Simulación

5000 Words
C A P Í T U L O C U A R E N T A: Miranda. Estaba consciente de que los arboles se podan, también los arboles familiares. —¿Te irás? —, Preguntó con una mueca el abuelo—. Escuché lo que te dijo James, me alegra saber que encontraste alguien que se la jugaría sin importarle que, por ti—. Me dijo. —Me gusta pasar tiempo contigo, abuelo—. Le dije, dejando mi camiseta en la maleta—. Pero, comienzo a creer, que el sarpullido en el vientre, cada que vengo aquí. No podría seguir con ello. —No te detendría por ello—. Mencionó el abuelo palmeando a un lado de mí, haciendo que me sentará junto a él—. La cosa es, que la familia esta demasiado introducida en un odio que no tiene fundamentos. —Pero, ¿Por qué se desquitan contra mí? —, pregunté mirándole con una mueca—. He intentado por mucho tiempo intentar encajar aquí, pero al final termina doliendo, no puedo seguir con el dolor en el pecho, me hace sentir tan… —Te odian por nuestra causa—. Mencionó mamá, parada en el marco de la puerta—. Porque son demasiado inmaduros de superar el pasado, y darse cuenta, que a la persona que condenan es la menos culpable. —¿Qué dicen? —, pregunté curiosa, papá suspiró para recargarse en el buro de la habitación—. Pero… —Cuando éramos más jóvenes, Zulema, estaba enamorada de tu padre, tanto que hacía cualquier cosa por llamar su atención—, mencionó con tranquilidad, colocándose a un lado de mí—. No lo sabía, y tu padre tampoco, estaba demasiado ocupado… —Mirando hacía tu madre—. Soltó con una sonrisa, para verme enternecido—. Nos enamoramos nosotros de manera instante… —Todo era cómo estar sobre trampolines, en un mundo irreal, donde sólo nos encontrábamos nosotros dos—, siguió, le miré a ambos—. Pero, siempre hubo… —Tu abuela tenía un favoritismo, con Zulema—, mencionó mi abuelo, mirándome con tranquilidad—. Así que tomó su bando, ella le contó sobre cosas que no sucedieron, sobre un romance, cómo su hermana le habría quitado el novio, definiendo quien era tu madre, sin dejarle tener opción. Miré hacía mis padres, así que un rumor era lo que les habría traído aquí, una ruptura de corazón de parte de la tía Zulema, sobre algo que no sucedió en realidad, no les dio opción, no tuve opción yo tampoco. Odiarme, en realidad lo único que hacían era odiarme, por algo que no tenía bases, estaba bastante cansada, habría pasado una infancia demasiado difícil. ¿Por un chico? —Tu abuela, no podía odiar a tu madre, porque era su hija… Pero podía odiar a tu padre, y todo lo que terminará viniendo de ella—. Mencionó a lo que fruncí las cejas—. Zulema se encargo de contar aquella historia hacía todos, por lo cual, en un momento, comenzaron a sentir cierto recelo por tu padre… En un momento, las cosas se suavizaron, pero… El trato contigo se mantuvo. —Entiendo…—, mencioné, para levantarme, buscando mis cosas—. Necesito, un minuto. —¿A dónde vas? —, preguntó mamá, apenas me dirigí hacía la puerta—, ¿Cielo? —No lo merecía—, mencioné con un poco de asco—. Un rumor, inventaron un rumor, y me odiaron por ello. No lo merecía. Apenas dije eso bajé las escaleras, buscando con la mirada a la tía Zulema, sentía demasiadas cosas dentro de mi cuerpo, de una manera irracional, que creía que no era normal sentirla, le miré de reojo, por un par de segundos, para cerrar los ojos. Recordaba que había sido demasiado difícil pasar las fechas aquí, pasar cualquier época del año cerca de ellos, siempre ocasionando heridas de bala entre mi cuerpo, sacando la energía de mi cuerpo, rompiendo mi interior. Podía recordar que, de niña, sólo podía preguntarme, ¿Cuándo me van a querer? Me preguntaba, ¿Si no era suficiente? ¿Era menos que mis primas? ¿Era menos que todo? Nunca merecí un abrazo, ni una llamada en mi cumpleaños, me dejaban