Hilo rojo

1793 Words
C A P I T U L O D O S No, no, ¡No! Presioné con fuerza el bolígrafo entre mis dedos para levantar la mirada, notando cómo es que el Sr. Cameron estaba serio, pero dentro de sus ojos parecía haber tanta diversión. —Si. Justo la tienes en frente—, Se levanto, cerrando la laptop—, Taylor Smith, te presento a... Hades Grey. Será tu mentor. Me quede quieta, helada, podía sentir junto con ello el silencio de Hades quemaba mi existencia. Sus ojos verdosos y aquel cabello oscuro, confirmaron mi desdicha, Hades habría vuelto. —Explícale lo que debe de saber—, Tomo su saco Franco, para verle de reojo—. Es hora del café. Él señor Cameron salió de la oficina con tranquilidad y aquel bastón chocando con el piso con cada paso que daba, Hades cerró la puerta detrás de él. —Taylor Smith—. Lentamente alargó, mirándome de arriba abajo—. Ha pasado mucho. —No tanto como parece—. Susurre. No negaré que verlo genero un vuelco en mi corazón, aquellas piernas que parecían gelatina, y el zumbido. —Volviste—. Menciono, caminando con lentitud hacia mi—. ¿Por que volviste? No negaré, que su perfume y su presencia me colocó de los nervios, trague saliva y suspire con pesadez. —Parece ser, que no fui a la única que se ocurrió regresar—, murmuré con lentitud. —Y ahora eres la nueva modelo de Time’s. Aquella modelo que Franco decidió contratar—, expresó con desagrado, pasando por mi lado llegando a su escritorio—. Que desdicha. Regresé a la realidad. Hades y yo jamás nos llevamos bien, siempre competimos un con el otro, con peleas absurdas. Le miré ligeramente ofendida, para terminar por tomar mis cosas. —Desdicha la mía, que tendré que verte de nuevo—, recalqué, para caminar frente a él—. Creí que ya me había librado de ti. Me tomó del brazo, para jalarme de él ligeramente, mirándome de arriba abajo. —Sí has firmado el contrato ya, espero que vengas mañana, temprano. A las siete, Greta te indicará y dará un recorrido por la agencia—, espetó borde, para soltarme—. dentro de unas semanas estaremos haciendo un evento, prontamente elegiremos a la cara principal del evento y quien será quien vaya a Milán y demás. —Sí, ¿Eres asistente de Franco?—, intente apaciguar las aguas, noté como rodaba los ojos, a lo que añadí—, Es decir… Porque estás diciéndome… —Nunca fui asistente ni lo seré, de nadie, yo no recibo órdenes—, escupió con descaro—, Siempre ha sido así. —¿Entonces? Antes de obtener respuesta tocaron a la puerta, Hades con una mirada pesada me miró con amargura, para terminar por sentarse detrás de su escritorio, murmurando un “Adelante”.. —Sr. Grey, han llegado ya a la reunión de las doce—, informó, mis cejas se fruncieron. —Bien, lleva a la Señorita Smith a recepción y entrégale una copia de su contrato, junto con una identificación para que pueda adentrarse a la agencia sin problemas. —Acompáñeme—, Señaló ella. Mire a Hades, quien miraba con tranquilidad hacia acá. —¿Recibiste el correo acerca de lo de Katina y Marcus?—, preguntó. Mirando su ordenador—, Han pasado cinco años. —Y aún parece que fue ayer—, dije bajamente, frenando mis pasos—. Lo recibí. Él asintió, y yo terminé por salir de la oficina con la chica a un lado de mí, callada, mirando hacia la oficina donde las personas parecían que se volverían locas de un día para otro. Por eso escogí esta carrera, podría mantener mi mente ocupada. Apenas llegamos a su escritorio, ella comenzó a sacar copias de los documentos que Hades le habría mencionado. —El abuelo mencionó que le parecía familiar tu nombre, cuando vio tu portafolio—, cuchicheo, para girar la hoja—, No se equivocó. —¿Hades que es de la agencia? —El trabaja aquí, por decirlo de un modo. *** Había pasado a casa a cambiarme, quería ir aquello de Katina y Marcus, pero también tenía miedo, de entrar a ese lugar —¡Lo sabía! ¿No miraste mi horóscopo hoy? ¡No debí salir de casa!—, le reclame a Nelly. Ella rodó los ojos con cansancio, para prender la cafetera, llenando mi taza. —Trabaja ahí, no es tu jefe. —¡Pero él también volvió a Nueva York!—, chillé, para tomar la taza que ella habría terminado de llenar—. ¡Hizo mi vida un infierno en la preparatoria! —Supéralo Tay. Fue hace años. Rodé los ojos para beber de mi café consternada. —¿Tienen servicio?—, preguntó una mujer, desesperada. —Y una conversación importante, por si no lo noto—, bebí de mi taza—. Necesito un shot. —¡Taylor!