Capítulo 5

2655 Words
Capítulo 5 Edward bajó a desayunar en pijama sin camisa, solo con un albornoz puesto, iba saliendo de su habitación y Camila venía subiendo con un traje de baño en color coral que hacía lucir su piel más blanca de lo que ya era, solo dejándolo atónito con su escultural cuerpo. —Hola buenos días —le dijo ella sonriendo. La verdad Edward estaba tan molesto que solo le hizo una mueca y más al verla con ese traje de baño que no dejaba nada a la imaginación, solo con un pareo en la cintura y hasta eso transparente. Todos los empleados estaban embobados viéndola como subía las escaleras. —No veo que tenga de buenos— contestó fríamente. —Ay, amaneciste de malas— le dijo deteniéndose a un lado de él. —Pues si no dejan dormir tus amigos ¿Cómo quieres que no esté de malas? —contesto él, solo dando una mirada discreta a su cuerpo que estaba demasiado voluptuoso la verdad. ―Disculpa por el ruido, es que mis amigos, la mayoría se van mañana y quisieron hacer algo antes de separarnos, ya que será muy difícil volver a vernos después. ―le comenta con una sonrisa. ―¡Dios no me sonrías así! — pensó Edward, solo trato de mirar para otro lado, para no conectar con sus ojos porque si lo seguía haciendo, terminaría deseándola más de lo que ya lo hacía. ―Bien ―dijo con desgano y siguió bajando, tratando de no poner atención, pero no pudo, solo se giró y le dijo― ¡¿Camila, siempre que estas en la alberca andas así por toda la mansión?! ―Sí, ni modo que me bañe con ropa, digo para eso se hicieron los trajes de baño ¿No? ―le contesta, en lo que termina de llegar hasta donde terminan los escalones. Edward siguió bajando hasta llegar a la terraza donde ya mamá Elena, lo estaba esperando para desayunar… ―Hijo, que bueno que despertaste pensé que desayunaría sola ―comento la abuela, muy sonriente y feliz de tenerlo en casa. Edward se acercó para darle un beso en la mejilla, se sentó en el asiento a un lado de ella solo viendo como esos chicos jugaban con las chicas. Unas las cargaban y las aventaban a la alberca. Él solo observó como Camila llegaba y se quitaba el pareo enfrente de todos, que hasta él mismo se quedó en shock. Y miro que uno de ellos la cargo para aventarla en la alberca. Eso lo molestó, jamás en la vida lo ha molestado el hecho de que una chica que conociera se divierta, pero con Camila solo le molestaba. En lo que le servían el desayuno, él tomó el periódico y lo comenzó a ojear para ver cómo estaba la bolsa, pero cada que ojeaba solo miraba hacia la alberca. —Hijo, estaba pensando que ya que te vas a integrar en la empresa lo hagas junto con Camila, ella necesita un mentor y Larry la verdad la consiente demasiado, que temo que no vea su trabajo como algo importante, porque sé que Larry hará todo por ella. —le dijo haciendo que lo mirara. —¿Cómo?, ¿Larry la consiente? Creo que la que la consiente demasiado eres tú ¿No lo crees? — preguntó él al ver como uno de esos inútiles solo rodeaba a Camila en la alberca. ―Hijo, como no consentirla si es mi única compañía y es la única que me hace sonreír cuando me acompaña a desayunar, que ahora que se vaya a trabajar a la empresa y se quede en su departamento la voy a extrañar demasiado. ―dijo bebiendo de su taza con café. ―Abuela, Larry me informo que hay un tipo que la anda rondando y que tú lo apruebas ¿Estas seguras que es un buen tipo? ―pregunto, sin apartar la vista de esa bola de estúpidos que no dejaban de mirarla cada que Camila salía de la alberca, si lo sabía él que era uno de ellos, pero qué podía hacer era hombre, pero con él debía haber una excepción ¿Qué no? Ella era de su familia. Edward sabía que así no debía de verla, solo que desde aquella anoche de que la vio con ese vestido, solo no podía apartar su vista de ella, que no sabía cómo controlar su lívido. ―Hijo, Camila ya va a recibir su herencia que le dejó tu hermana, aparte de eso ella es una chica hermosa ¿No creo que de eso no te hayas dado cuenta? Digo, sí a la vista de todos lo es, por esa razón la cuido muy bien, se quienes están acercan de ella. Una: porque no quiero a cualquier vividor rondándola y dos, porque algún día se tendrá que casar y quiero que se case por amor, eso hubiera querido tu hermana para ella. ―comento Mamá Elena solo picando algo de fruta―. A veces pienso que tu hermana sabía que me quedaría muy sola y la trajo a esta familia para que fuera mi compañía. ―Lo sé, sé que mi hermana la adoraba, para ella era su hija y fue la razón por la que decidí que estuviera dentro de la familia, solo que de todas maneras revisaré esos tipos que la rodean, algunos de ellos no me gustan. ―comento, en lo que comenzaba a comer su desayuno, que con lo molesto que estaba no sabía cómo pasar siquiera un bocado. ―Bien hijo, espero que realmente no encuentres nada fuera de lo usual, ya que ella es la niña de mis ojos y lo que menos quiero para ella, sería un patán o un mujeriego. ―comento clavando la mirada en él―. Como tu comprenderá ―continúo dejándolo con sus demonios atragantados en su garganta. No sé, qué, es lo que tratas de decir ―Comento Edward, carraspeando un poco y solo bebiendo un jugo de frutas para la resaca que tenía. ―Ay hijo, lo que es, que eres un mujeriego en potencia, se de todas tus andanzas así que solo lo diré una sola vez, guarda lo que tienes entre tus piernas para todas las chicas, que están fuera de esta mansión, pero para la de aquí la respetas ¡Me escuchaste! ―exclama mamá Elena como advertencia. ―¿Qué? Yo jamás vería a Camila como una más de mis conquistas abuela, además es la hija de mi hermana, es mi sobrina a los ojos de la sociedad, eso sería incestuoso. ―dijo, solo negando con la cabeza. ―Más te vale, porque no dejaré que lastimes a lo único que me ha sostenido con vida, ella está fuera de tu alcance Edward, espero que no tenga que repetírtelo. ―dijo la abuela, solo levantándose para irse a sus actividades. Solo lo dejo ahí, sin poder creer todo lo que dijo su abuela ¡Por Dios! Una cosa que la chica si le llamase su atención y otra que él siquiera la viera como una posible conquista, no… ¿O sí? La señora Elena Macmillan, sí sabía muy bien qué era lo que quería y una cosa era segura, que cuando a ella se le metía algo entre ceja y ceja, no paraba hasta conseguirlo, una de esas cosas era que su nieto Edward Macmilan sentara cabeza. Y dejara de andar entre cama y cama, pero eso sólo podría lograrlo poniendo a la chica correcta a la vista, que para ella no había otra más que Camila Miller, que ella se había encargado de educarla para que fuera la próxima señora Macmillan ¿Quién más? Que al parecer ya la trampa que les puso, estaba haciendo efecto, solo esperaba que todo lo que estaba haciendo le diera el resultado esperado. La señora Elena, sabía que Camila no tenía un interés real con Diego de Luca, ya que hasta ella misma se lo había sugerido, pero al ver que Edward su nieto que al llegar no podía apartar la vista de Camila, en esa misma noche maquino algo para que esos dos se unieran. Así mataría dos pájaros de un tiro, la niña de sus ojos no se iría muy lejos de ella y su nieto, por fin podría formar una familia, pero eso solo podía lograrlo haciéndole creer que jamás permitiría una relación entre ellos. Por ahí dicen que lo que más deseas y no puedes conseguirlo, es a lo que más empeño, le puedes poner para conseguirlo. Solo necesitaría un poquito de ayuda, para juntar a esos dos, que para esas ya tenía uno de su lado y ese solo podría ser Larry… ―Dime hijo ¿Ya está todo como lo pedí? ―pregunto la señora Elena Macmillan, solo tomando unos documentos en su mano. ―Así es señora Elena, el departamento está totalmente equipado y las oficinas igual, ya están listas para ser ocupadas por ellos. ―contesto Larry, solo acomodando sus lentes. ―Bien, esto debe ser lo más natural que se pueda, cuando él te diga que ella le llama la atención, tu solo debes decirle que mire a otro lado, que busque a alguien más y búscale novia, preséntale a alguien, en fin, que sienta que está fuera de su alcance. ―dice acomodando sus lentes y sentándose en su escritorio. ―Señora, pero está segura que funcionara, digo quizás Edward no quiera una relación seria con ella y pues… ―Conozco a mi gente, conozco a mi nieto, sé que cuando sienta que no la pueda tener hará todo para poder obtenerla y yo no se la voy a poner fácil, haré lo que les hacen a los ratones antes de atraparlos, le pondré el queso a la vista para que lo quiera comer y una vez, que este apunto de llegar a siquiera probarlo, ya estará cazado. ―dijo sonriendo, muy segura de lo que pensaba. ―Bien yo solo haré lo que usted me diga, pero de ahí para adelante yo no me hago responsable de lo que suceda, Edward es muy perspicaz y si sabe que es una trampa, se puede molestar mucho. ―comenta Larry, solo pasándole unos documentos para que los firmara. ―Bueno correré el riesgo, además no pierdo la esperanza de que ese ruido de allá fuera, solo sea por una fiesta infantil para uno de sus bebés, así que deja que yo haga algo para que esta familia crezca. ―dijo sonriendo, terminando de firmar los documentos y mirando por la ventana, viendo como Edward se fue a un camastro para estar cerca del queso que había puesto en el plato. Un delicioso queso suizo, perfectamente curtido a su tiempo, por la mejor de las cocineras de la familia Macmillan, solo esperando que su nieto siquiera se atreviera a probarlo y cayera en la trampa que le había puesto. Edward se fue hasta un camastro cerca de la alberca, estaba inquieto por lo que mamá Elena le había dicho. ¿Acaso era muy obvio? Nadie lo culparía si él miraba de más a Camila. Ella era un monumento de mujer, además él era un hombre y dirían que Camila no llevaba su sangre, era hija adoptiva de su hermana. ¡Pero como si no hubiese más mujeres! Edward negó con la cabeza, cuando una de las amigas de Camila se le acercó. —Hola, porque no te unes a la fiesta —Le dijo invitándole para que fuera a la alberca, pero él la verdad debía hacer algo para quitarse a Camila de la cabeza, sentía que entre más cerca estaba de ella más la deseaba. Lo que le dijo la abuela lo dejó frío, era como si le prohibiera acercarse a ella y eso a la vez de alejarlo, hacía que quisiera acercarse más, a la fruta prohibida era lo que más le gustaba. Edward solo miró a la chica que le sonreía y la verdad no estaba para nada mal, así que solo le sonrió bajo sus lentes de sol. —La verdad no sé me apetece meterme a la alberca, pero sí me gustaría un trago—. Le dijo levantándose y solo dejándose guiar por ella, hasta donde estaban los demás. Le invitaron una cerveza que era lo que la mayoría estaba bebiendo. Edward se sentó a lado de la chica, que solo tenía metida la parte de sus piernas en la alberca, Camila estaba jugando con una amiga con una pelota y los otros chicos igual bebían. —Vaya jamás pensé que podría conocer al gran Edward Macmillan, si solo era un misterio hasta anoche, que llegamos a pensar que solo eras un personaje imaginario de esta familia. —Le dijo la chica muy coqueta. —Pues soy de verdad, como ya me estás viendo —contesto él desviando la mirada y en ese momento llegó la mosca en la sopa, el tal Diego de Luca se pavoneaba como si fuera de la realeza. Llegó y comenzó a desvestirse quedando solo en bañador, se metió a la alberca de un salto para llegar rápidamente, hasta donde estaba Camila a la que con sus brazos solo el rodeo de la cintura. Cuando hizo eso Camilla, solo se soltó de su agarre y salió de la alberca, se acercó al otro tipo para que le destape una cerveza y este se la dio, solo salpicando agua fría de donde estaban las bebidas. —No hagas eso, está fría —comento ella sonriendo, Camila comenzó a beber de la botella, cuando en eso Diego se acercó a ella por detrás y ella lo volvió a esquivar haciéndole una mueca. —Diego porque no la dejas en paz, ella no quiere nada contigo —dijo Jorge, que también babeaba por ella. —¡Tú no te metas, ella es mi novia! —exclamo Diego solo abrazándola por detrás. —¡Diego ya te dije que yo no soy tu novia! ¡¿Hasta cuándo vas a entenderlo?! —Camila se soltó de su agarre y comenzó a caminar por la alberca tratando de esquivarlo, pero Diego va detrás solo tratando de tomar su mano. Para estas Edward ya estaba más que irritado por toda la situación, si algo él no toleraba era la insistencia de un hombre hacia una mujer, cuando te decían que no, era no. Aunque a él la verdad muchas mujeres no le habían dicho que no, solo un par si acaso y eso cuando era un adolecente. Camila comenzó a caminar dejando la alberca para ir adentro de la mansión, pero Diego le dio alcance y la tomó del brazo, Edward los siguió a una distancia considerable. —Camila… ¿A dónde vas? ¡Vamos a hablar! ¡Debemos hablar, tú y yo no podemos terminar! —La jalo a la fuerza para besarla. —¡Suéltame, yo ya terminé contigo y no tengo nada de qué hablar contigo! —exclamo ella forcejeándose. Edward no lo soportó más y se le fue encima. —¡¡Ella ya te dijo que no!! ¿Qué no entiendes? —le dijo Edward, dándole un derechazo en la cara, que hasta el suelo fue a dar. —¡Maldito desgraciado! ¿Quién te crees que eres? ¡Me rompiste la nariz, no sabes ni con quien te metiste! —le dijo levantándose y corrió para teclearlo hasta el suelo, a pesar de que Edward era un hombre grande y no por su edad, si no por su estatura. Edward se cayó al suelo, pero él fue más rápido y se volteó enseguida, que solo le dio otro golpe en la cara. —¡Basta! —grito Camila, comenzando a llorar asustada, Jorge el venezolano trató de separarlos, así como la gente de la servidumbre, ya cuando estaban separados el tal Diego no dejaba de amenazar. Continuará…
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