C A P Í T U L O T R E I N T A Y N U E V E:
Narrador omnisciente:
¿Quién dice cuanto duele el amor?
¿Quién dice cuanto puede o debe dolernos el amor?
Los ojos de Taylor se llenaron de lágrimas, mientras que su corazón se habría hecho un nudo, ella dio un paso hacía atrás, intentando poder entender un poco más lo que sucedía, pero no podía.
—A veces, el amor no es correspondido—, Le consoló la madre de Hades, Taylor cerró los ojos, sintiendo cómo las lágrimas empapaban sus mejillas—. No dudo que te haya traído solo para molestarme, Taylor. No puedes cambiar la naturaleza de las personas.
—Por favor… Sólo paré.
—Son hombres, cielo. ¿No fue lo mismo que hizo tu padre? Los dejó, son hombres—. Repitió.
Fue justamente, el disparó que Taylor no esperó, se habría mentalizado para cada uno de los disparos que podría recibir por parte de la madre de Hades, pero este, no habría estado en la lista que ella habría hecho.
Este, le habría dolido.
—Nos juzgan, por organizar matrimonios, querida—, siguió, los ojos de Taylor no hacían más que mirarle con odio, con receló—. Pero, nosotros vamos conscientes de que el amor no existe, ¿Tu crees que el éxito se forja con amor? Se forja con inteligencia.
Taylor trago saliva, era lo que ella pensaba, no del matrimonio por contrato, sino aquello del amor, se habría intentado convencer de que el amor no existía desde que su padre los dejó, a pesar de que juraba el amor, que juraba hacía su madre.
Se habría intentado abrir un poco más hacía el hecho de que el amor si existía, puesto que ella, en realidad amaba a Hades, pero…
Ahora se daba cuenta, que ese amor que sentía, era eso.
Sólo un amor que ella sentía.
—Lamento que fuera de un modo tan cruel con el cual tuvieras que abrir los ojos—. Mencionó caminando hacía la salida de la cocina—. Pero, tenías que saberlo, descansas, querida.
Fue lo último que dijo, antes de terminar por salir de la cocina, dejando a Taylor ahí, completamente lastimada, cerró los ojos tomando un poco de aire, sabía que venir era mala idea, pero, nunca pensó, que el venir le terminaría por romper el corazón.
Sin embargo, ella sabía, que no podía enojarse con Hades, ¿Con que derecho? ¿Con que derecho podría enojarse con él? Cuando era claro, que sólo estaba aquí, fingiendo ser su novia, aceptando migajas de un amor.
Ahí se dio cuenta de que Hades, en cierta parte habría tenido razón, su madre sería quien le terminaría por empujar al abismo, para ser ella quien quisiera hacerle molestar, puesto, que al final, la madre de Hades, si era cruel.
Tomó un poco de aire, para caminar hacía las escaleras, estaba confundida, su cabeza palpitaba, mientras intentaba contener el llanto, que le gritaba con fuerza querer salir, estaba ahí, rompiéndose, segundo a segundo.
Hades entró a la casa, y lo primero que hizo fue ver a Taylor, los ojos de ella eran aquellos que demostraban que, se habría quebrado, eso terminó por serlo todo.
—¿Taylor? —, Le tomó del brazo—. ¿Qué tienes?
Lo primero que pensó, fue en que se le habría quebrado el corazón, pero, ¿Cómo podía decirle eso? ¿Cómo podía decirle que tenía el corazón roto porque acababa de verle besar a Rose?
No podía decirle eso, porque…
Al final del día, sería una estupidez.
—No tengo nada—. Dijo con un hilo de voz—. Bajé por agua, bebí agua y ahora… Iré a dormir—, Le dijo con una sonrisa torcida, misma que quería delatar su puchero, a punto de quebrarse.
Se soltó del agarré de Hades, para subir con rapidez hacía la habitación, su cabeza sonaba con un fino pitido, mismo que le atormentaba, estaba sintiendo cómo todo se jodía. Hades le siguió, hasta que ella terminó por encerrarse en el baño, recargando su peso en la puerta, dejando salir aquellas lagrimas prisioneras.
—Taylor, abre la puerta—, Le pidió Hades.
Él en realidad, estaba bastante confundido por ver a Taylor así, era un dolor impresionante el que podía ver en los ojos de Taylor, mismo que hizo que todas las alarmas dentro de la cabeza de él se encendieran.
En realidad, la madre de él, habría encontrado dos puntos perfectos con los cuales disparar en el mismo segundo, le dolió ver cómo Hades besaba a Rose, y terminó por cepultarla con el comentario que hizo sobre su padre.
Habría dado justo en el blanco.
—Taylor…
—Sólo quiero un segundo a solas, por favor—. Susurró, deslizándose por la puerta, dejando denotar cómo ella se rompía un poco más—. Por favor, sólo un segundo…
—Taylor, ¿Qué es lo que pasa? —, Le preguntó, intentando abrir la puerta—. Si no abres, tiraré la puta puerta… ¿Qué pasa?
—Por favor… Si te importo, aunque sea un poco, sólo déjame sola, sólo un segundo—. Suplico, quebrandose.
Hades se recargó en la puerta, deslizándose, quedando al mismo nivel que Taylor, mirando hacía el techo, preocupado por Taylor, preocupado por lo que sería, aquel dolor que le habrían incrustado justo en el pecho.
Por otra parte, era curioso, cómo Miranda y Taylor terminaban por compartir tantas cosas, entre ellas, el dolor, entre ellas, las dudas.
Ambas se sentían cómo si no fueran lo suficiente, se sentían confundidas ante, todo, ¿Por qué? ¿Por qué parecía que entre más luchaban más iban hacía abajo? En picada.
Es curioso, pero la vida, terminaba por burlarse, una vez más y más contra ellas.
—Por favor, Miranda, abre la puerta—. Le pidió James—, No la besé. Te juro que no la besé.
—James por favor…—, susurró ella, rota, con el corazón hecho un nudo—. Déjalo ya, no importa.
Pero importaba, claro que importaba, ambos sentían el corazón cómo si este se les fuera a salir del pecho, ambos se sentían cómo si las cosas que hubieran sucedido hubieran marcado aquella línea entre lo que podría haber sido, y lo que fue.
Es curioso, pero, Miranda tenía las ideas tan, pero tan erradas de lo que en realidad era la vida, James no amaba a Taylor, no le quería, en lo más mínimo, y para él, sólo era una amiga, a la cual le habría comenzado a tener mucho cariño, cómo una hermana menor.
Por ello fue, que cuando salieron, no se besaron, estaba pensado hacerlo, quería llamar la atención de Miranda a cómo fuera lugar, pero apenas tomó de las mejillas a Taylor y le miró a los ojos, se dio cuenta, que no podía hacerlo.
No era ella. No era Miranda.
No era ella, con todas las chicas con las que se acostó, no era ella con las chicas que salía, y no era ella, a quién le contaba sus chistes malos.
—Déjame decírtelo, tienes razón, tu familia, en su mayoría, es una mierda—. Confesó James, el abuelo y Samantha miraban, por el agujero que dejaba aquella puerta entre abierta—. Adoré a dos de tus primas, y tu abuelo es un encanto, pero sí, lo que resta, te hacen la vida un asco, y eso es horrible.
—James para…—, pidió Miranda, recargada en la puerta, con los ojos llenos de lágrimas—. No tiene caso.
—Pues abre, porque seguiré diciendo todo, y no me importa si la puta china lo escucha—, le amenazó, recargado en la puerta—. Qué no me has escuchado, en todas las veces que he hablado contigo, no me has escuchado…
—James—, Le dijo de nuevo, cerrando los ojos—. No importa, ya no importa…
Pero importaba, porque a diferencia, de lo que habría sido el pasado, esta vez, no quería dejar las cosas a medias, se habría dado cuenta demasiado tarde de lo que quería, lo que más quería.
Se habría dado cuenta tarde, que a la única persona que en realidad quería, por el resto de su vida, era ella.
Y no importaba lo demás, no importaba quien, no importaba nadie…
Sólo sería ella.
Siempre, sólo habría sido ella…
—Siempre fuiste tú—, Dijo él recargado en la puerta—, Por dios, Miranda… Siempre has sido tú…
Miranda sintió el dolor en el pecho, y por un par de segundos, creyó que todo se vendría cuesta abajo, no quería escucharlo, porque de hacerlo, sabría que su corazón se terminaría por quebrar, del modo, en el que anteriormente, no lo habría hecho.
Era extraño, era extraño creer, que mediante el tiempo sucedía, ellos se iban quebrando.
El anónimo habría puesto las cartas sobre la mesa, planeado cada uno de los lugares que ellos visitarían, con intensiones de bajar sus defensas, romperles el corazón, justo del modo en el que ellos habrían roto el suyo.
Miranda dudo, pero terminó por abrir la puerta, sus ojos estaban inyectados en sangre, y su labio inferior no dejaba de temblar, era bastante evidente, que el dolor dentro de su pecho, era mucho más allá de lo que alguno de ellos pudiera llegar a mencionar.
James paso a su habitación y cerró la puerta.
Era curioso, ella velaba en este cuarto vacío por él, no quería soltarlo, a pesar de que sus amigos le decían que debía de soltarle, no podía. Había estado pasando incluso los últimos días intentando ayudarle a encontrar cómo enamorar a su mejor amiga, porque estaba aferrada a él, cómo si se tratase de un vicio de una droga a la cual no podía soltar. Era eso.
No era una obsesión, porque siempre lo habría amado de un modo tan puro, y eso era algo, que James siempre habría sabido, porque el modo tan puro y real con el que Miranda le quiso, no lo habría tenido antes.
—James, si es por que me encuentro así, no tienes que mentir, no me romperías más el corazón—. Le dijo con una sonrisa vacía—. No hiciste nada, no estoy molesta contigo.
—¿Qué dices?
—No estoy molesta contigo ahora, me duele el corazón, pero no es por ti—. Mencionó para cerraar los ojos, dejando que las lágrimas resbalaran de sus ojos—, bueno… Es un poco por ti, pero no es tu culpa—. Dijo con una sonrisa.
Y era cierto, le habría dolido ver cómo Fiona llamaba su atención, mientras que ella no, al final, siempre parecía que todo mundo estaba a la vista de James, menos ella.
Eso era lo que le jodía.
Al final sentía, que el amor era fuego, y el corazón de papel…
—¿Quieres saber la verdad? Por una vez, Solecito, déjame decirte la verdad—. Le pidió acunando su rostro—. Dejame decirte la verdad, sin que dejes de escucharme.
Ahora lo quería arreglar, cuando ella ya estaba demasiado rota, cuando ya no tenía más dentro de ella, cuando en realidad, entre más pasaba el tiempo, de poco en poco, ella terminaba por perderse un poco más.
No era más que un dolor dentro del pecho.
Quizá era que nunca habría recibido el cariño que le habría dado James al inicio, de aquel que le terminó por cegar por completo, haciendo que todo pareciera un poco más lindo de lo que eras.
Le escucharía decir la verdad, a pesar de saber que eso le terminaría llevando al colapso…
—Siempre fuiste tú—. Le repitió, mirando aquellos ojos inundados en lágrimas—. Me equivoqué, me equivoqué en muchas cosas, entre ellas, al creer que nuestra historia, nuestro amor, era demasiado perfecto, y que eso, no era bueno.
No mentía, habría estado viviendo esa historia tan bella de amor, que los nervios y el miedo comenzó a crecer dentro de él, esperando aquella bala, aquello negativo.
—James…
—Escúchame—. Le pidió de nuevo, a lo que soltó el aire que llenaba sus pulmones—. Me llené de miedo, al creer que algo malo sucedería, estaba tan perfecto todo, que creí, que tarde o temprano algo malo pasaría.
Limpió las mejillas de Miranda, para darle una sonrisa de lado, quizá era un poco extraño, era cómo si en realidad todo esto fuera un poco más de lo que ellos pudieran controlar…
—Te dejé, por miedo, Miranda—. Le confesó—. Joder, estaba lleno de miedo, lleno de dudas, lleno de todo, porque creí, que si no estaba a tu misma altura, terminaría por joderte, y no quería hacerte daño, no quería hacerte si quiera un poco de daño…
—Lo hiciste cuando me dejaste—, Confesó con un hilo de voz—. Diciendo que era para acostarte con más chicas, dios…
—Creí, que si encontraba un modo con el cuál alejarte de mí, no podría hacerte daño—. Siguió él, ella cerró los ojos, no podía seguir mirándole a los ojos, puesto que eso, le hacía sentirse tan… Pequeña—. Creí que si te alejaba de mí estarías bien, pero dios… No te había visto tan lastimada jamás, y jamás me habría sentido tan hijo de puta…
Era curioso, pero, por primera vez, en toda la historia, todo lo que salía de los labios de James era la verdad, era la primera vez, que no dudaba ni titubeaba en cada una de las palabras que él le decía, porque era cierto, cada una de las cosas que le decía, se las decía, del corazón…
—No quiero perderte, no quiero dar por hecho esto, Miranda—. Le juro, haciendo que le mirase a los ojos—. No quiero ir por ahí, fingiendo que no siento nada, fingiendo que cada que te veo, no tengo ganas de besarte, que no me duele el corazón cada que te veo con Hades… No quiero fingir que eso no es real… Qué lo que pasa por la mente de nosotros no es real…
Y era curioso, porque más que curar las heridas del corazón de Miranda, hacía que su corazón se sintiera cómo si este se encontrará en su puño, cómo si esto fuera real, lo era.
—James, ¿Qué pasa si un día te cansas de nuevo? Si un día en realidad, te das cuenta que era más divertido ir por ahí con las demás chicas, que estar contigo.
—No podría—, Le prometió, pasando su mano por la mejilla—. No podría estar con más chicas, porque hay un problema—. Le dijo, para sonreírle de lado—. Ellas no son tú.
Taylor.
Me quemaba el corazón, el corazón me dolía de más de mil modos posibles, en realidad, ella habría encontrado justo en donde herirme, habría encontrado justo donde dar el balazo, habría dolido.
Salí del baño, con los ojos hinchados y el dolor de cabeza resonándome de manera brutal, era curioso, porque, sabía que no tenía si quiera una sola razón para sentirme así, no era justo.
No podía molestarme con Hades, porque, siempre supe, que la única que sentía dentro de nosotros, era yo, no podía ir por ahí, fingiendo que esto no me dolía, no debí de aceptar ser la novia falsa de Hades, porque sabía perfectamente, que yo si sentía algo por él.
—¿Por qué lloraste? —, Preguntó Hades, apenas me senté en el borde de la cama—. Pasaste tanto tiempo llorando, que creí que te habías quedado dormida.
Noté que se encontraba sentado en el escritorio—. ¿Qué fue lo que sucedió?
—Nada importante—, Murmuré, a lo que él me miró con curiosidad, esperando que siguiera, pero, no lo hice, y estaba segura, que él tampoco seguiría.
—Sabes, cualquier cosa que tu sientas, es importante, no pienses que no—. Mencionó encogiéndose de hombros—. Ven.
—Hades…
—Me preguntaste, que hacía cuando era niño, ¿No es así? Ven—, Me repitió a lo que negué—. No seas grosera.
—Hades tengo sueño—, mencioné con cansancio, el me tomó de la muñeca, jalándome ligeramente—. Hades…
El paso por alto lo que dije, paso por alto mis suplicas, simplemente me levanto, para comenzar su trayecto hacía las escaleras, mientras que yo arrastraba mis pies por el piso, estaba cansada, pero no solo físicamente, sino también mentalmente.
Era demasiado tortuoso saber, que apenas la noche anterior, el me habría besado y ahora besaba a otra chica, quizá era mi condena, no podía decirle frena, no podía decirle que esto debía de terminar, simplemente, las cosas estaban sucediendo ya, y no había nada que pudiera hacer.
¿Para que quería que me quedará?
Estaba demasiado cansada para esto, estaba demasiado agobiada ante todo esto, no quería seguir con algo que no podía entender, no quería sentirme así.
Apenas llegamos abajo, le miré, parecía cansado, agobiado, parecía, cómo si ambos hubiéramos sentido algo en esta noche, yo… Dolor, ¿El…?
Hades.
Ver a Taylor de ese modo en realidad me habría hecho sentir tantas cosas, habría sido una de las cosas más estruendosas que habría sentido dentro de mí interior, recordándome que no debía de venir a esta casa, recordando, que esta familia, era una tortura, que eran personas sin escrupulos.
Apenas llegamos al jardín ella miró hacía el cielo, la noche era linda, tenía el cielo salpicado en estrellas y la luna en lo alto, iluminando la noche con claridad.
—Sabes, cuando era niño, siempre buscaba un lugar en donde escapar de ellos, son un fiasco, ¿Te dijeron algo? —, Pregunté, ella se límito a negar—, ¿Cuánto tiempo estuvimos compitiendo?
Esa pregunta quizá fue algo que le sacó de su zona de confort, me miró con confusión, ladeando su cabeza, esperando que prosiguiera.
—Es decir, nos conocemos desde hace bastante tiempo, ¿No es así? —, seguí a lo que ella asintió—. Se cómo eres, se que quieres seguir llorando, y que en realidad, parece que te han roto el corazón. ¿Qué fue lo que lo hizo?
Ella soltó una risa amarga, pero no dijo nada, me siguió, para mirar hacía aquel pequeño rincón, donde se encontraban un par de árboles, y dos columpios ya un poco viejos, sobre las ramas de dichos árboles.
—Y cómo te conozco a ti, conoces de mí, lo que soy de insistente, percistente—. Seguí, ella aparto la mirada por un par de segundos—. Podríamos ahorrarnos bastante tiempo, ¿Sabes?
—Estoy bien, Hades—. Me dijo sonriendo de lado—. Es solo que a veces no todo tiene explicación Hades.
—Lo tiene, en realidad—, Le dije sentándome en uno de los columpios—. Pasaba aquí mis días, mirando el cielo, fuera de noche, o fuera de día, me gustaba venir aquí a mirar el cielo.
—¿Por qué? —, Preguntó sentándose en el columpio que estaba a un lado del mío—. Es decir, siempre….
—Porque a veces, es bonito encontrar un lugar en donde sentir tranquilidad, porque pasaba días adentro, entre la perfección, o fuera, mirando el cielo.
—Lindo Hobbie—, mencionó con lentitud, mirando hacía el cielo.
En realidad, mirarla así, me hacía sentir cosas extrañas dentro del cuerpo, era extraño, era bastante extraño poder verla así, con los ojos completamente hinchados y el corazón ligeramente herido, en realidad…
No creía que pudiera seguir mirando en su dirección sin preguntarme, ¿Qué habría sucedido?
—Lo es—, Seguí, al ver que ella no me diría nada aún—. Estaba dentro, y era tortuoso, pero aquí afuera, podía ver la perfección, es decir, el cielo no tiene un rumbo, las nubes están en donde sea, los colores, las estrellas, pero aún así luce perfecto, ¿No te parece?
—Gracias… Por contarme esto—. Mencionó dándome una sonrisa de lado, por un segundo—. De verdad, te lo agradezco.
Asentí, para mirar en su dirección, quizá era curioso, pero no podía entenderlo. Anteriormente, lo que me traía paz, era mirar el cielo, me hacía sentir paz venir hacía acá y mirar el cielo, cuando me mudé, iba a un parque, que tenía aquello alto, donde podías ver tanto de la ciudad…
—Hades, no puedo seguir aquí—. Me dijo pasados unos segundos, le miré, ella miraba el cielo, con ciertas dudas—. De verdad, quería ayudarte, pero no puedo. Lo siento…
—Nos vamos, si no te sientes cómoda—. Le dije con tranquilidad—. ¿Qué te hicieron?
—¿Por qué has de suponer que me han hecho algo? —, Preguntó con tranquilidad—. Estoy bien, de verdad.
—Las personas no lloran por nada.
—A veces lo hacen—. Dijo para sonreírme—. Lo siento, no puedo seguir aquí… No puedo.
Apenas dijo eso, se levantó para levantarse, le tomé de la muñeca, acercándole un poco a mí.
—Hades…
—Nos iremos en la mañana, ¿Esta bien? —, Le pregunté, ella aparto la mirada—. Pero quiero que me digas por qué.
—Te pagaré el vestido.
***
Decir que cuando desperté estaba más tranquilo, sería una mentira, desperté con la misma cólera dentro de mi cuerpo, furioso, no sabía con claridad que habría sido lo que le dijeron, desperté y ella seguía durmiendo, estaba con la nariz ligeramente roja y sus ojos aun un poco más hinchados que el día de ayer. A lo que podía deducir, que apenas me dormí, ella siguió llorando.
Baje las escaleras, buscando con la mirada a mi madre, encontrando a mi padre.
—¿Qué pasa hijo? ¿No saludas a tu viejo? —, preguntó con una sonrisa—. ¿Qué pasa? Estas enojado.
—¿Cuándo llegaste? —, le pregunté.
—Esta mañana, tu hermano esta en la cocina, por si quieres saludarle. Escuché que trajiste a una chica, ¿Quién es? —, Curioseó—. En realidad, sabía que no serías de los que se casan por contrato.
—Ya, que alegría. ¿Dónde está mi madre?
—Arriba, en su habitación, ¿Ha sucedido algo? —, Preguntó a lo que pase por alto.
Subí las escaleras con la cólera en mi cuerpo.
Mientras subía las escaleras me sentía cada vez más enojado, pensando en cómo era posible que las cosas sucedieran de este modo, ¿Qué era lo que habría sucedido? ¿Qué mierda tenía que hacer mi madre con todo lo que a mí me importaba?
Apenas llegué a su habitación, entre de golpe, esta estaba abierta.
—Hades, cariño, te enseñé a…
—¡¿Qué mierda le has dicho a Taylor!? —, Le grité furioso—, ¿¡Qué demonios tenías que ir a hablar con ella!?
—¿Te lo ha dicho? —, Preguntó tranquilamente, dejando su cepillo sobre el buró.
—Así que sí fuiste tú…—, mencioné con coraje—, ¿¡Qué mierda le dijiste!?
—Baja la voz, que toda la casa no se tiene que enterar de tus problemas—, Mencionó con diversión—. ¿Por qué te interesa tanto?
—¡Por qué la amo! ¿Qué no lo has notado? —, Le dije furioso—, ¡¿Qué no notas que todo lo que amo tu lo jodes!? —, Le grité.
—Hades…
—¡Dios! ¡¿Qué no te das cuenta que me jodes la vida!? —, Le grité—, Cada que estoy cerca de ser feliz, lo arruinas, siempre lo arruinas todo.
—Hades, quiero que te calmes.
—No se porque sigo insistiendo en mantener un vínculo contigo, no se porque me sigo esforzando en hacer las cosas bien, en mantener un vínculo contigo—. Le dije asqueado—. Si siempre que lo hago, sólo lo jodes.
—No seas melodramático. Además, si en realidad, la chica te importará, no hubieras besado a Rose, pero lo hiciste.
—¡Yo no la besé! ¡Ella me beso a mí! —, Le grité—, Y no dudaría que fuera por tu causa, no dudaría que por un solo segundo, sigas siendo tú quien haga este tipo de cosas.
—La besaste.
—¡Qué yo no la besé! ¡Y la quité apenas se acercó! ¿Quieres saber que pasa? Que estás tan metida en tu puta avaricia, que no te das cuenta, que estás arruinando la vida de todos—. Le dije con asco—. Que cada que alguno de nosotros es feliz, lo jodes.
—¿Estás feliz? —, Preguntó mamá, mirando hacía la puerta—. ¿Es lo que querías ocasionar?
—Yo no le dije nada, tu le estás diciendo de un beso, ¿No es así? —, Dijo Taylor con la voz ronca—. Yo no le dije nada. Las cosas son así, los gritos, las peleas, todo esto, y no es por mí.
—¿Qué le dijiste? —, Le pregunté de nuevo—, ¡¿Qué mierda le dijiste!?
—Hades, no tiene caso—. Me dijo Taylor—. No cambiará nada.
—Quiero que me digas, que mierda le dijiste—, ordené, a lo que mamá me miró con receló.
—¿Te pondrás de su lado? Yo soy tu madre—, Me dijo entre dientes, a lo que le miré—. ¿Cómo es que puedes defenderla a ella?
—Porque, con ella tengo un vínculo, porque… A Taylor la quiero, la quiero de verdad—. Mencioné con un poco más de tranquilidad—. A ella me une algo, y en ello hay cariño, contigo, me une la sangre, sangre, que no significa nada.
—Hades…
—¿Qué le dijiste?
—No le dije nada, que no fuera cierto, ¿No querida? —, dijo con desdén—. A veces, la verdad duele.
—Taylor, por favor, ¿Qué te dijo? —, Le dije más tranquilo, ella aparto la mirada—. Taylor…
—Sobre papá—. Dijo bajamente—. Pero tiene razón, no dijo nada que no fuera cierto…
—Bien—. Dije, para acercarme un poco más a mamá—. ¿Sabes que eres? El ser más despreciable que conozco, crees que tienes superioridad por el dinero, pero estás completamente vacía—. Le dije con asco—. Podrás tener todo el dinero del mundo, pero das asco. Me da tanto asco ser hijo de una persona que usa las tragedias de otros, para subirse el puto ego.
Apenas terminé de decir eso sus ojos se llenaron de lágrimas, estaba completamente herida, tomé un poco de aire y le di una sonrisa sin gracia.
Era curioso, pero en realidad me daba cuenta de que lo que sucedía, habría sido el detonante, lo que habría hecho hacía Taylor habría denotado cada una de las emociones que anteriormente habría sentido, es decir, el coraje que en más de una ocasión habría sentido por mi madre, no hacía más que aumentar, a tal punto que creía, que el odio no podría desaparecer dentro de mi cuerpo.
En realidad, la vida habría sido demasiado extraña, pero me habría dado cuenta, que ya no quería nada, absolutamente nada de parte de mi madre, ella habría sido el detonante ante todas las cosas malas que me habrían sucedido en la vida, ella habría sido el principal causante de cada dolor que habría dentro de mi pecho.
Era extraña, la vida era demasiado extraña, con el paso del tiempo habría dado por hecho que mi familia era mala por la perspectiva en la que yo le miraba, pero no en realidad, mi familia era mala debajo de la perspectiva que fuera, aun no podía entender que usará las cosas que le dolían a Taylor, para poder separarnos, para que me quedará con Rose, en realidad, a lo que miraba, a mi madre lo único que le interesaba era que me quedará con Rose, ella, solo le interesaba multiplicar su dinero.
Nunca le habría interesado yo.
—¿Cómo puedes decirme esto?
—Es la verdad, a veces la verdad duele—. Le dije alzando las cejas—. Espero que te quede claro, que no volverás a saber de mí. No quiero tener un vínculo con un ser tan despreciable cómo tú.