Millán

5000 Words
C A P Í T U L O C U A R E N T A Y U N O: Narrador omnisciente James y Hades, ambos tenían un solo motivo de hacer ahora, sacar de ahí a las chicas, habría sido bastante curioso cómo al final las cosas habrían sido peores de como habrían creído que saldrían, habría sido el mismísmo desastre en persona, y todo aquello que habrían creído que podría haber sido, no salió cómo estaba en sus planes, habría sido el mismo desastre. Ellas estaban calladas inmersas en su mundo, porque, parecía que todo lo que pasaba justo en su entorno se sentía mucho más pesado de lo que en algún punto creyeron que podría haber sido posible, era curioso, puesto, que ahora, las cosas en la mente de todos, estaba hecha un desastre. Pero, en algún lugar de la ciudad, habría alguien, que estaba demasiado asqueado por todo lo que sucedía. La carcel de Nueva York, habrían errado en creer que era un anónimo lo que les perseguía, puesto eran dos personas las que se encontraban ahora, frente a los verdugos de Katina y Marcus. —Por poco creí que no vendrían hoy—. Mencionó con tranquilidad él, a lo que suspiraron ellos con pesadez—. ¿Cómo van las cosas afuera? —Bien, les hemos tenido al tanto, vigilados, haciendo que fueran días pesados—. Hablo uno de ellos—, dudo que pasen una buena noche hoy, pasaran navidad con sus familias, Hades y Miranda, les acompañaron James y Taylor, así que será el mismo desastre en persona, dudo que la pasen bien. —Perfecto—, Alargó el verdugo—, Hemos planeado esto, por cinco años, desde el momento en el que ellos se fueron y las cosas quedaron inconclusas. —Ahora vengo—, dijo quien habría originado el plan en primero lugar. Así lo hizo, se levantó, saliendo del campo de visión de ambos, apenas eso sucedió aquel hombre miró al verdugo, esperando que le dijera que comenzaba a arrepentirse de lo que estaban pensando o algo parecido, en realidad, él era participe por un poco de presión, pero las razones les parecían un poco más que tontas, ¿Cómo podrías ir asesinando a cada persona que hacía algo que no te parecía? Parecía ser una de las cosas más tontas que habrían podido pensar o hacer. —¿Sigue en marcha esto?—, preguntó él, a lo que el verdugo le miró con una de sus cejas arqueadas, un poco incorforme de la duda que crecía dentro de él—. Es decir, ya estás en la carcel, prontamente te darán la libertad por buena conducta, ¿Estás seguro de que querrás hacerlo de nuevo? Pasar por todo este proceso una vez más. Ellos siempre habrían creído que la familia estaba por encima de todo, hasta que todo se habría terminado en asesinar, ¿En realidad eso les parecía coherente? —Si te estás arrepintiendo, es mal momento, de igual modo ya estás implicado—. Le dijo, mirando de reojo, por si aquella mente brillante aún no volvía—. No te servirá de nada intentar escapar ahora. Posiblemente, no. Pero no quería sentir la misma sensación que habría sentido aquel verdugo cuando se llevo la vida de dos adolescentes, en realidad, por mucho que lo pensará, entre más lo pensaba, para ser más específico, le parecía más y más ilógico, ellos habrían hecho eso por la razón pedida, pero... ¿Valía la pena? —Pero, no es razón para... Hacer todo esto—. Mencionó en un susurró—, Claro que merecen algo, por lo que hicieron, pero, ¿La muerte? Eso es... Demasiado. Claro que lo era, y en más de una ocasión el también lo habría pensado, pero, ¿Qué podrían hacer al respecto? No sentía aquel verdugo que fuera ya el momento de detener todo y dar la vuelta, ya no podían hacerlo, habría sido ya demasiado tarde para intentar creer que eso sería una solución. —Estás dentro, o estás fuera—, mencionó con tranquilidad—. Pero estás consiente que somos lo único que tiene, ¿Querrás ser tu también parte de...? —Sólo, deberíamos de parar. —Nos detendremos, cuando ellos mueran. No parecían tener la