El último chocolate

1355 Words
Lydia había declarado: “viernes de películas”, se alternaban entre ellos quien escogería el filme. Eran dos solteros, sin mucha vida social detrás de ellos. Lydia no tenía muchas amigas en si y sus compañeras de trabajo apenas y la toleraban, solo tenía una amiga, pero era casada y nunca estaba disponible para ella, así mismo, Trevor no era muy social. Estaba sentada en el sofá, tenía una blusa holgada y un short cómodo, llevaba el cabello recogido en una coleta, estaba cruzada de piernas mientras deliberada por la mejor opción para esa noche en su plataforma de películas y series. Trevor había salido por la cena y había prometido volver con un postre. –¿Qué es eso? –cuestionó ella al verlo entrar a la casa. Le gustaba esa faceta casual de él con jeans y playera, un gesto despreocupado y el cabello ligeramente enredado. –Cálmate, pequeña chismosa –regañó porque ella se veía impaciente por descubrir aquello que ocultada en bolsas. Ella hizo un mohín ante su reprimenda. –Quiero saber –exclamó. Se puso de pie y lo siguió. –¿Es lo que creo que es? –sus ojos se hicieron brillosos. –¿Tú chocolate favorito? Sí, así es –sonrió y le extendió la caja. –¡No lo puedo creer que lo recuerdes! ¡No los encuentro en ninguna parte! ¡Pensé que ya no los fabricaban! –chillaba mientras abría la caja con desesperación. –Los conseguí en una tienda especial –le guiñó el ojo. –¡¿Dónde?! –cuestionó. –Es un secreto –aseguró y ella hizo un gesto de severa indignación. –Espera pequeña piraña, contrólate, ¿acaso no vas a invitarme? –exclamó acercándose a ella. –Está bien –afirmó ella rodando los ojos. –Esperaré…–exclamó a regañadientes. Se sentaron a ver la película, uno junto al otro. Lydia abrazaba una almohada mientras mordía su pizza y se metía refresco de cola de amontones. Trevor parecía divertido, era un pequeño dinosaurio cuando comía. Una vez concluida su cena, atacó sin compasión esos pobres chocolates, estos comenzaron a mermar velozmente de la caja. –Recuerda que te salen granos en la frente y en la punta de la nariz cuando comes tanto chocolate –le recordó interrumpiendo su desesperación por gastarse esa caja esa misma noche. Ella giró la mirada hacia él ¿No sé supone que estaba viendo la película? Al final, él había seleccionado el espantoso filme de terror que contemplaban pese a que ella había rogado y suplicado por otro género; porque esas cintas le provocaban pesadillas, a él no le importó, le había impuesto ver algo totalmente aterrador, entonces ¿por qué estaba tan enfocado en ella? La chica se puso nerviosa ante esa abrumadora mirada. Las sombras de esos gestos masculinos bajo penumbras eran muy cautivadoras y atractivas. Trevor con su serio gesto solo le bastaba hacer una leve mueca para convertir su sobrio rostro en uno de verdadero delirio. –No puedo parar, estas películas me dan mucha ansiedad –se quejó. Él parecía disfrutarlo mucho. –Hey, ese es el último chocolate de la caja, no me dejaste casi nada, Lydia –se quejó. –Dios Trevor, es mi chocolate favorito, sabías que esto pasaría –aseguró ella. –Déjame el último Lydia. –No. –Lydia. –No quiero. Los trajiste para mí. –Sabes que… competiremos por él –exclamó el hombre. La película ya ni parecía importarles realmente, él estaba demandando mucha atención. Ella no quería; sin embargo, lo escuchó, o más bien, fingió escucharlo, pero su cabecita solo maquilaba en como NO lo compartiría con él. –Lo pondré aquí –lo acomodó en la caja. Ella, solo observaba con mucho anhelo ese único chocolate, sentía que lo deseaba más por ser el último: en su interior, aguardaba un tono dulce, cremoso, suave, con un regusto amargo que se sentía al final de degustarlo, justo en la base de la lengua, Lydia lo estaba saboreando, anhelando su textura. Trevor regresó las manos a los costados de su cuerpo. –El que lo