Hector se dirigió a sus aposentos , había decidido leer los pergaminos en solitario y pensar sobre Phyris, reflexionaba sobre lo que había dicho su padre, por su amorío con Phyris podía perder el apoyo de su pueblo, todo el esfuerzo y la lucha de sus padres seria en vano si el ahora cometía el error de unos sentimientos encontrados, no estaba enamorado pero tampoco quería dejarla.
Recordaba el apasionado beso en aquella orilla del rio y su entrepierna cobraba vida, se echo las manos a la cabeza sin saber que hacer, debía hacer lo correcto para su pueblo, debía hablar y verse quizá por ultima vez con Phyris, quizá ella despejaría sus dudas o le aclararía sus pensamientos, se centro en sus quehaceres , leyó el ultimo pergamino antes de su encuentro con Phyris que decía que en los próximos dos días debía zarpar durante un mes hacia tierras de Oriente para manejar la situación y controlar los mercado y la exportación de perfume, debía supervisar los cultivos de Jazmín y lavanda que su madre tiempo atrás había sembrado con sus propias manos.
Salió de sus aposentos buscando a Phyris, pregunto a Isis que se encontraba aireando las telas de los aposentos.
- ¿Isis sabes donde se encuentra Phyris? - Isis le dedico una sonrisa cómplice - Esta recogiendo flores en el paterre - le señaló con el dedo la dirección, Hector asintió y se dirigió al encuentro de Phyris.
Se acerco hasta encontrarla arrodillada, cortando algunas flores de loto, ahora entendía porque tenia ese olor tan peculiar que desprendía cada vez que la tenia cerca, ese olor que marcaba su presencia, le encantaba su olor y ahora sabia de donde procedía.
- Ahora entiendo de donde proviene tu olor tan exquisito - dijo agachándose para quedar a su altura, tapándole los ojos y oliendo su cabello, sacándole una sonrisa a Phyris al reconocerlo por su voz, le sujeto las manos soltando una carcajada.
-Hector, ¿Ya hablaste con tu padre? - pregunto quitando sus manos de sus ojos y dándose la vuelta para abrazarlo, Hecto asintió pensando en toda la conversación que había tenido, recordando su próximo viaje. - Si …. debemos hablar de algo - la cogió de la mano y la llevo al banco de mármol mas próximo.
- Primero comentarte algo importante, le Conte a mi padre lo que paso en el rio - dijo sin dejar de mirarla noto su expresión de nerviosismo y vergüenza pues su rostro se tiño de un rojo intenso, era adorable. - Eh … No tienes por avergonzarte, mi padre no dirá nada pero si me advirtió de una ley de que no esta bien visto que los Faraones llegan a juntar sus almas ante los dioses con una mujer de baja cuna - Dijo intentando que no sonara ofensivo para ella, Phyris entendió al instante lo que decía, que nunca estarían juntos, eso le rompió el corazón y imagino lo que vendría a continuación. - Le deje claro que en cuanto fuera Faraón cambiaria esa ley absurda... - dijo con enfado, un atisbo de esperanza alcanzo a Phyris sabiendo lo que conllevaba.
-Hector… no... No puedes hacer eso, la mayoría del pueblo no lo aprobara, a demás como sabes que querrás estar conmigo, solo nos hemos dado un beso - guardo silencio por un momento recordando aquel encuentro, lo que había soñado hacia un año atrás. - Se puede crear una guerra innecesaria. - dijo apenada y mirándolo ahora con tristeza, entrelazo sus manos con las de el.
- ¿Quieres renunciar a esto? - dijo mirandola desconcertado - Pensé que querías estar conmigo... me correspondiste, no quiero renunciar a lo que siento, se lo que quiero ahora y quiero seguir viéndote y seguir besándote como el otro día - Estiro un poco de sus manos para apegarla a el, Phyris sobrecogida ante sus palabras salto de inmediato - No quiero renunciar … Claro que no, pero tampoco quiero causar problemas por un amor prohibido, quiero ser parte de tu vida pero siendo feliz … -su voz se apago lentamente, sus ojos ahora se veían aguados por las inminentes lagrimas que estaban apunto de caer.
- No tiene porque enterarse nadie … Levarlo en secreto sin que nadie lo sepa, podemos hacer ver que nos hemos dejado de lado ese pensamiento - dijo limpiándole las lagrimas que manchaban el dulce rostro de Phyris. Ella dudo por unos momentos - y si nos pillan Hector ¿Qué haremos? - pregunto con tristeza.
- No lo harán y si lo hacen se lo haremos saber a todo Egipto - Acaricio su rostro con dulzura y le dio un tierno y corto beso en sus labios, convenciendo por completo a Phyris, ella lo amaba, lo quería realmente pero Hector pensaba en ella de una manera mas carnal, la obsesión de no poder tenerla.
- Debo decirte algo mas … Debo viajar a Oriente en dos días, mi estancia allí será de un mes, debo gestionar negocios y ver como avanza el pueblo. ¿Me esperaras? - Phyris ante la felicidad, ahora la inundo un sentimiento de angustia, solo tenia dos días para compartir con el y a escondidas, este amor iba a ser difícil y duro de llevar, pero aguantaría por el - Claro que te esperare, cuando vuelvas estaré aquí para recibirte con los brazos abiertos - rieron y se abrazaron con amor, Hector estaba feliz le apetecía estar con ella estos días que le quedaban en Minastiz y los aprovecharía al máximo con ella, esperaba que en su ausencia darse cuenta de que la quería mas allá de su deseo. - Te espero al anochecer en el rio - Hector le dijo al oído y le dio un beso en la frente marchándose feliz.
Phyris recogió del suelo las flores que había cortado y se dirigió al templo para colocarlas en las grandes mesas de mármol, se quedo para ella unas cuantas, que las utilizaba para bañarse y así oler al olor tan suave y fresco que le gustaba a Hector, debía encontrar el vestido mas bonito para encontrarse junto a su amado.
De lo que no se había dado cuenta es que su madre había visto la escena desde el otro lado del paterre, con felicidad, ajena a las consecuencias que les traería en un futuro.