conciencia completamente centrada, en realidad, ninguno de los dos tenía la certeza del porque estaban haciendo esto en primer lugar, habría sido demasiado rapido todo, que si quiera pensar el como habría comenzado todo, sonaba un poco, extraño, en realidad. Así que, por mucho que ellos desearan dar la vuelta, habrían sido destinados para dar el paso, ser el karma de aquellas personas que en algún punto habrían ocasionado, bien dicen que el karma es un rey, así que, simplemente, era eso... Aunque, si pudieran decir, si se arrepentían, uno de ellos lo hacía, aquella persona que no quería seguir con el plan, aquella persona que se habría tomado el tiempo de conocerlos un poco más, habría sido un plan, ser su amigo habría sido un plan desde un inicio, pero, ahora, parecía ser un poco más lejano de la realidad, por mucho que deseará no hacerle daño a uno de sus amigos, las cosas se habrian salido ya de control, ya no había nada que hacer. O se retiraban los tres de manera digna, o seguían adelante, cómo un batallón en roma esperando la señal de atacar en aquel caballo de madera. Y a lo qué el comenzaba a darse cuenta, ninguno de los dos, aquel cerebro, y el verdugo, se darían por vencidos, no hasta terminar la historia que un día comenzó, no pensaban terminar con esto, no hasta que, las heridas fueran lo suficientemente profundas, y cuando eso en realidad estuviera sucediendo,no habría marcha atrás. No dejabas a un animal indefenso, a medio morir esperando que lo hiciera, torturado por el dolor, de mantenerse en el limbo, aquellos insectos que estaban a medio morir, los terminaban de asesinar, si o sí, porque sabían que no tenían salvación. Y eso era lo que sucedía. O terminaban justo ahora, o... Tendrían que ir, disparar hasta matar. —En un tiempo te darán la libertad absoluta, y se justamente el lugar en donde atacaremos—. Expresó el cerebro con una sonrisa de oreja a oreja, extendiendo un par de papeles—, Será en Milán. Y era curioso, el modo en el que a veces podíamos ser demasiado ciegos, sin mirar en nuestro alrededor, que la vida nos colocaba las cosas, justo en los ojos, sin darnos cuenta, perdíamos el tiempo, las dudas eran el peor enemigo de una persona, que sabía lo que sentía, pero no se atrevía a preguntar que era lo que sucedía con la otra persona. Miranda sí perdonó a James, quien le dijo, que no le forzaría par que quisiera una relación con él, pero por fin, habría terminado por escuchar todas las palabras que salían de los labios de James, dejando por claro, lo que habría sido la realidad, a veces, pasábamos el tiempo, pensando que teníamos la razón. Había veces que no la teníamos, creyentes de un dolor irracional, la vida extraña. Y quizá, cuando un día va mal… Siempre habrá personas mágicas, que te recuerdan que la vida nunca pudo haber sido mejor, quizá habrían pasado la mayor parte del tiempo creyendo, que en realidad conocían un poco de la vida, ¿Lo hacían? En realidad, ni un poco, eran dudosas las cosas que pasaban por su mente. Quizá la vida, se habría encargado, con suma seguridad, en demostrar, que lo que pasaba por su cabeza, era mucho más allá de una simple canción. James y Hades habrían estado con ellas, era gracioso, porque, si no hubieran sido tan ciegos, las cosas habrían sido mucho más fáciles… —¿A dónde vamos? —, preguntó Taylor, mirando de reojo a Hades —. Estoy en pijama, tu no, ¿Eso no es injusto? —Si fuera por ti pasarías toda la vida en pijama Tay, así que, ¿Cuál es el problema? —. Sabía que el habría dado justo en el blanco, ¿Cuál era el problema? —. Además, a lo que vamos a ir, no necesitas ponerte otra cosa. —Hades, ¿Por qué no accediste a casarte con Rose? —, Preguntó pasados unos segundos Taylor, dudosa de hacer la pregunta —. No me malentiendas, eso de arreglar los matrimonios me parece una tontería, es sólo