Yo quería a Nicholas y mucho, pero ya era tardísimo para todo. Él había creído en alguien más dos veces. No fue solo una, fueron dos. Así que, me quedé en silencio, silencio que fue interrumpido por un “adelante” de Hater. Esa noche, como presintiendo algo, me pidió que durmiera con ella. Tengo que confesar, que fue la cosa más incómoda del mundo. Recibí un par de manotazos y patadas de una Hater dormida. Al menos, esta Hater dormida, no golpeaba tan fuerte. Me dio un poco de gracia mi desgracia. Como por cosas del destino, Nicholas me pidió que llevara a Hater a la escuela al día siguiente. Apenas llegamos, ella asintió. —Lo sé, mamá. Sé que te pedí que te quedarás. Pero los he escuchado discutir un millón de veces y papá te trata muy mal —dijo con los ojos aguados. No tuve que decir

