Caleb Sprouse
Leo el último párrafo que me queda del libro y lo cierro de golpe dejándolo sobre mi regazo. Sonrío pasando la mano por la encuadernación. Este libro me lo regaló Callum y justo hoy me lo he terminado.
El tren se para por completo y eso quiere decir que he llegado a mi destino: Roma.
Me levanto de mi asiento, cojo la mochila colgándola sobre mi hombro y nada más bajar del tren me pongo los cascos que cuelgan sobre mi cuello. Subo las escaleras automáticas para dirigirme a la salida y justo cuando estoy arriba observo la estación de Roma. Sonrío admirando cada rincón de esta estación, deslizo la mochila hacia mi, cojo mi cámara de fotos, la enchufo y hago una foto de la estación. Cuando está hecha miro para saber cómo ha quedado y sonrío satisfecho. Ahora sí que me voy.
Unos minutos después estoy caminando por los pasillos del hospital. Habitación 306, la habitación de mi hermano. Cuando entro me encuentro al médico de Callum junto con una enfermera.
—Buenos días —saludo —, ¿ocurre algo?
—Hola —saluda el médico —Caleb, ¿verdad?
—Sí.
—Estamos sacándole sangre a tu hermano. Hace un mes que le hicimos la prueba y la queremos volver a hacer.
—Bien —asiento metiendo las manos en los bolsillos de mi chaqueta vaquera —, ¿alguna novedad?
—Hasta ahora todo sigue igual pero no hay que perder la fe.
—Y no la pierdo —sonrío levemente.
El médico y la enfermera se despiden y salen de la habitación dejándome a solas con Callum. Cojo una silla acercándome a mí hermano observándole.
—Hola Callum. Sé que hace unas semanas que no vengo y lo siento por eso pero entre el trabajo y las clases no he podido —me quedo callado, como si él me fuese a responder. Seguro que me diría “venga tío, no me vengas con excusas”. Sonrío negando al imaginarmelo decir justo esas mismas palabras.
Entonces, prosigo:
—¿Sabes? Los chicos ya han tenido su primer partido de baloncesto y han ganado. Cuando despiertes te enseñaré las fotos. Jackson te echa de menos, ¿sabes? Está volviendo a las andadas con Madison, yo creo que esos dos más adelante volverán.
Miro atentamente a Callum, lo miro intentando percibir algún gesto por su parte para comprobar que me está escuchando. Algún pequeño movimiento, pero nada. De repente el móvil me vibra en el bolsillo de mi pantalón. Es un mensaje. Al ver de quién se trata una pequeña sonrisa se asoma por mis labios.
“¿Has llegado ya?”
Sé que es un simple mensaje pero el simple hecho de que se preocupe por mí me encanta.
“Sí. Estoy ya en el hospital :)”
Trago saliva viendo como arriba pone “escribiendo…”
“Está bien. Espero que llegues para la fiesta de aniversario del instituto. Si necesitas algo no dudes en llamarme :) “
Me limito a sonreír como un idiota y le mando un emoticono de un beso concluyendo nuestra conversación.
—¿Te acuerdas de Annie? ¿La chica con la que intentaste ligar? —me río al recordar las palabras de mi hermano después de conocerla —Ayer, antes de venir aquí la besé —sonrío al recordar ese momento — y la verdad es que no se apartó ni nada, cosa que me sorprendió y después de ese beso me sonrió.
Sonrío y suelto un profundo suspiro mirándole.
—Despierta Callum, lucha por tu vida. Te necesito hermano, lucha por favor —cojo su mano y la acaricio —. Te echo de menos, todos te echamos de menos. Lucha.
No sé si realmente me estará escuchando pero yo me siento bien al decirle mis sentimientos, al animarle con mis palabras. Quizá no sirva pero yo, interiormente, me siento muy bien al hacérselo saber.
Annie Evans
Observo desde varios centímetros de distancia el cartel que hemos colgado para la fiesta del viernes del instituto. Ha quedado perfecto.
—Yo creo que ya está todo listo para mañana, ¿verdad? —Madison se pone a mi lado revisando algunos papeles que lleva en la mano.
—Sí. ¿Cómo te parece que ha quedado el cartel?
Madison alza la vista hacia arriba observando el cartel.
—Ha quedado genial —dice con entusiasmo y a continuación mira alrededor del gimnasio.
De repente visualizo a April entrando en el gimnasio. Camina en dirección a Alessandro, un chico de mi clase que se ha comprometido a hacer de Dj en la fiesta. Ella le da algo en la mano y se marcha del gimnasio sin decir adiós.
—Annie, ¿te vienes conmigo hacia casa? Tengo que cambiarme e irme al trabajo.
—Claro, vámonos. Aquí ya no queda nada más por organizar además yo también tengo que ir a trabajar.
Cojo la mochila que está en uno de los blancos que hay en el gimnasio y la abro cerciorándose de que tengo los libros indicados para llevarme a casa.
—Menos mal que Jackson ha venido a echar una mano con los preparativos de la fiesta —comenta Madison mientras caminamos hacia la salida del instituto.
—¿Cuando ha venido Jackson? No lo he visto —frunzo el ceño.
—Una hora antes de que vinieras. Ha venido y me ha dicho que Caleb no podía colaborar hoy. Al parecer Callum no está en un hospital de aquí, sino de Roma —Madison susurra en voz muy bajita.
—Ya lo sabía —confieso abriendo la puerta.
—¿Qué? —No sé si me lo pregunta de forma incrédula o porque realmente no me ha escuchado.
—Que ya lo sabía —repito.
—Vaya vaya… Si que te has vuelto íntima de Caleb, sí —mi amiga me mira con una ceja alzada.
—Madison —digo y me detengo en un instante —Hay cosas que no puedo contarte por el simple hecho de que no son mías, no me incumben a mí por eso no puedo contarte nada y no quiero que te siente mal, ¿me comprendes?
—Claro, te comprendo o eso intento. No tienes por qué preocuparte Annie además yo sé que confías en mí. Me has contado lo de tu madre que es una cosa realmente seria y con eso me lo has demostrado —dice Madison sonriéndome.
—Gracias Mad, de verdad —sonrío y suspiro aliviada.
Una vez que cogemos el bus nos sentamos en el primer sitio que pillamos ya que hay bastante vacío.
—Madison —me giro un poco mirándola viendo lo concentrada que está escribiendo en su móvil —, tengo algo que contarte.
—Sí claro, dime —dice sin apartar su vista del móvil. Sonrío mordiéndome el labio.
—Caleb me ha besado —digo. Madison abre los ojos como platos y gira su cabeza inmediatamente mirándome.
—¿¡Me estás vacilando?!
—Shhhh —la chisto desviando la mirada hacia las tres personas que hay en el bus.
—¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Dónde? Quiero saberlo todo —dice mi amiga con entusiasmo.
—Ayer estaba en mi casa, recibí un mensaje de mi padre diciéndome que aún no podía hablar con mi madre, que ha vuelto a sufrir una pequeña crisis —Madison forma sus labios en una fina línea —. Caleb vino a mi casa, estuvo reconfortándome y… —me interrumpe.
—j***r, menudas formas de reconfortarte —alza una ceja.
—¡Calla, déjame seguir! —protesto divertida —. El caso es que me dijo que me tenía que decir algo y entonces…
—Lo que te tenía que decir era el beso —asiendo detenidamente —. ¿Y qué tal fue?
—Me pillo totalmente por sorpresa. Realmente nunca he llegado a imaginar que podría gustarle a Caleb pero… —me quedo callada recordando el beso, sí, fue casto, pero nunca me han besado así castamente.
—Si yo ya sabía que le gustabas. Le he pillado en varias ocasiones mirándote y cuando dos personas no se llevan bien como tú y él al principio eso también hace mucho —suspiro profundamente —. ¿Qué pasó después?
—Nos fuimos a una horchatería, por más que insistí y se lo replique no me hizo caso y pagó él y al final, cuando llegamos a casa, se me giro la cabeza y le besé yo —los labios de Madison se abren en forma de O.
—¿Y cómo se quedó él?
—Me sonrió.
—¡Qué fuerte! Pues, ¿sabes qué te digo? Que hacéis muy buena pareja.
—Y tú con Jackson —sonrío de lado y mi amiga pone los ojos en blanco.
A las ocho, después de haber estado en el cine trabajando llego casa, pero para mí sorpresa, me encuentro con Jack, el tío de Caleb. Ambos me saludan un poco nerviosos. Mi pregunta es, ¿habré interrumpido algo?
—¿Qué tal estás Annie? ¿Qué tal tu estancia en Milán? ¿Te gusta?
—Sí, me voy haciendo poco a poco.
—Bueno, yo me marcho —dice mirando a mi tía —. Si necesitáis alguna cosa más solo tenéis que decírmelo.
Frunzo el ceño ante lo que ha dicho. ¿Necesitar alguna cosa más? No estoy entendiendo nada.
—Gracias por todo, Jack —dice mi tía.
—No hay de qué —dice sonriéndole a mi tía.
—¿Me he perdido algo? —pregunto mirando a mi tía.
—Verás, esta mañana he pasado por una agencia de viajes y me he encontrado con Jack, al parecer trabaja ahí y le he contado que me gustaría que nos fuésemos juntas este fin de semana tú y yo. Él tiene una casa en Verona y me la ha ofrecido para que nos vayamos tú y yo.
—¿Y eso por qué?
—Porque quiero que te despejes, que estés tranquila. Has pasado por mucho Annie, quiero que hablemos, que te expreses conmigo, que desconectemos aunque sea solo un día, ¿te apetece?
—Sí, claro, pero yo tengo que hacer deberes del instituto y estudiar. Tengo mucho retrasado.
—Puedes llevártelo, pero eso sí, nada de móviles y yo tampoco. Nos los dejamos aquí.
—Está bien. ¿Cuándo salimos?
—El sábado pronto.
—Está bien. Tendré que hablar con mi jefa por si me puede dar el sábado libre. Al no ir el viernes por la fiesta del instituto tenía pensando en recuperarlo trabajando todo el sábado.
—Bien. Habla con ella, no creo que se oponga, creo —ríe.
—Está bien y gracias por esto tía —sonrío agradecida.
Subo arriba a desmaquillarme y a ponerme cómoda. Me deshago la coleta y me peino el pelo haciendo que quede en su sitio. Poco después bajo a cenar, me preparo una ensalada y me pongo a ver la tele con mi tía. ¿Irnos a Verona? Supongo que será divertido así conozco algo más de Italia. Justo antes de irme a la cama reviso el móvil pero no tengo absolutamente nada. Poco después me quedo completamente dormida.
A la mañana siguiente me levanto más pronto de lo normal. Anoche, después de que salí de trabajar, no estaba en condiciones para hacer algo de clase. Después de darme una ducha para despejarme, me visto y me pongo a hacer los deberes que tengo para hoy. Solamente con abrir el libro y visualizar las ecuaciones que tengo que hacer me agobio. Cojo un folio del carpesano, saco mi calculadora y empiezo a hacerlas.
Después de finalizar las clases, antes de ir a mi casa, paso por el cine a hablar con mi jefa para pedirle permiso y cogerme el sábado también libre y gracias a Dios accede. Cuando llego a casa, subo a mí habitación y abro el armario buscando algún vestido para esta noche. Paso los vestidos, saco uno, lo miro no muy convencida y lo devuelvo a su sitio y así sucesivamente, hasta que de repente mi móvil suena. Sonrío al ver su nombre reflejado en la pantalla.
—Annie Evans. ¿Cómo van las cosas por ahí sin mi? —puedo notar su sonrisa al otro lado del teléfono.
—Aquí todo marcha divinamente Caleb Sprouse. ¿Qué tal Roma?
—Bien. Acabo de volver de dar un paseo y he hecho varias fotos —me cuenta —. Ahora mismo estoy en la cafetería tomándome un chocolate caliente, ya empieza a refrescar.
—Vaya, espero que me enseñes esas fotos cuando vuelvas.
—Claro.
—Oye, ¿qué tal sigue Callum?
—Igual —suspira —. Pero me gusta estar aquí con él y contarle novedades. Lo más seguro es que no me esté escuchando pero yo me siento muy bien contándole cosas.
—Puede que si te escuche —sonrío —. No vas a llegar a la fiesta, ¿verdad?
—No lo sé, lo voy a intentar —asiento como si me pudiese ver —. Te tengo que dejar, nos vemos pronto.
—Está bien.
Trago saliva y cuelgo dejando el móvil sobre la cama. Me siento sobre la silla que tengo en la mesa y me miro al espejo que tengo justo delante. Ahora mismo, ¿qué es lo que realmente somos Caleb y yo? ¿Él querrá algo más o para él solo ha sido un beso? Realmente quiero preguntárselo pero creo que estas cosas se deben hablar mejor en persona.
Caleb Sprouse
Son las doce de la noche. Definitivamente ya no llego a la fiesta. Mi tren se ha retrasado una hora y media por una avería. Una vez bajo del tren llamo de inmediato a Jackson. Por suerte, me lo coge al tercer pitido.
—Hey tío, ¿dónde estás?
Al otro lado del teléfono se escucha mucha música. ¿Dónde estará este tío?
—Estamos en casa de Gino, la fiesta en el instituto se ha acabado y hemos continuado la fiesta aquí —me explica.
Mierda, mierda.
—¿Sabes si Annie se ha ido a su casa o algo?
—Me imagino que sí. Le he ofrecido a Madison y a Annie que se viniesen, pero nada. E incluso a Peter. ¿Por qué no te vienes? Quiero que me cuentes cómo sigue Callum.
—Creo que te lo contaré en otro momento. No me apetece ir a ninguna fiesta y tú no te escuchas muy sobrio que digamos —digo saliendo completamente de la estación.
—Seguro que si Annie estuviese aquí te sobrarían piernas para correr.
Me río porque tiene razón. Desde que me fui a Roma no he dejado de pensar en ella, en su mal carácter, en su sonrisa, en sus ojos azules y sobre todo en sus labios. Si cuando se despidió de mi me besó eso es porque le gusto, ¿no? Quizá para ella solo haya sido un beso y ya está. Quizá ella no quiera nada más. Tengo mil preguntas sin responder en mi cabeza y quiero aclararlo con ella. Que me diga qué es lo que quiere.
Cuando subo al taxi le mando un mensaje pero no me responde. ¿Estará durmiendo ya? Solo cuando suba a mi cuarto, lo podré comprobar.