++++++++++++++++ Salimos de la habitación y la noche tomó forma como una pintura abstracta en movimiento. Theo puso música, Margaret apareció con una bandeja llena de bocadillos que parecían sacados de una gala —nadie sabe de dónde los saca, nunca he entendido cómo lo logra—, y yo… yo llegué con mi presencia, mi desastre emocional perfectamente maquillado, mis ganas de olvidar y una energía que no sabía de dónde venía, pero ahí estaba. No pasó mucho para que el whisky comenzara a recorrer nuestras venas. Margaret sirvió los vasos, Theo me tomó de la mano y nos fuimos directo a bailar. Nada demasiado elaborado, solo movimientos torpes al ritmo de algo entre reguetón y pop alternativo, no lo sé, era ruido y me encantaba. Giraba, reía, mis pies dolían y aún así seguía. Theo me hacía vuelta

