Lucas y María están disfrutando de un tranquilo desayuno en su apartamento, inundado de la cálida luz matutina. Lucas se levanta temprano y prepara café, mientras María, aún en la cama, revisa sus r************* y responde algunos mensajes pendientes. La escena es de calma y rutina, una representación de la vida que han construido juntos en el último año. “Buenos días, amor,” dice Lucas, acercándose con dos tazas de café en mano. María sonríe al recibir la suya, agradecida por el gesto. “Buenos días,” responde María, tomando un sorbo del café. El sabor familiar y el calor reconfortante la despiertan por completo. Sentados juntos, la conversación fluye naturalmente. Hablan de sus planes para el día, de las novedades y de las pequeñas alegrías cotidianas. Sin embargo, Lucas tiene algo en