colgada, esperando que el dolor ardiente en mis muñecas me desangrará. —¿Qué harás Miranda? —, preguntó James, le miró de reojo. —Nos iremos—, mencioné amargamente—. No quiero pasar navidad aquí, en realidad, no quiero volver aquí nunca más—, contesté seca. —Preciosa… —Sólo hay algo que tengo que arreglar antes de que nos vayamos—, mencioné tranquilamente—. En un momento voy. —Iré bajando las cosas—. Mencionó a lo que asentí. Sentía un zumbido en los oídos y las dudas creciendo de manera impresionante dentro de mi cuerpo, porque el mundo funciona así, es cómo las cosas suceden. Dicen que las personas tenemos un mecanismo, aquello genético. Crecemos con el ejemplo de las cosas, y somos quienes deciden seguir con aquello, o cortarlo de raíz. Quizá por ello aquella frase, de quien no conoce su pasado esta condenado a repetirlo, ahora creía que, en realidad, las cosas eran claras. No quería repetir la misma historia que habría marcado mi vida, no quería imaginarme en un futuro siendo cruel como ellos, ni haciendo añicos la vida de algún niño, cómo lo hicieron conmigo. —¿Por qué no me quieres? —, Pregunté a Zulema, parándome frente a ella. Escuché cómo Fiona se reía—. ¿Por qué me hiciste todo esto? —Parece que a alguien le han entrado las emociones—, mencionó burlesca Fiona, rodé los ojos—. ¿Acaso estás en tus días? —¿Por qué me hiciste todo esto? —¿Estás drogada? —, preguntó con burla, miré hacía el techo, para suspirar—. Deberías de… —¿Por qué dejaste que todos me odiaran? ¿Por qué me hiciste todo esto? —, Repetí, a lo que ella me miró con sorpresa—. Mentiste, encendiste el fuego, y dejaste que las llamas me quemaran por completo. —Parece que no te esta circulando…—comenzó Fiona, pero le miré furiosa. —Cállate, que esto aún no es contigo—. Le dije de manera asqueada—. Era una niña, que no tenía culpa de nada, expandiste un rumor, y dejaste que los demás me odiaran por ello. —Paso hace tiempo, Miranda. No es la gran cosa—. Dijo inclinándose hacía adelante, tomando su taza—. ¿Qué es lo que quieres? ¿Una disculpa? —No, quiero que me digas, ¿Por qué? —, pregunté con rabia—. ¿Por qué hiciste eso? ¡Era una niña! ¡Dejaste que me crucificaran por tus errores! —¿Qué es lo que dices? —, preguntó la tía Franny, le miré de reojo—. ¿Qué es lo que dice la niña? —Lo que digo, es que mamá nunca le quito el novio a nadie, eran celos. Celos de que papá se enamoro de mamá—, dije con un hilo de voz—, ¿Cómo es que dejaron creer por rumores? —¿Es cierto lo que dice la niña Zulema? Navidad. La navidad nunca me entusiasmo cuando la pasaba con la familia de mi madre, me gustaba el ambiente navideño en las épocas, el frío calándome los huesos y cómo mi nariz se sentía sumamente helada, me gustaba la navidad. Pero, desde que tenía memoria, cada que venía a esta casa, mi estómago se revolvía de un modo impresionante, las ganas de vomitar recorrían mi cuerpo con violencia, me sentía un poco pequeña ante todo lo demás, era irreal, a veces tenías las cosas en frente, en otras ocasiones, tardabas demasiado en entenderlas. —Por dios, no es el momento, navidad es en la noche, ¿Arruinarás las fiestas? —, preguntó con enfado la tía Zulema—. No seas egoísta. —¡Tu me arruinaste la vida! Pasaba día a día, preguntándome, ¿Por qué mi familia me trata cómo basura? ¿Por qué todos me hacen sentir cómo si fuera una puta basura? —, Seguí, golpeando con fuerza mi pecho, con la punta de los dedos—, ¿Y era por un chico? Las miradas de todos estaban por sobre mí, mis primos, mis tíos, la abuela, todos miraban en mi dirección, con la duda dentro de sus ojos, parecía cómo si para todos ellos fuera irreal todo lo que estuviera diciendo, era extraño, porque para ellos podría ser irreal, pero para mí se sentía cómo el mismísimo castigo, dolía, de mil y un maneras posibles, y no podía entenderlo con claridad, ¿Por qué? ¿Qué era lo que habría hecho para que a ellos yo les agradará tan poco? —¿Lo que dice la niña es cierto? —, preguntó Fernanda—. ¿Cómo pudiste dejar que el odio hacía ella creciera? —Es cierto, ¿No hermanita? —, mencionó con tranquilidad mamá—. Calle esto por un tiempo por que creí, que sería lo correcto, dejar las disputas, pero durante todo este tiempo, no has hecho más que aumentar las cosas que suceden… —No importaría de igual modo, si fuera real o no—, dije enojada—. ¿Se dan cuenta lo idiotas que son? ¡Me odiaron todos por un asunto de ellas! Qué no les correspondía, y qué por nada, debió de recaer sobre mí—. Les acusé. No podía creerlo, era extraño, se sentía horrible, dicha sensación en el vientre, durante mucho tiempo, habría deseado tener la verdad, conocer un poco sobre el por qué, pero ahora que conocía la razón, era lo más estúpido que habría escuchado. —Miranda, no nos puedes hablar así—. Me advirtió Zulema—. Nos debes respeto. —No les debo nada—. Mencioné con desagrado—. Porque ustedes no son nada mío, me jodieron la vida, me hicieron pedazos y en verdad lo disfrutaron. —Por favor… —Yo era condenada por que tu estabas enamorada de mi padre, sin que fueran nada, ¿No debieron condenar a Fiona? Quien, desde hace años, besa a mis malditos novios—. Mencioné con descaro—. Qué les den, es patético. Son patéticos. Podrán tener todo el dinero del mundo, pero es una pena, que el dinero, no pueda comprar valores. Apenas dije eso, estaba por salir de la habitación, cuando Franny me detuvo del brazo. Podrían intentar, intentar introducirse en mi piel, esperar que pudieran ver, un poco más allá, podrían intentar, pero perderían el tiempo, puesto que ahora no había algo que quisiera hacer que retrocediera, ahora, no habría nada que cambiara, por solo un segundo lo que sentía, era real, algo que habría tenido que suceder así. —Miranda… —Lo único que esperaba era cariño, ¿Sabes lo horrible que es ser una niña de cinco años preguntándose cuando alguien le iba a querer? —, le reclamé—. Claro que no lo sabes… Y era tan cierto aquello que decían, que la familia no siempre era aquellos vínculos de sangre que nos unían, era tan simple, tener un poco de sangre, yo podía tener la misma sangre que ellos, pero no compartía absolutamente nada más con ellos, no podía compartir absolutamente nada más con ellos. Y eso estaba bien, no quería ser parte de ellos, no quería sentir nada por ellos, quería que la vida fuera mejor, y lo sería. Quizá era que mi corazón por fin habría entendido, que no tenía que rogar amor, que el amor no eran cosas que se pedían, eran cosas que se supone que tendrían que nacerle a la otra persona, ¿No es así? Sali con James de mi casa, no sin antes despedirme de el abuelo, de un par de primas y de mis padres, ambos nos subimos a un taxi, miré de reojo hacía James, no sabía que depararía mi vida, la emoción en mi vientre. Habría decidido tomar una daga y encajarla una y otra vez en mi vientre, asesinando a cualquier mariposa que pudiera estar refugiándose ahí, habría estado insegura de lo que habría sido la realidad, mi vida era un poco más allá de ello. —¿Estás lista? —, preguntó James, le sonreí ligeramente. Creí que lloraría, pero no fue así. En realidad, se sintió como algo liberador, se sintió tan liberador poder soltar por completo a mi “familia”, cómo si algo dentro de mi corazón hubiera sanado, era lo que necesitaba, debí de haberlo hecho desde hacía bastante tiempo. Quizá había muchas veces en las que nos terminábamos por aferrar a lo imposible, quizá habría más ocasiones de las que pudiéramos controlar, en las cuales, terminábamos por pasar el tiempo intentando encajar, pero, ¿Era necesario tener que encajar? Creía que entre más intentaba encajar, me llenaba de inseguridades, de un corazón roto que parecía que sólo se rompería más. —Lista. Y quizá, habría sido una tontería para ellos, quizá habría sido el discurso más tonto que alguien pudiera dar, o quizá, para ellos no significaba absolutamente nada, pero para mí, todo lo que habría sucedido, se sentía cómo una carga menos, cómo si de mis hombros hubieran quitado un par de pesas. Estaba bien con ello, habría deseado con demasiada fuerza que el dolor de mi pecho se fuera un día, porque creía que no podría más con él, y ahora que este no se encontraba ya, me sentía satisfecha, cómo si todo lo demás dentro de mi corazón hubiera encontrado el lugar correcto, quizá eso fue lo que sucedió, encontré el lugar correcto después de pasar meses navegando por algo completamente desconocido, se sentía bien saber, que después de todo, no tendría que seguir viviendo con el corazón completamente roto. Taylor. Culpa, el modo en el que había visto que Hades habría peleado con su madre me hacía sentir culpa, me sentía llena de responsabilidad por dicha pelea, pero, me generaba un poco de tranquilidad saber, que él en realidad, se sentía feliz por haber terminado con todo esto. Al inicio, cuando subimos al coche, sentía que me llenaba de miedo, de nervios, de dudas, ¿Habría sido un factor no es así? De aquellos que hacer que tomes las decisiones más tontas e impulsivas de tu vida, pensar en ello era extraño. No quería formar parte de algo que no entendía, así que me pensé en quedar callada, ero habría mucho que pudiera decir, era una historia rara. —¿Estas bien? —, le pregunté ligeramente confundida, el me miró de reojo, esperando que prosiguiera—. Lamento que pelearás con tu madre. —En realidad yo no—, confesó a lo que le miré de reojo—. Sabía que esto terminaría por pasar…—pauso por unos segundos—, no la parte en la que ella te haría daño, sino, en que terminaríamos por irnos, porque ella es un poco, insoportable. Asentí no bien convencida, no quería decirle que es lo que habría pensado, no lo sé, supongo que solo no tenía intensiones de avivar un fuego que ya ardía con demasiada fuerza, miré de reojo en su dirección esperando que prosiguiera, y así lo hizo, pasados unos segundos. —Sabía que terminaría haciendo cualquier cosa para terminar por joderlo—. Mencionó a lo que asentí—. Pero, también, siempre tengo un plan b. —¿Qué dices? —, le pregunté, a lo que el encogió los hombros—. Yo estaba pensando en… —¿Por qué no me dijiste desde un inicio lo que te dijo mi madre? —, preguntó—, Es decir, se que, siempre te gusta ser alguien que se mira fuerte, pero, a veces en ciertas ocasiones, es más fácil dejar que las cosas salgan, para que dejen de doler. Estaba consciente de ello, pero, sabía ya, que la relación que Hades y su madre tenía era demasiado frágil, siempre habría sabido que ella era un demonio de Tasmania. Pero no quería colaborar a que ellos dejaran de hablar, me resultaba mucho más completo, más allá. ¿Cómo es que pierdes a la persona que ambas?, es algo que no podía entender con suma claridad, quería entenderlo, pero era difícil, sólo pasaba la mayor parte del tiempo, con una duda tras otra dentro de mi cabeza, sin saber que hacer por completo. —Porque, no quería ocasionar más problemas—, me encogí de hombros, a lo que me miró de reojo—. Además, no sé si… —¿Por qué la intentas justificar? Aquella pregunta me resonó en la cabeza, con claridad no sabía porque quería justificarle, pero, si me habría dado cuenta desde hacía un rato, que habría estado pasando el rato intentando hacer que las cosas entre los pensamientos de Hades fueran menos pesadas. Más eso no significaba, que no me doliera. En realidad, también me pasaba el rato pensando en el beso, habría besado a Rose, por mucho que quisiera negarlo, creo que eso habría despertado más emociones dentro de mí de las que quisiera llegar a admitir, para ser honesta. No sabía cómo era que las cosas pasaban, pero… —No lo sé, no conozco a tu madre, no pudiera decirte si aquello que dijo lo dijo con intenciones de herirme—. Mentí—. No lo se Hades, sólo no quiero ser parte de… Olvídalo. Quisiera decirle que pudiéramos regresar al momento uno, pero solo éramos amigos, no podía volver a empezar lo que nunca habría tenido inicio, quería saber que era esto, ¿Por qué yo lo amaba y para él solo era una amiga más? Las personas hablan sobre el amor, no sabía si eso era algo que existía. No entendía la mayor parte de las cosas que sucedían frente a mí, habría escuchado a Hades reclamarle a su madre, y entre aquellos gritos escuchar que le habría dicho que me amaba, pero, ¿Sería el calor del momento? ¿Qué estaba enojado y quería hacerla sentir en lo bajo? No lo sabía, cuando comenzaba a entender a Hades, las cosas se confundían un poco más dentro de mi cabeza, y no podría terminar de entenderlo todo, estaba confundida… Al final, solo era una amiga para él, ¿No es así? —Sabes, será divertido—. Mencionó a lo que le miré—. Lo será. Hades. Hable con Gina, y tenía tanta razón, no podía hacer que la primera navidad de Taylor fuera el mismísimo desastre, la primera navidad sin su abuela, era curioso, pero ella parecía tranquila, aunque sabía, que se trataban de los momentos repentinos, cuando la ausencia calaba. Pensé mucho en ello. Por un momento, también, pensé que lo que habría puesto a Taylor así eran meros celos, cuando mamá solo mencionó acerca de besar a Rose. Pero, hablaba enserio, yo no le habría besado. Ella habría sido quien me beso a mí, quien se acercó de manera repentina, y estrello sus labios con los míos, fueron segundos, cuando yo la quite. No sabía si Taylor lo habría mirado, pero tenía más dudas que respuestas, si era franco. Quería ser sincero, lo único que pude pensar, mientras peleaba con mi madre, era el hecho, de ver el rostro de Taylor lleno de lágrimas, el punto de verla tan cansada, tan rota. Nunca le habría visto de ese modo, y en realidad, habría sido demasiado pesado… —¿Aun quieres pasar navidad conmigo? —, preguntó de manera curiosa Taylor, a lo que asentí—. ¿Por qué? —Porque sí, ¿Qué tiene? —, mencioné a lo que ella encogió sus hombros—. Además, seguro la pasarás bien. —Sí, seguro—, me dio una sonrisa, para mirar hacía el frente. De igual modo, a pesar de que sabía que le habría dicho mamá algo respecto a su padre, me preguntaba, ¿Era todo? Porque, hasta cierto modo, Taylor estaba actuando de un modo tan raro, un modo que no podía entender completamente, tenía tantas dudas, quería saber un poco más de ello, pero terminaba justo en el mismo lugar, ¿Cómo funcionaba la vida? —¿Sucede algo? —, preguntó a lo que negué—. Gracias por defenderme. —Gracias por soportar todo esto—. Mencioné de vuelta, a lo que me dio una sonrisa pequeña—. ¿Qué hará Samara en navidad? —, Le pregunté de manera desinteresada. —¿Samara? Samara. —No puedo creer, que todos sean unos bobos—. Solté con una risa, mirando hacía la comida que recién llegaba—. Sabían todo el final de ese viaje, ¿Por qué salieron? —Arreglar los problemas, supongo, o en todo caso, hacerlos más grandes—. Me dijo Logan a lo que sonreí de lado—. Es lo que saben hacer, lo que les gusta hacer, terminar de prender la mecha, para que la bomba explote. Sí, lo sabía. También sabía los problemas que tenían Hades y Miranda en su casa, misma razón por la cuál no terminaba por entender, que ellos quisieran pasar las fiestas con ellos, no terminaba por entender que era lo que les habría terminado por impulsar a ello, cómo… ¿Cómo era posible que en realidad creyeran que era buena idea? —Así que, al final… ¿Habremos encontrado esto? —, Mencionó mirando hacía nuestro alrededor—. Esto se siente raro. Se sentía en realidad bastante raro, era cómo cuando todo comenzó, Katina y Marcus haciendo de cupidos, ahora éramos nosotros, y esto me terminaba por traer una mala espina. ¿Sería lo correcto? —¿Cómo un deja vú? —, Pregunté sentándome en el suelo, a lo que él asintió—. También lo pensé. Sólo que, si lo decía en voz alta, existía la posibilidad de que se escuchará peor de lo que sonaba. No quería decir que nosotros habríamos llegado a remplazar a Katina y Marcus, porque sabía, que eso no terminaría por suceder jamás, y no tenía intenciones de que eso sucediera, para ser sincera. Sólo, me pasaba los días preguntándome, ¿Qué habría sido? Si la noche que fuimos por más alcohol, en realidad, todos nos hubiéramos ido a casa, si no fuera, porque queríamos beber. Era extraño, suelen decir, que las cosas pasaban por algo, no podía entender con claridad de que se trataba lo que por lo cuál habría sucedido esto para nosotros, ¿Era tan raro de ver cómo de sentir? Seguramente sí, era un poco espantoso y raro saber, que, por un solo segundo, la vida nos habría cambiado todo, de un día para otro… —En fin, corre Sami, que están por llegar—. Mencionó a lo que asentí—. Creo que podríamos ir a comprar un poco de… Más alcohol, ¿Sabes? Qué no tengamos que salir. Le miré con una sonrisa pequeña, para asentir, quizá para ambos habría sido un poco estruendoso saber, que, si nosotros no nos hubiéramos ido, quizá habría sido más difícil que todo sucediera, si los ocho nos hubiéramos quedado ahí, quizá nada malo hubiera pasado… Salimos a una tienda, para ir por más alcohol, quizá era cuestión, de que teníamos interés de que fuera una buena navidad para Miranda y para Taylor, habría escuchado por James y por Hades, que habrían llorado casi toda la noche, eso, me molestaba. Nunca me habría agradado la familia de Miranda, porque era cruel, cruel en el sentido de que hacían a un lado a Miranda, porque ella parecía siquiera existir en el mundo de ellos, eso era de lo más deshumano que habría visto, recordaba que cuando éramos adolescentes, ese comportamiento me generaba cólera, me gustaba ir a casa de Miranda, cuando literal, era en su casa, sin otras personas que no fueran ella o sus padres. La familia de Hades, era cruel, en sentido de, con las demás personas, podía llegar a ser demasiado cruel, con absolutamente todo mundo, que me sorprendía en realidad, cómo es que podrían hacer este tipo de cosas, sin sentir, si quiera, por un solo segundo, un toque de culpa, ¿Cómo las personas iban por ahí haciendo eso? Causando daños, y con ello, no sentir si quiera un toque de culpa. —Deberíamos decirles a ellos que somos novios—. Mencionó Logan, acercándome de la cintura, dejando un beso en mis labios—. Sería más sencillo. Le regr4ese el beso, nosotros llevábamos saliendo demasiado tiempo, mucho más allá de lo que habría de imaginar si quiera yo. En realidad, nosotros habríamos pensado en decirlo la primera vez que los vimos de nuevo, pero a ninguno de los dos, después de ver la situación en la que ellos se encontraban, terminó por salir las palabras de nuestra boca. Parecía ser que entre ellos no podían arreglar si quiera un poco lo que sucedía con sus vidas, así que era poco probable que nosotros les dijéramos. —Te amo, te amo, ¿Lo sabías?—, le pregunté con una sonrisa, apenas nos separamos—, ¿Sabías que te amo? —Eres una cursi—, me dijo acomodando mi cabello—. ¿Crees que no sea lo indicado? Es decir, hemos pasado meses ocultando esto, las mentiras, no me gustan. —Creo que sí, podríamos decirles—. Mencioné con una sonrisa pequeña—. Al final, somos amigos, no creo que sea algo que no vayan a aceptar. Quién no lo iba a aceptar del todo, es Paula, sabía que en el momento en el que ella supiera que estabamos juntos, me terminaría por crucificar, ella en algun punto le gustó Logan, y no habría hecho esto con intenciones de hacerle daño, de verdad que no, pero... Habría sucedido, habríamos sentido esto de una manera tan repentina, de un día para otro... Habría intentado con todas las fuerzas de mi ser en evitar todo lo que sentía por Logan, pero no pude, por mucho que me alejaba de Logan, algo, nos terminaba acercando al mismo lugar, al punto uno. Supongo que había ocasiones en las que sucedía, ¿No? —Quizá podamos hacer una cita triple, ¿No te parece gracioso? Los tres, terminamos enamorados de ustedes—, me codeo a lo que sonreí. Habría sido curioso, sí. Marcus en realidad siempre habría sido demasiado dulce, no era un fuckboy, ni nada parecido, si era medio... Mujeriego, pero no era cómo ellos, no lastimaba a las chicas, y siempre habría tenido su mirada en dirección de Katina, quien tardó en darse cuenta de ello, fue Katina. Siempre habría sido bastante buena, para poder saber lo que le depararía el destino a las personas, el amor con el cual tendrían pero para ella, siempre habría sido demasiado lenta para darse cuenta lo que las personas en su entorno sentían por ella, era eso lo gracioso, que al final del día, ellos eran quienes no se daban cuenta, que la historia se les habría creado, de una manera especial. Sonreí ligeramente. Gracias a Katina, habríamos obtenido tantas cosas, si no hubiera sido por Katina y por Marcus, quizá nosotros nunca habríamos hablado, quizá yo no habría estado con Logan, en un punto tan tranquilo, con las cosas tan preciosas que nos habrían sucedido. Estabamos en la fila del super mercado, cuando el celular de ambos vibro, miré de reojo hacía Logan, sabía lo que depararía, cuando el celular de los dos, sonó, justo al mismo tiempo. —No... Por dios—, se quejó Logan, tirando su cabeza hacía atrás, con ligero desespero—. Es navidad, ¿Qué los anónimos no descansan en navidad? Solté un suspiro un poco pesado, para sacar mi celular, releyendo el mensaje con lentitud. —Un dos tres, por quien espera un bebé—. Leímos al mismo tiempo, miré hacía él, quien frunció las cejas, igual de confundido que yo. —¿Creyeron que podrían esconder ese secreto de mí? Felicidades, a los nuevos papás, Xoxo—. Terminó Logan, le miré. Era increíble, cómo asqueante, cómo es que el nónimo terminaba por saberlo todo, no lo entendía, parecía cómo si se encontrará en el mismo marco que nosotros, ¿Cómo era posible esto? —Preciosa... miré hacía Logan, quizá era un poco más raro de lo normal... Noté un poco de aire, para mirar hacía mi alrededor, ¿Cómo podía saberlo todo? Nosotros habríamos mantenido todo en secreto, no habríamos mandado mensajes de nada, no mostrabamos nada, ¿Cómo es que siempre iba un paso delante de nosotros? ¿Cómo era posible? No lo entendía, ¡Maldición! —Tranquila, preciosa—. Mencionó acunando mi rostro Logan—. Es solo un mensaje. —Pero ahora lo sabe... Nos acabamos de enterar, hace dos malditos días Logan, ¿Cómo es que ahora el lo sabe?—, Le dije con un desesperación—. No puede saberlo todo, por arte de magia... —No lo sé, preciosa, pero no pasará nada—, mencionó a lo que me recargué en su hombro—. Creo que es momento, que dejemos de jugar. —¿Qué dices? Pero había un margen de error, un margen de error hacía esa persona que no sabía, habríamos notado algo en partícular, nosotros ibamos esta vez un paso más adelante. —Es momento de dejar de jugar. Habríamos tendido una trampa, simulando el embarazo, simulando el momento, absolutamente todo... Porque teníamos una sospecha, y dicha sospecha, se hacía cada vez más grande. Esta vez, no perderíamos.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD