C A P Í T U L O T R E I N T A Y U N O:
Taylor.
Compras navideñas.
Tenía una bufanda roja, que combinaba con la nariz roja que era ocasionada por el frío de la ciudad, ¿En dónde pasaría navidad?
—No se porque quieres que te acompañe, creí que tu no hacías este tipo de cosas—. Mencioné, mirando hacía el frente, en donde se encontraba la plaza un poco llena—. Creí que ni siquiera te gustaba la navidad.
—No seas quejosa, Taylor—. Reprochó para mirar su celular—. Navidad es en unos días, no me gusta hacer las compras el último día.
—Sí. ¿Por qué quieres que pase navidad en tu casa? Además, nunca le agrade a tu madre—. Añadí, para acomodar la bufanda—. Además…
—Ahora, por lo que te traje, es porque no se que darle a Erick—, mencionó con desdén, mientras caminábamos entre las personas—. Es demasiado… Cómo tú.
—Cómo yo—. Reí entre dientes, abrazando mi cuerpo—. ¿Cómo yo? ¿A qué te refieres?
—¿Le comprarás algo a tus hermanos? —, preguntó a lo que asentí—, Pues anda, que hay muchas cosas que hacer.
Le sonreí ligeramente, el me habría insistido un poco más de lo que podría admitir en que pasará la navidad en su casa. La casa de Hades, el habría sido afortunado—cómo Miranda y Logan—, habrían nacido en cuna de oro, donde nada les habría faltado, si quiera el cariño de una familia, habrían sido de esas personas que tienen demasiada fortuna. En ciertos aspectos.
—Estaba pensando, en que es una cena formal…—, Alargó a lo que le miré de reojo—. Irá mucha de mi familia y…
—Y quieres evitar a tus tías—, me reí, para adentrarnos a una de las tiendas—. ¿No es así?
—Lista—, expresó con burla, para comenzar a ver en los estantes—. ¿Cómo es que sabes tantas cosas?
Me quedé quieta por un par de segundos, estática, en realidad, le ponía más atención de la que podía admitir, es decir, en realidad, en algún momento, Hades se me habría metido a la piel, y no podía darme cuenta del cómo habría sucedido.
—No lo sé, nos conocemos de hace tiempo—, mentí, mientras dejaba aquella camisa—. No he visto a Erick cómo en cinco años, ¿Cómo quieres que te ayude?
—¿Por qué mientes tanto? —, preguntó acorralándome contra la pared—. Pasas el día mentirá, tras mentirá, ¿Por qué no dices lo que piensas?
—Lo hago.
—No, sólo pasas el día fingiendo que puedes mantener esta fachada, te callas la mayor parte de las cosas que piensas—. Mencionó tomándome del mentón—. ¿Por qué lo haces?
—No se de que estás hablando Hades—. Mencionó con desdén—. Deberías de…
—Te has hecho débil, demasiado débil—, Dijo pasando su mano por mi mejilla, para sonreír un poco más—. ¿Y aquella alma valiente?
—Hades…
—Demuéstrame, que aún eres el alma valiente que conocí alguna vez—. Expresó con diversión, mirándome a los ojos—. Qué vives.
—No seas ridículo, estoy aquí, ¿No? —, pregunté alzando el mentó para retarle—. ¿Cómo podría no estar viva?
—No es lo mismo estar viva, que vivir…—, expresó, soltándome, a lo que le miré con curiosidad—, Sigues siendo competitiva, ¿No?
Rodé los ojos, para girarme hacía la ropa, intentando contener las palabras que querían salir de mis labios, ¿A que venía todo esto que me decía Hades? Claramente seguía viva, claramente seguía aquí.
Estaba llevando las cosas demasiado lejos, ¿Por qué? ¿Por una mentira? El mentía todo el tiempo seguramente, y nadie le decía nada, estaba demasiado convencida, que, en realidad, estaba sobre exagerando las cosas.
—Sí, ¿A que viene tu pregunta? —. Mencioné, sin mirarle.
Podía recordar aquel momento en donde casi lo besaba, ¿Por qué parecía que estábamos en la misma sintonía? Y a la vez, en realidad, encontrarnos tan, pero tan lejos, que no sabía si en realidad, esto era real.
—Porque tengo un reto para ti, si sigues siendo tan competitiva, seguro lo harás—, Expresó girándome un poco, en su dirección—. ¿O tienes miedo, guapa?
Miedo.
Hades siempre habría sabido por donde llegar, siempre habría sabido que decir o hacer para que pudiera acceder a sus peticiones, competir, siempre habría sido demasiado competitiva contra él, y con todos en realidad.
Me gustaba pensar, que, al tener el control contra ello, no habría algo que pudiera salir mal, ¿No es así? Si mantenía ese control, lo demás saldría bien.
—Te escuchó.
Y por un momento, sentí que la vida estaba siendo igual a antes, pero no.
Porque habría un problema, mientras miraba en dirección de Hades, sólo podía pensar en una cosa, era él. No necesitaba un beso que me confirmará lo que sentía, o que aclarará mis dudas, no había nada que calmará lo que pasaba en mi interior, no habría nada que lo hiciera.
Por un momento, me di cuenta.
Que, en realidad, no tenía dudas dentro de mi cabeza, no había dudas de nada…
En realidad, estaba sintiendo cosas de esta manera, mirando los ojos de Hades me di cuenta, que lo que sentía era real, y eso me agobiaba.
Estaba sintiendo cosas por Hades.
¿Cómo es que podría ser posible esto? Habría estado intentando por demasiado tiempo que las palabras que le dije a Katina nunca fueron reales, pero no, ella siempre habría tenido la razón.
—¿Qué pasará si pierdo? ¿Te burlarás de mí?
El soltó una risa, para negar, sin embargo, las ideas cruzaban de mil maneras posibles dentro de mí. Estaba sintiendo cosas por Hades, y dios, esa maldita sonrisa…
Esa maldita sonrisa fue la que me generó incertidumbre dentro de mi cuerpo, dentro de mi ser. Por un segundo, quería pensar…
—No, pero sería interesante ganarle nuevamente, a la gran Taylor Smith.
No tenía dudas.
¿Estaba enamorada de mi maldito jefe?
Miranda.
El mensaje que recibí, me mantenía vuelta loca, me hacía sentirme completamente perdida en mis pensamientos y dentro de mi ser, relamí mis labios, para ver mi celular por un par de segundos, releyendo el mismo mensaje, una y otra vez.
—¿Pasa algo? —. Pregunto Samara, a lo que le miré de reojo—, Pareces demasiado confundida, y has estado demasiado rara desde hace unos días.
—No, no. Estoy bien—. Asentí, para dejar mi celular en la mesa de la cafetería, sonriendo de lado—. ¿Has recibido más mensajes?
—Así que es eso—, Alargó, recargándose en sus manos—. ¿Te ha pedido hacer algo que no quieras?
—Nada de lo que pueda hacer, pudiera ser algo que yo quisiera—. Mencioné con tranquilidad, para suspirar—. Tengo que irme, te quiero Sam.
Le deje un beso en la mejilla, para levantarme. Ella me miró con un poco de pena, en realidad habían sido días demasiado largos. Sabía como crucificaban a las personas, por ese tipo de cosas, apenas iba iniciando y podría ser un detonante para que no me quisieran en Milán, es decir, al tener el peso del nombre, no tener éxito alguno.
—¿Estarás bien? —, preguntó Samara a lo que asentí—. Esta bien, nos vemos luego Miri, cuídate.
Asentí con una sonrisa, para tomar mi bolso, saliendo del café, para después notar cómo es que ya se encontraba James afuera del lugar, recargada en el coche, sentí un poco de duda ante ello, ¿Era realmente eso? Seguramente, no eran solo las dudas.
