Caleb y yo nos hallamos aún en el suelo. Noto como mi respiración poco a poco se apacigua pero el susto todavía invade mi cuerpo. La respiración de Caleb es pesada y sus ojos azules me miran con preocupación.
—¿Estás bien?
—Sí —asiento —. ¿Te has hecho daño?
—No, estoy bien. ¿Y tú? —dice aun con sus manos en mi espalda.
—Estoy bien.
No sé por qué pero me quedo ahí, mirando su rostro. Su nariz es pequeña, sus labios no son ni muy pequeños ni muy gruesos y tiene varias pecas por su cara. Dos de ellas en una mejilla y otras dos en la otra mejilla y hacia el mentón. Sinceramente, esas pecas le hace muy atractivo. Sacudo la cabeza e inmediatamente me levanto, Caleb lo hace a continuación.
—Gracias. Si no hubiese sido por ti, ese coche me hubiese atropellado.
—No las des —dice acomodándose el gorro —. Tenemos que hablar, Annie.
—¿Para qué? Creo que ya me diste tú opinión sobre mí y creo que ya tuve bastante, ¿no crees?
—Es que yo no pienso eso de tí. Déjame hablar —me muerdo el labio mirándole sin saber qué hacer, si escucharle o simplemente marcharme, pero creo que no pierdo nada al escucharle.
—No.
—Annie, por favor.
Le miro torciendo los labios totalmente indecisa, pero dicen que hay que escuchar a las personas, ¿no?
—Está bien pero de camino a casa, ya es tarde.
Caleb sonríe levemente e iniciamos juntos el camino de vuelta a casa.
—Lo sé todo. Sé que tú no sabías nada de que April estuvo ese día con mi hermano, el día del accidente aunque April siguió malmetiendo en tu contra —chasqueo la lengua y niego con la cabeza.
—¿Y cómo te diste cuenta de que estaba mintiendo?
—Porque Gianna lo confesó todo. Le he dicho a April que se lo diga a la policía pero me dijo que no, que ella no ha hecho nada malo y que no quería meterse en líos.
—¿Se lo vas a decir a tu tío?
—Ya se lo he dicho y hablará con los padres de April. La policía sigue investigando pero aún no se sabe nada.
—¿Y tú hermano? ¿Cómo está?
—Sigue igual.
—No pierdas la fe, tú hermano despertará, ya lo verás.
—¿Y si no lo hace? —esta vez Caleb me mira parándose.
—Por supuesto que lo hará —le miro y le sonriéndole.
—Annie yo… lo siento, lo siento mucho por las cosas que te dije cuando solo querías ayudarme. Últimamente solo has hecho eso, ayudarme, has colaborado con la investigación, le intentaste sonsacar a April y yo te lo pago llamándote falsa e hipócrita.
—No te preocupes, quizá yo también hubiese entendido las cosas mal pero tranquilo.. Lo que sí te voy a decir es que antes de acusar a alguien investiga muy bien las cosas —sonrío parándome, ya que estoy justo delante de mí casa.
—Créeme que lo haré, tranquila —sonríe.
—Y gracias por salvarme.
—Te debía una —se encoge de hombros.
—No, tú a mí no me debes nada —sonrío.
Caleb sonríe mientras me mira. Lamo mis labios tragando saliva al tener su mirada intimidante sobre mi.
—Bueno… me marcho a casa, mi tío me debe estar esperando.
—Mi tía también —sonrío sin mostrar los dientes.
—Buenas noches, Annie.
—Buenas noches, Caleb.
Me dirijo hacia la puerta, la abro y giro la cabeza viendo a Caleb decirme adiós con la mano, yo le devuelvo el mismo gesto. Nada más entrar, dejo las llaves sobre el mueble y entro hasta la cocina donde veo a mi tía cenar una ensalada.
—Hola. Hoy has tardado un poco más —dice mirando la hora en su móvil.
—Sí, tenía que solucionar unas cosas.
—Te he dejado en la nevera un bol con ensalada por si quieres cenar.
—Gracias.
De repente, no sé por qué, me viene a la cabeza el momento en el que Caleb me ha cogido antes de que me atropellara el coche, cuando estaba sobre él, sus ojos, la forma en la que sus ojos azules miraban los míos, cuando se ha disculpado, todo. En esa caída he podido fijarme bien y la verdad es que es guapo, tiene una mirada, un rostro… y su personalidad…
—¿Y esa sonrisita…?
Mi tía me saca de mis pensamientos haciendo que la mire a ella. Tiene una ceja alzada y me mira de una forma divertida.
—¿Qué?
—¿En quién estabas pensando que estás sonriendo? ¿No me digas que has conocido a alguien?
—¿Qué? ¡No, por dios! Estaba acordándome de algo que me ha dicho Madison hoy.
—Ya ya… a mí no me engañas Annie.
—Lo que tú digas. Voy a cambiarme.
—Baja enseguida y me lo cuentas todo.
—¡No tengo nada que contarte! —le respondo subiendo las escaleras.
—¡Ya ya…! —dice irónicamente.
Me río mientras termino de subir las escaleras y entro en la habitación encendiendo la luz. Me cojo el pijama, la ropa interior y me voy al baño a darme una ducha. Cuando bajo a cenar me doy cuenta de que mi tía se ha quedado dormida en el sofá, me aproximo sigilosamente a apagar la televisión pero justo cuando lo apago, mi tía se despierta rápidamente.
—Me he quedado dormida —dice mi tía soltando un bostezo.
—Deberías subir a descansar —le sugiero.
—Sí —dice levantándose del sofá —. ¿Has cenado?
—Voy ahora.
—No te acuestes muy tarde.
—Tranquila.
—Buenas noches —dice dándome un beso en la mejilla —, y ya me contarás quién es ese chico que ocupa tus pensamientos.
—No hay nadie —digo divertida.
—Ya ya… buenas noches.
—Que descanses.
Después de cenar friego lo que he ensuciado, me lavo los dientes y me voy a la cama no sin antes leer un poco para que coger al sueño. Cuando noto como mis párpados se van cayendo, dejo el libro sobre la mesita, apago la luz y segundos después, me quedo dormida.
Al día siguiente la alarma de mi móvil suena. Me desperezo y me levanto a pesar de que mi cuerpo me está gritando que vuelva a la cama. Abro la puerta del baño de sopetón encontrándome a Caleb… espera. ¿Qué?
—¿Qué haces en mi baño? —trago saliva con dificultad al verlo sin camiseta y con una toalla envuelta alrededor de su cintura. j***r, la ropa engaña mucho.
—Em…, la caldera de mi casa se ha roto, no sabía dónde ducharme, he venido aquí y tú tía no ha dudado en ofrecerme el baño —abro los ojos asintiendo levemente.
—Vale… intenta acabar lo antes posible por favor, yo también me quiero duchar.
—Tranquila —sonríe.
—Bien —sonrío.
Cierro la puerta del baño apoyando mi espalda en ella quedándome aún alucinada al verle en el baño y… así. Menudos buenos días he recibido hoy.
—¡Ay Annie, iba a avisarte ahora!
—Sí, lo he visto en el baño.
—Iba a subir pero me ha llamado una amiga y no he podido hacerlo antes.
—Tranquila, no te preocupes —sonrío.
Caleb abre la puerta del baño saliendo de ella. Él nos mira a ambas algo cohibido pero nos dedica una leve sonrisa. Lleva unos pantalones vaqueros rotos y una camiseta básica oscura. En la mano lleva una mochila de deporte mientras que con esa misma mano sujeta también su gorro gris.
—Lo siento, no pretendía molestar.
—No molestas Caleb, de verdad —le aseguro.
—Gracias por hacerme dejado duchar aquí señora Evans.
—Oh Caleb, por dios, no me llames señora que no estoy casada —nos reímos los tres a la vez —. Llámame Claire y estás en tu casa.
—Gracias, Claire.
—¿Te apetece desayunar aquí? —le sugiero.
—Claro, quédate a desayunar —dice mi tía amablemente —. Yo me tengo que ir ya a trabajar, quédate y así desayunas con Annie.
—Está bien, gracias —accede él finalmente.
Después de darme una ducha rápida me visto poniéndome una camiseta blanca de manga corta con rayas rojas, por encima me pongo un mono vaquero que acaba en falda. Me hago una coleta alta poniéndome horquillas para que no se me escape el pelo. Me pinto los labios de color rosa y me aplico máscara de pestañas.
—Lo siento por la tardanza —digo bajando rápidamente las escaleras dejando la mochila en un lado.
—No te preocupes —Caleb se asoma por una de las ventanas del salón —. Parece que quiere llover.
—Cogeremos paraguas entonces. ¿Qué quieres para desayunar?
—Leche y cereales bien.
Asiento cogiendo dos tazas, abro del armario los cereales que tengo sacándolos para compartirlos con él.
—Oye Caleb, ¿has vivido aquí toda la vida? —pregunto vertiendo la leche en ambas tazas.
—Sí, pero en realidad nací en Arezzo. Cuando cumplí los tres años nos mudamos aquí, pero me gustaría en un futuro marcharme.
—¿Dónde? —pongo las tazas en el microondas para calentarlas.
—Me gustaría irme a Estados Unidos, de hecho, voy a mandar solicitudes para las universidades de allí, me encanta Italia pero me apetece irme, ver mundo más allá de aquí. Por mi, estaría viajando por todos lados y haciendo fotos —sonríe mientras cruza los brazos apoyándose en la mesa.
—Eso está muy bien.
Sonrío. Saco las tazas del microondas y cuando voy a llevarlas a la mesa, al soltar una de ellas suelto un quejido al sentir mi dedo arder.
—j***r, j***r —me miro la punta del dedo
—¿Estás bien? ¿Te has quemado mucho? —pregunta Caleb preocupado acercándose a mi.
—Un poco… —hago una mueca —j***r, quién me manda a mí poner esto tan caliente.
Caleb suelta una carcajada cogiendo mi mano observando mi dedo.
—No te rías —me quejo al mismo tiempo que me río, pero eso hace que Caleb se ría aún más. Le miro reírse y entonces empiezo a reírme yo también y me doy cuenta de que tiene una sonrisa muy bonita. Los dos terminamos de reírnos y nos miramos fijamente a los ojos —. ¿Desayunamos?
—Sí —él afirma con una media sonrisa.
Después de desayunar Caleb me ayuda a limpiar lo que hemos ensuciado. Después de eso, me cercioro de que tengo los libros de las asignaturas que tocan hoy.
—Annie, ¿sabes que hemos perdido el bus?
Miro la hora en el reloj que tenemos justo colgado en la cocina. Abro los ojos apurada al ver la hora que se ha hecho.
—¡Madre mía! ¿Qué hacemos? —le miro alarmada.
—Si quieres voy a mi casa a por las llaves de la moto y vamos al instituto.
—¿Con la moto? —le miro no muy convencida —. ¿Y si llueve?
Caleb se acerca a la ventana del salón observando si llueve.
—¿Llueve? —miro a Caleb pero no obtengo respuesta por su parte —. Caleb, ¿llueve o no llueve? —insisto, pero al ver que no responde voy hacia la ventana —¿Qué pasa?
Miro por la ventana dándome cuenta que en la puerta de la casa de Caleb hay un hombre grande, corpulento y con chaqueta de cuero.
—Caleb, ¿quién es ese?
Sin embargo, él se queda callado sin decirme absolutamente nada, tan solo se limita a observar por la ventana a aquel hombre que está merodeando y mirando alrededor de casa de Caleb como si fuese un curioso. Observo el perfil de Caleb, su mandíbula está tensa al igual que su mirada.
—¿Te importa mucho perderte la primera clase? —dice finalmente sin apartar la mirada hacia ese hombre.
—Caleb, ¿se puede saber qué está pasando? —esta vez Caleb me mira intensamente a los ojos y suspira profundamente.
—¿Te acuerdas el día que no vine a tu casa a hacer el trabajo y vine aquí a pedirte una disculpa?
—Sí —respondo, Caleb mira de reojo hacia la ventana, desvío un segundo la mirada viendo a ese hombre pasearse por la calle. Caleb me coge de la muñeca llevándome hacia la cocina.
—A la salida del instituto ese hombre me pilló por sorpresa y me dijo que Callum tiene una cuenta pendiente con él y que yo se lo tenía que pagar —me explica mientras yo me limito a abrir los ojos sorprendida —. Hubo un momento en el que él se despistó y salí corriendo de allí, él me estuvo persiguiendo y sinceramente no sé cómo logré escaparme de él.
—¡Entonces, quizá son ellos los culpables, quizá no, seguro!
—No tenemos pruebas —suspira —. Yo no le he dicho nada a mi tío, bastante tiene ya.
—¿Y tus padres? —al ver la expresión de su rostro enseguida me arrepiento de la pregunta que he hecho
—Mejor ni hablemos de ese tema.
Asiento detenidamente. Me giro hacia la ventana y me dirijo hacia ella por si ese hombre de la chaqueta de cuero sigue ahí.
—¿Qué haces Annie? —susurra en voz exclamativa. Miro hacia los lados soltando un profundo suspiro. Ya no está
—Creo que ya nos podemos ir, se ha marchado. Caleb —me giro para mirarle —, ¿quién es ese hombre? —él me mira tensando su mandíbula.
—Uno de los miembros de una banda en la que Callum estaba metido. Yo lo descubrí pocos días antes del accidente pero… —traga saliva con dificultad —No le he contado nada de esto a la policía por… miedo.
—Pero, ¿has pensando en que le pueden hacer daño a Callum en el hospital?
—Tranquila, yo me encargué de eso —lame sus labios.
—¿A qué te refieres?
—A que convencí a mi tío para ingresarlo en un hospital en Roma. Mi tío tiene un amigo que es médico, es muy bueno
—Claro, por eso… —desvió la mirada atando cabos —No apareciste por clase durante una semana —le miro totalmente sorprendida
—Exacto, Annie Evans —sonríe de lado.