Narra Tehuel
Me pasé la mañana revisando mi celular, pero Eli ni siquiera había visto el mensaje que le envié. Suspiré volviendo a guardar mi celular cuando el timbre de salida sonó al fin. Guardé mis cosas lo más rápido que pude, me levanté poniéndome la mochila en el hombro y fui directamente con Pame y Lu, que me esperaban en su lugar como siempre. Los tres salimos del aula, las chicas hablando de algo que no entendía y que tampoco parecía que me iban a explicar para meterme en la conversación. Metí las manos en los bolsillos apretando un poco mi celular esperando a que vibrara con un mensaje de Eli, pero no lo hacía, parecía que se había olvidado de mí de nuevo.
—¿Qué pasa, Tehuel? Estás muy callado hoy.
Levanté la mirada cuando escuché la voz de Pame, negué con la cabeza, ella me miró, se acercó a mí y cruzó su brazo por el mío, Lu hizo lo mismo con mi otro brazo. Empezaron una nueva conversación, hablando sobre algún lugar a donde podíamos ir el fin de semana, aunque no estaba seguro si podría salir, mi mamá seguía insistiendo con mi castigo. Salimos juntos del colegio, las chicas seguían hablando animadamente mientras yo intentaba seguir la conversación, aunque no podía, lo único que podía pensar era en Eli, en cuanto quería hablar con él. Caminamos hasta la parada del colectivo que se tomaba Pame, cuando ella se fue, Lu y yo caminamos a su casa.
—Ahora que se fue, ¿vas a decirme qué te pasa? —dijo Lu después de haber caminado media cuadra en silencio.
—Me encontré con Eli, ¿te acordás?
—Sí, obvio. —Sonrió—. ¿Y qué pasa? ¿Van a salir?
—Tiene novia.
—Yo me encargo de ella.
—No vas a matar a nadie, Lu. —Solté una risa.
—¡No me dejás hacer nada! —Los dos nos reímos—. Me acuerdo cuando me contaron que se gustaban. ¿Por qué dejaron de hablar?
—No sé, ni siquiera me acuerdo cuando fue la última vez que lo vi antes de terminar la primaria. Me acuerdo que estábamos juntos y después no.
—¿De verdad no querés que me encargue de su novia?
—¡Lu! No me voy a meter en el medio de ellos, a él parece que le gusta ella. Si él es feliz yo también lo soy.
—Ojalá no fueras gay, yo sí te querría de novio. —Se abrazó a mí—. Él se lo pierde si se queda con ella.
—No digas eso, la chica es linda y se ve que también lo quiere. —Me quedé callado un rato—. Me dijo que es bi.
—Deberías aprovechar, entonces, Pachu. Sé que no querés meterte en su relación que todavía seguís dolido por el “innombrable”, pero por ahí se te da.
—No creo, Lu. Y ya se puede nombrar, ¿eh? Me sigue doliendo lo que hizo, pero podemos decirle por el nombre a Lautaro.
—Callate, a ese no se lo nombra, menos mal que se cambió de colegio.
Solté una risita, Lu seguía enojada, a pesar de que yo ya no pensaba mucho en él. En realidad, después de contarle a mi mamá que me había estado usando para probar mientras tenía una novia en otro lado, me pareció la estupidez, me había dolido, pero gracias a mi mamá, no sentí que era yo el del problema. Ni siquiera podíamos decir que éramos novios en realidad, solamente actuaba cariñoso por mensaje o cuando estábamos solos, ni siquiera con mis amigos, que eran los únicos que sabían de lo nuestro, además de mi familia. Antes de que me enterara de la verdad, siempre decía que tenía miedo de que alguien se enterara porque ya le habían pegado en el barrio donde vivía antes. Todo salió a la luz un día que estábamos almorzando antes de ir a Educación Física, su novia llegó de sorpresa y ya no tuvo cómo negar lo que pasaba en realidad. Lu lo empezó a odiar apenas se enteró. Por suerte, todo explotó cuando estábamos terminando el año y Lautaro se llevaba hasta el recreo, terminó repitiendo y yéndose a otro colegio. Sentí un poco de vergüenza por haberme convencido de que le gustaba y haber hecho cosas con él que ahora son un mal recuerdo cuando no debería haber sido así. Volví a la conversación que Lu estaba teniendo prácticamente sola, yo ni siquiera le había prestado atención, pero ella parecía no darse cuenta, siguió hablando como si nada. Cuando llegamos a la casa de Lu, subimos a su departamento y entramos a su casa, la casa estaba vacía, su hermano ya se había independizado y su mamá estaba trabajando. Dejamos las mochilas en el living, ella fue directamente a la cocina a calentar la comida para los dos, mientras yo ponía música, nos conocíamos hacía tanto tiempo y me quedaba acá tanto que casi era como mi propia casa, no tenía que pedir permiso para agarrar algo o, simplemente, poner música para escuchar mientras almorzábamos. Unos minutos después, nos sentamos en la mesa a almorzar. Comimos dejando que la música llenara la habitación. De repente, mi celular empezó a vibrar en mí bolsillo. Lo saqué rápidamente y lo miré, era un mensaje de Eli disculpándose por no contestar.
—¿Quién es?
—Eli —contesté—, estábamos hablando hoy, pero me dejó de responder de repente.
Lu me sacó el celular de la mano y leyó los mensajes, la miré, no tenía secretos para ella, además del de Mati. Después me devolvió mi celular.
—No hablaron nada.
—Me siento medio boludo, estaba esperando que me contestara, pero no le dije nada interesante en realidad.
—Sí, sos medio boludo, Pachu. —Se rio burlona—. No hables de la escuela, vos ahí contándole lo que estábamos haciendo en el cole como si fuera interesante. Él también estaba en lo mismo.
—Sí, ya sé. —Suspiré—. ¿Qué le digo ahora?
—Que te gusta.
—¡Ni loco!
—Bueno, no sé, preguntale algo.
Me quedé mirando la pantalla de mi celular un rato, no quería clavarle el visto, no quería que pensara que ya no me interesaba que habláramos, me moría de ganas por hablar con él como cuando estábamos juntos. Le pregunté qué iba a hacer hoy, algo para que me hiciera una lista de cosas, aunque estuviera su novia ahí metida, quería que siguiera contestándome. Bloqueé mi celular y lo dejé en la mesa antes de seguir comiendo, Lu volvió a agarrarlo, la miré mientras buscaba algo ahí. La canción que estaba sonando cambió de repente, ahora era una de sus favoritas, era de un grupo de chicas que a mí no me gustaba mucho, pero sirvió para que dejara de pensar un rato en Eli y me concentrara en el horrible gusto musical de mi mejor amiga. Cuando terminamos de comer, nos acomodamos en el sillón cada uno con su celular en la mano. Ella estaba sentada, mientras yo estaba acostado usando sus piernas como almohada. Mientras revisaba mi i********:, mi celular vibró con un mensaje, miré de quién era, Pame, de nuevo con la excusa de las tareas.
—Pame sigue queriendo que vaya a su casa para que la ayude con la tarea.
—Le gustás.
—Ya sé. Es un poco incómodo a veces como trata de pegarse a mí.
—Deberías decirle.
—¿Por qué? No le importa.
—Pero así se va a desanimar y va a dejar de intentar gustarte.
—No tengo ganas, Lu. No la conocemos hace mucho y ya le dije a las personas importantes.
—¿Soy importante?
Preguntó pasando sus dedos por mi pelo con suavidad, chaqueé la lengua haciéndola reír. Ella sabía perfectamente lo importante que era para mí. La miré recibiendo una sonrisita, también sonreí antes de desviar el tema a cualquier cosa que no involucrara a Lautaro, Eli o Pame, quería estar tranquilo con mi mejor amiga, hablando estupideces y escuchando música como siempre. Saqué una foto sin avisarle a Lu y la publiqué, sabía que no iba a tardar en reclamarme y tampoco iba a tardar en recibir mensajes de Mati hablando de lo linda que se veía Lu ahora. Al menos ahora parecía un momento tranquilo, uno de esos que teníamos antes de conocer a Lautaro y después de haberme olvidado de Eli.