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El klenot dorado del amor

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Blurb

Dos gemelos nacidos con diferentes y excepcionales dones, uno tiene el poder de la luz y el otro de la oscuridad, por lo cual es rechazado. Los dos se enamoran de una inocente muchachita de cabello dorado, que no recuerda quién es en realidad, los tres se ven obligados a convivir, mientras se adentran en la búsqueda del klenot dorado, para resolver el caos en el que se ven sometidos los reinos al descontrolarse los portales y soltarse la bestia. Ahí descubrirán la magnitud de sus poderes y conocerán un gran secreto, en el que los tres están involucrados.

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El klenot
Hace mucho tiempo, el mundo se encontraba dividido en cuatro reinos, el reino mágico donde vivían las hadas y ninfas, el reino humano y los dos reinos más fuertes el reino celestial donde vivían semidioses y el reino oscuro donde vivían, brujos, hechiceros y magos. Un día una gran guerra se levantó, todos los reinos querían obtener el poder del gran klenot dorado, la leyenda decía que quien lo obtuviera sería capaz de conquistar todos los reinos, pero había un gran problema, el klenot dorado se encontraba en la tierra sagrada. La tierra sagrada era una tierra donde vivía una diosa que cuidaba del klenot y se encontraba custodiada por guardianes de luz que se mantenían neutrales a los otros reinos, los guardianes eran tan poderosos que vencerlos era casi imposible, así que los ambiciosos reyes armaron un plan para deshacerse de ellos y un día en que la diosa dormía, unos hechiceros de magia oscura lanzaron un hechizo de muerte contra ellos, eran sombras oscuras que los poseían despojándolos de su poder, y sin su fuerza vital se debilitaron y perdieron, muriendo todos. Una ninfa del bosque que observaba todo lo que estaba pasando, escuchó un pequeño llanto que surgía del palacio, ante el ruido de las espadas los malvados hechiceros no se percataron de eso, así que la ninfa se escabullo al palacio y escondida dentro de una canasta vio una hermosa bebé de cabellos tan dorados como el sol, la tomó entre sus brazos y huyó. Los malvados reyes buscaron el klenot sin descanso pero no pudieron encontrarlo. Los años pasaron y los únicos reinos que se mantenían en disputa, era el reino celestial y el reino oscuro. En el reino celestial el rey tuvo 2 hijos gemelos, uno nació con el don de la luz, de sus manos salían llamas azules, eran llamas tan puras y especiales que su cuerpo entero resplandecía, lo nombraron Elián, que significa: rey de la luz, su rostro era perfecto, su cabello blanco y tenía hermosos ojos dorados y de él salían hermosas alas blancas. El segundo hijo no poseía el hermoso don con el que nació su hermano, las llamas que salían de sus manos eran oscuras al igual que sus alas, su cabello era tan n***o como la noche igual que sus ojos, y lo llamaron Duncan que significa: guerrero oscuro. El rey no podía soportar que uno de sus hijos fuera poseedor de magia oscura, así que lo mandó a un reino lejano, el reino humano, pero, al poseer sangre real no podía prohibirle entrar al reino celestial, ya que todo el reino conocía de su existencia, mas no de su poder, una vez cada año le permitía asistir a la gran cena real. Se acercaba el día de la gran cena y las invitaciones comenzaron a llegar, aunque esta vez tenía un requisito extra, tenían que llevar una acompañante, el rey sabía que Duncan no soportaba la compañía de nadie y se le iba hacer difícil, o hasta imposible encontrar a alguien a quien llevar y si no cumplía con ese requisito no podría entrar y si no llegaba a la cena se tomaría como que renunciaba a su título real, deshaciéndose de él, para siempre. En el reino humano, Duncan se encontraba muy enojado, al leer la invitación se dio cuenta de las intenciones de su padre, tenía tiempo queriéndose deshacer de él, pero no lo permitiría, no renunciaría a su título, el tenia tanto derecho como Elián, en el reino celestial el heredero al trono era el que demostraba ser el más fuerte, así que Duncan decidió salir de su casa en una gran montaña alejado de todo e ir al pueblo a encontrar a alguien con quien poder ir, él era muy guapo tenía una hermosa aura de chico malo que