Si no, el saber, que estaba sintiendo el corazón achicado. Pequeño.
—¿Estás lista preciosa? —, me dijo, quitándose los lentes de sol—. Estaba pensando, en que hacía bastante tiempo que no hacía algo lindo por ti así que…
Me desconecté, le di una sonrisa de lado, pero dejé de escucharle.
Yo me habría molestado de manera irracional con él, al saber que se habría acercado a mí por Taylor, por mi mejor amiga, ¿Qué sentiría él al saber que sólo había accedido a todo esto desde hace unos días por mantener mi secreto?
Mi celular vibro, lo saque, aquel sonido de los mensajes comenzaba a atormentarme, siempre habría amado la atención, los mensajes y poder tener mil mensajes en la bandeja de entrada, ahora se sentía cómo una tortura, ¿Habría modo en que mi vida hubiera cambiado de manera tan repentina?
“Da el siguiente paso. Ayúdalo a enamorar a tu mejor amiga, a Taylor. Tu rompiste mi corazón, es hora de regresarte el favor”.
¿Romper su corazón? Aquel mensaje alarmo mi sentir, fruncí las cejas ligeramente, ¿Le habría hecho daño a alguien? Romper su corazón… Desde que yo tenía memoria, habría hecho lo posible por estar con James, no podía imaginarme en una relación con alguien más, porque de verdad, dentro de mí, lo único que me interesaba era, que fuera él.
“Hay un secreto más, jugaré esa carta a mí favor. ¿Recuerdas a Diego Marín? Seguro que sí, también recordarás ese secreto.
Sufrirás su cercanía, porque eso es lo que mereces”.
—¿Sucede algo solecito? —, preguntó con una mueca, negué—, De verdad, te agradezco esta segunda oportunidad…
Asentí, sin gracia alguna.
En algo habría acertado el anónimo, aquello que decía, podría ser capaz de romperme el corazón, la cercanía de James me hacía sentir asqueada, porque al ver sus ojos, sólo podía recordar los gritos en la casa, cuando terminó conmigo. Sólo podía recordar lo que escribió Katina en aquel cuaderno, no podía parar de pensarlo.
¿Cuándo comenzó?
Subí al auto de James, para verle de reojo, sabía que era un poco extraño, el estar aquí, a un lado de él, y en lo único que pensará, fuera, en lo mucho que me dolería esto.
—¿Confías en mí? —. Su pregunta llamó mi atención, le miré de reojo, con los ojos llenos de lágrimas—, ¿Por qué cada vez que te llegan mensajes te rompes? No lo entiendo…
Confiar. No confiaba en mí.
Ni confiaba en él.
—Estoy bien, James—, murmuré para ver hacía afuera—. Somos amigos, James, si lo que quieres es estar con Taylor… Te ayudaré.
—¿Qué dices Miranda? —, Me giró en su dirección, obligándome a verle, le di una sonrisa sin gracia—. ¿De que es lo que estás hablando?
Quizá, no podría estar cerca de James de nuevo, de manera romántica, porque eso me jodía el corazón, pero… Aun lo quería, era un amor que por mucho que lo intentará, aquellos sentimientos no desaparecían de mí, estaban ahí de manera acusadora, recordándome, todo lo que habría sentido por la alguna vez, y eso, era demasiado extraño.
Porque, por mucho que quisiera odiarlo, no podía.
No podía imaginarlo estando con mi mejor amiga, en realidad lo quería, con todo mi corazón, y verlo con Taylor, me jodería el corazón.
—Que si lo que quieres es estar con Taylor, yo te ayudaré—. Repetí de manera amarga, sonriendo sin gracia—. Te quiero… Y quiero que seas feliz.
¿No es lo gracioso? A las personas que amas, las quieres ver siendo felices, siempre les terminas deseando el bien, ¿No es así?
—¿A qué viene todo esto?
Podría decirle, que, porque lo quería ver feliz, aún si no fuera conmigo, pero… No lo podía sentir de ese modo, no podía sentir, que al verlo con alguien más, no me terminaría jodiendo el corazón.
Pero, no era así. Porque no era del tipo de personas que hacía esas cosas, no podría darle el arma con la cuál dispararme el corazón.
Era por los mensajes, era por ello…
Porque, si no fuera por los mensajes, no haría nada, absolutamente nada, para que estuviera con Taylor, no traicionaría mi corazón, ni traicionaría a mi mejor amiga de ese modo.
Al final, aquellos planes que cruce con Hades, me venían haciendo ecos en el corazón, el karma me habría llegado, justo frente a los ojos.
—Nada… Quiero que seas feliz—, le dije, para mirar por la ventana—. Que sean felices. Muy felices…
Hades
Pasar tiempo con Taylor.
—Podríamos ir a un restaurante—. Expresó con tranquilidad, a lo que ella negó—. Vamos, hay restaurantes muy buenos, y quieres un lugar de comida rápida.
—Es sólo comida, supéralo—. Expresó, dejando las bolsas en el suelo—. No te pasará nada por venir a comer aquí.
—sí, me quedaré sordo—, reproché sentándome frente a ella—. Hay niños gritando y corriendo por todas partes, y el aroma a…
—Detén tu carro, iré por la comida—. Expresó levantándose—. No seas exagerado, llegué a venir aquí en varias ocasiones con Samara y James, aquí trabajaba Paula y el lugar tiene buenas papas.
—En muchos lugares hay buena comida—. Dije para mis adentros.
Ella rodó los ojos, para terminar por ir a caminar en dirección de aquella fila, miré con atención el lugar, los juegos del lugar eran los que llamaban la atención de los niños, quizá era aquello, venían aquí los niños pidiéndole eso a sus padres, comiendo hamburguesas grasosas y subiéndose a esos juegos que estaban llenos de bacterias.
Quizá les gustaba venir aquí, porque nadie les decía nada por esos gritos tan atroces que hacían eco por todo el lugar, ¿Eso significaba tener hijos?
Podía ver el rostro de los padres cansados, ante el lugar, con las miradas agotadas, y comiendo mirando en dirección de los juegos.
No odiaba a los niños, ni era del tipo de persona que juzgaba los lugares por la economía, ni nada parecido, pero los gritos de los niños me llegaban a poner un poco de malas, dirigí la mirada hacía la fila, en donde se encontraba Taylor, mirando en dirección de su celular.
Aquel plan que le dije, en realidad, era hacía mí, quería volver a ver aquel lado de Taylor, me gustaba ese lado, el valiente. Esa era la primera mitad.
La segunda mitad, es que, creía que Taylor habría perdido el rumbo, desde el momento en el que paso lo de la muerte de nuestros amigos, de a poco en poco, ella se habría perdido.
Habría una frase que me gustaba, de una serie que miraba con Miranda.
“Las personas cambian a las personas, el secreto de la vida”.
Habríamos sido un mosaico de nosotros, todos habríamos tomado un poco del otro, para ser mejores personas, Taylor habría perdido un poco el rumbo de todo, y por ello, creía que entre nosotros podríamos hacer, que algo cambiará, por si quiera, un solo segundo.
—Traje esto—. Mencionó dejando una charola frente a nosotros—. Es riquísimo, además, dos cajitas felices y…
Fue curioso, porque parecía una niña pequeña, emocionada por las cosas que habría hecho.
“—Regresa. Sólo tienes que hacer lo que te nazca del corazón. Sin dudas, aquello que quieras hacer, lo haces—, le dije con tranquilidad, a lo que ella me miró con un toque de duda—. Así que, ¿Aceptas?
—¿Hacer lo que quiera hacer? Ya, estas perdiendo la cabeza Hades—. Mencionó divertida, para caminar hacía otro estante—. A menos de que seas adivino, dudo que sepas si lo hago o no.
—En eso te equivocas, porque te conozco, Taylor—, le giré, obligándole a que me viera—. Te conozco, conozco tus reacciones, tus actitudes, conozco cómo mientes, y cuando te pones nerviosa—. Seguí, a lo que ella aparto la mirada con un toque de duda—. Conozco más de ti, de lo que quisieras aceptar.
—Ajá… ¿Eso es lo que crees? —, preguntó burlona.
—¿No aceptarás? Sólo es eso, ser valiente—, mencioné dando un paso hacía ella—. Eras del tipo de persona, que no dudaría en saltar”.
—Son coronitas—, Celebro, sentándose frente a mí—, ¿Sabes cómo armarla?
—Es solo papel, no tendría que ser tan difícil, Taylor—, mencioné con desdén a lo que ella sonrió—. ¿Esto es lo que haces en tus tiempos libres preciosa? ¿Colocarte coronitas? ¿Comprar comida con juguetes?
Ella me miró de reojo, para encogerse de hombros, mientras que armaba dicha corona, rodé los ojos, quitándole esta de las manos, para armarlo, me acerqué a ella, dejando la corona en su cabeza.
—Sí, suelo hacer eso—. Mencionó con burla, para mirarme a los ojos—. Ahora, tú. Colócate la corona, ¿Temes que te juzguen Hades? —. Se mofó.
Rodé los ojos, para sentarme frente a ella, en realidad, esto me parecía una tontería, el usar una corona, pero, parecía que a Taylor le hacía ilusión, supongo que podría haber hecho eso por ella. ¿No es así?
Encogí mis hombros, para colocarme la corona.
—Eres una infantil, Taylor.
Taylor.
Es cuestión de tiempo, ¿No es así?
—¿Atenderás? ¿O viniste a terminarte todo mi café? —, preguntó Nelly, dejando una taza frente a mí—. Espero que pagues por este, porque el café gratis, no lo tendrás.
—Pensaba en irme corriendo cuando me terminará el café, ¿Llamarás a la policía? —, me mofé, para ver cómo es que ella se sentaba frente a mí—. Entonces, ¿Cuándo conoceré a Gabriel?
—No lo sé, quizá regresando de las fechas importantes, es decir…
—No conozco a Gabriel, ni siquiera se como se llama la novia de Drake—, señalé, a lo que ella bufó—. Lamento si me distancie, pero quiero ser parte de su vida.
—No conoces a Gabriel, porque llevó poco saliendo con él, vive en Los Ángeles, iré hacia allá para pasar las fechas, el vendrá para año nuevo—, señaló—, Éramos amigos, pero no era nada serio, por eso no lo conoces, no te estamos apartando de nuestras vidas Taylor, no seas dramática.
—¿Y la novia de Drake?
Nelly se quedó pensativa por un par de segundos, pero no dije absolutamente nada al respecto, se sentó frente a mí para encoger ligeramente sus hombros.
—Cuando el te la quiera presentar, lo hará—, mencionó con desdén—, Así que, ¿Hades?
—¿Qué con Hades? —, pregunté escondiendo mi rostro detrás de aquella taza—, No pasa nada con Hades.
—Vamos, has pasado más días con Hades que con nosotros en el ultimo mes, trabajas con él, y las horas en las que no trabajas, estás con él igual—, señaló, aparte la mirada—. Es cómo, si aquella chica, que cuando regresamos se quejaba de ver a Hades, no hubiera existido.
—Estas sobre exagerando las cosas, en realidad, Nelly—, mencioné con desdén.
Aunque tenía razón, habría pasado más tiempo con Hades estos últimos días, mientras que las dudas crecían dentro de mi cuerpo.
Quizá no podía mencionarle de manera inmediata, que aquella mujer que decía tenerle cierto odio a Hades, ya no existía.
—No lo creo, has estado muy al pendiente de Hades—. Mencionó Nelly, mirándome divertida—. ¿Qué es lo que haces con Hades todo este tiempo?
—Charlar, es decir, somos apegados por la agencia—. Respondí con tranquilidad.
Mentía, quizá entre más pasaba tiempo con Hades, me iba sintiendo tranquila, habría comenzado a tomarle gusto a pasar más y más tiempo con Hades, al punto, que el estar con él, fuera lo único que me trajera calma. Quizá si lo decía en voz alta sonaba a una completa tontería, pero…
En mis pensamientos, era algo, que sonaba irreal.
Quizá el tiempo con Hades era la calma, y sentirme tranquila, era lo que más me gustaba.
—Ajá, ¿Por qué no lo admites de una vez? —, expresó Drake, sentándose a un lado de mí—, Has estado enamorada de él, desde hace tanto tiempo.
—Por dios, no sean metidos.
—No miente, ni siquiera sales con alguien, te pasas el tiempo con Hades…—, siguió a lo que solté un suspiro—, ¿Por qué no dices que te has enamorado de Hades?
—Porque eso no es algo que este sucediendo—, mentí.
Y no sabía si era, que me lo habrían estado repitiendo en tantas ocasiones, día con día, o si el sentir en realidad no podía salir de mi cuerpo, si en realidad, nunca me habría dejado de gustar.
—Sí, si eso te deja dormir, adelante, di lo que quieras—, mencionó Drake, con cansancio—. Pero, aquí, los tres sabemos, que nunca has dejado de sentir, por un solo segundo, algo por Hades.
No dije nada, seguí bebiendo de mi café, intentando acallar los pensamientos de mi cabeza, por un poco de paz, era por lo que habría venido a con mis hermanos, Hades tenía razón, estaba perdiendo la chispa, estaba perdiendo por completo la chispa, y regresar a mi vida, sería lo que me haría… Ser feliz.
—escuché que me mentiste sobre pasar las fechas con Miranda, ¿Qué es lo que harás? —, alargó Nelly, a lo que le miré de reojo—. ¿Por qué nos mentiste?
—No lo sé, embriagarme y perderme, quizá ir a las vegas y casarme con un chico guapo—, me detuve por un par de segundos—. Espero que sea guapo, para que en las fotos…
—Espero que no sea que te escapes a Las Vegas cuando estemos en mi casa, porque seguro Nelly me reclamará a mí—, La voz de Hades me sobresalto—, Por el hecho de que no pueda ir a tu boda.
—Exacto—, aceptó Nelly, para terminar por encoger sus hombros con desdén, sin embargo, sus cejas se fruncieron ligeramente—. ¿Pasarás navidad con Hades?
La mirada de mis hermanos me carcomió, no de manera en que estuvieran juzgándome, pero, podría ver la diversión en sus ojos, y la cómo dicha escena, les parecía realmente cómica.
Cómo sí, lo que estuviera pasando, les confirmará lo que habrían estado insistiendo todo este tiempo, así que, la suerte, seguía sin jugar a mi favor, burlona.
—¿No les habías dicho? —, siguió Hades, con sonrisa maliciosa, disfrutando la escena que se encontraba frente a nosotros—, No les has dicho.
—Así que, Tay, preciosa—, Alargó Drake, mirándome divertido—, pasarás la navidad con Hades.
Y fue gracioso, porque el momento fue incómodo, al poder mirar la forma acusante en la que ellos me miraban, cómo parecía, que estaban disfrutando tener la razón, quizá la tenían…
Y eso, era lo más gracioso.
Que tenían razón, siempre, todos, habrían tenido razón.
Estaba enamorada de mi maldito jefe.
—¡Tada! —, dije con las mejillas sonrosadas, notando la sonrisa maliciosa de Nelly.
Rayos…