Salomón hizo una pausa larga, observando la reacción de los demás.
—¿Y qué sigue? —dijo Claudia después de notar que el silencio ya se había extendido bastante.
Nadie lo sabe. Pocos han vuelto con vida tras su encuentro con uno —dijo Salomón aún con su tono de misterio.
El viento meció las ramas de los árboles en ese momento, silbando de forma melancólica, casi como un lamento que les erizó la piel.
Bueno, ya es tarde. —Será mejor que entremos a las casas de campaña a dormir. —Dijo Bianca.
Cuando estaban entrando a sus casas de campaña, Kevin se detuvo un momento, como si de pronto se hubiera acordado de algo importante.
Se giró hacia Salomón.
—Oye, Sal (diminutivo cariñoso de Salomón)… ¿Dónde dejaron la motocicleta? Hace rato nos tomaron por sorpresa porque salieron del bosque. —No escuché el motor de la moto —preguntó Kevin.
Salomón y Herlinda se pararon erguidos, tensos… Se miraron fijamente por una fracción de segundo y después
Salomón habló.
Se ponchó la llanta en la curva que está a tres kilómetros. Intenté repararla, pero no traigo repuesto. Por eso tardamos en venir hasta acá caminando.
—¿Por qué no lo mencionaste antes? Hubiésemos ido al pueblo siguiente por una refacción —dijo Kevin.
Finalmente, entraron en las casas de campaña y las voces empezaron a menguar mientras el sueño se iba apoderando de ellos.
Eran cerca de las dos de la mañana cuando Claudia quiso ir al baño, pero tenía miedo de ir sola, por lo que despertó a Alfonsina para que la acompañara no muy lejos de la casa de campaña para que le alumbrara con su celular.
Alfonsina caminaba casi con los ojos cerrados por el sueño. Pero acompañó a su amiga. Mientras Claudia hacía sus necesidades, notó que los mellizos estaban despiertos. Estaban parados a unos metros de ellas, mirándolas fijamente sin decir nada. Lo que le parecía bastante extraño a Alfonsina. Alumbró a los chicos y sus ojos centellearon de una manera antinatural.
El grito de Claudia retumbó en el silencio nocturno.
Alfonsina estaba cubierta de sangre mientras se agarraba el cuello, imposibilitada para hablar, ahogándose con su propia sangre, incapaz de decir qué es lo que había visto.
Estaba de rodillas sobre la hierba, con sus manos sujetando su cuello. Su respiración, parecida a la de un pez fuera del agua, errática y con la mirada de quien sabe que la vida se le está escapando del cuerpo.
Cuando Kevin y Bianca se acercaron, Alfonsina ya no respiraba; se había desvanecido sobre el regazo de Claudia, quien temblaba, lloraba y gritaba por lo sucedido.
—¡Dios mío! —gritaron Kevin y Bianca al mismo tiempo.
—¡¿Qué sucedió, Claudia?! —pregunta Bianca en shock, segundos después.
—¡No lo sé! Le pedí que me acompañara porque quería ir al baño y me daba miedo salir sola y de pronto ella alumbró hacia otro lado. Yo no vi nada; cuando vine a donde estaba ella, ya tenía la herida en el cuello… ni siquiera gritó. Claudia estaba temblando aún en shock por lo sucedido.
Bianca miró sus manos temblorosas, el aire se atascaba en sus pulmones, se sentía mareada y con náuseas. Un zumbido ensordecedor comenzó a sonar en sus oídos.
—¿Dónde estaban ustedes? —pregunta Bianca casi en un susurro hacia Herlinda—. Cuando salimos de la casa de campaña, ustedes ya no estaban.
—También quería ir al baño y Salomón me acompañó —dijo Herlinda sin inmutarse; estaba calmada para alguien que está frente a un c*****r.
—Esto no puede estar pasando —decía Kevin agarrándose el cabello con desesperación, dando vueltas sobre su propio eje.
Claudia intentaba mover a Alfonsina para que reaccionara, pero solo se acumulaba una gran mancha de sangre debajo de ella y mojaba más su ropa.
Debemos volver… Hay que llamar a la policía. Si algo o alguien atacó a Alfonsina, puede estar acechándonos también —dijo Bianca.
—Aquí arriba no hay señal —dijo Kevin con frustración.
—¿Qué deberíamos hacer? ¿Subir su cuerpo a la camioneta y volver al pueblo? —dijo Bianca.
La policía nos hará preguntas… de por sí ya estamos en problemas. No deberíamos estar aquí sin permiso —dijo Kevin llorando con frustración. Pues había sido su idea ir a ese lugar y ahora alguien había muerto y no tenían ni idea de qué o quién pudo haber hecho algo como eso.
Claudia finalmente se puso de pie con las piernas temblando y miró a los mellizos.
—¡¿Cómo pueden estar tan tranquilos en un momento como este?! Ya sé que ella no era amiga de ustedes, pero no puedo creer que sean tan insensibles. Claudia estaba enojada consigo misma y desquitaba su frustración.
Bianca se interpuso entre ella y sus primos.
—Clau, cálmate, por favor. Ellos ya vivieron algo traumático de niños… no todos reaccionamos de la misma forma, ¿cierto? —Bianca intentaba calmar a su amiga, aunque una parte de ella pensaba igual; sus primos estaban actuando extraño.