agarre más rápido se lo com… No pudo terminar su diálogo, solo observó como esa pequeña “piraña”, como le había dicho antes, le había importado muy poco sus exigencias por ese chocolate y las instrucciones de la competencia. Era egoísta, con las cosas que amaba mucho, no sabía compartir, y honestamente nunca tuvo interés en hacerle caso a sus absurdas peticiones, haría trampa o lo que fuera, pero sin duda alguna, no cedería ese trozo de cielo. –¡Lydia! –regañó. Ella dio un respingo, apuró sus movimientos, sujetó el chocolate con sus dedos: índice y el gordo, él le rozó la mano intentando quitárselo, pero la chica fue más veloz, lo tenía bien sujeto y no tenía intenciones de soltarlo, entonces, se lo intentó meter deprisa a la boca, el dulce, se quedó atorado en sus labios mientras intentaba salir corriendo de ahí con el botín, se encerraría en su habitación y se lo tragaría, ese era su plan, pero él se lo impidió, la empujó sobre el sofá, mientras la sujetaba de las muñecas y se posicionaba sobre ella. –¡Suéltalo, Lydia! –le reclamó fijamente. –¡Nou, ess miio! –balbuceó a medias, mientras negaba con la cabeza. Se atragantaría, esa no era la manera adecuada de comerse un dulce ligeramente macizo, era una posición incómoda, se atoraría en su esófago y se ahogaría, pero valdría la pena morir de esa manera tan ridícula e inusual. Como una gorda y tosca foca, Lydia comenzó a maniobrar el chocolate con la boca y las mejillas con el fin de meterlo totalmente a sus fauces y ganarle de una vez por todas a ese feroz gladiador, no lo invitaría, por ningún motivo lo compartiría con él, era suyo y punto final. –¡Lydia! –gritó él. Ella puso un gesto lleno de maldad, era tan traviesa, una verdadera pilla. Sus ojos azules, se hicieron feroces. Un luchador en la arena. No la dejaría ganar. Abruptamente, rompió la distancia entre ellos. No le dejaba otra opción. Le arrebataría ese sabor a cualquier precio. Lydia abrió ese par de circonios que tenía por ojos y contuvo el aliento. La textura de sus masculinos labios sobre los suyos era muy cálida e hipnotizadora, más que el bombón que disputaban. Quedó embelesada ante ese roce, su mente hizo corto circuito estallando como un incandescente foco al ser sometido a un abrupto pico de energía; entonces, Trevor, le arrebató con sus ansiosos labios ese chocolate, su respiración se sentía agitada y desmesurada, Lydia apenas y podía respirar, era un hombre robusto, sentía como su torso le apretaba el pecho, estaba sobre ella. Con premura, Trevor introdujo la lengua en su boca, ella pareció estremecerse ante su atrevimiento ¿tanto deseaba ese chocolate? Porque lo demandaba como si fuera el último del mundo. El contacto se estaba haciendo muy cautivador a sus sentidos. Sus bocas se fundieron en un beso sabor a chocolate. Entonces y con ambas manos, la sujetó más fuerte de sus delgados antebrazos, la quería totalmente inmovilizaba bajo su varonil cuerpo, sin la mínima oportunidad de que lo pudiera apartar de ella, pero ella, por ningún motivo podía defenderse de él, ni mucho menos quería detenerlo, porque él, realmente parecía muy esmerado en robar cada extracto de ese dulce sabor. Relamió con mucha sensualidad las comisuras de su boca, le mordió sus femeninos labios como si quisiera obligarla a entregar cada efímera pizca de ese bombón que habían compartido. El estúpido y minúsculo chocolate se había extinguido en algún punto del beso, ese fugaz pretexto se había agotado, el dulce sabor se perdió, lo habían consumido, ya no quedaba nada, pero el sentimiento y la emoción a la que ambos estaban sometidos era más embriagadora. Trevor se rehusaba a detenerse, quería más de ella, porque al parecer, el tinte de su labios le había gustado más que el del bombón por el que había iniciado esa pelea.
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