Viene por mi

2950 Words
[Capítulo 4: Viene por mi] Punto de vista Rose Moscú, Rusia. Esa noche después de que Dmitrime dijera que fue Nikolai quien escapó de prisión fue una tortura interminable. Intenté acostarme temprano, pensando que el cansancio acumulado de los últimos días me haría caer rendida, pero no fue así. Me giré una y otra vez en la cama, el colchón duro y la manta demasiado liviana parecían conspirar contra mi descanso. Pero la verdad era que ni la cama ni el frío tenían la culpa. Mi mente era un torbellino incontrolable. Nikolai Volkov. Libre. Había repetido esas palabras tantas veces en mi cabeza que habían perdido significado, como si decirlas pudiera despojarlas de su gravedad. Pero cada vez que cerraba los ojos, las posibilidades llenaban el vacío. ¿Cómo había escapado? ¿Quiénes lo habían ayudado? Y, lo más importante, ¿cuánto sabía ya sobre mí? Me levanté al menos tres veces durante la noche. Caminé por la habitación en la penumbra, mis pasos amortiguados por el piso de madera. Me serví un vaso de agua, intenté leer un libro que encontré entre las cosas de la casa, pero nada funcionó. Finalmente, me rendí y me quedé sentada junto a la ventana, observando cómo la luz de las farolas proyectaba sombras danzantes sobre los edificios cercanos. La noche estaba vacía y silenciosa, pero dentro de mí, el caos rugía. Por la mañana, el cansancio pesaba sobre mí como un camión aplastandome, pero me obligué a mantenerme en pie. Dmitri estaba en la cocina cuando bajé, vestido de civil y una taza de café en la mano. Parecía estar relajado a simple vista, pero yo que lo conocía hace más de un año sabía que estaba muy tenso. —Buenos días —dijo sin levantar la mirada del periódico que tenía frente a él, su voz suave y sin urgencia, pero con un ligero tono de preocupación. —Buenos días —respondí, aunque no me sentía ni remotamente cerca de algo bueno. Me dirigí a la cafetera, sirviéndome una taza de café que apenas calentaba mis manos. Caminé con pasos lentos hasta la mesa y me senté frente a él. Por unos minutos, el silencio llenó la habitación, interrumpido solo por el sonido de las cucharas contra las tazas y el crujir ocasional del papel mientras Dmitri pasaba las páginas del periódico. Intenté concentrarme en mi café, en el calor que subía por mis dedos, pero no podía ignorar el nudo en mi estómago que creció con cada sorbo. Sabía que él estaba al tanto de lo que rondaba por mi mente. Lo conocía lo suficiente para notar cómo evitaba mirarme directamente, como si supiera que lo que estaba a punto de decir podría romperme un poco más. No podía esperar más. Dejé mi taza sobre la mesa con un golpe sutil y lo miré fijamente. Mi voz salió firme, aunque el temblor en mis manos delataba lo que realmente sentía. —Necesito que me cuentes cómo escapó —dije finalmente. Dmitri levantó la vista, parpadeando como si mis palabras lo hubieran sacado de sus pensamientos. Me analizó por un momento, su mirada buscando algo en mi rostro. Finalmente suspiró y dejó el periódico a un lado, apoyándose con los codos sobre la mesa mientras tomaba un sorbo de su café. —No tenemos todos los detalles, pero lo que sé no es nada alentador —respondió, eligiendo cuidadosamente sus palabras. Sus dedos tamborilearon contra la taza por un instante antes de continuar. —Alguien dentro de la prisión lo ayudó. No estamos seguros si fue un guardia sobornado o alguien más, pero la operación fue meticulosa. Sin errores. Mis labios se apretaron en una línea tensa mientras procesaba lo que acababa de decir. —¿Cómo alguien puede infiltrarse en una prisión de máxima seguridad sin dejar rastros? ¿No hay cámaras, no hay registros? Dmitri asintió con un gesto lento. —Eso es lo más alarmante. Mi contacto dice que las cámaras de seguridad del ala donde estaba Nikolai dejaron de grabar durante exactamente 22 minutos. Cuando volvieron a activarse, ya no estaba en su celda. Nadie lo vio salir. —¿Y los guardias? —presioné, inclinándome hacia él. —¿Qué dicen los informes? Tiene que haber testigos. Alguien debió verlo. —Eso es lo más desconcertante —dijo, su voz bajando un poco, como si temiera que alguien más pudiera escucharnos. —Tres guardias asignados a su bloque esa noche no están localizables. Desaparecieron al mismo tiempo que él. Dos de ellos tenían registros de