Noah —No. Simple, corto, definitivo. Denisse no la lanza con rabia ni con placer. La dice como quien activa un seguro. Seca. Precisa. Definitiva. Me quedo quieto, con las manos apoyadas en el borde del mostrador, sintiendo el frío de la madera atravesar la piel. No porque me haya sorprendido —sabía que no iba a ser fácil—, sino porque confirma algo peor: ella sabe. —No… ¿qué? —pregunto, cuidando el tono—. ¿No puedes o no quieres? Hay una diferencia entre ambas Denisse alza una ceja apenas. Un gesto mínimo, entrenado, que me recordaba a Travis. —No puedo —dice—. Y aunque pudiera, no quiero. No creo que lo merezcas. Se gira para atender a otra clienta como si yo no estuviera ahí. Cobra, sonríe, desea buen día. Vuelve a mí con la misma cara neutra. —Esto no es una película, Noah —con

