Capítulo 4

2696 Words
Capítulo 4 —Si enseguida voy —contesto por encima del hombro de Edward, solo quitando su brazo y bajó un poco la mirada para decirle—. Debo irme, me llaman —pero él le atajó el paso y cuando empezó a caminar le tomó de la cintura y le susurro… —No te vayas, quédate un momento más. —No puedo lo siento— dijo y entró de nuevo al salón, ya que ella sabía que era hora de apagar las velas del pastel que, con tanto amor su mamá Elena le mandó hacer. Al entrar al salón Camila espero en una esquina y miro que la señora Elena, tenía un anuncio importante que hacer y solo suena una copa. —Señoras y señores, en este día especial me es grato anunciar que mi mayor orgullo acaba de llegar a mi casa, mi nieto que ha estado fuera por muchos años ha regresado. —Dijo la abuela llamando a su lado a Edward, que entró por una de las puertas laterales sonriéndole y acercándose a darle un beso en la mejilla. —Hijo que alegría que hayas regresado, de verdad mi corazón está de lo más feliz de tenerte de regreso. —dijo mirando a los presentes—. Señoras y señores mi nieto Edward Macmillan. Todos los presentes comenzaron a aplaudir, cuando Edward se dirigió a los presentes… —Buenas noches espero que la estén pasando muy bien, realmente me es grato regresar a mi país después de tanto tiempo y poder retomar las riendas de la empresa. Esas riendas que durante mucho tiempo las llevó mi padre y por el momento las ha llevado Larry Dumont que es como un hermano para mí y parte de esta familia. ―hablo tomando una copa para mirar a Larry que desde su distancia le decía salud, en señal de hermandad. ≥ Pero ahora me toca regresar, para ayudarlo hacer crecer más el legado de Thomas Macmillan, mi padre. » Pero bueno esta fiesta no solo es por mi regreso, sino que tengo entendido que mi sobrina Camila Miller está celebrando no solo su cumpleaños, sino también su graduación por su maestría que acaba de concluir y que esta familia está muy orgullosa de ese gran logro. Así que Camila si te puedes acercar. —Dijo Edward buscándola con la mirada, sin saber realmente a quien iba a encontrar y la abuela solo la ubica, la cual la llamo muy sonriente… —Vamos hija acércate ―llamándola con la mano. Camila se acercó hasta ella para darle un beso en la mejilla y comenzaron a cantar las mañanitas, cuando menos se lo esperaba se apagan las luces para que solo ella soplara en el pastel. —Hija, no te olvides de pedir un deseo —le dijo la señora Elena a lo que ella solo cerró los ojos y al abrirlos solo sopló, para apagar las 24 velas que estaban enfrente de ella. Al regresar solo le dio un fuerte abrazo, el cual le siguió Larry quien se acercó junto con Edward, quien notó que estaba muy serio al verle. Se notaba que hacía un esfuerzo por no mirarla y Camila creía entender el shock que debía tener al no reconocerla. —Vamos hijo, no vas a felicitar a Camila —dijo la señora Elena, solo alentándolo a que se le acercara. —Claro que sí abuela —hablo él acercándose a ella para darle un abrazo el cual recibió, solo Camila se aferró, puesto que sentía que si no lo hacía iba a desmayarse. Pero Edward solo le susurro en el oído—. Supongo que te divertiste conmigo allá afuera ¿No es así? —le pregunto muy serio y al terminar el abrazo, solo le clavó su mirada en sus ojos que Camila se quedó atónita por su frialdad. —Bueno ahora ya sabes quién soy ¿No? —le pregunto con la misma frialdad, pero no espero su respuesta ya que todos los chicos la comenzaron a felicitar igual, que solo se fue con ellos para seguir la fiesta. Ya que como le había dicho a Larry siempre sabía lo que uno necesitaba y esa noche no iba a ser la excepción, ya que contrató al DJ David Ghetta, así que todos estaban eufóricos cuando solo apareció detrás de unas cortinas que habían puesto, ya que sería una sorpresa hasta para Camila. Camila se perdió entre la gente ya que el salón se dividía en dos, uno donde los jóvenes por así decirlo solo se divertían y por el otro lado, donde de seguro iban abordar a Larry junto con Edward para hacer negocios. Camila se dedicó a bailar sintiendo la música, no sabía porque pero se sentía sumamente feliz, creía que era el mejor cumpleaños que había tenido. —Vamos Camila, hay que bailar porque esto es solo una vez en la vida. —le dijo su amiga Erika Salinas, ella era de México y estudió junto con ella la maestría. Jorge Betancourt se le acercó y comenzó a bailar con ella, así como otras de sus compañeras, que igual se estaban divirtiendo. Diego se había perdido, debía estar molesto por la discusión que tuvieron puesto que no lograba lo que quería que era someterla, pero la verdad es que Camila no quería enfrascarse en nada. Camila solo quería disfrutar de la música que sentía como de su cuerpo que se mueve al ritmo de una manera sensual, porque ahora se sentía así, eufórica con mucha energía, que Camila solo bailaba sin preocuparse de nada. Sin querer miro hasta donde estaba el grupo de personas y ahí estaba Edward mirándola que ella no sabía porque, pero ella se sentía hechizada que no podía apartar la mirada de Edward. —Oye Camila qué guapo está tú tío ¿No crees? Tienes que presentármelo, la verdad me vendría bien ser tu tía —Comento Erika, bailando muy sensual al ver que Edward estaba mirando a su grupo. —Venga Camila ¿Está soltero, casado, amantes, amigas con derecho? —pregunto Leyla una de sus compañeras de maestría con mucho interés. Camila desvió un poco la mirada hasta donde se estaba tomando una copa con Larry, pero la verdad es que ella sabía muy poco de él y en sus r************* como todo era manejado por un publicista, así que no se podía saber si lo que decía ahí era verdad o no. La verdad es que Camila no lo veía desde que cumplió 15 años, ella solo lo saludo ya que John y ella salían para Londres, pero de ahí no lo volvió a ver. —Pues nada, pues tu tío está para comérselo, si desde aquí te puedo decir que no descansaré hasta que me pida una cita. —dijo Lyla, sin dejar de verlo hasta que Edward la saludo con su copa desde la distancia. —Oye Camila ¿Y John? No sé supone que vendría para tu fiesta— le preguntó Sabrina, otra compañera que ella era de Rusia y que desde que conoció a John en las vacaciones del verano pasado, quedó prendada de él. —No, ya no puedo llegar, él decidió que va a estudiar su posgrado en Londres, así que no vendrá hasta navidad en vacaciones. —contesto Camila, tomando una copa de champan que el mesero le ofreció. —Lastima la verdad es que, si quería verlo antes de irme a Rusia, no creo que pueda regresar después, ya sabes mi padre puede que no me deje regresar, lo más seguro es que me comprometa de inmediato. —comento Sabrina con un poco de tristeza, pero Camila conocía a John y sabía que Sabrina no le interesaba, si hubiese tenido interés simplemente cambiaría su residencia y la hubiera invitado a salir, pero nada ocurrió, Sabrina solo fue la que se entusiasmó con él. La fiesta siguió y todas sus compañeras se la pasaron preguntando por: John, Larry, Israel y por Edward por supuesto, ellas no dejaban títere sin cabeza. —¡Bueno que ustedes no pueden encontrar opciones fuera de los hombres de mi familia, digo que hay más peces en el mar! —exclamo Camila, ya un poco abrumada que hasta Fatma preguntó muy insistente y eso que era musulmana. —Bueno tía que te digo maja, si los hombres de tu familia están bien papaítos y millonarios, obvio que estamos interesadas —dijo Carmen, su compañera española que era prima del príncipe Felipe de España—. Pero bueno tú no nos entiendes porque para ti, son como peces ahí en la pecera, mientras que para nosotras pueden ser los mejores manjares que podamos tener. —Le dijo sonriendo. Camila analizó lo que le decían, ella los tenía a todos en la misma pecera, pero ¿A caso ella podía ver a Edward como alguien de su familia?, ¿Podría hacerlo? Ya que desde que lo vio en la terraza, no dejaba de inquietarse, menos con su mirada puesta en ella. Edward no apartaba la mirada molesto, pensando que solo estuvo haciendo el ridículo sin saberlo hasta que su abuela mando a llamar a Camila, fue ahí cuando Edward sintió que todo ese tiempo estuvo como un idiota, haciendo un trabajo de seducción que sería recompensado. Y más coraje le daba que Camila solo se estuviera riendo de él muy ladinamente, pero la iba hacer pagar por lo que le había hecho, eso no se iba a quedar así. Edward se fue con Larry que estaba platicando con unos inversionistas, ellos subieron a la parte alta del salón, ya que abajo había muchísimo ruido. Edward pidió al mesero que le trajera un whisky, ya que necesitaba algo más fuerte que solo champán, desde donde estaba no podía apartar la vista de ella, la observaba que bailaba muy sensual y ese vestido que le quedaba maravillosamente, que simplemente él sentía que debía de apartar la vista sino iba a cometer una imprudencia. Larry vio algo en él y Edward creyó que él intuía algo de lo que pasaba. —Camila se está divirtiendo mucho, creo que le gusto la sorpresa que le hizo tu abuela, aunque aún falta su regalo que ya lo traen mañana, será una sorpresa. ―dijo Larry, con una copa en la mano, disfrutando de la fiesta. ―Sí, creo que si se está divirtiendo ―se le quedó mirando―. Pero dime ¿Cuándo creció? Porque hasta donde yo recuerdo; la última vez que la vi, solo era una niña que ni senos tenía, ¿Cuándo saco ese trasero que tiene ahora? ―pregunto sin apartar la vista, observando que uno de los chicos que estaba con ella, está muy pegado y eso a Edward le molestaba. —Bueno la fui a dejar al internado en Londres junto con John y cuando fui por ella, porque la señora Elena se enfermó, bueno ya regresó así, como la estás viendo— Le dijo chocando su copa con él como si eso fuera cualquier cosa—. Tenía que crecer, no se iba a quedar como una niña para siempre ¿No? ―dijo sonriendo, que para Larry solo era la bebe de los Macmillan, para los efectos que fueran. —Sí, es solo que me sorprendió lo bella que está, realmente nunca me imaginé encontrar a una mujer a la niña con los cachetes como manzana, que recuerdo. —dijo Edward sin apartar la vista de ella, que de hecho todas sus amigas lo miraban, hasta a una la saludo con la copa diciéndole salud—. Dime ¿Qué sorpresa le tiene la abuela?, ¿Por qué tanto misterio? —Bueno, aparte de que le va a cambiar el coche, le va a regalar un penthouses cerca de la empresa, para cuando no pueda venir a la mansión ya que queda un poco lejos. —dijo Larry. Edward sabía, que su abuela tenía a Camila exageradamente consentida. —No te parece que la abuela se excedió con ese regalo —Dijo Edward, ya que para qué quería Camila un departamento de esa magnitud, solo para… ¡Diablos! Estaba poniendo imágenes en su cabeza que no quería tener—. Dime Larry ¿Camila tiene novio? —pregunto como un susurro. —Pues tiene muchos admiradores y si hay un amigo que ella, bueno es con el que sale, pero yo a esa relación no le veo futuro, al menos no de parte de ella, ya que por lo que se, ha tratado de comprometerse con ella y Camila lo evade. Más bien creo que es la familia de él la que trata de que ella lo acepte, ya sabes lo que Camila representa para esta familia. ―Dijo bebiendo de su copa. —Si una millonaria en potencia, supongo —dijo Edward, sin apartar la mirada de uno de los chicos que no apartaba la vista de ella—. Dime ¿Ese es el chico? —pregunto él mientras le daba un sorbo a su bebida. ―No, ese chico solo es un compañero de la maestría, es otro un tal Diego de Luca, hijo de un italiano dueño de una empresa en telecomunicaciones, no les va mal de hecho, si se llegan a comprometer, para ellos sería como si los Macmillan firmaran un cheque en blanco. ―comenta terminando su copa y tomando una nueva. ―Vaya podrías darme un informe de él y sobre todo un informe de Camila, ya sabes ¿Quiénes son sus amigos?, ¿Qué le gusta?, ¿Qué no? ―dijo Edward bebiendo de su copa y pidiendo al mesero que le trajera otro trago. ―Ay no me digas que te vas a poner en plan de tío celoso, vamos Edward eso ya lo hizo tu abuela y déjame decirte que ve con muy buenos ojos esa relación. ―hablo Larry, solo sorbiendo de su copa. ―No son celos, es solo que quiero saber ¿Dónde va a ir a parar el dinero de mi hermana? Aparte de que ella, es la luz de mamá Elena y no quiero que solo se la lleve un tipejo que no vale la pena. ―comento, pero muy dentro de él sentía que algo le molestaba y eso no estaba bien, aun así, quería saber ¿Quién era Camilla Miller? Que a pesar de ser de su familia, no la conocía y si, realmente quería saber todo de ella. —Está bien, para tu tranquilidad en la semana te hago un reporte de todo, ya cambia esa cara y vamos que quiero presentarte al dueño del banco de Boston, está muy interesado en hablar contigo. —Le dijo Larry casi llevándolo a rastras, ya que él solo quería estar ahí viendo a Camila, que lo tenía hechizado, él jamás se imaginó que una mujer le fuera llamar tanto la atención. Él había salido con muchas mujeres y muchas de ellas con unos estándares de belleza muy altos. La fiesta terminó alrededor de las cinco de la mañana y Edward se subió a su habitación, ya que la mayoría de los invitados se habían ido, Edward solo se aseguró que Camila ya estuviera en su habitación, hasta se sintió como el papá de la pollita encerrándola en el gallinero. Subió a su habitación, estaba cansado después de tremenda fiesta, solo quería dormir así que en cuanto topo la cama se quedó totalmente dormido, hasta que un ruido de gente y música lo despertó. Edward solo busco su reloj y vio que eran las once de la mañana ―¡Por Dios! ¿Quién hacía semejante ruido? Edward se levantó y miró por la ventana, un grupo de jóvenes que estaban en la alberca duchándose, así como otros bailando, pero si la fiesta fue ayer ¿Qué era todo eso?―se preguntó al escuchar la música a todo volumen. Edward se fue a dar una ducha, la cual solo lo reconfortaba un poco la verdad, tenía un poco de resaca y el dolor de cabeza que tenía se hacía más agudo, más con ese ruido que solo lo hacía enfurecer. Continuará…
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