comportamiento intachable, pero el tercero… Bueno, digamos que había recibido un aumento considerable en su cuenta bancaria unas semanas antes. Me recosté en la silla, sintiendo cómo mi corazón latía con fuerza. La idea de que alguien dentro del sistema estuviera dispuesto a ayudarlo me llenaba de rabia, pero también de un miedo visceral. —Entonces, él ya sabe dónde estoy. Sabe lo que estoy haciendo —dije, más para mí misma que para Dmitri. —Es muy posible —admitió Dmitri, dejando su taza a un lado y cruzando los brazos sobre la mesa. —Pero eso no significa que debas entrar en pánico. Lo importante ahora es reforzar nuestra seguridad y mantenernos alerta. No puede llegar a ti tan fácilmente como crees. —¿Qué tan seguro estás de eso? —repliqué, mi tono más afilado de lo que pretendía. —Estamos hablando de Nikolai Volkov. Nunca subestimes lo que puede hacer. Dmitri no respondió de inmediato. En su lugar, pasó una mano por su cabello, un gesto que siempre hacía cuando estaba pensando cómo explicar algo complicado. Finalmente, se inclinó hacia adelante, sus ojos encontrándose con los míos. —Rose, esto no fue algo improvisado. Mi contacto cree que esto llevaba meses, tal vez incluso desde que entró a prisión, planeándose. No habría sido posible sin recursos, tanto dentro como fuera de la prisión. La Bratva probablemente estuvo involucrada, aunque de manera indirecta. Sus operaciones han estado más activas en las últimas semanas, como si estuvieran preparando el terreno. La Bratva. Era claro que sin la cabeza no iban a dejar de funcionar. Después de la caída del Boss, la Bratva mantuvo un perfil bajo y durante un tiempo se sabía que seguían con el negocio, pero no tan grande como antes. Con el regreso de Nikolai lo más probable es que quieran que eso cambie, pero no puedo permitirlo. —¿Preparando el terreno para qué? —pregunté, mi voz más baja ahora, casi un susurro. —Para que él regrese. Para recuperar lo que cree que es suyo,— dijo Dmitri con un tono grave confirmando mis sospechas. —Y si realmente está buscando venganza, no se detendrá hasta encontrarte. El silencio que siguió fue pesado, lleno de todas las palabras que ninguno de los dos se atrevió a decir. Finalmente, rompí el contacto visual y volví a centrarme en mi taza de café, que ahora estaba fría. —¿Dónde le perdieron la pista? —pregunté después de un momento, mi voz más firme de lo que esperaba. —En un aeropuerto privado a las afueras de Nueva York —respondió Dmitri. —Usó un avión no registrado para salir del país. Desde allí, las pistas son difusas. Podría estar en Europa, Asia… incluso aquí en Rusia. No lo sabemos con certeza. El nudo en mi estómago se apretó aún más. La idea de que él pudiera estar tan cerca era sofocante, pero intenté mantener la compostura. No podía permitirme ceder al miedo. —Necesitamos estar preparados —dije finalmente, levantándome de la silla. —Quiero saber todo lo que tu contacto descubra. Cada detalle. Si Nikolai Volkov está en Rusia, no pienso esperar a que me encuentre. Dmitri asintió, su expresión mostrando una mezcla de preocupación y respeto. —Lo haré. Pero Rose, prométeme que no harás nada impulsivo. Esto no es algo que puedas manejar sola. —Los tengo a ustedes, no estoy sola —respondí, aunque en el fondo no estaba tan segura de ello. Porque a pesar de los aliados que me rodeaban, la sombra de Nikolai siempre me hacía sentir como si estuviera enfrentándolo sola. —Yo te voy a cuidar, confía en ello. Quise creerle, pero sabía mejor que nadie que Nikolai Volkov no era alguien que dejara cabos sueltos. Había visto de primera mano su capacidad para manipular, para planear, para anticiparse a los movimientos de los demás. Y yo no era una excepción. —¿Qué hacemos ahora? —pregunté, mi voz apenas un susurro. —Primero, asegurarnos de que estás protegida. Hablaremos con Sergei para ajustar las medidas de seguridad. También necesitamos más información sobre sus movimientos recientes —dijo, levantándose para servirse más café. —Mi contacto está trabajando en ello, pero no quiero prometerte nada todavía. Lo seguí con la mirada mientras se movía por la cocina, su presencia tranquilizadora ayudaba a mantener mis pensamientos en orden, aunque fuera solo por un momento. Pero cuando volvió a sentarse con el móvil en su mano derecha tras recibir una notificación, su expresión había cambiado. Había algo más, algo que aún no me había dicho. —¿Qué es? —presioné, inclinándome hacia él. Dmitri vaciló por un segundo antes de hablar. —Hay rumores de que podría estar reuniendo información sobre ti. Sus aliados... han preguntado por tu paradero. Mi estómago se encogió. —Sabía que vendría por mí. Esto siempre fue personal para él. —Rose, escucha —dijo Dmitri, inclinándose hacia adelante. Su voz era firme, pero había un matiz de urgencia en ella. —No estás sola en esto. Todos estamos contigo. No vamos a dejar que te toque. Pero necesito que confíes en nosotros y que sigas nuestras recomendaciones. Esto no es algo que puedas enfrentar sola. Quise discutir, decirle que podía manejarlo, que no necesitaba a nadie. Pero la verdad era que estaba aterrorizada. La imagen de Nikolai seguía apareciendo en mi mente, su voz resonando en mis recuerdos. No podía permitir que volviera a controlarme, que destruyera lo que había construido. —Lo sé —dije finalmente, aunque mi voz sonaba más débil de lo que quería. —Pero necesito entenderlo. Necesito saber cómo piensa, qué haría en su lugar. Dmitri me miró en silencio por un momento antes de asentir. —Eso es lo que haremos, entonces. Pero prométeme que serás cuidadosa. No quiero que tomes riesgos innecesarios. —Prometido —mentí, sabiendo que haría lo que fuera necesario para detener a Nikolai, incluso si eso significaba ponerme en peligro. La conversación terminó poco después, pero las palabras de Dmitri seguían resonando en mi mente. Nikolai estaba libre. Y si ya sabía dónde estaba, significaba que el reloj estaba corriendo. Solo era cuestión de tiempo antes de que hiciera su movimiento. Intenté concentrarme en los informes que tenía frente a mí para próximos rescates, pero mi mente seguía regresando a las mismas preguntas sin respuesta. ¿Cuánto sabía ya Nikolai? ¿Cuánto tiempo pasaría antes de que hiciera su movimiento? Y, lo más importante, ¿estaba realmente preparada para enfrentarlo de nuevo? *** Me detuve en el centro de la sala, dejando que la energía del lugar me envolviera por un momento. A mi alrededor, cada m*****o de mi equipo estaba inmerso en su tarea. Anya revisaba informes en una esquina, su rostro tenso mientras tomaba notas rápidas en su libreta. Sergei, con su habitual seguridad y expresión inescrutable, hablaba por teléfono, probablemente contactando a uno de sus informantes, más que todo escuchando y de vez en cuando murmurando pequeñas sílabas. Dmitri estaba junto a una mesa con un mapa desplegado, marcando posibles puntos de interés con un marcador rojo. Tomé aire profundamente, reuniendo toda la determinación que pude. Había aprendido, a lo largo de los años, que el miedo no era una debilidad si sabías cómo usarlo. Y esta vez, no iba a permitir que me paralizara. —Equipo —llamé, mi voz cortando el ruido como un cuchillo. Todos levantaron la mirada, sus expresiones cambiando al instante. Había algo en mi tono que siempre lograba captar su atención. —Necesitamos reforzar nuestras defensas y prepararnos para lo peor. Nikolai está libre, y si ha preguntado por mí, no podemos darnos el lujo de bajar la guardia. Nos reunimos alrededor de la mesa principal, donde Dmitri tenía sus mapas y documentos relevantes organizados, pero tras mis palabras hizo todo a un lado. Era una mesa grande y robusta, marcada por años de uso. Las esquinas estaban desgastadas, y el centro tenía manchas de café que nadie se molestaba en limpiar. Pero era nuestro campo de batalla, donde cada operación comenzaba a tomar forma y luego pasaba al tablero de corcho que teníamos colgado en una de las paredes. —Lo primero es asegurarnos de que nuestra ubicación no sea un blanco fácil —comenzó Dmitri, señalando el mapa de Moscú que había desplegado en segundos. Allí ya estaba marcada nuestra oficina y varios puntos clave alrededor de la ciudad. —He hablado con algunos contactos, y hasta ahora no hay señales de movimientos sospechosos cerca. Pero eso puede cambiar rápido. —¿Y las cámaras de seguridad? —pregunté, apoyando las manos en la mesa mientras examinaba el mapa. —Todas activas y revisadas cada dos horas —respondió Sergei, dejando su teléfono sobre la mesa. —Si alguien se acerca, lo sabremos. Anya intervino desde su lugar. —También deberíamos considerar movernos a otra ubicación temporal. Si Nikolai realmente está buscándote, este lugar es demasiado obvio. Asentí, aunque la idea de abandonar nuestra base me hacía sentir vulnerable. Este espacio había sido nuestro refugio durante meses, pero sabía que Anya tenía razón. —Dmitri, ¿tenemos opciones para una base secundaria? —Hay un almacén abandonado en las afueras de la ciudad que podríamos usar —dijo, sacando un pequeño mapa adicional de uno de los cajones. Lo desplegó sobre la mesa, mostrando una zona industrial con varias estructuras marcadas. —No es lujoso, pero está lejos de cualquier ruta principal y es fácil de defender. —Perfecto —dije, mirando a todos en la sala. —Quiero que empecemos a mover nuestros recursos esenciales allí esta misma tarde. Necesitamos estar listos para cualquier cosa. *** El almacén era exactamente como Dmitri lo había descrito: funcional, pero lejos de ser acogedor. Las paredes de hormigón estaban desnudas, y el suelo estaba cubierto de polvo y pequeñas manchas de óxido. Sin embargo, el espacio era amplio, con varias habitaciones que podríamos usar como oficinas improvisadas y un área central lo suficientemente grande para reuniones y entrenamientos. Y la sala como dormitorio donde Anya estaba organizando sacos de dormir. Pasamos horas acondicionándolo. Sergei y Dmitri instalaron cámaras de seguridad en los puntos de acceso, mientras Anya y yo organizábamos los equipos en una de las habitaciones laterales. Era un trabajo agotador, pero necesario. Conectabamos cables, sellamos ventanas, protegimos las bisagras de las puertas. —Es curioso —dijo Anya en un momento, rompiendo el silencio mientras ajustábamos los escritorios. —Hemos hecho esto tantas veces, pero nunca se siente menos urgente. —Porque no lo es —respondí, levantando una de las computadoras y colocándola en su lugar. —Cada vez que nos preparamos, es porque sabemos que algo viene. Esta vez no es diferente. Ella asintió, pero podía ver la preocupación en sus ojos. Todos la sentíamos. Cuando finalmente terminamos de acondicionar el espacio, nos reunimos en el área central. Había un silencio tenso en el aire, como si todos estuviéramos esperando algo que aún no podíamos nombrar. Me apoyé contra una de las paredes, cruzando los brazos mientras miraba a mi equipo. —Sé que esto no es fácil —comencé, mi voz más suave esta vez. —Pero quiero que sepan que no estamos solos en esto. Hemos enfrentado situaciones difíciles antes, y siempre hemos salido adelante. Esta vez no será diferente. Anya levantó la mano, sonriendo ligeramente. —Excepto que esta vez estamos enfrentando al hombre más peligroso que conocemos. Hubo una risa nerviosa entre el grupo, pero la tensión seguía allí. Dmitri dio un paso adelante, apoyando una mano en mi hombro. —Rose tiene razón. Tenemos las habilidades y los recursos para manejar esto. Pero necesitamos trabajar juntos, confiar el uno en el otro. Asentí, mirando a cada uno de ellos. —No voy a mentirles. Estoy asustada. Pero no voy a dejar que eso me detenga. Nikolai Volkov puede ser un enemigo formidable, pero no es invencible. Y juntos, tampoco lo somos nosotros. Pasamos el resto del día entrenando. Dmitri junto conmigo dirigimos ejercicios de combate cuerpo a cuerpo. El almacén se llenó de sonidos de esfuerzo: golpes amortiguados contra sacos de entrenamiento, órdenes cortas y el eco constante de pasos moviéndose de un lado a otro; Después, mientras Sergei supervisaba simulaciones de evacuación. Anya y yo trabajamos en la estrategia de comunicación, asegurándonos de que cada uno de nosotros supiera exactamente qué hacer en caso de una emergencia de este lugar. Al final del día, estábamos agotados, pero también más enfocados que nunca. Me quedé en el centro del almacén, observando a mi equipo mientras recogían sus cosas. A pesar de todo, sentí un atisbo de esperanza. Estábamos listos. O al menos, tan listos como podíamos estar. Mientras me dirigía a mi nueva oficina improvisada, me permití un momento de silencio. Me senté frente a la ventana, mirando la oscuridad del bosque que teníamos cerca. El miedo seguía ahí, pero también estaba la determinación. No iba a dejar que Nikolai me quitara más de lo que ya había tomado. Habíamos hecho todo lo posible para prepararnos. Ahora, solo quedaba esperar.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD