10. LAS CONSECUENCIAS DESMEDIDAS.

1411 Words
POV. DE CARL. Entre los ataques de esos maldit0s rebeldes a las casa de moneda de los nobles, a algunos barcos, a centros de acopio de cultivo, a las granjas proveedoras y ver a Allieth todo el tiempo pegada al baboso de Henry, mi cabeza estaba dejando de funcionar de manera coherente. Aparentemente molestarle a Allieth el deplorable estado en el que se encontraba Victoria luego de que ordenara su encarcelamiento, tras la desaparición de mi reina, no sirvió para nada. Pues su actitud no cambió en absoluto y contrario a eso continuó retándome. Pero además, ahora Henry cree que puede hacer lo mismo. ¿En qué momento los sentimientos de Allieth hacia mí cambiaron tanto? ¿En qué momento dejó de amarme? ¿En qué momento comenzó a hablar? Mi cabeza daba vueltas con esos y otros pensamientos mientras que miraba el mapa con la ubicación de las embarcaciones que estaban por atracar en puerto y que traían alimentos y otros suministros para los menos favorecidos del reino. Pues los ataques de ese indolente rebelde mantenían en jaque mis posibilidades de ayudar a otros, pero sobre todo mis planes, o los planes que habíamos creados con Allieth de hacer un banco de alimentos patrocinado por los impuestos de los más ricos, para los huérfanos y ancianos menos favorecidos. Por alguna razón parecía que todo estaba en mi contra. —Si majestad, el oficial Richard está aquí, pero dice que solo asistirá a la reunión si el Duque Henry participa en los ataques. —¿¡Qué carajos?! ¡¿Desde cuando mi ejército pone condiciones para hacer su trabajo?! —Señor, Mi Rey, yo… No valía la pena desgastarme escuchando explicaciones innecesarias. Si querían a Henry, les iba a dar a Henry. Pero Henry me tendría que dar la cabeza de ese donador de fortunas, o de lo contrario yo mismo le arrancaría la cabeza con mi espada. Nadie en el reino sabía de sus antiguas andanzas, y a mí realmente me convenía mantener a Henry bajo mi control, pero ahora él se había vuelto tan rebelde que era insoportable. Y Allieth seguía sin regresar a nuestra habitación, mis aposentos se sentían más fríos y solitarios que cuando ella estaba desaparecida. —¿Qué? —preguntó Henry con arrogancia cuando entró en mi despacho. —Quiero la cabeza del donador de fortunas. —¡Ja! ¿Acaso crees que nos escribimos cartas todos los días? —Henry, por alguna razón que no he podido descubrir tú y Allieth quieren no solo fortuna, también mi reino y mi corona, pero yo… —Hice un juramento sangrado de proteger el reino y su pueblo, así que nada me hará doblegarme —dijo imitando mi voz y bufando al final. Me levanté molesto, pero Henry me enfrentó, una vez más—. Una sola vez hice negocios con ese pilló, me ayudó a recuperar una embarcación y me costó la mitad del oro que iba allí, sin contar las cabezas de ganado, desde entonces no tengo idea de dónde puedo hallarlo. —Entonces debes pedir su ayuda de nuevo. —¿O qué, Carl? ¿Qué piensas hacerme? ¿Con qué estupidez me vas a amenazar? —Yo mismo te cortaré la garganta delante de todo el pueblo en la plaza. Te doy dos días, dos. —Ahora entiendo por qué Allieth huyó de aquí —dijo con soberbia y una risa burlona—. Haces que la gente confíe en ti, que te amen, que te idolatren y luego si no te dan lo que quieres, simplemente les hieres donde más les duele. —Ella no… ella no puede decir algo así de mí. —¿Qué no? Dame una razón Carl para creer que no es así. —Fuimos los mejores amigos, hasta que… —Decidiste hacer cosas indebidas. —Indebidas para ti, porque mientras fuimos amigos, yo fui tu más fiel servidor y eso nunca iba a cambiar. Pero claro, la corona siempre ha sido más importante. —Nací para esto y no puedo... —¡NO, CARL! No naciste para esto, ni para nada que tu no desearas, naciste para ser feliz, pero impusiste este reino por sobre todo y todavía te preguntas porque Allieth se fue de aquí. —¡Cállate! —le grite con tanta ira que lance todo al suelo. Se que mi historia con Allieth no siempre fue un cuento de hadas, fui irrespetuoso, arrogante, un poco tosco, pero yo... De verdad me enamore de ella y por eso quede devastado con los últimos acontecimientos. —No voy a buscar al donador de fortunas, no voy a hacer nada por ti, a no ser que Allieth me lo pida. —¿Hace cuanto se acuestan? ¿Al menos le niño era mío? —las palabras salieron disparadas por la ira y el dolor. —Qué hagas esas preguntas solo me confirma que no mereces el amor de Allieth, ella es una mujer de la que no se debe poner en duda la lealtad que te entrega y tú... —Ella fue la que se fue, no me dijo porque, no pregunto, solo se quedo con lo que tenía en su cabeza. —Carl, Carl, Carl —suspiro y se puso de pie—. No tienes idea de la clase de mujer que tuviste a tus pies, ella quemaría el mundo por ti, inclusive si el fuego la hacer arde a ella también. La ira me termino de absorber, quede completamente ciego, mis manos temblaban de la ira y me abalance sobre Henry, lo empuje con mucha fuerza y lo golpee en el rostro una y otra vez, tan repetidamente como pude, el aire poco a poco se fue de mis pulmones, solo veía rojo, bien sea por su sangre o por el odio que e estaba absorbiendo. Un momento después, sentí un golpe duro en mi mandíbula, tan duro que mi visión se puso muy borrosa, y un poco de sangre salió de mis labios. —¡¿Qué putxs hiciste?! —la voz, esa voz. El desespero, el miedo, la angustia podía sentirse en ese grito. Albert me tomo del cuello de mi capa y me levanto del piso, me estrello contra la pared más cercana y mi cabeza se golpeo contra las duras rocas, mis ojos intentaron buscar los suyos, pero este nuevo golpe me dejo aún más aturdido. —Si se muere, te juro que no habrá nada ni nadie que me detenga para acabar contigo, Rey de pacotilla. Albert me lanzó con fuerza sobre el suelo y lo vi tomar entre sus grandes brazos el cuerpo endeble de Henry, que colgaba sin vida, entonces comprendí que había actuado por impulso, por instinto y no por razón como siempre suelo hacerlo. —Yo... Yo... —Eres un bruto salvaje —la voz firme, sería, pero sobre todo fría de Allieth dejo un oscuro silencio en medio del despacho. Me levante de golpe, con brusquedad, aún aturdido, pero buscando sus ojos. —¿Por qué a ellos si les hablas y a mi no? —Por que ellos merecen mis palabras y mi tiempo, en cambio tu, Carl —miro a Albert que estaba abrazado y sollozando sobre Henry—, no mereces ni mi tiempo. Llévenlo con los curanderos sagrados, ellos sabrán curarlo —dijo con firmeza y me dio la espalda. —Allieth, no, no, por favor, no te vayas otra vez. Necesito la verdad, dime al verdad. Pero ella ya había dado varios pasos fuera del despacho y yo estaba gateando tras ellos como un niño pequeño en busca de su madre. —¡ALLIETH! —grite con desespero y dolor, ella se detuvo y se giro con arrogancia, me miro desde arriba y sus ojos se abrieron cuando mis lagrimas comenzaron a pintas mis mejillas—. Por favor. No me importo, no me importo que el pasillo estuviese lleno de cortesanos, de plebeyos y de sirvientes, su indiferencia me estaba carcomiendo y lo que acababa de hacer era la muestra de que estaba dejando de ser el Rey racional, para ser el Rey... Ni sabía que clase de bestia era ahora. —Las consecuencias de este atroz acto, se verán reflejadas enseguida su Alteza —dijo ella con toda frialdad, porque sí, ni mis lagrimas, ni mis suplicas, ni mi humillación hicieron mella en su corazón. Yo estaba perdido y ella me tenía entre sus manos.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD