Alivio

3060 Words
—¿Se puede saber dónde estabas? —Madison avanza hacia mi. Algunos de los jugadores de baloncesto incluido Jackson y Matt nos observan al vernos a mí y a Caleb entrar en la cafetería. —Ahora te cuento todo —desvío la mirada viendo a Caleb chocarle la mano a Matt y a Jackson. De repente, Peter se cerciora de mi presencia, coge su mochila y se viene en dirección a nosotras. —Hola Peter, ¿ya estás mejor? —Oh, sí —sonríe —. ¿Me has echado de menos? —Nah, muy poco —me río y él también se ríe. Salimos de la cafetería en dirección hacia los pasillos. El timbre suena, con lo cual, se empiezan a escuchar los pasos de los alumnos por el instituto y el jaleo. Cuando llego a mi taquilla me quedo petrificada al ver lo que hay escrito en n***o en letras grandes. Madison se lleva la mano a la boca inmediatamente. —¿Qué demonios…? —oigo decir a Peter. Mi corazón bombea fuertemente contra mi pecho mientras que la ira empieza a invadir cada célula de mi cuerpo. “TU MADRE ES UNA BORRACHA” —¿Quién se ha atrevido a hacer esta barbaridad? —dice Peter enfurecido. April, pienso yo inmediatamente. Ha sido ella. La gente empieza a ponerse alrededor de mi y de mis dos amigos murmurando entre ellos. —¿Qué pasa aquí? —consigo escuchar la voz de Jackson por detrás. Noto como la gente se aparta para dejarlo pasar, pero no solo a él, sino también a Caleb y Matt — ¿Quién ha sido? —pregunta Jackson en voz alta para que todo el mundo lo escuche pero no recibe ni una sola respuesta de nadie. Giro mi cabeza encontrándome con la mirada Caleb. Sé que él sabe quién ha sido. —Aquí no hay nada que ver, todos fuera —espeta Caleb con dureza observando a todo el mundo. Una lágrima se desliza sobre mi mejilla y para impedir que salgan más me muerdo el labio. Todos me miran con preocupación pero yo tan solo quiero irme de aquí. No me siento mal por la pintada, sino por mi madre. —¿Estás bien? —pregunta Caleb preocupado e inmediatamente asiento sintiendo un nudo en la garganta. —Annie, ¿quieres que nos vayamos? —No, vamos a clase —digo. —Yo creo que es mejor aunque sea que vayamos a la cafetería para que te puedas relajar —sugiere Jackson y Caleb asiente. —Peter y yo podríamos limpiar la taquilla antes de que acabe la clase —sugiere Matt. —Vamos Annie —Madison pasa su brazo por mi brazo cariñosamente. Caminamos hacia la cafetería todos juntos pero Matt y Peter se desvían hacia otro lado. Cuando llegamos a la cafetería hay algún que otro estudiante pero nosotros inmediatamente nos sentamos en una de las mesas. —¿Queréis que pida algo para beber? —dice Jackson. —No, gracias —respondo. —¿Alguno de vosotros queréis algo? —Jackson mira a Madison. —Agua está bien —responde Madison. Poco después, Jackson viene a la mesa con cuatro vasos de plástico y una botella grande de agua, a continuación nos sirve a todos en el vaso. —Annie, ¿tienes alguna idea de quién te haya podido hacer eso? —pregunta Madison. —April —responde Caleb por mi. —Así es —respondo confirmándolo. —¿Por qué lo dices tan segura? —pregunta Jackson dándole un trago al agua terminándosela. —El otro día Caleb y yo fuimos a hablar con ella para preguntarle si fue ella la que sacó a la luz lo vuestro y finalmente lo confesó y me dijo que no metiese las narices donde no me llaman y que me preocupara más por mi madre. —¿Qué? ¿Cómo se atreve? —dice mi amiga con incredulidad. —Lo que yo no entiendo es cómo lo sabe —suspiro exasperadamente apoyando los codos sobre la mesa llevándome las manos a la frente. —O sea, que es cierto… —deja caer Jackson. —Sí… —murmuro —. Mi madre está en un centro de rehabilitación, ha estado ahogada en el alcohol y yo no podía seguir en California, por eso estoy aquí. Mi casa era un caos con mi madre, no pude más y me tuve que ir. Miro el vaso concentrándome en un punto fijo y entonces me viene ese recuerdo a la mente, el día en el que me fui… Intento respirar profundamente intentando conseguir que mi respiración vuelva a la normalidad. Estoy sudando, mi corazón late fuertemente contra mi pecho al mismo tiempo que siento pinchazos en él y aunque intento tranquilizarme las lágrimas se siguen deslizando sobre mis mejillas. Alzo la vista mirándome al espejo observando mi rostro: tengo la cara roja, los ojos rojos y hinchados y los labios algo más gruesos. Esto ya no puede seguir así, ya no puedo más. Me lavo la cara con agua fría sintiendo un gran alivio en mi rostro y suelto un jadeo. Me seco el rostro y salgo del baño dirigiéndome al salón. El salón está justo al lado de la cocina así que veo perfectamente casi toda la vajilla en el suelo, rota. Tal y como lo estoy yo. Quince minutos después, Elena llega a mi casa dándome los billetes de avión —le dije que se los quedara ella porque si mi madre los ve por alguna parte es capaz de romperlos con tal de reterme aquí —. —¿Estás segura de lo que estás haciendo Annie? —Sí —suspiro cerrando la maleta —. Mi tía me está esperando y tengo que irme. —Lo sé, lo comprendo y te apoyo en esto aunque te voy a echar mucho de menos. Miro a mi amiga e inmediatamente le doy un profundo abrazo dejando un beso sobre su mejilla dándome de vuelta ella otro a mi. Cuando me dirijo a la salida le dejo a mi madre sobre la nevera la nota que le he escrito un par de horas antes. Ella yace en el sofá, dormida y con una botella de vodka en el suelo. Varias lágrimas caen sobre mi mejilla. Elena pasa su brazo suavemente por mi espalda y salimos de casa. Me subo al coche de mi mejor amiga y una vez dentro de él, miro por última vez mi casa, en la que he vivido toda la vida, la casa que tanto voy a echar de menos. —¿Estás mejor? —la voz de Madison me saca de mis pensamientos, más bien, recuerdos. —Sí. De repente suena el timbre, eso significa cambio de clase y significa que tenemos que volver a la normalidad, ya bastantes clases me he saltado hoy —Hora de volver a clase… —dice Caleb poniendo los ojos en blanco. —Qué fastidio… —se queja Jackson. —Oye, chicos, gracias por todo —sonrío agradeciéndoles a los tres, ellos me dedican una sonrisa. Antes de reanudar la marcha miro a Caleb coincidiendo su mirada con la mía. Caleb Sprouse —¡Hey Jackson! —digo caminando rápido hacia él hasta que consigo llamar su atención. Él se gira esperando a que llegue a él —. ¿Vas a algún sitio? —Iba a comer a mi casa. ¿Tú no te quedas a organizar la fiesta de aniversario del viernes? —Al final el director nos ha dicho que mañana. ¿Vienes a mi casa a comer? Necesito hablar unas cosas contigo. —Claro. Pocos minutos después llegamos a mi casa. Cuando llegamos, mi tío está limpiando los platos de su comida. —Hola chicos. ¿Cómo van las clases? —Bien —contestamos Jackson y yo. —¿Qué tal van los entrenamientos Jackson? Caleb me ha contado que ganasteis el primer partido. Enhorabuena. —Gracias señor, la verdad es que sí y los entrenamientos los llevo bien, entrenando duro como siempre —dice mi amigo metiendo una mano en su bolsillo. —No me llames señor Jackson, llámame Jack. Todavía no estoy tan viejo, ¿verdad? Jackson y yo cruzamos las miradas y nos reímos. —Sinceramente, me acordé mucho de Callum en el partido. —Lo entiendo perfectamente —mi tío sonrïe melancólicamente. —¿Cómo sigue? —pregunta Jackson. —Pues… igual —sacude la cabeza y chasquea la lengua —. Caleb y yo tenemos mucha fe en que despertará. —Así es —afirmo yo. —Yo también lo creo, Callum es un tipo de los que no se rinden fácilmente —dice Jackson. Mi tío asiente dándole la razón y se despide de nosotros saliendo de casa para irse a trabajar. —Por cierto Caleb, ya hay agua —me informa mi tío justo antes de salir de casa. Después, entre Jackson y yo preparamos la comida, comemos y subimos a mi habitación. —Y bien, cuéntame lo que me tengas que contar amigo —dice Jackson sentándose en la silla giratoria. —El tío ese que vino a buscarme a la salida del instituto hace un par de días esta mañana ha estado merodeando por mi casa. —¿Enserio? ¿Cómo lo sabes? —Esta mañana he tenido que ir a casa de Annie ha ducharme, no había agua. Annie me ha invitado a desayunar y me he dado cuenta de que estaba ahí, por eso no hemos ido a las primeras horas. —Espera espera —niega —. Ella sabe… —Sí —le interrumpo —, se lo he contado. —¿No habrás cometido un error? —Jackson me mira con advertencia. —Te aseguro que no. Annie me ha demostrado que puedo confiar en ella, además hay algo en su mirada que me transmite confianza. —Con que hay algo en su mirada, eh —Jackson sonríe de lado alzando una ceja. —¡Oh, vamos! No empieces Jackson. —Pero si solo hay que ver cómo la miras para saber que te gusta, idiota. —Y a ti solo hay que verte, sigues colado por Madison —contraataco. —Pues sí, es cierto. A diferencia de ti yo lo admito. —¡Oh, basta! —digo lanzándole un cojin. —¡Te encanta Annie y lo sabes! —dice lanzándole el mismo cojín a la cara. —Shhh —le chisto —. ¿Te quieres callar? Te puede escuchar —digo señalándole con la mirada la ventana de Annie. Mi amigo se gira mirando hacia la ventana —¡No fastidies…! A parte de vecinitos estáis ventana con ventana —dice acercándose por completo a la ventana. —Así es. —¿Y nunca la has visto en paños menores? —¡No! Para nada. —No te escandalices tanto, sabes que te encantaría, ¿o no? —gira su rostro mirándome. Sonrío negando con la cabeza. Mientras Jackson se dedica a mirar por la ventana me viene la imagen de Annie en la cafetería, contando lo de su madre… se me ha encogido el corazón al verla así. Al fin y al cabo ella y yo no somos tan diferentes. Jackson y yo pasamos un buen rato en el salón jugando a la consola hasta que me dice que tiene que retirarse a entrenar y yo también me tengo que ir, pero a trabajar. Cuando estoy listo salgo de casa mirando la casa de Annie. ¿Habrá salido ya? No lo pienso dos veces y camino en dirección a la puerta a llamar al timbre. Justo antes de llamar la puerta se abre y salí Annie. —Uy, hola —saluda amablemente —. ¿Qué estás haciendo aquí? —Venia a buscarte por si quería que fuésemos juntos —ella hace una expresión extraña e inmediatamente sonríe. —Claro, vamos. Annie se acomoda el bolso sobre su hombro y empezamos a caminar en silencio, pero no es un silencio incómodo. —¿Cómo sigues después de lo de esta mañana? —Bien. He ido a hablar con ella —me cuenta. —¿Enserio? —asiente —¿Cuándo lo has hecho? —Después de las clases de baile, le he dicho que deje de meterse conmigo porque sino le va a ir muy mal —dice en tono amenazante. —¿Enserio? —sonrío mirando su perfil viendo la otra peca que tiene justo en un lateral de la barbilla —. ¿Y qué te ha dicho? —Nada, pero creo que sí las miradas matasen me hubiese matado en ese momento y además me hubiese enterrado —ella se ríe y yo me río con ella —. ¿Sabes qué? Yo creo que April es un perro que ladra pero no muerde. A mí me puede hacer lo que le dé la gana pero meterse con mi madre… Eso sí que no. —Lo sé. Una madre es sagrada aunque haga cosas que no están nada bien —suspiro profundamente. —Al igual que un padre. —Supongo —me encojo de hombros. —Gracias por preocuparte, Caleb —esta vez Annie me mira a los ojos. —Es lo menos que puedo hacer —ella sonríe. ¿Por qué me quedo como un bobo mirándola? ¿Qué me está pasando? Parezco idiota. —¿Al final qué pasará con el tema de April y Callum? —Nada. Mi tío se lo ha pensando mejor y no hablara con sus padres porque dice que no servirá de nada. La policía va a dejar la investigación —mi voz suena derrotada. —¿Qué? —ella me mira alucinada —¡Eso no es justo! —Lo sé y me he quejado pero no ha servido de nada y con respecto al tipo de la chaqueta de cuero no puedo decir nada porque yo no tengo pruebas. —¿Y cómo descubriste que Callum estaba metido en todo eso? —Porque lo escuché hablar por teléfono. —Entonces en ese teléfono habrá información —dice. —Sí pero no está. Lo he buscado por todas partes y nada. Se lo ha tragado la tierra. —Esto es un callejón sin salida —Annie niega con la cabeza. —Sí —afirmo —. Y no veo la salida —concluyo y entramos en el cine ya que hemos llegado. Annie Evans Aprovechando que tengo libre hoy en el trabajo, pongo la música a todo volumen para motivarme y hacer una limpieza profunda de mi habitación. Quito el polvo de los muebles, ordeno los libros del instituto más mis libros de lectura, paso la escoba por cada rincón de mi cuarto y después paso una aspiradora que tiene mi tía, pero eso sí, no puedo apartar la vista de mi móvil ya que mi padre me tiene que decir cuando puedo llamar a mi madre. Por lo que mi padre me ha ido contando durante estos días, mi madre ha estado mejor y por ahora solo ha tenido pequeñas crisis. Él me prometió que durante esta semana lo más seguro es que podría llamarla al centro pero que tenía que confirmarmelo. Justo cuando estoy fregando el suelo —casi acabando —, la pantalla de mi móvil se ilumina. Corrí hacia él con el corazón acelerado de la emoción al saber que pronto voy a hablar con mi madre, pero la sonrisa se desvanece inmediatamente al leer el mensaje. “Cariño, tu madre ha vuelto a tener una recaída… creo que no es prudente que hables con ella. Te llamo en un rato. Te quiero.” Me muerdo el labio con dureza y tenso la mandíbula sintiendo una sensación de tristeza, desilusión y rabia en todo mi cuerpo. ¿Otra vez? ¿Cuándo va a terminar esta jodida pesadilla? Esto no es justo j***r… ¡No es justo! De repente, me llega otro mensaje pero no es de él. “Sé que te estás montando una buena fiesta y que te lo estás pasando genial pero estoy aquí abajo llamando a tu timbre, ábreme.” Me guardo el móvil en el bolsillo trasero de mi pantalón dejando el móvil encima de la mesa, apago la música y bajo para abrirle la puerta. —Hola, venía a proponerte que nos fuésemos a algún sitio a tomar algo y quiero hacer algunas fotos. Intento sonreír pero no me sale. —¿Te pasa algo…? —Pasa, por favor. —Annie, ¿qué ocurre? —Caleb cierra la puerta y entra conmigo hacia dentro. —Pasa que a mí madre le ha vuelto a dar una crisis, y pasa que esta semana ya la podía llamar pero no puedo y… —resoplo y me muerdo el labio. —Hey, no te agobies, ella va a estar bien —dice acercándose a mí. —Lo sé, ella está muy bien atendida pero tengo miedo de que no salga de esta. Y yo estoy aquí y ella está allí —resoplo. —Por supuesto que va a salir de esta, no tienes que desanimarte. Ella sabe que tiene tu apoyo. —Espero que lo sepa, espero que mi padre se lo haga saber. —Por supuesto que lo hará. —Espero… —formo mis labios en una fina línea. Caleb me mira y yo lo miro a él. Puedo notar su respiración nerviosa e inquieta. ¿Qué le pasará? —¿Pasa algo? —frunzo el ceño. —Sí, me está pasando algo que tengo que tengo que decirte y que no puedo más. —¿Qué te pasa? —pregunto preocupada. Caleb me mira, se acerca a mí acortando la poca distancia que nos separa y junta sus labios con los míos poniendo sus manos en mi cuello, ante eso, mi cuerpo inmediatamente reacciona ante su tacto. Mi corazón late desenfrenado al sentir sus cálidos labios sobre los míos e instintivamente mis manos se colocan en ambos lados de sus hombros. Cuando se separa de mi sonrío y él sigue manteniendo sus ojos cerrados mientras respira como si se hubiese quitado un gran peso de encima. —Esto me pasa, Annie.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD