Capítulo 3

2642 Words
Capìtulo 3 —Bueno pues ya llegué, oye quería preguntarte sobre una chica que andaba por aquí traía un vestido muy ajustado.―dijo, tratando de ubicarla. —Debe ser hija de algún socios o inclusive amiga de Camila, la mayoría de sus amigas y compañeras están aquí, pero ven vamos quiero presentarte a unos inversionistas que mueren por conocerte. —le dijo llevándolo del hombro, a lo que Edward solo volteo tratando de no perder a la chica que iba sola y a la cual no quería que alguien más la abordara. —Larry discúlpame, creo que voy después contigo, es solo que de verdad tengo algo que hacer, tú sabes, mis necesidades fisiológicas me llaman —dijo para excusarse e ir tras su mujer. ≤ ¿Qué decía? ¡Su mujer! Porque no, lo sería en cuanto llegase a ella.≥ Edward siguió su andar, que por abrazar a Larry dejó las dos copas en una mesa cerca, pero pasó el mesero y lo detuvo para volver a tomar igual dos copas de champán. Cuando Edward las tuvo en sus manos, solo llevo las dos copas y comenzó a caminar sin perderla de vista ¡Pero semejante monumento! ¿Quién la perdería de vista? ¡Al menos él no! Al entrar al umbral de la terraza observó que ella estaba inclinada viendo hacia el jardín. Edward solo se pasó la lengua por los labios al ver ese trasero cual Jennifer López pero mejorado, porque esa chica tenía de más por donde quiera que la vieran. Tenía una cinturita de avispa que ya quería rodear con sus brazos. Edward solo se detuvo por un momento para admirarla. ―¡Dios que belleza!― No quería retrasar el encuentro, pero solo quería conocerla porque jamás había visto una chica tan bonita como ella. —¿Qué hace una chica como tú tan sola en esta terraza? Podrían robarte. —dijo él haciendo que ella se giró para mirarlo, que lo que hizo Edward fue recorrerla con la mirada de tan solo pensar en lo primero que haría cuando le quitara ese vestido. Ella sólo estaba expectante, como si hubiera visto un fantasma y Edward le extendió la copa, la cual ella la acepta, pero la pone de lado del barandal sin siquiera darle un sorbo. ―No vas a beber de tu copa, porque realmente me di la tarea de pasar por toda esa gente sin tirar una sola gota. —comento él bebiendo de su copa. —Bueno, lo que pasa es que no suelo beber de copas que me inviten desconocidos y para esto…Disculpe, pero yo no lo conozco. —Buen argumento, realmente muy bueno, pero déjame decirte que, si me presento, bueno ya no seré un desconocido y para que te sientas más segura. —Hizo un chiflido para que uno de los meseros se acercará para entregar un par de copas, que cuando llega hacia ellos, solo le dio una copa de la cual ella sí recibió. —Así está mejor—dijo él sonriendo. —Bueno si, digamos que si, al menos sé que no pusiste nada en mi bebida— le dijo sonriendo y Edward notó que su sonrisa era hermosa y genuina—. Bueno no me dijiste ¿Qué haces aquí sola? —pregunto él de nuevo. —Solo salí a tomar aire fresco, ahí dentro me estaba asfixiando. —comento la mujer comenzando a beber de su copa. —Solo a tomar aire o para alejarte de ese chico que no te dejaba ni respirar ¿Acaso es tu novio? —pregunto él interesado, pero ella lo miró como si él tuviera dos cabezas. —Vaya señor… —Macmillan —dijo Edward su apellido con orgullo, ya que era su As bajo la manga, porque sabía que con solo decir su apellido caían como moscas —. Pero dime entonces, ya que estoy intrigado—comento sonriendo, ya que era lo más infalible que podía tener. —Bueno digamos que es un amigo con ciertos derechos, pero que quiere tener todos los derechos sobre mí y etiquetarme su nombre en la frente, sin siquiera saber ¿Qué es lo que quiero? ― dijo bebiendo de tajo de su copa. —Te entiendo, pero ¿Por qué lo aguantas? Podrías encontrar a alguien mejor, alguien que sí sepa lo que quieres—hablo parándose de frente a ella y posando sus manos a lado de ella, como acorralándola—. Alguien como yo—comento Edward mirando sus ojos, que, por falta de luz, aun no podía distinguir el color. —Así que señor… Macmillan ¿Usted cómo puede saber lo que yo quiero? Si no tiene más que solo unos minutos que estamos platicando, no creo que en tan poco tiempo, pueda saberlo. —comento algo nerviosa. —Bueno porque una mujer como tú, debe tener a su lado a un hombre como yo—dijo con una sonrisa de soslayo. Ella se carcajeó. —Jajajajjajaj Esa es una de tantas historias que me han dicho, pero debo reconocer que su argumento es bueno, pero temo decirle que ya lo han utilizado antes. — Le comento muy ladinamente riéndose de él. —Bueno, tengo muchos más argumentos que podría decirte, solo si nos vamos de aquí ¿Qué te parece? Podría llevarte a conocer las estrellas si te dejas llevar. —dijo, sin dejar su posición y solo mirando su escote que estaba bastante pronunciado. En ese instante uno de los mayordomos de la casa, entra a la terraza… —Señorita solicitan su presencia en el salón. Ella miró por encima de su hombro y contestó. —Si enseguida voy —dijo regresando la mirada a Edward y bajo la mirada para susurrarle—. Debo irme. Le quitó el brazo y Edward solo la jalo para tomarla de su cintura, lo que había querido hacer desde que la vio. —No te vayas, quédate un momento más— susurro, solo atajándole el paso. —No puedo, lo siento—le contesto y ella comenzó a caminar como si huyera de algo, quizás de él. —Dime tu nombre por lo menos, no me dejes con esa intriga—dijo él metiendo una de sus manos en su pantalón y con la otra solo bebiendo de la copa que estaba en el barandal, si esa que ella no quiso beber. Pero ella entró de nuevo al salón sin siquiera decirle su nombre, pero él lo iba a averiguar o se dejaba de llamar Edward Macmillan. En la fiesta que se ofreció en su nombre, Camila nunca se imaginó que se iba a encontrar con la persona que jamás pensó que vería y menos de esa forma. De verdad que había sido muy extraño y aun peor lo que sintió. La abuela ya le había dicho que vendría, pero nunca se imaginó que así sería su encuentro. Estaba en la fiesta con algunos amigos con los cuales se acababa de graduar y uno de esos amigos era Diego de Luca. Camila lo quería mucho pero no tanto como para comprometerse, todo el mundo pensaba que terminarían juntos. Pero la verdad es que Camila no lo veía así. Y era la razón por la que habían discutido, porque le había vuelto a pedir que fuera su novia. Pero Diego no solo quería comenzar una relación, si no que ya quería que se comprometieran a la de ya. Y por más que Camila busco dentro de ella, no encontró el amor que él quería que le diese. Sabía que él estaba muy enamorado de ella desde que la conoció, aparte de que todo el que los llegase a conocer pensaba que serían la pareja perfecta: jóvenes y millonarios, ¿Qué más podría pedir? Mamá Elena, su abuela adoptiva estaría feliz con esa noticia, pero la verdad es que Camila no sentía ese clip cuando veías a esa persona, ese que te hace ver las estrellas y que te hace sentir que se te va a salir el corazón. Después de aquella discusión con Diego solo salió a tomar un poco de aire, se sentía asfixiada con tanta presión, sobre todo de parte de Diego que desde que la conoció no quitaba el dedo del renglón. De hecho, Camila fue su novia por un tiempo, pero lo termino, ya que no perdía momento para que los comprometieran y honestamente a veces Camila sentía que no era por ella, sino por su apellido “Miller Macmillan.” Ese apellido a pesar de que era de su madre y que fue el que la salvó de no parar a la calle, pesaba demasiado. Nunca se sabía quién se acercaba porque realmente la querían o por lo que representaba. Y honestamente eran muy pocas las personas a las cuales Camila podía llamar amigos o amigas. Aparte de que fue dotada por una exuberante belleza que lejos de ayudar a veces le afectaba. Cuando era más pequeña en el internado, las maestras siempre hacían una distinción entre las alumnas. Camila obtuvo muchísimos más privilegios que todas sus compañeras y eso era objeto de burlas y sobre todo odio de parte de ellas. Conforme fue creciendo Camila se dio cuenta de que todos querían ser sus amigos, ya que al decir su apellido los padres los obligaban a que se hicieran amigos de ella, puesto que representaba dinero. Inclusive una vez fue objeto de un plan para sacarle dinero a su familia, la llevaron a un cine y como debía apagar su celular, la familia de la chica le llamó a la abuela para decirle que estaba secuestrada. La pobre de la señora Elena casi le da un infarto, inmediatamente la buscaron y cuando dieron con ella fue llevada de inmediato fuera del país, donde cursó un año para terminar la preparatoria, pero su seguridad era primero. Cuando entro a la universidad pidió que no dijeran quién era, al principio fue muy reconfortante el saber que nadie sabía que, era una millonaria que andaba en el campus, pero después del primer semestre una exnovia de Diego la investigo y regó como pólvora que era hija adoptiva de los Macmillan porque el apellido Miller, ni lo tomaban en cuenta. Y su estancia se convirtió en un infierno. Diego más que la verdad se convirtió en su fiel protector y su más fiel admirador, fue la razón por la que aceptó ser su novia, pero pasado el tiempo Camila entendió que por Diego solo sentía cariño como de un hermano, así como quería a John Miller su hermano, ese era el cariño que sentía por ambos. John a pesar de que sabía que no era su hermana de sangre la aceptaba y la quería como si lo fuera. Camila sabía que el cariño que había entre ambos era genuino, siempre estaban en contacto a pesar de que casi no se veían. Pero en los últimos años, cuando su padre prácticamente lo dejó en Londres, fue cuando la comunicación se hizo más presente. Lo quería tanto puesto que los dos compartían los mismos recuerdos de su madre Noelia. Esa era una de las tantas discusiones que tenía con Diego, sobre que no quería que lo viera como un hermano, sino que quería que fuera su novia en toda la atención de la palabra, quería intimar con ella, puesto que la deseaba. Pero Camila sabía que si hacía eso, no habría retorno, Diego terminaría por asfixiarla. Hoy no fue la excepción, Camila estaba muy amenamente platicando con los chicos y uno de ellos la invitó a bailar, solo basto que la jalara a bailar, para decir que dejara de coquetear puesto que ella era su novia… —Camilla que Chévere esta la fiesta. —dijo Jorge en su forma de referirse a la fiesta, ya que era venezolano. —Sí, pues gracias yo pensé que iba estar un poco aburrida pero como siempre Larry se ocupó de que no fuera así, creo que él siempre entiende lo que deseo. —Comentó Camila, sintiendo la música que la llamaba a bailar. —Sí pues amor, veo que tienes ganas de bailar, ¿Qué te parece si bailamos? —le preguntó Jorge amablemente. —¡Oye idiota! ¿Por qué le dices mi amor a Camila? Recuerda que es mi novia y no ¡Ella no va a bailar contigo, ni con nadie! —dijo Diego tomándole del brazo para encarar a Jorge. —Diego te podrías calmar, en primera: No soy tu novia y en segunda yo puedo bailar con quien a mí se me pegue la maldita gana. —dijo Camila separándose del grupo, para caminar hacia la terraza. Necesitaba aire, necesitaba despejar su mente de algo que ya sentía que la molestaba de sobremanera. Camila camino hacia la terraza, casi corriendo, solo llevó sus manos a su pecho y se detuvo admirar el cielo, cuando de repente alguien llegó hasta ella, así sin más asediando. Llevaba en sus manos dos copas de champán, que le dio una en la mano que con el solo toque de sus dedos sintió un choque eléctrico. Camila nunca había sentido nada parecido hasta esa noche, cuando lo vio en aquella terraza, muy imponente y con una seguridad que pocos tenían. Si no fuera porque sabía quién era. Quizás hubiera sucumbido a sus adulaciones y a su seducción. Que Camila debía confesar que estaba fascinada, nunca en su vida un hombre le había abordado de esa manera; tan dominante y a la vez con tanta sensualidad tan arrolladora, que sentía que debía ser prudente, pero Camila estuvo a punto de arrojarse a sus brazos. A Camila le dio mucha risa, el ver que no tenía la más remota idea de quién era ella, pero ella sí sabía quién era él. Mamá Elena nunca paraba de enseñarle sus fotografías y hasta estaba de más decir que las r************* explotaban con sus fotos siempre acompañado de mujeres hermosas. Pero Edward Macmillan si, en las fotos era muy guapo, ya en vivo y a todo color, bueno el hombre era aún más imponente. Pero de todos los hombres que eran prohibidos para ella, aparte de John, bueno estaba Edward Macmillan, al que debía ver como lo que era “Su tío.” Si, ese que hizo que no la echaran a la calle, como algunos pretendían, pero la verdad como nunca convivió con él, bueno no es que el cerebro se le nuble porque era muy guapo, pero no existía ese sentimiento de por medio. Camila estaba muy sorprendida de verlo, de hecho, pensó que ni siquiera llegaría a la fiesta, puesto que era un hombre muy ocupado y sobre todo que había comenzado a abordarla, como cualquier chica que estaba en la fiesta. A Camila le dio mucha risa cuando le dijo que él sí sabía lo que ella quería, cosa que la hizo interesarse y más cuando quería que bebiera de la copa que le había traído que según él, tuvo que pasar por mucha gente para que llegara a sus manos. Su sonrisa era encantadora, cuando le dijo que cuando alguien le invitaba una copa, sin ver que no tuviera nada nocivo para ella, que la rechazó, su cara era un verdadero poema, cuando le dijo que no bebía de copas que ofrecían los extraños y que él lo era. Lo que hizo él después la sorprendió muchísimo, puesto que dio un chiflido e hizo que el mesero trajera un par de copas más. Fue cuando Camila lo miró a los ojos y aceptó la copa, la cual bebió, pero la verdad era que le puso muy nerviosa cuando de repente la atrapó cuando coloco sus manos acechándola, que fue cuando sintió su loción embriagante que la tenía atónita, hasta que vino uno de los mayordomos avisarle que hablaban. Continuara…
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