La enfermería olía a desinfectante y a silencio contenido. Sam estaba recostado sobre la camilla con hielo en la ceja inflamada y una venda que cubría el corte que Morris le había hecho en el pómulo. A su lado, un par de alumnos más descansaban por lesiones menores del mismo incidente. El escándalo del mediodía había sacudido a todo el colegio. Melissa entró sin golpear. Tenía la cara blanca como una hoja, y los labios apretados en una línea que solo revelaba tensión. —¿Estás bien? —preguntó sin preámbulo, acercándose con pasos decididos. Sam alzó la vista, cansado. —Sí. Me revisaron. Nada grave. Ella lo miró como si le costara respirar. —¿Viste el video? —Sí —respondió él con sequedad, sin apartar la mirada del techo. —Fue Isabella —dijo ella sin rodeos—. Fue ella, Sam. Estoy segur

