12. RELACIÓN DE HERMANAS.

1400 Words
POV. DE NARRADOR. Muchos años atrás. Las hermanas Wilderston eran conocidas desde su nacimiento por esa impactante belleza. Dos niñas idénticas, rubias, con piel de porcelana y ojos violetas como dos gemas preciosas. Sin embargo, eran tan diferentes como el agua y el aceite. Mientras que Allieth era como un torbellino de emociones, Leonora era tan calmada como un estanque de las profundidad de un bosque. Allieth amaba correr, trepar árboles, atrapar animales, cazar, luchar y dominar. Leonora, siempre estaba en soledad, le gustaba el silencio, leer y aprender cosas nuevas, su lugar favorito era la biblioteca de la universidad de su reino. Y con esas diferencias, crecieron siendo no solo hermanas, si no las mejores amigas. Allieth conocía a detalle cada mirada y expresión de Leonora y está a su vez sabía cuando su hermana se había metido en un nuevo lío con solo verle a los ojos. Su relación siempre fue perfecta, tenían peleas como todos los hermanos, pero nada tan fuerte como para hacerlas enemistar gravemente. Al menos fue así, al menos hasta que Allieth comenzó a huir para entrenar con los niños cortesanos, príncipes y futuros reyes de todas las naciones en aquel centro de entrenamiento exclusivo para ellos. Allieth escapaba con la audacia que la caracterizaba para tales travesuras y luego volvía completamente sucia y golpeada. Allieth escapaba principio era “normal”, al menos eso se decía Leonora, pero luego su hermana empezó a asistir casi todos los días y llegaba cada vez más golpeada, peor con sus brillantes ojos morados más resplandecientes que nunca. Leonora, empezó a recriminarle a su hermana tales impertinencias, asegurándole que una vez su padre se enterara la iba a castigar severamente. Pero Allieth se negó a desfallecer en su meta. Y sí, al final fue descubierta; aquello fue todo un escándalo en la corte de SunMeadow, la tildaron de rebelde, de irrespetuosa con las leyes y de intentar ejercer el papel destinado a un hombre. Su padre, por otro lado estaba bastante contrariado, pues no había criado a sus hijas para ser dóciles, después de todo un Rey con todo su poder sabía el peso que caería sobre la cabeza de sus hijas. Una parte de él lo impulsaba a que Allieth siguiera tomando las clases y tal vez persuadir a Leonora para que siguiera los pasos de su hermana, pero la parte racional él decía que su hija debía ser castigada. Afortunadamente para Allieth, su maestro principal que había notado desde el principio que ella era una niña, se presentó ante el Rey de SunMeadow para excusar a la rebelde princesa y para rogar porque la dejaran aprender las lecciones de lucha y espada, porque Allieth era realmente buena y hábil, mucho más que la mayoría de sus alumnos. Luego de mucho pelear, tramitar leyes y buscar justificantes suficientes, Allieth logró continuar con sus lecciones, pero de manera privada, alejada de los chicos y con la compañía de una de sus damas de la corte, eso como mínimo. El ánimo de la princesa se vio decaído, apagado, pero nunca dejó de rendir en sus clases como correspondía. Su hermana notó aquellos sentimientos nostálgicos y tristes de Allieth y tuvieron una acalorada conversación que terminó en una gran pelea. Sí, Allieth estaba en problemas de nuevo y en uno grande. Si su padre la descubría, probablemente la confianza que habían depositado en ella estaría completamente arruinada. Duraron al menos dos semanas peleando, se ignoraban o pasaban del silencio total a los gritos. La pequeña Allieth, pasaba de sudar en las tardes luego de sus clases a llorar durante la noche por que su hermana era lo más importante para ella, pero en ese momento tenía su corazón de niña dividido en dos. Y todo estalló tan mal que sus vidas cambiaron definitivamente y para siempre. Era la tarde de uno de los últimos días de primavera, Allieth había ido a sus clases no sin antes dejar sobre la mesa principal de la biblioteca, un bocadillo de chocolate que era el favorito de Leonora y que ella por más que estuviera peleando con su hermana, no podía dejar de comer. Allieth llevaba un cofre de madera con aquel árbol que en su reino representaba el amor eterno, terminó su clase con los mejores resultados como siempre y se escabulló por entre paredes y salones, pasillos y escapó de varios guardias, dejando a su dama de compañía con la incertidumbre de su paradero. Una lluvia torrencial que nadie esperaba cayó sobre las cabezas de todos, los campos, montañas y ríos estaban desbordados y 4 horas después nadie sabía del paradero de la princesa Allieth, Leonora caminaba de lado a lado a punto de hacerle un hueco al suelo de piedra. La encontraron porque su caballo regresó a los establos con la capa negrx que ella solía usar para escapar, el caballo de manera milagrosa regresó sobre sus pasos y Allieth estaba sangrando por que tenía una herida en su cabeza, la niña estaba completamente inconsciente, fría como el hielo, pálida y con los labios morados. La caja nunca se encontró. Y Leonora gritaba de dolor cuando vio entrar a su hermana por las enormes puertas principales del castillo, su grito fue desgarrador, doloroso, todos en la corte lo sintieron como propio y Leonora sentía que aquello fue su culpa por no decirle a Allieth que no era momento de ir, por no contarle a su padre de las andanzas de su hermana. Las semanas pasaron y Allieth no despertaba, Leonora lloraba y susurraba los rezos y cánticos más dulces y tiernos que sabía, rogando por la vida de su hermana. Pero parecía que para la chica no había esperanza, porque se ponía cada vez más pálida. La reina le pidió a Leonora que saliera un poco, que buscara la luz del sol y rezara en la capilla de cristal. Leonora en su desespero por dejar sola a su hermana, no se movió y de manera rebelde le dejó claro a su madre que jamás dejaría sola a su hermana. Sin embargo, su infantil corazón la llevó a una oración tan poderosa, que ella no tuvo más opciones que cumplir su promesa. “Querido Dios, te doy mi vida, mi fidelidad, mi corazón y mi ser. Estaré a tu servicio hasta el fin de los días, si salvas a mi hermanita”. Y exactamente 3 días después, Allieth abrió los ojos. Pero sus ojos ya no eran sus ojos, pasaron de tener ese hermoso color violeta a ser completamente oscuros, casi negr0s. Pero lo más difícil de todo, fue que la pequeña dejó de hablar. Sí, no había nada raro en ella, podía articular palabras, pero Allieth parecía que no quería decir nada a nadie, en contadas excepciones hablaba con Leonora, pero sus labios parecieron sellarse. Y esa viveza, dulzura y perspicacia que tanto la caracterizaban, había muerto. Y dos meses más tarde, luego de mucho pensarlo, Leonora anunció su firme intención de tomar los hábitos y unirse a la iglesia. Por su puesto que el rey se opuso, pues las posibilidades de que sus hijas se unieran a grandes familias o reinos eran muchas. Y es que sin duda el padre de las princesas y uno de los reyes más grandes, ya tenía bajo su mira a los dos jóvenes más prometedores de la sociedad. Un futuro rey para Allieth y un un futuro rey para Leonora. Ambos jóvenes eran como el agua y el aceite, pero sabía que serían perfectos para sus hijas. Y como Leonora no tenía la edad para marcharse al convento todavía, creyó que podría convencerla de desistir de tales ideas. Sin embargo un revuelo en uno de los reinos, le hizo cambiar de parecer, aquel joven prospecto dejó de serlo y Leonora logró cumplir con su promesa, mientras que Allieth era preparada, educada e instruida para ser una futura reina. Desde técnicas de mando, guerra, lucha y negociaciones políticas, hasta las artes amatorias estaban en el repertorio de su formación como futura soberana. Pero nada, ni nadie las preparado para el cruel destino que iban a vivir. Allieth dejó lo que creía que era su destino, en aquel reino. Mientras que Leonora dejó sus hábitos y vida humilde, para cobrar venganza. En definitiva, si había una cosa que seguía uniendo a ambas hermanas, a pesar de las circunstancias… El amor y la venganza.
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