Silencios con sorpresas

1283 Words
Pasaron los días, y cada vez que Juan revisaba su teléfono, el mensaje seguía sin ser leído. La rutina diaria se había convertido en una especie de prisión emocional para él. Aunque intentaba concentrarse en su música y en su trabajo, la ausencia de María pesaba en cada momento. Cada mañana, Juan se encontraba con la misma esperanza y decepción: abrir su teléfono y ver que el mensaje aún no había sido leído. Se preguntaba constantemente qué estaría haciendo María, si también pensaba en él o si ya lo había dejado completamente atrás. Sus pensamientos eran un laberinto del que no podía escapar. María, por su parte, estaba lidiando con sus propios demonios. Desde aquella noche en el bar de Melbourne, sus amigas notaron que algo no estaba bien con ella. Había perdido peso, su piel lucía más pálida de lo habitual, y sus ojos reflejaban una tristeza profunda. Los mareos y la sensación de vértigo se habían vuelto más frecuentes, acompañados de una fatiga que parecía no tener fin. Una mañana, después de un malestar especialmente fuerte, María decidió que era hora de visitar a un médico. Había estado evitando la idea, pensando que solo era estrés acumulado y tristeza, pero algo en su interior le decía que debía prestar atención a su cuerpo. En la consulta, el doctor la escuchó con atención, anotando sus síntomas y haciéndole varias preguntas. —María, tus síntomas pueden estar relacionados con varias cosas. Vamos a hacer unos análisis de sangre para tener una imagen más clara. Mientras tanto, trata de descansar y alimentarte bien. María asintió, sintiéndose un poco más tranquila al saber que estaba tomando pasos hacia una posible solución. Sin embargo, el vacío emocional que sentía no se llenaba con simples consejos médicos. Cada noche, antes de dormir, revisaba su teléfono con las ganas de desbloquear el número de Juan. Pero sabía que esa esperanza de desbloquearlo y que llegara un mensaje de él solo prolongaría su dolor, así que, en un acto de determinación, decidió borrar su número y eliminarlo de likegram. Necesitaba espacio para sanar, aunque eso significara cortar completamente el contacto. Mientras tanto, Juan continuaba con su vida, pero con un sentimiento de incompletitud que lo seguía a todas partes. Había momentos en los que sentía que debía olvidarla y seguir adelante, pero cada pequeño recuerdo, cada canción que componía, le recordaba a María. Decidió que la mejor manera de despejar su mente era salir y distraerse, así que aceptó la invitación de Emilio para una salida nocturna. En el bar, Juan y Emilio se reunieron con algunos amigos, intentando disfrutar de la noche. Sin embargo, Juan no podía evitar que su mente volviera a María. En un momento de la noche, Emilio notó su distracción y le preguntó: —Hermano, ¿sigues pensando en ella? Juan asintió, tomando un sorbo de su bebida. —Sí, Emilio. No puedo evitarlo. Cada día es como una batalla contra mis propios pensamientos. Intenté contactarla, pero parece que me ha bloqueado. Emilio suspiró, sabiendo lo difícil que era para su amigo. —Tal vez necesitas darle tiempo, Juan. Y darte tiempo a ti mismo. Las heridas no sanan de un día para otro. Ella también está pasando por su propio proceso. Juan sabía que Emilio tenía razón, pero aceptar esa realidad era doloroso. Decidió que necesitaba un cambio de ambiente, algo que lo ayudara a despejar su mente.Pensó en hacer un viaje, algo que siempre había querido hacer pero que había pospuesto por diversas razones. En Melbourne, los días de María transcurrían en una especie de niebla. Los resultados de los análisis finalmente llegaron ¡María you’re pregnant! Dijo el doctor con emoción, la cara de María se congeló sin ninguna emoción y el doctor también le mostró que tenía una deficiencia de vitaminas y estaba anémica. El médico le recetó suplementos y le aconsejó llevar una dieta más balanceada. Sin embargo, María sabía que su salud física estaba estrechamente ligada a su bienestar emocional, esto no sería bueno para el bebé. Después de la noticia, María no sabía si desbloquear y contarle a Juan sobre su embarazo. La confusión y el miedo la abrumaban. Sabía que tenía que tomar decisiones importantes y rápidas, pero cada opción parecía llevarla a un callejón sin salida. Juan, por su parte, seguía con su vida cotidiana, aunque con un peso constante en su corazón. Se había dado cuenta de que María lo había bloqueado, así que decidió solo olvidarse de ese mensaje que ya no sería leído. Una tarde, mientras caminaba por la ciudad, decidió que necesitaba un cambio. Comenzó a planear un viaje, algo que le permitiera escapar de sus pensamientos y encontrar claridad. Tal vez, pensaba, la distancia y el cambio de escenario le darían la perspectiva que tanto necesitaba. María, en su pequeño departamento en Melbourne, se encontraba mirando por la ventana, perdida en sus pensamientos. La idea de desbloquear a Juan y contarle sobre el bebé la atormentaba. Sabía que él tenía derecho a saber, pero al mismo tiempo, temía que su presencia solo complicara más las cosas. Estaba sola en Melbourne, estudiando, y enfrentarse a la posibilidad de tener un bebé mientras seguía su carrera se sentía abrumador. Decidió llamar a su mejor amiga, Clara, en busca de consejo. —Clara, necesito hablar contigo. Es importante —dijo María, tratando de mantener la calma. —Claro, María. ¿Qué pasa? —respondió Clara, con preocupación en su voz. María le contó todo: los resultados del análisis, el embarazo, y sus dudas sobre contactar a Juan. Clara la escuchó con atención, brindándole el apoyo que tanto necesitaba. —María, sé que esto es mucho para procesar, pero necesitas pensar en lo que es mejor para ti y para el bebé. Si crees que Juan puede ofrecerte apoyo, tal vez deberías contarle. Pero si sientes que esto solo te hará más daño, entonces necesitas priorizar tu bienestar y el del bebé. María asintió, aunque la decisión no se volvía más fácil. Las palabras de Clara resonaban en su mente mientras intentaba encontrar una salida a su dilema. Pasaron los días, y María seguía debatiéndose entre desbloquear a Juan y contarle la verdad o continuar sola. La noticia de su embarazo había sido un shock, pero también una llamada de atención. Necesitaba cuidar de sí misma y del bebé que estaba por venir. Comenzó a seguir las recomendaciones del médico, tomando los suplementos y mejorando su dieta. Sin embargo, la carga emocional seguía pesando sobre ella. La tristeza ahora era más abrumadora. Ella no quería tener al bebé, no era un buen momento, quería terminar su carrera y tampoco quería retomar la comunicación con Juan solo por el bebé, de todas maneras ya la relación estaba fracturada y si decidían ambos no tenerlo eso afectaría mucho su propio proceso de sanación, ahora todo dolería mucho más. Cada noche, antes de dormir, miraba su teléfono, preguntándose si contarle o no a Juan. Pasaron las semanas, y aunque el mensaje de Juan seguía sin ser leído, ambos comenzaban a encontrar pequeños destellos de esperanza en sus vidas. María, en Melbourne, se sentía cada vez más fuerte y decidida a seguir adelante, había decidido por si sola no tener al bebé, ya que ella creía que él tampoco pospondría el avance de su carrera por un bebé en este momento. Mientras que Juan planeaba su viaje, buscando un nuevo comienzo que le permitiera sanar y descubrir nuevas facetas de sí mismo. Aunque sus caminos parecían ir en direcciones opuestas, ambos estaban en un proceso de reconstrucción. Sin un desenlace claro a la vista, el futuro se presentaba incierto con un bebé creciendo en el vientre de ella.
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