La luz del atardecer se filtraba a través de las cortinas livianas, tiñendo la cabaña de un dorado cálido y silencioso. Sam y Carla seguían abrazados en el sofá, sin decir nada por varios minutos. No hacía falta. El mundo fuera del bosque había dejado de existir por un instante. Él fue el primero en hablar, su voz apenas un murmullo contra su cabello. —¿Alguna vez pensaste en el futuro? ¿En lo que sueñas hacer más allá de todo esto? Ella se separó un poco, lo suficiente para mirarlo a los ojos. No se lo esperaba. No una pregunta así. Respiró hondo, acomodando su expresión. —Claro —respondió, con una sonrisa tenue—. Aunque mis sueños han cambiado muchas veces. Antes quería desaparecer. Literalmente. Irme lejos, empezar desde cero. Ser otra persona. Sam asintió lentamente. —¿Y ahora?

