo que yo me ponía los lentes de sol.
— No Licha. A partir de hoy no es necesario que te preocupes más por mí. El señor me pidió el divorcio por la noche, y no pienso regalarle un solo momento más de mi existencia en esta casa. —Me acodé los lentes.
— Pero, ¿cómo señora? —Licha y yo habíamos desarrollado una amistad genuina durante el tiempo que estuve viviendo ahí. Era la que me acompañaba en mis comidas, o pasábamos un rato en el jardín, mientras tomaba mi té de la tarde.
— Licha, te agradezco mucho todo el tiempo que me acompañaste y que hiciste que la guarida de Drácula fuera menos solitaria. Pero firmé los papeles. Tu patrón me dio un mes para irme de la casa, pero no pienso darle un solo minuto más. —La abracé con fuerza, porque mi agradecimiento era real.
— ¿Y qué va a pasar con usted, señora?
— Conmigo, por el momento nada. Pero voy a enviar a alguien por mis cosas.
— ¿Y el señor? Está en su habitación ¿Quiere que lo llame?
— No hace falta. Ayer nos dijimos todo y lo más seguro es que empiece las remodelaciones de esta casa porque hay alguien que le interesa. —La volví a abrazar—. Espero que te vaya bien con ella.
Me despedí de Licha. Salí con la frente en alto, antes de su subir a mi coche y salir de esa casa para nunca más volver. Sí, durante el camino derramé un par de lágrimas que me limpié con el dorso de la mano. Había sido empujada a una nueva vida y no me quedaba más que empezar de nuevo y con la frente en alto.
*
— ¿¡Que te vas a divorciar!? —Ina casi se va de cu**lo al suelo por la sorpresa.
Su penthouse estaba localizado en Maryland, una de las residenciales más prestigiosas de la ciudad. Podría quedarme con mi hermana una temporada, aunque en realidad se me antojaba vivir sola. Empezar de nuevo eso implicaba.
— Ya firmé los papeles. —Le dije con tranquilidad—. Y necesito que te asegures de que el proceso termine lo más pronto posible. No quiero saber nada más de él.
— ¿Y cómo lo van a manejar ante la prensa? ¿Cómo se lo vas a decir a papá?
Me recagué con la cabeza hacia atrás sobre el respaldo del sillón. Miré al techo y suspiré.
— Bastian me confesó que está interesado en otra mujer, así que. . .
Se me quebró la voz y decidí aguantar el llanto.
— Es un imbécil. Él no tiene idea de cómo se ve a tu lado. Es guapo, sí, pero tú siendo una de las mujeres más guapas del país, lo elevas al siguiente nivel.
— Me casé enamorada, Ina. —Volteé a ver a mi hermana, que me miraba con el corazón estrujado—. Y él nunca me creyó.
— Oh, Bri. —Mi hermana me abrazo y me permití llorar un poco en sus brazos—. Lo que tiene de guapo lo tiene de bruto.
— Me asusta empezar de nuevo, pero creo que fue lo mejor.
Me limpió las lágrimas antes de ponernos a hacer el desayuno. Durante el desayuno, Ina me ayuda a conseguir una mudanza especializada. No entendía de qué iba, pero al ver que estaba contratando a una agencia de mudanza donde un grupo de hombres, parecidos a los modelos de una revista fitness, iban a ir a casa de Bastian por mis cosas.
Nada mal para empezar bien mi nueva vida. Ina era especialista en los detalles, así que dejé que se encargara de ello. Aunque la tranqulidad se rompió una hora más tarde con una llamada de mi papá.
— Hola, papá. Intenté saludar con normalidad.
— Brianna ¿Puedes venir a la casa?
— ¿Pasa algo malo? —Le pregunté a mi papá con cierto nerviosismo. Solo esperaba que no supiera que estaba empezando mi proceso de divorcio con Bastian. Eso lo pondría mal.
— No. Solo quiero platicar algunas cosas contigo ¿Vienes a comer?
Vi a mi hermana, que estaba sentada frente a mí.
— Sí, papá. Llego a la hora de la comida. —Traté de sonar tranquila durante la llamada, y acepté una invitación a comer con él.
Corté la llamada.
— No sé si mi papá sepa ya lo de mi separación con Bastian. —Estaba realmente nerviosa.
— Hey, papá no es tan terrible. . .
— Me moriría de vergüenza si él supiera que mi matrimonio fracasó.
Me cruzó por la mente aquella vez en la que me dijo que era una tonta por estar dejando todo por Bastian. No le hice caso, y ahora me encontraba resguardada en casa de mi hermana, tres años después, con un divorcio en proceso, porque mi exmarido se había enamorado de otra mujer.
No podía hacerme la tonta, entre Bastian y yo nunca hubo amor. Al menos no de su parte.
— Yo estoy contigo, Bri. —Extendió su mano dándome un apretón de manos como una señal de consolación—. Y también voy a estar en tu proceso de divorcio. Como tu amiga, hermana, y abogada.
— ¿Qué haría sin ti, Ina? —Le devolví el apretón.
*
Llegué a casa de mi padre con el estómago revuelto y el orgullo hecho pedazos. La fachada blanca, sobria y elegante, siempre había sido un refugio para mí, incluso en los momentos en los que él y yo no estábamos de acuerdo. El olor a comida casera me recibió antes que cualquier palabra. Ese olor que solo existe en las casas donde alguien se preocupa de verdad.
— Llegas tarde. —Escuché la voz de mi papá desde el comedor, sin levantar la voz.
— Había mucho tráfico, papá. —Respondí, dejando mi bolsa de mano en la silla. Yo jugueteaba con la comida, sin hambre, esperando el momento inevitable. Era la primera vez que comíamos juntos desde que me había casado. Tal vez era momento de hacer las pases con él.
— Hija, ¿está todo bien? —No fui capaz de verlo a los ojos. Solo me dediqué a fingir que me estaba costando trabajo cortar la carne.
— Sí, papá. Todo está bien
— Sé que nunca estuve de acuerdo con tu matrimonio, —dijo finalmente, con voz cansada—. Y sé que al principio me enojé mucho contigo. Tal vez más de lo que debía.
Levanté la mirada.
— Papá. . .
— Déjame terminar, Brianna. —Suspiró—. Me equivoqué al apartarte de los asuntos familiares. Al desterrarte de la empresa. No fue justo solo porque te hayas casado con alguien que no me gusta. —El nudo en mi garganta se apretó—. Pero sigues siendo mi hija, —continuó—. Y siempre te voy a amar, aunque seas una necia muchas veces.
Sonreí, con los ojos brillosos.
— Siempre has sido así, —dije en voz baja—. Duro, orgulloso, pero nunca dejaste de ser mi papá.
Él dejó los cubiertos a un lado y me miró con una expresión que pocas veces le había visto. Vulnerable.
— Yo no supe cómo manejar tu decisión, Brianna. Sentí que te estabas alejando de todo lo que te enseñé. . . Yo quería lo mejor para ti y. . . Tuve mucho miedo de que no fueras feliz.
— Tal vez sí, se me olvidaron algunas enseñanzas tuyas, —admití—. Pero nunca dejé de ser tu hija. Y eso es algo que siempre he entendido. . . Incluso cuando no estábamos de acuerdo.
El silencio que siguió ya no fue incómodo. Fue necesario. Mi padre se levantó, sirvió más agua en su vaso y volvió a sentarse.
— Estoy cansado, hija, —dijo sin rodeos—. Hoy más de lo normal.
— Lo sé.
— Por eso quiero pedirte un favor. —Alzó la vista—. Esta tarde hay una reunión en la empresa con un cliente muy importante. No tengo la energía para lidiar con ellos hoy.
Lo miré con sorpresa.
— ¿Quieres que vaya yo?
— Quiero que te hagas cargo. —Su voz fue firme—. Conoces la empresa mejor que nadie. Siempre lo has hecho.
Sentí algo romperse dentro de mí, y al mismo tiempo, algo acomodarse.
— Pensé que ya no querías que me involucrara.
— Eso era antes. —Se encogió de hombros—. Además, hoy quiero el día libre. —Esbozó una sonrisa cansada—. Dame ese gusto.
Asentí.
— Claro que sí, papá.
— Confío en ti, Brianna.
Esas cuatro palabras pesaron más que cualquier disculpa.
Nos levantamos de la mesa. Lo abracé sin pensarlo demasiado, como cuando era niña y creía que su abrazo podía arreglarlo todo.
— Gracias, —murmuré.
— Ve a la empresa, —dijo—. Y descansa un poco. Si hay alguna novedad yo te la haré saber.
Tomé mi bolsa de mano, respiré hondo y salí de la casa con paso firme.
*
Entré a la empresa de mi padre como si nunca me hubiera ido. Los tacones resonaron contra el mármol del vestíbulo, firmes, seguros, anunciando mi presencia antes de que alguien levantara la vista. Chanel ceñía mi cuerpo con elegancia sobria; no necesitaba exagerar para destacar. El cabello suelto, el labial rojo intacto y la mirada alta decían exactamente lo que yo no iba a explicar. Seguía siendo poderosa.
Las conversaciones se detuvieron. Algunas cabezas se giraron de inmediato. Otras fingieron no hacerlo, pero lo hicieron igual. Había murmullos, miradas curiosas, una que otra sonrisa nerviosa. Brianna Somerset había vuelto. Brianna Montague estaba muriendo.
— Buenos días, —saludé al pasar por recepción.
— S-señora Brianna. . . —Balbuceó la recepcionista, levantándose de golpe—. No sabía que vendría hoy.
— Yo tampoco, —respondí con una media sonrisa—. Pero aquí estoy.
Avancé sin detenerme. Sabía perfectamente a dónde ir. Ese edificio también había sido mío antes de que mi apellido se volviera incómodo. Los empleados me observaban con una mezcla de respeto y sorpresa. No era lástima lo que veía en sus ojos. Era otra cosa. Expectativa.
Cuando llegué al piso ejecutivo, la asistente de mi padre prácticamente corrió hacia mí.
— Señora Brianna, qué gusto verla. Su padre me dijo que usted se haría cargo de la reunión de esta tarde.
— Así es. ¿Ya llegaron los documentos?
— Sí, claro. —Me extendió una carpeta gruesa—. Aunque hay un cambio de último momento. —Alcé una ceja—. El señor Alessandro De Luca pidió mover la reunión a una cena de negocios esta noche. En el Greek Garden.
Sonreí por dentro. Por supuesto que sí.
— Perfecto, —dije—. Tráigame también los contratos preliminares y el informe financiero completo. Quiero revisarlo todo antes de salir.
— Enseguida.
Entré al despacho de mi padre. Nada había cambiado. El escritorio impecable, las paredes sobrias, el silencio de poder que siempre me había gustado. Dejé mi bolso sobre la mesa y me senté, hojeando los documentos con rapidez y precisión.
***
BASTIAN
No había dormido ni una mierda. Así me sentía desde anoche. Brianna me había dejado en el restaurante, sin dinero, y con el personal pensando que me había orinado encima. Nunca la había visto así de vengativa.
Me encontré con la sorpresa, durante la mañana, de que se había ido de casa. Sin embargo, sus cosas seguían ahí. No sabía por qué me estaba molestando tanto.
No había tocado mi cena, pero estaba con un posible cliente muy importante esta noche. El negocio iba creciendo con una velocidad increíble. Tanto estaba siendo mi éxito, que había logrado negociar con mi papá para que me quitara la estupida sanción del contrato matrimonial si me llegaba a separar de Branna antes de los cinco años de casados.
Tenía que centrarme en el hecho de que era un hombre libre. Ella me había dado el divorcio, se había ido de la casa, y yo estaba por llamarle a Isadora para que viniera a conocer a la familia. En aquella cena la había pasado muy con su plática, aunque no pasó nada más allá de una simple cena. Ella me había cautivado con su sonrisa, su plática intelgente, aquella elegancia. Era todo lo que siempre había buscado en una mujer.
En cambio con Brianna, siempre era recatada, fría, demasiado perfecta. No era una mujer que me inspirara.
— Señor Montague, buenas noches. —Una voz masculina me sacó de mis pensamientos.
— Oh, señor De Luca, —me levanté de inmediato para saludarlo—. Un gusto.
Nos estrechamos la mano y De Luca de sentó frente a mí.
— Antes que nada debo disculparme, pero surgió otro asunto de urgencia y le tuve que pedir a mi otra posible opción que viniera a la cena. Me interesa tener a las dos empresas como opción, y me es imposible ver sus propuestas por separado. —De Luca se acomodó el saco.
— No hay ningún problema. Esperemos al otro competidor. —Me acomodé el saco, porque sabía que se venía una negociación interesante.
Vi que mi posible cliente alzó la mirada y se quedó perplejo, al igual que muchos hombre de los alrededores.
— Por todos los dioses, —exclamó mi compañía—, pero qué mujer. . .
Volteé a ver la dirección en la que tenía la vista perdida, y mi corazón se saltó mil latidos, al ver que Brianna venía hacia nosotros, con un look de muerte lenta.
Algo que jamás había visto en ella.
— Buenas noches, señor De Luca. Soy Brianna Somerset, y vengo en representación de mi padre.
No utilizó su apellido de casada. Mi apellido.