María se despierta abruptamente, su corazón latiendo con fuerza. Había tenido un sueño inquietante en el que Juan, su ex, aparecía con una chica y un bebé en la fiesta de celebración del bebé de Martín, el primo de Lucas. El sueño era confuso e ilógico, ya que esos círculos familiares ni siquiera sabían de la existencia del otro. Pero los sueños, como bien sabía, podían mezclar y distorsionar la realidad de formas inesperadas. Lucas, medio adormilado a su lado, murmura suavemente, “¿Estás bien, amor? Vuelve a dormirte.” María lo mira, reconfortada por su presencia. “Estoy bien, solo me desperté con sed,” responde, deslizándose suavemente de la cama. Se dirige a la cocina para buscar un vaso de agua, mientras reflexiona sobre el extraño sueño. Era raro que Juan se apareciera en sus sueños