atraía, cuando llego al pueblo las chicas no podían dejar de verlo pero a él no le atraía ni una de ellas, tubo citas con varias chicas aunqué le parecían tan vánales y simples, por un momento pensó en rendirse sin embargo no le daría ese gusto a su padre, se paró de la mesa del bar donde se encontraba y caminó por las calles del pueblo, de repente sintió que alguien lo seguía, así que se apresuró a llegar a las profundidades del bosque, sabía que no podía sacar su poder enfrente de la gente, cuando su poder salía la gente se asustaba y le gritaban que era un demonio. siguió caminando pero ahora lo hizo lentamente, los pasos se seguían escuchando detrás de él, al parecer quien lo seguía no era tan sutil “seguro lo envió mi padre para matarme, por lo visto no se puede esperar hasta la cena para deshacerse de mi” penso, cuando llegó donde habían unos árboles muy grandes se escondió ― ¿Quién eres tú? ―dijo derribando a una pequeña chica de cabellos dorados y ojos color azul ―soy… soy… Kaia ― ¿Por qué me persigues? ¿Quién te envió? ―dijo Duncan poniendo su espada en el cuello de la chica ―Nadie ― ¿pregunte que porque me persigues? ―exigió afirmando la espada un poco más en su cuello ―No creí que fueras tan brabucón ―por lo visto quieres morir ya que no respondes mi pregunta ― pero, cuando trató de afirmar su espada un poco más al cuello de la pequeña chica, de ella salió una sombra oscura que lo arrojó, golpeandolo contra un árbol, su cabeza sangro y quedo inconsciente. ― ¿Dónde estoy? ―preguntó Duncan un poco desorientado, se encontraba recostado sin camisa con un par de torpes vendajes ―En tu casa ―dijo la chica mientras cocinaba algo ― ¿en mi casa? ¿Cómo llegaste aquí? ― exclamó molesto tratando de levantarse pero, se mareo y volvió acostarse ―Toma come un poco ―expresó Kaia ofreciendole un plato de comida ― ¿Qué es esto? ―Pues comida, ¿no la conoces? ¿Tú no comes?―exclamó sorprendida― Si es así no importa me lo como yo ―declaró sonriendo mientras trató de tomar de nuevo el plato de las manos de Duncan ―No, yo me lo comeré ―dijo Duncan aunque dudo un poco para comerla, sentía mucha hambre, no entendía porque si no tenía mucho que recordaba haber comido ― ¿quieres un poco más? ―le preguntó Kaia al ver que se devoró el plato de comida ― Si, dame más ―Un por favor, no le hace mal a nadie, ¿no te enseñaron modales? ―Duncan solamente puso los ojos en blanco y no contesto―Pero, te lo dejare pasar solo porque pasaste 3 días inconsciente —confesó la chica mientras servía más comida en el plato ― ¿Qué? …. 3 días como puede ser posible ―Tu… tú me hiciste esto ―enunció furioso mientras se lanzaba contra ella, pero, cuando la iba a tomar del cuello recordó lo que ese día salió de ella, las sombras eran como las de él, “¿era eso posible?” pensó, nuca vio a nadie con el poder que el poseía, su maldición como él, lo llamaba. ―Tu… tu… ¿Quién eres? ―dijo retrocediendo unos pasos, nunca un golpe de ningún tipo de magia lo había dañado, ¿pero el de esta chica lo dejo inconsciente durante tres días? ―soy Kaia, ya te lo había dicho ―no me refiero a tu nombre, ¿quiero saber quién eres? ¿Quién te envió? Y ¿Cómo sabias donde vivía? ―Mmm hubieras empezado por ahí, soy Kaia una ninfa del bosque, nadie me envió solo sentí algo que me atraía hacia ti y decidí seguirte y se dónde vives porque te he estado observando durante días ―como podría ser posible que fuera una ninfa, por lo que el sabia las ninfas poseían magia blanca o de luz ―Las ninfas no poseen magia oscura — expresó, cuestionando lo que le había dicho la chica ―Si es curioso, yo nunca tuve magia ―no mientas, el otro día me golpeaste con magia ―Yo no lo hice, simplemente salió de mí, yo tampoco lo entiendo ― ¿cómo podría ser eso posible? ―no lo sé, en verdad no te miento, no sé cómo fue que sucedió ― ¿tienes alas? ―pregunto curioso “¿podría ser igual a mí?” pensó, si así era le podría demostrar a su padre que no era el único, a lo mejor habían nacido más como él y si era así quería encontrarlos ― no lo sé, creó que no ― haber, inténtalo ―dijo mientras la ponía de pie ― ¿Cómo? ―concéntrate y saca tu verdadero ser ―exclamó y de él salieron impresionantes alas oscuras ―guau son hermosas ―enunció Kaia muy sorprendía ―sabía que eras especial ―dijo kaia observándolas más de cerca, Duncan sintió algo dentro de sí, nunca le habían dicho que era especial, esos alagos eran para su hermano siempre, ha el, por el contrario lo habían mandado lejos ― ¿puedo tocarlas? ―pregunto Kaia aunque las empezó a tocar antes de esperar una respuesta ― Guau eres un ángel ―al escucharla llamarlo así, Duncan se encendió en furia. ― ¿Un ángel? ¿Un ángel? como puedes burlarte de mí, que no me vez, soy un demonio ―dijo acercándose más a ella y acorralándola entre él y la pared, tratando de intimidarla pero, ella simplemente levantó sus ojos y los fijo en los de él, el sintió una extraña sensación en todo su cuerpo y por algún motivo sus ojos se posaron en los bellos labios de ella, inconscientemente se acercó más a ella y su respiración parecía haberse acelerado ― ¡Largo de aquí! ―exclamó separándose de ella de forma inmediata, ella, sin decir nada salió y se fue. Los días pasaron y el día de la gran cena real llegó, Duncan no había encontrado con quien ir, se rascó la cabeza y salió a caminar ―sal de ahí ―gritó Duncan al sentir que alguien lo observaba, era la pequeña chica que se encontraba oculta entre los arboles ― ¿Por qué me espías? ―ella no contestaba y se mantenía oculta ― puedo verte no eres nada sutil para esconderte, ¿lo sabes verdad? ― Claro que sí, las ninfas somos muy buenas escondiéndonos ― Pues tu no, cualquiera te miraría a kilómetros de distancia — expresó Duncan esbozando una sonrisa ―ven aquí ― ¿ya no te enojaras conmigo? ―Si no dices estupideces, no ―Pero, solo dije que eras un ángel ¿Qué tiene eso de malo? ―Que no soy un ángel… que no me vez, no has pensado que en verdad soy un demonio y me ofende que me digas ángel ―podría ser, pero, aun así tus alas me parecen hermosas ―dijo mientras permanecía oculta. De repente un guardián guerrero de luz apareció ―Alteza, su padre me envió a abrir el portal para que asista a la cena — manifesto el guardián mientras se arrodillaba en una pierna ―dile a mi padre que… ―pensó en decirle que no iría, pero se acordó de la chica que permanecía oculta ―Que hoy llegaré un poco tarde ―Si su alteza regresaré en un rato para abrir el portal ―dijo el soldado y se fue ― ¿A dónde iras? ―preguntó la chica que ya se encontraba parada a su lado ―¿A qué… a qué hora saliste? ― contestó Duncan extrañado, no se había percatado que ella se encontraba al lado de él ― ¿¡eres un príncipe!? ¿Por eso tus alas? ¿Dónde reinaras? ¿Qué haces en la tierra?―Duncan se rascó la cabeza de solo pensar que esta chica era su única opción ― ¿quieres venir conmigo? ― ¿a la cena? ¿En un palacio? ¡Sí! ―gritó y se abrazó del cuello de Duncan, al tenerla tan cerca Duncan volvió a sentir extrañas sensaciones en su cuerpo, sintió su respiración agitarse los ojos de esa chica eran tan tiernos, demostraban tanta inocencia, tenía ganas de tomarla en ese momento y hacerla suya, siempre había tenido a cualquier chica que se le antojara, pero, ninguna provocó lo que ella provocaba en él, con tan solo acercarse, aún así se detuvo, era la única persona que lo miraba diferente, que a pesar de conocer su verdadero ser no creía que fuera un demonio, que no temía acercarse a él, aun sabiendo lo que era y no lo echaría a perder rompiendo esa confianza ―Ok… iras, pero solo si dejas de hacer tantas preguntas ―está bien, lo prometo ―dijo la chica levantando la mano en señal de promesa ―iré a arreglarme —Expresó la chica muy emocionada mientras corría hacia las profundidades del bosque. De pronto Duncan se sorprendió a él mismo sonriendo, mientras miraba a esa alegre chica correr hacia el bosque. Duncan tomó una de sus tantas ropas reales de color n***o y se las puso mientras esperaba que llegara Kaia y el guardia celestial llegará abrir el portal, los de la familia real podían abrir portales, pero a él se le había prohibió ese derecho con la excusa de que podría ser peligroso. ―Duncan ya volví, estoy lista ―Duncan frunció el ceño, Kaia traía puesto un pequeño vestido hecho de hojas y ramas ― ¿te gusta? ―preguntó Kaia modelando su vestido ― No, es horrible ―Pero, yo misma lo hice ― expresó orgullosa ―sí, se nota ―respondió Duncan señalándole unas pequeñas flores marchitas ―No iras vestida así ―declaró mientras la tomaba del brazo rumbo hacia el pueblo ― ¿A dónde vamos? ― A comprarte algo más adecuado ― Pero no tengo dinero ―Yo lo pagare ―enserio, yo nunca he comprado ― dijo muy emocionada mientras casi corría tras de él, si no fuera porque la traía agarrada del brazo se hubieran se parado hace rato, él era muy alto y ella era de pequeña estatura, ni siquiera le llegaba al hombro, así que un paso de él, era como tres o cuatro de ella. Llegaron a una tienda muy elegante, donde se exhibían unos hermosos vestidos a través del cristal ―entra ahorita vuelvo ― le ordenó, mientras el caminó unas calles más hacia una pequeña casa de empeño ― ¿Cuánto me da por esto? ―expusó quitándose el anillo que llevaba en su mano, a pesar de que pertenecía a la realeza su padre no era muy bondadoso con él y contrabajo le alcanzaba para pasar el año, aparte tenía prohibido trabajar, si lo llegaba hacer perdía su título real. ― Veinte monedas de oro ―expresó el encargado mientras revisaba el anillo ― ¿Cuándo vendrá por el? ― ¿Quién dijo que volveré por el? ―respondió Duncan tomando el pequeño saquito de monedas ―viendo el tallado tan especial, parece una pieza única ¿Dónde lo consiguió? ― ¿no vine hacer interrogado? ―dijo Duncan y salió de la tienda. En la elegante boutique, Kaia se encontraba sentada afuera, ya que no le permitieron la entrada todo el que pasaba la observaba y hablaba de ella ― ¿mira su ropa? que vulgar ―no tiene vergüenza ― ¿viene de una fiesta de disfraces acaso? ―Kaia solo se encogió más ahí donde se encontraba sentada, no se fue de ahí porque Duncan le dijo que lo esperara. De repente un hombre como de unos 50 años, gordo, con ropas que parecían muy costosas se acercó a ella ― hola preciosa ―Kaia levantó la mirada, pero no contestó nada, ese hombre tenía un aura muy oscura que asusto a Kaia y tomó más fuerte sus rodillas hacia ella― ¿Qué hace una señorita tan hermosa como tu aquí sentada? ― estoy esperando a alguien ― no tienes que esperar más, ven conmigo te llevaré a un hermoso lugar donde no te faltara nada― mintió con una malvada sonrisa en su rostro ― ¡NO! Déjeme en paz, váyase ―vamos ―insistió el hombre mientras la tomó del brazo y la arrastro hacia un oscuro callejón ― ¡NO!, suélteme, suélteme por favor o gritaré —dijo Kaia forcejeando para intentar soltarse de las manos de ese horrible hombre ―inténtalo nadie te hará caso ―respondió el hombre mientras tomaba un comunicador ―Tengo a una, es muy hermosa nos dejara muchas ganancias ―sonrió el hombre mientras hablaba por el comunicador en su mano ―Pero, no prometo que llegará pura al negocio ―dijo y tomando el rostro de Kaia, la besó a la fuerza, arrancó los tirantes de su vestido dejandola desnuda al instante ―NO…NO…AUXILIO POR FAVOR AYÚDENME ― gritaba Kaia mientras trataba de alejar al viejo gordo de ella, pero su pequeña figura no la ayudaba mucho. Cuando Duncan llegó a la boutique preguntó por su pequeña ninfa ―No, no hemos atendido a nadie hoy ―Como no, si yo la deje aquí, es una señorita de cabello dorado, traía un vestido de hojas ― Oh si ya la recuerdo ― ¿Dónde está? ―Lo que pasa es que no le permitieron entrar, la vendedora pensó que era una loca disfrazada, lo siento ―Duncan ignoró su disculpa y salió a buscarla, caminó unas cuadras cuando escuchó unos gritos provenientes de un callejo ― ¡Kaia! ―exclamó y corrió hacia ella, cuando llegó vio a un sujeto gordo del que Kaia trataba de librarse ― ¡SUÉLTALA! ― gritó Duncan ―Largo de aquí, ¿Qué no ves que estamos ocupados? ―respondió el viejo ― ¡DUNCAN AYÚDAME! ―gritaba kaia ― ¿Duncan? ¿Es tu novio? Bueno no importa, de todos modos tendré que deshacerme de él ―dijo el viejo mientras con una mano sacó una pistola y la apunto hacia Duncan ―No lo volveré a repetir, suéltala ―expresó Duncan furioso mientras su alas surgieron y del salió una sombra que atrapo al viejo gordo suspendiéndolo en el aire, el viejo disparo el arma pero, no causo ningun daño a Duncan ― ¿Quién eres? ―exclamó el hombre temeroso ―suéltame, te prometo que no lo haré de nuevo ― suplicaba ―estoy seguro que no lo volverás hacer, de eso me encargaré yo ―Dijo Duncan mientras envolvió al viejo con la sombra haciéndolo desapareser por completo ― ¡DEMONIO…! ―se escuchó un grito, era el hombre al que minutos antes el viejo había hablado, había llegado minutos antes y logro observar todo lo sucedido, sintiendo mucho miedo subió a su carro y se fue rápidamente.

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