—, me reprendió mi hermana—, Lo siento, ¿Que puedo ofrecerle? Ella caminó hacía el mostrador, con una sonrisa amigable en el rostro, tomé un poco de aire. Recargué mi cabeza en mi mano, quinto año, la familia de ambos harían una misa, para ellos, ¿Debía de ir? Éramos Miranda, Katina, Samara, Paula y yo… —Ve—. Me pidió Nelly, prendiendo la cafetera—. Te hará bien. Tomé las llaves del auto, accediendo a la petición de mi hermana, quien agradeció por ello; lo pude notar en sus ojos, subí al coche para ir hacia aquella iglesia, ¿Podía hacerlo? Llegar y mirar a una de mis mejores amigas, en aquella fotografía, con todos los demás. Subí al auto y conduje en silencio hacía aquella casa, la madre de Katina alguna vez me dijo, mirándome a los ojos, "¿Por qué no pudiste ser tú?", después de ello, dejé de ir hacia cualquier cosa de Katina, pero... Apenas me detuve afuera noté que estaban varios coches ya estacionados aquí, baje del auto y cerré la puerta con el crujir de esta apenas se cerró, me recargue en el coche mirando hacía aquella casa. Tomé valor para caminar lentamente por la entrada, era la casa de Marcus, seguí caminando para adentrarme a la casa, mirando a ciertos compañeros de la preparatoria, tomé un poco más de aire para cerrar los ojos por un par de segundos. —Así que, regresaste—. Escuché, presione mis dedos en mi antebrazo—, Dejaste de contestar mis llamadas... Me giré para verle, Miranda. —Cambie de número—, me escude, para mirar hacía Samara, quien hablaba con una chica—, ¿Ustedes…? —Tú te fuiste, Kat también… Creo que nada fue igual después de eso—, mencionó para colocarse a un lado de mí—, ¿Cuando regresaste? —Hace tres días—, comenzamos a caminar en dirección de la fotografía de Katina—, Lo siento, Miranda. Tenía miedo. —Lo sé—, me consoló, pasando un brazo por mis hombros—, Me hiciste falta, Tay. Le abracé, para suspirar con los ojos cerrados, quizá después de esa noche la vida nos cambió a todos. —¿Lo has visto?—, pregunto después de unos segundos—, Lleva una semana aquí. —Parece que todo regreso al mismo sitio—, Me solté para girarme hacia la fotografía—, Por un momento creí que la vida tendría otro rumbo. —¿Por que fue que tu volviste?—, me interrogó, a lo que miré de reojo hacia la madre de Katina. —Drake lo pidió—, omití todos los detalles. Ella asintió, a lo que miré de reojo como es que la madre de Katina especificaba cómo debían de ir la flores, todo seguía igual, las personas, el lugar, el mundo. —Iré con la madre de Katina, pásame tu número—, dijo dándome su celular—. Seguro querrás tener rostros conocidos ahora que estás aquí. Le sonreí de lado, para tomar su celular escribiendo mi número de teléfono, segundos después se lo di. Quizá era extraño creer que podía ser que las personas aquí podrían olvidarme, no lo habrían hecho. Ella sonrió, dejando un beso en mi mejilla, para salir con pasos veloces en dirección de la señora, mire la fotografía, para sentir mi piel helarse. Katina y Marcus habrían unido mi círculo con el de Hades, habríamos comenzado a llevarnos bien… A excepción de Hades y yo, quienes siempre terminábamos discutiendo, como si la vida se nos fuera en ello. Camine un poco más, para quedar recargada en una de las paredes, ya no teníamos diecisiete, pero aún nos manteníamos en silencio, de lo que habría sucedido esa noche. Presione mis dedos en mi brazo, para tomar un poco de aire caminando hacia la salida. —¿Te irás?—, la voz de Hades llamo mi atención—. aunque creí que no vendrías. —Creí lo mismo—. Admití. Mire cómo Paula le daba una sonrisa incómoda a Samara, para caminar en dirección de las sillas. —¿Crees que todos estamos evadiéndolo? —Seguimos la vida, Taylor. ¿No es así? —No, huimos de ella, supe que te fuiste un par de semanas después de que lo hice yo—, confesé. —Que rara eres. No me interesas Taylor, no gastes tu tiempo yendo sobre mi—, Rodé los ojos. —Imbecil. —Katina se mofaba, de nosotros, con aquella alma de hechicera, ¿Lo recuerdas?—, interrogó—. Aquel hilo rojo que decía que teníamos atado, se equivocaba. Hades y yo, tener un hilo rojo atado; lo decía por las cosas que yo le decía a ella. —Nunca podría tener un hilo rojo con alguien tan llorona como tu—. Me reto. —Que alegría—, Dije con tono de desagrado, para verle por un par de segundos—, Así no tendré que ver tu rostro a diario Estaba por irme, cuando me tomó del brazo, lo que le miré con molestia, ahí noté cómo sus hoyuelos de las mejillas se marcaban con aquella sonrisa burlona, maliciosa. —Lo tendrás que ver—, Se mofó para soltarme—, ¿Qué acaso no te lo han dicho aún? —¿Qué?—, Me quite de golpe para verle frustrada. —Yo soy tu jefe, Taylor—. Sonrió malicioso—. Y tendrás que verme por mucho tiempo— Se mofó.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD