Capítulo: Mi sueño es más importante
María se sentía atrapada en una tormenta emocional. Había decidido no tener al bebé, priorizando su carrera y bienestar, pero sabía que debía contarle a sus padres. Tomó aire y marcó el número de su madre.
—Hola, mamá. Necesito hablar contigo —dijo María, con la voz temblorosa.
—Claro, hija. ¿Qué sucede? —respondió su madre, con tono preocupado.
María se armó de valor y le contó todo: el embarazo, sus dudas, y su decisión de no tener al bebé. El silencio del otro lado de la línea fue ensordecedor. Finalmente, su madre respondió, con una mezcla de incredulidad y tristeza.
—María, ¿cómo puedes siquiera pensar en no tener al bebé? Es una bendición. Tu padre necesita saberlo, y Juan también. Él tiene que hacerse cargo.
María sintió un nudo en la garganta. Sabía que esta conversación no sería fácil, pero no esperaba una reacción tan fuerte.
—Mamá, yo sé que en tu generación tener un bebé es visto como una bendición, pero para mí, en este momento, no es viable. Mi carrera es muy importante, y no puedo detener todo por esto. Además, la relación con Juan está rota —respondió María, intentando mantener la calma.
Su madre no podía entenderlo. Para ella, la idea de no tener al bebé era inconcebible, casi una blasfemia.
—María, estás cometiendo un error. Piensa en el bebé, en lo que significa una nueva vida. Juan debe saberlo, debe hacerse responsable —insistió su madre, con tono autoritario.
María sintió cómo las lágrimas comenzaban a brotar. Se sentía incomprendida y sola. Era como si su madre no pudiera ver más allá de sus propias creencias y valores.
—Mamá, esto no es solo sobre Juan. Es mi vida, mi cuerpo, y mi decisión. No puedo obligarlo a ser parte de esto si él no quiere, y no puedo sacrificar mi futuro por una situación que no planeé —replicó María, con voz firme, aunque quebrada por la emoción.
La conversación se prolongó durante horas. Su madre seguía insistiendo en que debía decirle a Juan, que él tenía derecho a saber y a tomar responsabilidad. María, en cambio, defendía su decisión de seguir adelante con su vida y sus sueños.
—Las generaciones son diferentes, mamá. Para ti y papá, esto es un asunto de honra y deber, pero para mí, es sobre mi autonomía y mi futuro. No estoy diciendo que no sea importante, pero en este momento, debo priorizarme a mí misma —explicó María, con paciencia.
Finalmente, la llamada terminó. María se sentía agotada, pero también más clara en su decisión. Había sido duro enfrentarse a los valores de sus padres, pero estaba decidida a seguir adelante.
Unos días después, mientras revisaba su teléfono, María decidió desbloquear a Juan. Tenía que contarle la verdad, aunque sabía que no sería fácil. Escribió un mensaje corto, pero directo:
Juan, quiero comentarte que la última vez que estuvimos juntos trajo un resultado a mi vida. Estoy embarazada. Creo que tienes derecho a saberlo y también que he decidido no tenerlo. Mi carrera es muy importante para mí en este momento y no puedo, ni quiero ponerla en pausa, perdona por lo que te diré, pero así como tú me hiciste entender me quedo con que mi sueño es más importante.
No espero una respuesta de tu parte, solo pensé que tenías derecho a saberlo, continuaré mi contacto cero y mi vida.
Espero que siempre te vaya bien. Un abrazo!
María dudó antes de enviar el mensaje. ¿Era lo correcto? ¿Debía darle la oportunidad de saber y decidir? Sabía que no podía seguir evadiendo la realidad.
Enviando el mensaje, sintió una mezcla de alivio y temor. Había hecho lo que creía correcto, pero ahora estaba en manos de Juan, pero aunque él no estuviera de acuerdo ella quería ser firme con su decisión, al final es su cuerpo y su vida.
Pasaron las semanas y no recibió respuesta. Juan no leyó el mensaje, el no tenia foto de perfil desde mucho antes pero María pensó que estaba bloqueada, así decidió no insistir. Había hecho lo que consideraba su responsabilidad, y ahora debía enfocarse en que las cosas salieran bien, al no tener al bebé su salud cayó un poco más pero pudo recuperarse rápidamente, semanas despues estaba entrenando teniendo ciclos de sueño completos y los vértigos habían desaparecido. Había tomado la decisión de no beber alcohol para tener una mejor calidad de vida.
En la distancia, ambos estaban viviendo una nueva etapa de su vida.
Juan estaba en Barcelona, España, y había desactivado su número regional de whosapp, estaba usando su número teléfono de España, ya que pensaba quedarse aproximadamente dos años.
Había abierto una cuenta de citas y seguía componiendo en su departamento a las afueras de la ciudad, también le llegaban propuestas de su trabajo anterior las cuales rechazaba sin parar, su salud estaba bien y ya era menos frecuente acordarse de María.
Ambos seguían sus caminos, enfrentando sus propios retos y reconstruyendo sus vidas, con destinos inciertos y el eco de lo que pudo ser.
Las vacaciones habían llegado para María, así que viajaría a su ciudad para visitar a sus padres y amigos. Muy en el fondo, esperaba un encuentro fugaz con Juan, pero también temía que ocurriera. Era una confusión entrelazada con el miedo a no poder ocultar que había estado embarazada, o que él ya lo supiera por algún encuentro con su madre del que ella no se había enterado, y la estuviera juzgando de egoísta.
La relación con su madre estaba un poco tensa después de la noticia del embarazo, así que María llegaría a casa de una amiga en esa oportunidad, esperando que la visita a sus padres no estuviera llena de caos y pudieran entender su decisión, aunque eso era una misión casi imposible.
Al llegar al aeropuerto, Julia, la amiga de infancia de María, la recogió en su auto. Se saludaron con mucha alegría y Julia le dijo, “Lo siento mucho por lo que pasó con Juan”. María le hizo un resumen corto de cómo fue su quiebre y finalizó con la pregunta: “¿Lo has visto?”
“No está aquí, amiga, se fue a Europa hace un par de meses”.
Una inquietante pero sutil tristeza arropó a María. “Las cosas debieron pasar así”, dijo en su mente, soltando un suave suspiro, mientras su amiga conducía a su casa.