que… —¿Qué…? —Pues, si se besaron, y… ¿En realidad ella no te gusta? ¿En lo más mínimo? —, preguntó —. Si no te gusta, ¿Por qué se besaron? Taylor sabía que aquella respuesta, si no era la que esperaba le terminaría por calar en el corazón, pero no lo dijo en voz alta, se mantuvo firme ante la curiosidad en saber, quería saberlo con todas las fuerzas de su interior, la curiosidad, era mucho más grande de lo que podría admitir. —Lo viste, ¿No es así? —, preguntó Hades, sin apartar la mirada del frente, ella hizo un sonido afirmativo —, pero, estoy seguro que no lo viste todo. —No me malentiendas, pero, no fue cómo… Mi intención verte besar a la chica tampoco —. Dijo ella con una mueca —. Fue algo que vi, podría decirse… Por accidente. —Ajá, yo no la besé —. Confesó Hades. Para mirar de reojo, notando cómo las facciones de ella se suavizaban —. Ella fue quien se acercó, y la aparte apenas sucedió. —Ya —, alargó, para mirar hacía la ventana. Por mucho que hubiera deseado que el sentimiento no fuera ese, le generó paz, demasiada paz, era cómo si aquellas palabras fueran lo único que estaba esperando escuchar, ¿Era eso? En un punto, aquel beso se le había introducido en las entrañas de una manera completamente irracional, creyó que terminaría por perder la cordura, o algo parecido, ¿Qué era lo que habría sucedido en su cabeza? Sabía que entre más pasaban los segundos las dudas de lo que sentía, se disipaban, pero tampoco era algo que le terminará por agradar del todo, al final del día, lo que ella esperaba, era que no le gustará Hades, y ahora en lo único que podía pensar, era en él, ¿No era gracioso? No era gracioso el modo en el cual se le habría colado en las entrañas, era un poco raro, se sentía hilarante. Hades sonrió de manera interna, le generaba un poco de paz saber que al final, habría sido eso… Celos. Hades lo habría sospechado en más de una ocasión, pero aquel modo en el que reaccionó al saber que el beso no habría significado nada para él, le generaba paz. Ahora, lo que sería la navidad. Ellos se habrían dado cuenta, que sus familias eran un toque desastroso, terminando por huir, aunque en realidad, la familia de James, Logan y Samara, era bastante tierna, en especial la de James, quien parecía sacada de una revista sobre consejos paternales. La cosa era, que ellos habrían decidido pasar las fiestas con la persona que amaban… Así que, estaban todos libres, por decirlo de un modo. Hades y Taylor, habrían comprado regalos para todos ellos, de manera graciosa, porque los dos solo iban por regalos para sus hermanos, pero, habría terminado siendo una compra, que les recordaba a sus seres queridos, sus amigos. Llegaron todos a la casa de Samara, apenas se estacionaron, los ojos de Taylor analizaron la estructura, mientras que en sus labios se dibujaba una sonrisa. Habrían huido constantemente de la vida, temerosos de lo que podría pasar, y ahora… Se encontraban aquí, con la vida hecha un encanto, después de uno de los días más amargos del mes. Ellas estaban enamoradas, las tres. Habrían estado deseando con demasiada fuerza una historia de este tipo, creyentes de que el amor, podría ser aquel que tocará su puerta, y a pesar de que Samara y Taylor eran del tipo de personas que se mofaban del amor, no habrían podido librarse de aquel deseo alguna vez, y los deseos… Se cumplen, aun así si se tarden un poco en hacerse realidad, los deseos terminaban por hacerse realidad, y ellas estarían ahí, encantadas de poder estar con la persona que amaban, un día tan especial, diciendo deseos estrellas en un murmuro entre susurros. Así que, ellas estaban enamoradas, de aquellos chicos que habrían jurado que no serían nunca aquella historia, ahora Samara, quien siempre se mofaba de Katina y Miranda por pedirle deseos a las estrellas, quien miraba por la ventana, mientras ellas bajaban del auto. Esta era la primera pagina de esta historia de amor, esperaba que podrían vivir aquel encanto, por siempre, sin que nadie les alejará de dicho amor. Esperaban que el amor les llevará eternamente a la realidad… —Por favor, que esto no terminé nunca —, Susurró mirando hacía el cielo, tomando aquella medalla que le habría dado Katina —. Tu fuiste quien me lleno la cabeza con estas cursilerías de amor, ahora… Que la historia sea eterna, para todas nosotras. Apenas lo deseo, suspiró, ¿Quién podría hablar del amor sin decir que alguna vez en realidad lo sintió? Eran del tipo de cosas que no se podían olvidar. Samara bajó con emoción las escaleras, para abrir la puerta, donde se encontraban sus amigas, les abrazó con fuerza, mientras ellas le regresaban el abrazo. ¿No es curiosa la forma en la que la vida te curaba el corazón? ¿No es graciosa la forma en la que las cosas terminan en el lugar y momento adecuados? —Por fin llegaron —. Alargó con una sonrisa Samara —. ¿Les gusta mi Pijama? —Así que fue tu idea —. Mencionó divertida Miranda —. Esta linda, una pijama, con estos suéteres… —Cursis, cómo lo pasaría la familia de James —. Se mofó Samara —. Quería que eso fuera, una navidad cursi. —Y si que llena lo cursi todo el alcohol que esta en la cocina —. Mencionó en burla James —. Me gusta tu temática, ¿Es una pijamada alcohólica? Samara se quedó pensando por unos segundos, pero terminó por darle la razón, era curioso, pero en realidad, era cómo si el tiempo se hubiera detenido por un par de segundos, cómo si el dolor jamás hubiera existido. —Pasen, que ya son las ocho de la noche, vamos retrasados —. Canturreó Samara —. Porque, espero que todos coman, antes de beber, no quiero que sean las doce de la noche y ya alguno este vomitando en mi baño. Era gracioso, pero, ellos no se daban cuenta, que Samara intentaba arreglar algo que no le habrían dicho que estaba roto, habría notado en los cuatro que habría sido un día demasiado… Caótico. Al final, Samara sabía que no podría remplazar a Katina, y no tenía si quiera un poco de intenciones en hacerlo, pero le resultaba gracioso, que desde que se habían reunido, es cómo si ella le dijera en el oído que decir. —¿Cómo es que ya tenían planeados dichos suéteres? —, preguntó Miranda, mirando hacía los demás —. Es decir, ¿De dónde los sacaron? —De una tienda, lista —, Le dijo con sarcasmo Hades —. ¿Qué acaso…? Se quedó callado al ver la mirada de James, cuando Miranda se estaba bañando, él salió rápido a buscar un suéter para ella y para él, uno que terminará por combinar, al final del día, quería hacer todas aquellas cosas que en un punto no hizo por ella, pero no quería que todo fuera tan evidente, de uno segundo a otro, por lo que habría dicho, que ella ya lo tenía. —Nosotros tenemos una noticia que darles —. Mencionó Samara, mirando de reojo a Logan, quien asintió —. Y esperamos… —¿Están embarazados? —, Taylor frunció las cejas confundida —. No, estás… Bueno, ¿Es eso? Samara sonrió con burla, para negar, habría dado por sentado, que así se escuchaba la noticia, esperamos… Claro que Taylor les habría interrumpido ante la duda. Logan se sentó junto a Samara, y tomó un pedazo de pizza, era curioso, pero parecía una especie de reunión familiar, era lindo, para ellos era bastante lindo creer, que mientras que ellos estuvieran ahí, lo demás funcionaría, ¿No era así? Suelen decir, que la familia uno no la escoge, esta llega de manera sorpresiva a tu vida, y en cierto modo, eso tiene razón. Aquel lazo sanguíneo no lo escoges, un día simplemente naces con una familia, hay ocasiones en las cuales puedes adaptarte en ella, e identificarte, y en otras ocasiones, que dicha familia se siente cómo una especie de tortura. —¿Por qué tanto misterio? ¿Qué es lo que pasa? —, preguntó James, dándole una mordida a su pizza. —Si —, alargó Taylor, imitando la acción de James —, ¡Cuenten! Era curioso, porque… Al final, ellos salían con las personalidades de sus mejores amigos… —Nosotros, somos novios —, Mencionó Samara, con lentitud. En realidad, Samara se habría imaginado una guerra nuclear cuando les dijera que salía con Logan, puesto que todos al final del día habrían sabido que era lo que sentía Paula por él, pero, no habría sido un mandato al corazón. Sin embargo, la última, en realidad no estaba muy interesada en pasar tiempo con ellos, era bastante curioso, puesto, que en realidad, aquella vez que fue a casa de Miranda a beber, en realidad, lo habría intentado, habría intentado con todas las fuerzas de su interior poder encajar con ellos, pero, se habría dado cuenta, que el tiempo habría pasado demasiado rápido, y antes de poderse dar cuenta, en realidad ellos ya no encajaban. —¿De verdad? —, Chilló emocionada Taylor, levantándose, sentándose a un lado de Samara —. Me alegró mucho por ustedes, ¡Que bello! También, existía la segunda versión de la historia, en la que Samara, habría sido quien se enamoró primero, pero no lo habría dicho hacía Paula, lo sabían Miranda y Taylor, pero ella no. No se lo habrían dicho, por peticiones de Samara. —¡Por fin! Creí que moriría vieja antes de ver el último ship de Katina —. Bromeo Miranda —, ¿Desde cuando salen? Los chicos se miraron entre sí, ellos no lo habrían escuchado de manera directa, pero tanto James como Hades, lo habrían supuesto, además, de que Hades los habría visto besarse, sin embargo, no era de su interés ir por ahí divulgando los secretos de sus amigos, así que, se limito a mantener a salvo dicho secreto. —Desde hace un par de… Meses —, Lo último lo susurró Logan —, ¡Bien! ¡coman! Que la pizza se enfriará, y ajá —. Mencionó con rapidez él. Quizá era un poco tonto, no decirles ahora, en que momento habrían comenzado a salir, pero, intentaban atar cabos sueltos, querían hacer que todo lo que en un momento habría dejado de tener control, ahora lo tuviera, aunque, no sabían con claridad, cómo hacerlo. Simplemente tenían dicha duda recorriendo su cabeza de manera brutal, pero, nadie decía nada. Comenzaron a beber minutos después… Taylor. Cuestión de piel, habría dado por hecho que Hades podría llegar a sentir algo por mí, cómo también habría hecho una lista por las razones por las cuales debería dejar de ilusionarme con Hades, sin embargo, en aquella lista de pros y contras, solo podía mantenerme sin anotar ninguno. Enamorarme de mi maldito jefe, no era… ¿Qué esas historias tenían un final trágico? No estaba preparada para tener un final trágico en una historia de amor, ni siquiera conocía el amor, cómo para que lo primero que obtuviera de él fuera un corazón roto. —¿Qué piensas preciosa? —, preguntó Samara, sentándose a un lado de mí —, ¿Por fin estás ebria? —No lo suficiente —, mencionó a lo que rodó los ojos —Ven, guapa —, me pidió con diversión. ¿Saben que es lo curioso de las personas que quieres? De aquellas personas que quieres, son capaces de hacer lo posible, y lo imposible, con tal de poder impulsarte a hacer aquello por lo cual careces de valor. Me levanté para terminar por seguir a Samara, sacudiendo mi pijama. No conocía lo que sería de mi en un mundo paralelo, no conocía el amor verdadero, y habría estado huyendo de este por meses, por años, intentando mantenerme alejada de cualquier drama, porque de sentirlo, esto era más desastroso. No teníamos quince años, no estaba ebria. Solo tenía dos tragos en mi cuerpo, pero la duda dentro de mi era de un modo irracional y solo necesitaba que alguien sacudiera mi cuerpo, para que las ideas lo hicieran igual, ¿No era ello de lo que trataba la realidad? ¿El mundo? —¿A dónde vamos? —, Le pregunté, apenas llegamos a las escaleras. —Necesito contarte algo, ¿Puedes esperar en mi habitación preciosa? En un momento subo. —Podría esperarte y… —Taylor —, se quejó, a lo que no pude evitar rodar los ojos. —Gruñilda —, me quejé para comenzar a caminar en dirección de arriba. Samara me dio una sonrisa de lado, fue lo último que vi, puesto que me seguí de largo, era curiosa la forma en la que ella podría ser un completo desastre, una persona tierna junto con una gruñona. Hades. —¿Qué? —, Alargué en un quejido, cuando Logan volvió a nombrar mi nombre —. ¿Qué quieres? —Necesito un favor. —¿Me has visto acaso cara de beneficencia? —, Le dije rodando los ojos —, No. —No puedes decir que no, he organizado una reunión navideña, porque tu querías traer a Taylor, yo tenía una cita romántica con Samara —, Rodó los ojos Logan, a lo que le miré con cierto toque de cansancio —. Sólo, tienes que ir a la habitación de arriba, la que tiene la cortina hippie de bolitas en la puerta. —¿Y qué quieres que haga con ello? —, Dije cansado, a lo que él frunció las cejas. —Es que, recibí algo, que deberías de ver, sobre… —, Se quedó callado —. Es mejor que lo veas con tus propios ojos, no quiero alarmar a las chicas, se miran bastante tranquilas. —Bien —, me quejé rodando los ojos con cierto desespero —. Ahora vengo. Y no sabía cómo era que la vida era que tomaba su rumbo, no sabía en que momento era que todo habría comenzado, pero sabía que la historia era un poco más interesante de lo que podría creer. Subí con toque de cansancio, en realidad, habría dormido poco la noche anterior y habría demasiado cansancio dentro de mi cuerpo, miré en dirección de la puerta que él habría mencionado, para abrirla, notando que se encontraba Taylor, mirando por la ventana. Cómo si esto se tratará de un romance cursi, de aquellas historias que las personas pasan bastante emocionadas por tener en su vida… Cerré la puerta detrás de mí, quizá podía entender porque lo habrían hecho, es decir, la última vez que habríamos terminado por ser reunidos, habría estado yo demasiado ebrio como para poder recordar con claridad todo lo que habría sucedido, podría entender un poco más de que iba todo esto, pero… Era un poco extraño. —¿Hades? —, Preguntó Taylor, sus cejas se fruncieron y miró hacía arriba —. Claro, tenía que ser. —Tenía que ser —, dije para mis adentros. Claro que no había nada que Logan quisiera enseñarme, quería introducirme en la misma habitación que Taylor, para ver si alguno de los dos era capaz de decir lo que sentía por el otro, claro que era eso. Pero, a pesar de que habría estado cerca de ella en diferentes ocasiones, a pesar de que habría intercambiado palabras con ella, noches donde dormimos juntos, no podía recordar con claridad, un momento anterior a este, en donde me sintiera demasiado confundido por lo que pasaba por mi cabeza, era raro… Por qué se sentía cómo si fuera un niño pequeño, que habría visto a la chica que le gustaba después de tanto tiempo, se sentía extraño, demasiado extraño. —Si que quieren intentarlo —, expreso con una sonrisa Taylor —, Me sorprende que no desistan para esto, pero no quieran jugar video juegos conmigo. —Sí, parece que tienen claras sus prioridades —, Le dije dando un par de pasos hacía ella —. ¿Estás ebria ya? Negó tranquilamente, para terminar por encoger sus hombros con desdén, por un par de segundos lo analicé un poco más de lo que hubiera querido, y por primera vez, las palabras no salían de mis labios con facilidad. Taylor Es gracioso, porque sabía que no era del tipo de chica que le terminaba por gustar a Hades, recordaba que en la preparatoria era lo contrario, era aquella persona que se quedaba en las gradas mirando los partidos, aquella que tenía los lentes de pasta gruesa entre clases, la mirada centrada en la pizarra. Siempre me habría interesado una sola cosa, que habría sido competir, podría recordar las tardes que pasamos con nuestros amigos, pensaba que eso estaba tan lejos de mí, cómo si fuera de aquellas historias que escribían en los libros, historias que no podían pasarme a mí, historias que solo le pasaban a una cierta cantidad de personas… Pero nunca a mí. Era del tipo de chicas que usaban las sudaderas gruesas, mientras el miraba a las chicas que usaban faldas. Y podía recordar todas las veces que habríamos pasado gritándonos, como habríamos sido enemigos jurados, como parecía que éramos del tipo de personas que nunca podrían haber estado juntas, aquellas historias donde predominaba el —Pero ahora, que lo miraba en lo único que podía pensar era en aquel beso, que el no podía recordar, por primera vez, nos encontrábamos en la misma habitación vacía, sin gritos, sin peleas, sin nada, simplemente miraba en su dirección demasiado enfocada, en sus ojos, en la historia que habría sido que habríamos tenido un día. Misma historia que jamás imagine que fuera una especie de historia de amor, sino, una historia de aquellas que pasas el tiempo creyendo que son… —¿Qué tanto me miras? —, me retó a lo que rodé los ojos —. Loca. —No hay mucho que mirar, no te preocupes —, Le dije con desdén. Claro que tenía que hacer eso, claro que pelear, rodé los ojos caminando hacía la puerta, claro que serían del tipo de historias que me habría terminado por inventar en mi cabeza, que sólo habrían sucedido en mi cabeza. —¿No? Porque parecías tan enfocada —, Siguió, deteniendo mis pasos, haciendo que no pudiera salir de la habitación —. Poco más y se te salía la baba. —Quisieras, Hades. Que ese tipo de cosas son las que solo podrían pasar en tus sueños —. Le dije con sorna —. Pero no te preocupes, se vale soñar. Y podía ver los ojos retadores de Hades sobre mí, podía sentir su mirada que me quemaba de manera irracional, era curioso creer que… —Por dios, ya quisieras tu aparecer en mis sueños —. Me dijo con desaires —. No podrías, no te preocupes, nunca has aparecido en ellos. —Sí, eso no es lo que dijiste aquella noche —. Mentí cínicamente —, Pero no te preocupes, tu secreto quedará a salvo conmigo, tarado. Me miró de arriba abajo, para soltarme, parecía que en realidad, esto habría sido tan…. Caminé hacía la puerta, para escuchar cómo su voz me hacía enfurecer. —Eres una cobarde —, Me dijo, a lo que me detuve de abrir la puerta, para girarme. —Repítelo. —Que eres una niñata cobarde —. Siseó, para verme directo a los ojos. —Tu eres el cobarde, que se escudo en el alcohol para… Me quedé callada, abriendo los ojos a par, mierda. Eso no se lo quería decir, sus facciones se llenaron de confusión. Hades. Lo que dijo logro captar mi atención por completo, sus ojos se llenaron de sorpresa, para después soltar un insulto entre dientes. —Olvídalo. —¿Y no eres cobarde? —, Me mofé de ella, a lo que su rostro se lleno de rojo, lleno de furia —. Dilo, ¿O es que acaso no te atreves? —No tengo nada que demostrarte, si es lo que quieres, estás perdiendo tu tiempo —, Me dijo de manera borde —. Así, que deberías de… —Eres una cobarde, cobarde —. Le repetí una vez más —. ¿Ves cómo estas ahí? Huyendo, cómo lo que eres una cobarde. Ella se acercó furiosa a mí, estaba apunto de decirme algo, pero le frene, tomando sus mejillas, ella me miró sorprendida, sus ojos se habrían abierto a par, tanto que podrían haberse salido de orbita si así lo hubiera deseado. Y fue ahí, con sus ojos mirando en mi dirección, y su pecho subiendo y bajando por el coraje que le habría nacido de un segundo a otro, que le besé. Ella se quedó estática por un par de segundos, para terminar por devolverme el beso. Aquel beso, que habría estado deseando darle desde hacía ya bastante tiempo. La bese, y ahí, se aclararon las dudas, ahí, se aclaro todo. Me gustaba Taylor.
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